domingo, 1 de septiembre de 2013
Del momento "eureka" al design thinking: todo por la idea
http://mba.americaeconomia.com/articulos/reportajes/del-momento-eureka-al-design-thinking-todo-por-la-idea
Ya sea mediante la colaboración, el juego o de forma más espontánea, son varias las formas en las que puede surgir una idea. Lo fundamental es entender que no se trata del paso final sino del principio. Por ello, es que a continuación se analizan algunos métodos para fomentar la creatividad, junto con los más significativos obstáculos y cómo evitarlos.
Ya sea mediante la colaboración, el juego o de forma más espontánea, son varias las formas en las que puede surgir una idea. Lo fundamental es entender que no se trata del paso final sino del principio. Por ello, es que a continuación se analizan algunos métodos para fomentar la creatividad, junto con los más significativos obstáculos y cómo evitarlos.
Autor: Daniela Arce
Se suele solicitar en los procesos de reclutamiento, empleados imaginativos e, incluso, poco apegados a las normas, aunque sea un deseo un tanto secreto de parte de los jefes. Y si bien el tener ocurrencias imaginativas es sólo el comienzo de una extensa secuencia de pasos para obtener el éxito final, en las empresas es cada vez más habitual andar a la caza de lo innovador, para lo cual ayuda promover un contexto de trabajo creativo. Para ello se están evaluando nuevos enfoques y metodologías.
Para esto, es que se ha estudiado cómo fomentar la creatividad, cómo encontrar trabajadores más imaginativos y cuál es el desarrollo creativo. Un ejemplo de los varios análisis en el tema, es la investigación a cargo de los profesores Hal Greguersen, Clayton M. Christensen y Jeff Dyer, quienes al concluirlo decidieron plasmar las conclusiones en el libro “El ADN de los innovadores”, donde analizaron el perfil de estas personas, de forma de comprender el proceso creativo que llevaban a cabo. Entender, por lo tanto, cuáles son los medios por los cuales se puede llegar a un idea valorable, resulta clave por estos días.
Lo bueno es que varios especialistas concuerdan en que todas las personas pueden ser creativas, independiente a tener mayor predisposición a esta. Sobre una posible limitación de la creatividad, Omar Vite, profesor de la Extensión Proyección Universitaria (EPU), de la U. de San Martín de Porres, cree que ese es uno de lo mitos que es preciso desterrar. “La creatividad no es privilegio de unos pocos. Diversos estudios demuestran que todos podemos ser creativos. Lo más importante es la predisposición al cambio, a pensar de manera disruptiva”. Así también lo cree el decano de la Escuela de Postgrado en Negocios de la U. de Belgrano, Alberto Rubio, quien comparte una de las recetas que considera puede fomentar la creatividad. “Quizá compartir tareas en un núcleo de creativos pueda ser un modo de disparar imaginación, por la sinergia que genera el desarrollo de actividades en grupo”.
Recurrir a las ideas grupales puede ser uno de los más populares mecanismos, tal y como dice el refrán “dos cabezas piensan mejor que una”. Así y todo, las empresas innovadoras hace años que están implementando iniciativas internas para fomentar ideas transgresoras, como 3M y Google, que permiten a sus empleados dedicar un porcentaje de las horas del día a innovar. Para lo cual existen una serie de estímulos visuales, comodidades y juegos a las que los trabajadores de estas compañías pueden acceder.
Vite explica que la innovación es un proceso en el que deben estar involucrados tanto los directivos como los colaboradores de la empresa. “Implementar estrategias de crowdsourcing es una excelente manera de integrar a todos los involucrados en la búsqueda de soluciones innovadoras y creativas a los problemas que tienen que enfrentar las empresas en su día a día”. Y para ello cada vez existen más herramientas en línea, com son el Google Drive y mural.ly.
Imagen: http://www.freedigitalphotos.net/
Y en esta búsqueda de resultados existosos, algunas empresas de América Latina están imitando, como pueden, el modelo de aquellas enclavadas en Silicon Valley. La finalidad es acercarse, aunque sea un poco, a su estilo de trabajo, y ver si por este camino se puede lograr la diferenciación. Rubio precisa que lo crucial para las compañías es “trascender los logros alcanzados, interrogarse sobre nuevos horizontes posibles, imaginar, elaborar, prediseñar, proponer”.
