domingo, 12 de junio de 2016

Seré el jefe de mi robot

http://www.lavanguardia.com/economia/20160612/402444131692/sere-jefe-mi-robot.html 
  • Los robots destruirán empleos al mismo tiempo que crearán otros. Los trabajadores del futuro deberán aprender a colaborar con ellos. Porque llegan para quedarse
Seré el jefe de mi robot
“En el futuro veremos cada vez más escenarios de ciencia ficción y cada vez menos empleo”. Es lo que pronostica Andrew McAfee, profesor del MIT, autor de una investigación sobre “la segunda era de las máquinas”, cuando en las noticias, todavía resuena el eco de Foxconn, empresa de componentes para móviles que ha “reemplazado” a 60.000 trabajadores por robots.
Los seres humanos tenemos ventajas en las interacciones sociales, en las profesiones creativas y en destreza manual y movilidad. Pero haríamos bien en defender nuestro territorio. Los robots están desempeñando tareas hasta hace poco inimaginables: sirven copas en bares de los cruceros; suben comida a las habitaciones de hoteles; hacen inventarios en los súper, inspeccionan fuselajes de aviones. En lugar de los hombres, claro.
Los académicos Carl Frey Michael Osborne de la Universidad de Oxford sostienen que en veinte años la mitad de los empleos de EE.UU. serán automatizados. Dudan de que los nuevos puestos creados serán suficientes para compensar la hemorragia. El premio Nobel de Economía Daniel Kahneman cree que en un futuro los robots incluso reemplazarán al CEO: “No hay ninguna evidencia de que el juicio de un experto sea mejor que fórmulas construidas de forma inteligente”.
Pero la OCDE, en un estudio de hace unos días, minimizaba el fenómeno al considerar que de media sólo el 9% de los empleos serían sustituidos por máquinas. Argumentan que el proceso será lento, con obstáculos económicos, jurídicos y sociales y que los trabajadores podrán adaptarse a la tecnología o apuntarse a las nuevas profesiones nacidas a partir de los robots.
Porque a estos robots hay que programarlos, instalarlos, mantenerlos: “Si usted mira de cerca la discusión, la automatización está ayudando a conservar y crear puestos de trabajo”, aseguraba Jeff Brunstein, presidente de la Intenational Robot Federation. Un optimismo que no todos comparten. “Estoy alarmado de que las autoridades no parezcan preocupadas por la pérdida potencial y masiva de empleos y la necesidad de asegurar una transición justa hacia el trabajo digital”, dijo esta semana el secretario de la Confederación Europea de Sindicatos, Peter Scherrer.
La OCDE alerta que se puede perder el 9% de los empleos, que serán sustituidos por máquinas
Como colchón social ya se avanzan algunas propuestas: la introducción de una renta ciudadana garantizada o, como sugiere la New Economics Foundation, una semana laboral de 21 horas semanales para que todos puedan trabajar. Porque si se quieren vender productos fabricados con robots, se necesita a una clase media que los compre.
La pesadilla es antigua. John Maynard Keynes escribió en los años 30: “Todos sufriremos una enfermedad: el desempleo tecnológico”. Pero piénsenlo: ya no podemos vivir sin los robots. Lo explicaba el economista de Columbia Jeffrey Sachs: “Las máquinas cobran peajes en los autopistas, nos dan direcciones, apagan luces, lustran zapatos y matan a nuestros enemigos”.
El fenómeno ahora irá a más. Para la consultora McKinsey, la robótica avanzada y sus aplicaciones, con el internet de las cosas, inteligencia artificial, los vehículos autónomos y la impresora 3D tendrá un impacto económico anual de casi 44 billones de euros en 2025. ¿Ha empezado una nueva era?
Pere Homs, director general dels Enginyers Industrials de Catalunya, que estudia desde hace décadas el fenómeno, recuerda que la robótica industrial es un sector ya maduro. En la automoción, el 50% de las tareas están automatizadas.
“La robótica es una industria madura. En el mundo hay 66 robots por 10.000 operarios industriales: apenas el 0,3%. Aunque esto se doblara, no veo peligro para el empleo. Apenas hay 1,5 millones de robots, que generan además 300.000 empleos indirectos entre proveedores y mantenimiento”, indica Homs.
Tampoco estamos hablando de máquinas muy evolucionadas. “Son bastante tontas. A menudo consisten en un brazo mecánico con muy poca inteligencia”, recuerda este experto. Ramon López de Mántaras, director del Instituto de Inteligencia Artificial (IIA), con­firma que el robot industrial “no hace cosas inesperadas, tiene un campo acotado y definido, sin incertidumbre, con movimientos pre-programados y de manipulación”.
Homs dice que es ideal para tareas repetitivas, peligrosas o de precisión, pero reconoce que un robot sustituye de media al equivalente de diez personas, porque es más rápido y hace más turnos. Con todo, la inversión sale a cuenta. “La empresa que robotiza gana dinero. Evita el cierre y la deslocalización, recupera la producción externalizada, se vuelve más competitiva y puede volver a contratar personal”.
La inteligencia artificial todavía carece de sentido común y esto limita su expansión en los servicios
Fernando Sánchez es CEO de Kuka Robotics Ibérica, una de las cuatro grandes multinacionales que se reparten el mercado. Afirma que los robots se extenderán en otras áreas industriales como el embalaje, la logística y los productos de consumo. En su opinión, la reconversión del trabajador en este nuevo escenario es algo posible. “Para manejar un robot no hace falta ser ingeniero o programador”, asegura.
De hecho, la última tendencia es el robot colaborativo: la unión de la fuerza y la precisión de la máquina con la inteligencia cognitiva de la persona. Un robot puede apretar piezas, pero luego entra en juego el ser humano, que interpretará la inteligencia digital e intervendrá si hace falta. “La tendencia es que el robot sea más bien un compañero. En lugar de trabajar en espacios separados, están juntos. Así, el hombre tendrá un trabajo más cualificado y más digno”, subraya Alicia Casals, directora de robótica de l’Institut de Bioenginyeria de Catalunya. “Por ello, no veo un cambio tan radical. Como ocurrió con el caballo a la máquina a vapor, los cambios hacen mover la civilización y al final todo se reconfigura”, valora.
El paso siguiente es que los robots salgan de la fábrica para instalarse en las casas o las oficinas. Tal vez sea lo que más inquieta a los trabajadores de servicios. PAL Robotics fabrica humanoides que ya consiguen caminar. Su precio es todavía elevado (300.000 euros) y se venden a laboratorios y universidades. “Quedan retos, como la autonomía y la movilidad. Pero en cinco o seis años estos prototipos darán paso a aplicaciones en la asistencia a personas: podrán levantar las bolsas de la compra, cargar maletas, recordar la toma de pastillas, empujar la silla de ruedas. Serán complementarios a nosotros, harán la vida más cómoda”, prometen desde esta firma.
El robot colaborativo prevé la interacción complementaria entre el ser humano y la máquina
Fernando Sánchez, de Kuka Robotics, es más escéptico. “Será más fácil ver a un robot en un quirófano o en una sala de rehabilitación que en casa al lado de una persona”. Según Ramon López de Mántaras, “el robot personal será como el PC. Pero pueden pasar 20 años. El problema es que a la inteligencia de la máquina le falta el sentido común. No entiende que si un vaso está agrietado nos podemos cortar la boca. O que no tiene que aspirar el gato con la aspiradora. Además, estos humanoides son todavía poco versátiles. Y reprogramarlos sale caro”.
Albert Sant Feliu, catedrático de la UPC y ex director del Instituto de Informática y Robótica Industrial, también invita a no correr demasiado. “La informatización ha tenido, a corto plazo, más impacto que la robotización. En lo inmediato, los robots limpiarán las calles o trasladarán enfermos en hospitales. Pero para que hagan otras tareas habrá que tener en cuenta aspectos legales y no estamos todavía preparados. Haycuestiones de privacidad por resolver, porque las máquinas van grabando”, opina.
Entre dejarse llevar por el pánico a los robots y negar la realidad, Kevin Kelly, experto de Wired, cree que simplemente habrá que aprender a convivir con ellos. “Esto no es una carrera contra las máquinas. Si competimos con ellas, perdemos. En el futuro nos pagarán según nuestra habilidad para trabajar con ellos. Y ellos nos ayudarán a descubrir nuevos empleos , nuevas tareas que expandirán nuestro ser”.
Dato
25 es el número de robots por cada 10.000 trabajadores. Es la proporción que existe en la industria manufacturera en España. En China, son 36 por cada 10.000. En Alemania 292, en Japón 314 y en Corea del Sur 478.

No hay comentarios:

Publicar un comentario