sábado, 10 de diciembre de 2016

Los peores ciegos son los que no quieren ver

https://www.enriquedans.com/2016/12/los-peores-ciegos-son-los-que-no-quieren-ver.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+ElBlogDeEnriqueDans+%28El+Blog+de+Enrique+Dans%29 
Robots come to steal our jobs!!! (IMAGE: E. Dans)Mi columna de esta semana en El Español se titula “El fin de un sistema“, y habla sobre la evolución de una sociedad en la que el concepto de trabajo se dispone a redefinirse completamente a través de la progresiva sustitución de personas por máquinas en un número cada vez más elevado de tareas de todo tipo.
Hablamos, muy posiblemente, del cambio social más importante vivido en la historia de la humanidad, con mucha mayor trascendencia que la primera revolución industrial debido, sobre todo, a la mayor velocidad con la que tiene lugar, pero a pesar de su enorme relevancia, una parte muy significativa de la sociedad prefiere mirar para otro lado o enterrar la cabeza en la arena. Hablamos de un cambio que amenaza con ir dejando sin empleo a cada vez más personas, una lista que va incluyendo progresivamente a cada vez más profesiones que van perdiendo su sentido, sustituidas por máquinas que desarrollan esas ocupaciones de manera mucho más competitiva. Cada vez que un competidor adopta esas innovaciones, cada vez que incorpora más robots y másmachine learning, se convierte en el nuevo benchmark, en la nueva referencia a batir, en el incremento marginal que ningún otro competidor puede ignorar.
Ya no hablamos de sustituir empleos de escaso valor añadido: la transición ya no afecta solo a los trabajos aburridos, mecánicos, sucios o peligrosos, sino a cada vez más tareas y ocupaciones. Sin duda, aparecerán nuevas profesiones, muchas de las cuales tendrán características que nos llevarán a considerar un cambio tan radical en el concepto de trabajo que lo conviertan en irreconocible para muchos, pero también tendremos una amplia cantidad de profesiones que, simplemente, desaparecerán. Y la capacidad de reeducación o recualificación de muchas de esas profesiones será, en muchos casos, muy compleja o imposible.
El futuro, por pura lógica matemática, solo puede traer la quiebra del sistema de subsidios y coberturas que conocemos. La red de seguridad que se supone debía proteger a los excluidos se ha convertido en una trampa social, cada vez más compleja en su administración, más injusta en su funcionamiento, y además, destinada a la quiebra. Y la única manera de sustituirla es rediseñándola completamente en torno a la idea de sistemas universales e incondicionales que lo simplifiquen, que eviten tasas impositivas marginales absurdas aplicadas a quienes no lo merecen, y que aseguren que en una era de más abundancia, esta se reparte de la manera adecuada y justa. Prolongar la agonía del sistema anterior solo nos lleva a tasas de exclusión cada vez mayores, a tratar de estirar esquemas piramidales de forma insostenible y a generar una mayoría desencantada dispuesta a votar al presunto salvador – o payaso – de turno como si fuese su última esperanza.
Como hemos podido ver a lo largo del año 2016, la situación ya no admite que sigamos cerrando los ojos o enterrando la cabeza en el suelo, o nos estaremos abocando a un desastre político sin precedentes. No hay peores ciegos que aquellos que no quieren ver. Mientras, como sociedad, no abramos una reflexión seria y no simplista sobre este tema, estaremos condenados a seguir intentando exprimir un sistema deficiente y disfuncional. Estaremos intentando construir el futuro con herramientas del pasado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada