domingo, 12 de junio de 2016

Yo era así

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"Debemos atrevernos a ser extraordinarios, y darnos cuenta que la grandeza es el fruto del esfuerzo, el sacrificios y un gran coraje" —Theodore Roosevelt

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Imagen: Stephanie McCabe (clic sobre la foto para más info.)
Recuerdo con total claridad aquellos días. No están tan lejanos como para pretender que los he olvidado.

Cuando veía a  alguien que tenía alguna cualidad o capacidad de la cual yo adolecía; por ejemplo, alguien mesurado que comía y bebía  con prudencia; o a alguien responsable que cumplía primero con su deber y luego se divertía; quizá alguien con atrevimiento que no se dejaba vencer por la timidez; me limitaba a suspirar, lamentar mi mala suerte y decía: “lástima que yo no soy así”.

La principal transformación que ha ocurrido en mi vida durante los últimos años se halla en mi mentalidad.

Hoy entiendo que cualquier rasgo de mi personalidad que interfiere con mis objetivos, puedo trabajar sobre él y modificarlo, para que así deje de ser un obstáculo.

Lo mismo ocurre con las cualidades que me gustaría tener: con paciencia y dedicación las puedo cultivar y hacerlas mías también.

Si, toma tiempo y es difícil. Las mejoras no ocurren con solo desearlas. Exigen de nosotros constancia y determinación. Debemos trabajar en ellas mucho tiempo antes de que establezcan raíces sólidas en nuestro comportamiento.

Pero no existe esfuerzo más noble y que mejores frutos provea que aquellos que empleamos en hacer de nosotros mejores personas.

Así que bien valen la pena pagar el alto precio que demandan. La espléndida recompensa lo justifica.

Las cualidades, conocimientos y habilidades que permitieron a otros alcanzar sus metas y llevar a cabo magníficos proyectos, también pueden ser mías. Y tuyas. Nada de lo que hace el hombre me es ajeno.

Podemos ser tan productivos, disciplinados, valientes, mesurados, amables... como los mejores. Nada, excepto nosotros mismos, impide que desarrollemos las cualidades que nos gustaría adicionar a nuestro repertorio actual.

Hoy por ejemplo mi empeño está puesto en multiplicar mi productividad. Quiero rendir tanto como rinden los superclase a nivel mundial.

Deseo ser capaz de crear una cantidad abundante de buen contenido que, ojalá, resulte provechosa para los lectores de Las Notas del Aprendiz.

Para ello, leo, investigo, experimento. Guardo lo que funciona, descarto lo que no. Así espero hallar un sistema o rutinas que se adapten a mi manera de ser y a mi estilo de vida, y que me permita crear al nivel que me gustaría hacerlo. Pero aún estoy lejos. El camino es largo. No importa, bajo la cabeza y continúo trabajando.

También estoy trabajando para vencer el miedo que me impide echar a andar nuevos proyectos. El temor a que fracasen evita los ponga en marcha.

Mi intención es dejar de pensar tanto en el fracaso y aventurarme más.  En esas ando también.

¿Cómo se produce el cambio? ¿Cómo se abandona una mentalidad que limita y se abraza una que posibilita?

Pensando y actuando.

No basta con pensar que es posible mejorar, es necesario actuar. Si creo que puedo y, además, doy pequeños pasos en la dirección que quiero avanzar, pensamiento y acción se nutren mutuamente.

Cuando mis acciones concuerdan con mi manera de pensar, el cambio empieza a ser parte de mi identidad.

Y una vez que eres exitoso adquiriendo una nueva cualidad o abandonando un defecto, ya sabes como funciona el proceso. Lo puedes aplicar una y otra vez hasta que te conviertas en la persona que deseas ser. En el tipo de individuo que cuenta con el equipamiento conveniente para alcanzar sus metas.

Coraje y productividad son mis dos campos de batalla actuales, ¿cuáles son los tuyos? Comparte en los comentarios. Un saludo afectuoso.

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