viernes, 12 de agosto de 2016

Protegiendo al cerebro vamos a poder preservar nuestra mente, es decir, la capacidad cognitiva. Y, fundamentalmente, lograremos con ello que la memoria través de los recuerdos se mantenga dentro de los límites aceptables durante el transcurso de los años

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Cuidemos el cerebro

Protegiendo al cerebro vamos a poder preservar nuestra mente, es decir, la capacidad cognitiva. Y, fundamentalmente, lograremos con ello que la memoria través de los recuerdos se mantenga dentro de los límites aceptables durante el transcurso de los años.



Artículo publicado en el Diario El Día de La Plata (www.eldia.com/opinion/cuidemos-el-cerebro-150410)

Con el avance de la neurociencia y de los métodos de estudio modernos, cada día se conoce más sobre los diferentes aspectos del funcionamiento del cerebro. Esto lleva no sólo a lograr mejores tratamientos frente a las diversas patologías, sino a desarrollar estrategias con el propósito de preservar su integridad.
El cerebro de un recién nacido pesa entre 350 y 400 gramos, llegando a pesar en el adulto aproximadamente 1.350 gramos. A pesar de este aumento de peso, el número de las neuronas no se incrementa, aunque sí la longitud y complejidad de sus prolongaciones (dendritas y axones). Del sistema nervioso en su conjunto, el cerebro representa el 2 por ciento del peso del cuerpo y su necesidad energética equivale al 20 por ciento de la energía corporal total.
El número de neuronas es de aproximadamente 100 mil millones y el del resto de las células llamadas en conjunto las células de la glía o neuroglia (astrocitos, oligodendroglia y microglia) es de alrededor de un billón, es decir, varias veces el número de las primeras. Cada neurona puede establecer en promedio alrededor de 10.000 contactos sinápticos con otras neuronas y el número total de sinapsis que se pueden conformar es de 1.000 billones.
Se calcula que el cerebro humano pierde una neurona por segundo, lo que equivale a unas 86.400 por día. Esta cifra que podría parecer alarmante, no lo es tanto si consideramos que corresponde a sólo un 2% del total mencionado en una persona de 70 años. Además debemos tomar en cuenta que esto se suple con la gran posibilidad de establecer nuevos contactos o sinapsis a través de lo que se conoce como plasticidad neuronal.
Existen prolongaciones nerviosas que llegan a medir en el adulto más de un metro, aunque la mayoría se encuentra dentro de las dimensiones microscópicas. Si tomamos que dichas prolongaciones hipotéticamente miden en promedio 0,5mm., es decir 500 micrómetros, el conjunto llegaría a cubrir unos 50.000 km, es decir, casi 4 veces la circunsferencia de la Tierra.
Frente a los datos enumerados, la pregunta que surge es cuánta información puede almacenar el cerebro. Se piensa, de acuerdo a los cálculos realizados, que la capacidad de nuestro cerebro, si bien no es ilimitada, podría ser de alrededor de 2,5 petabytes, es decir, un millón de gigabytes, lo que equivale a unos 300 años de programación de televisión o 3 millones de horas de video. En tal sentido, Eric Schmidt, director ejecutivo de Google desde el 2001 hasta 2011, expresó que “…la humanidad genera 5 exabytes de información única cada dos días en internet”.
EL CEREBRO Y LA MENTE
Los datos que hemos mencionado nos señalan la gran complejidad estructural que adquiere el cerebro a través del proceso de desarrollo y maduración, que se lleva a cabo durante la niñez y la adolescencia, aunque la mayor parte de las conexiones neuronales o sinapsis se producen entre los 4 y 7 años de edad. Este proceso depende no sólo de la impronta genética de cada individuo sino también y, la vez, de la influencia del entorno entre los que se destacan el aprendizaje y gestión de las emociones.
Para Miguel Marín-Padilla, de la Universidad de Dartmouth, “…el ser humano ha demostrado su capacidad para trascender la biología”, lo que de alguna manera nos está demostrando que somos como somos gracias a nuestro cerebro.
El cerebro, a medida que se va complejizando estructuralmente, va adquiriendo una gran capacidad que le permite el almacenamiento de conocimientos como resultado del procesamiento de la información y es aquí donde está la clave del cerebro humano como tal. Sobre su base estructural durante el desarrollo y la maduración se van conformando diferentes constructos mentales, que no son más que las así llamadas funciones cerebrales superiores.
PRESERVAR LA MENTE
Para Kant “…Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”. Esta frase nos está indicando uno de los aspectos más relevantes en relación al cerebro y, como vemos, el punto central está en la educación. En efecto, tanto en el cerebro en desarrollo como en el desarrollado, el aprendizaje lo mantiene constantemente en actividad, ya que el procesamiento de la nueva información que le llega induce a su “recableado” o remodelación de sus circuitos neuronales a través de la plasticidad sináptica.
En los las primeras etapas de la vida y en los diferentes tramos de la educación, el cerebro a través del sistema educativo completa al final de la adolescencia su desarrollo y maduración cognitivo-emocional. Sin embargo, para lograr proteger a nuestro cerebro y preservar a la mente, el aprendizaje debe continuar durante toda la vida, y fundamentalmente en los adultos, a través de diferentes estrategias que en su conjunto se ha dado en llamar la “gimnasia cerebral”. En efecto, esta última incluye una multiplicidad de aspectos a desarrollar y cuyo objetivo básico se basa “en romper la rutina”, es decir, exponiendo al cerebro a nuevos estímulos con el propósito de estimular su plasticidad neuronal y con ello aumentar su capacidad o reserva cognitiva. Dentro de estas actividades podemos mencionar la adquisición de nuevos conocimientos, los estudios académicos, las actividades intelectuales y de esparcimiento como la escritura, la lectura, el aprendizaje de idiomas, el ajedrez y los juegos de mesa. También son igualmente importantes las actividades deportivas que potencien la psicomotricidad (caminar, ir al gimnasio y bailar entre otros aspectos).

Protegiendo al cerebro vamos a poder preservar nuestra mente, es decir, la capacidad cognitiva. Y, fundamentalmente, lograremos con ello que la memoria través de los recuerdos se mantenga dentro de los límites aceptables durante el transcurso de los años.
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