viernes, 8 de julio de 2016

"No hagas eso porque me enfado"

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"La ira es la emoción más inútil, destructiva para la mente y dañina para el corazón "
​—Stephen King

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“¡Ojo, no hagas aquello porque me enfado!”.

Esta (o alguna variación de ella) es una amenaza muy común que soltamos los padres a nuestros hijos, aunque también se escucha en las empresas e incluso entre parejas y amigos.

Amenazar con enfadarse es como si dijéramos: “si haces eso me martillo un dedo”. El enfado es un sentimiento negativo que tiene consecuencias negativas sobre la salud de quien lo siente. Por eso amenazar con enfadarse es amenazar con hacerse daño uno mismo.

Cuando estamos enfadados se liberan hormonas relacionadas con el estrés, como son el cortisol y la adrenalina. La exposición prolongada a dichas hormonas puede alterar casi todos los procesos del cuerpo, aumentando el riesgo de numerosos problemas de salud:

  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Problemas digestivos.
  • Dolores de cabeza.
  • Problemas cardiacos.
  • Pérdida del sueño.
  • Ganancia de peso.
  • Deterioro de la memoria y la concentración.

Por si fuera poco, el enfado afecta nuestro juicio, razón por la cual en ocasiones terminamos lamentando lo que hicimos o dijimos mientras estábamos en ese estado.

Lo peor de todo es que enfadarnos es del todo innecesario.

Cuando amenazamos con enfadarnos lo que queremos hacer es evitar que se lleve a cabo algún tipo de acción o comportamiento, e indirectamente le insinuamos a la otra persona que eso puede tener consecuencia negativas para el.

Digo ‘indirectamente’ porque cuando amenazamos con enfadarnos no estamos siendo explícitos sobre las consecuencias que esto producirá, suponemos que nuestro interlocutor deducirá de la amenaza algunas consecuencias desagradables para el.

Y este es el punto al cual quería llegar. En el caso de nuestros hijos, por ejemplo, lo que a ellos les interesa (y lo que de verdad los educa) son las consecuencias que determinadas acciones tendrán sobre ellos; no si estamos enfadados o no.

Así que en lugar de amenazar con enfadarnos podemos ir directo al grano y advertirles las consecuencias que sus actos derivarán: “si sacas malas notas tendrás que dedicar más tiempo a estudiar, y por lo tanto no podrás salir ni ver la tele”. Esta advertencia es mucho más explícita en las consecuencia que: “si sacas malas notas me voy a enfadar”.

Hace poco conocí la historia de una chica que toda su vida se distinguió por su impuntualidad. Cuando consiguió su primer empleo su jefe fue muy claro en advertirle que no se toleraban los retrasos, a la primera llegada tarde sería despedida.

A partir de ese momento se acabó el incumplimiento, la chica programó cada mañana dos alarmas y estableció todo tipo de sistemas para no faltar nunca.

Las consecuencias son grandes educadoras, el enfado no.

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