domingo, 10 de julio de 2016

Cuidar la cabeza

https://facundomanes.com/2016/07/09/cuidar-la-cabeza/ 
Revista VIVA

En el año 2014, en Estados Unidos, un grupo de padres de estudiantes presentó una demanda contra la Federación de Fútbol de ese país (USSF) y contra la FIFA para prohibir los cabezazos a la pelota durante los partidos en las ligas infantiles. La medida buscaba evitar que se produjeran conmociones cerebrales en los niños. Como consecuencia de esa solicitud, la USSF los prohibió en los partidos jugados por menores de 10 años y los limitó en los niños de 11 a 13 años. Si bien cabecear una pelota de fútbol podría parecer casi inofensivo, en los últimos años algunas investigaciones arrojaron evidencia acerca de los posibles daños cerebrales causados por cabezazos reiterados.
Existe una estrecha relación entre la cantidad de cabezazos que un jugador hace y las anomalías cerebrales. Las células nerviosas transmiten sus mensajes a otras células nerviosas por medio de sus tractos de fibras o axones. La agitación violenta del cerebro puede afectar las comunicaciones entre estos tractos de fibras neuronales. En un estudio en el que se comparó la conectividad cerebral de jugadores de fútbol y nadadores profesionales, se observaron anomalías en los tractos de fibras de la sustancia blanca en el cerebro de los jugadores de fútbol; mientras que el de los nadadores no presentaba estas anomalías.
Investigadores de la Escuela de Medicina “Albert Einstein”, de Nueva York, analizaron el rendimiento cognitivo y la conectividad cerebral de 37 jugadores de fútbol no profesional. En este estudio les pidieron a los jugadores que informaran la cantidad de cabezazos que habían hecho durante los partidos del último año. Los resultados mostraron una relación significativa entre la cantidad de golpes y la conectividad en áreas temporo-occipitales. La Sociedad Médica Estadounidense de Medicina Deportiva sostiene que luego de una conmoción cerebral transitoria (lesión cerebral leve), el cerebro es menos sensible a la activación neuronal y, cuando la actividad cognitiva o física se retoma antes de la recuperación completa, el cerebro puede ser vulnerable a una disfunción prolongada.
Como los jugadores de fútbol empiezan a entrenarse profesionalmente a muy temprana edad, se ha comenzado a estudiar la ocurrencia de lesiones leves en la cabeza producidas por golpes o cabezazos, y su posible impacto en el desarrollo cerebral de los niños. Los resultados de estos estudios sugieren que las lesiones tempranas deben ser cuidadosamente observadas y prevenidas. Algunas investigaciones evaluaron las funciones cognitivas y las respuestas eléctricas (utilizando potenciales evocados) en niños que habían sufrido una contusión seis meses atrás, y encontraron que, más allá de no evidenciar déficits cognitivos generales, sí mostraban valores descendidos en tareas de memoria de trabajo y en niveles de atención. Esto nos dice que aunque los niños pueden no aparentar déficits medibles conductualmente a través de pruebas objetivas, los cambios existen y hay que considerarlos de importancia para las implicancias de las lesiones cerebrales (aun muy leves) en un cerebro niño o adolescente. Más aún si se considera que estos necesitan más tiempo para recuperarse de un trauma cerebral que los adultos. Además se ha observado que sus músculos del cuello no están lo suficientemente desarrollados para poder realizar cabezazos sin riesgos de lesiones. Esto, sumado al hecho de que todavía están aprendiendo a cabecear, puede causar potencialmente daños cerebrales.
Es innegable que el fútbol es un deporte popular  en el mundo. Por eso, es fundamental realizar investigaciones más extensas que puedan señalar cuál es la consecuencia a largo plazo de los golpes ocasionados en los jugadores de fútbol, pero fundamentalmente en los niños que se divierten practicándolo. Cuidar el cerebro de los más pequeños debe ser nuestra prioridad.
Por último, a propósito de los 30 años que se cumplen en estos días del famoso partido de Argentina e Inglaterra en el Mundial 86, quizá pueda explicarse lo de la mano de Dios como una buena manera de cuidar la cabeza.

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