Design Thinking en la empresa
Aunque existan varias maneras de llegar a las metas establecidas, en algunas compañías, sin importar el tamaño, concuerdan con los dichos de Tim Brown, CEO de IDEO, (“los hombres de negocios tendrán que parecerse más a los diseñadores”), y aplican el Design Thinking y algunas metodologías inspiradas en este, de manera de resolver problemas con un enfoque creativo.
Esta afán por incitar a la innovación no es nuevo, pero no todas las compañías lo pueden llevar a cabo de forma efectiva. Para Leticia Britos, experta en innovación de la U. de Stanford y quien fue entrevistada anteriormente en MBA & Educación Ejecutiva, lo fundamental es encontrar los espacios y estrategias para ayudarnos a continuar siendo creativos.“Debemos fomentar que se encuentren las condiciones para que estudiantes, ejecutivos y profesores sean creativos, junto con promover la confianza en que pueden desarrollar la creatividad”, dice.
De ahí que el Design Thinking se posicione como una forma de “generar empatías y entender las perspectivas de la persona para quien se está solucionando un problema, identificándolos y comprendiéndolos de mejor modo. No sólo aquellos que son evidentes, sino también aquellos que están patentes”, dice Britos. En busca de este mismo fin, es que se siguen implementando métodos como el Brainstorming o se prueben otros menos conocidos, como Lego Serious Play (LSP), donde las personas encuentran solución a problemáticas, de las más sencillas a las más complejas, a través de un proceso en que utilizan las ladrillos de legos (bricks). Se trata de métodos en los cuales se generan estados mentales que promueven la creatividad aplicada a decisiones estratégicas.
Desde la vereda del pensamiento creativo, Vite explica que el proceso consiste en “identificar la propuesta de valor adecuada para atender a un segmento o segmentos del mercado”. Por eso es importante la investigación como requisito para generar modelos de negocio no solo disruptivos, sino también, adaptados al contexto en el que se desarrollan.
Esas extrañas circunstancias
Generalmente, a los directivos de las empresas les acomoda que sus trabajadores vayan a la caza de una idea revolucionaria de forma más cautelosa, quizá implementando procesos probados y que a simple vista no parezcan extravagantes. Sin embargo, existen excepciones que pueden ayudar a encontrar la respuesta a los ruegos: desde los llamados momentos “eureka”, aquellos de brillantez donde aparece la solución al problema, hasta lo que se conoce como conocimiento “periférico”, ocurrencias procedentes de ámbitos aparentemente irrelevantes para una determinada tarea, lo que puede influir en el surgimiento de innovaciones revolucionarias.
Sobre la existencia de pasos para idea desde el pensamiento creativo, Vite dice que: “El primero, la “preparación”, es el momento en el que se recogen los datos para obtener una visión del problema desde diferentes puntos de vista. El segundo, la “incubación”, es el momento en el que procesamos estos datos con el objetivo de tener una visión integral del problema. El tercero, la “iluminación”, es el momento en el que llegan las buenas ideas, como por inspiración”.
Pero en la búsqueda de una idea potente, también existen ciertas dificultades, como “negar la realidad de los cambios acelerados, de competidores insospechados, de las nuevas fronteras del saber aplicadas al mundo de los negocios”, dice Rubio. El profesor del EPU dice que los enemigos del pensamiento creativo “son los supuestos o las reglas implícitas que nos limitan. Franc Ponti, profesor de creatividad e innovación, lo resume diciendo: 'Si funciona, cámbielo'”.
Para evitar estas faltas, los especialistas explican que es necesario generar confianza entre los empleados, de manera de incentivar la colaboración. También es fundamental que los ejecutivos se mantengan al tanto de lo que ocurre en el ámbito de la competencia. Omar Vite pone énfasis en mantenerse informado: “diversos sectores. Por ejemplo, trendwatching.com y psfk.com son excelentes opciones para mantenerse al tanto de las últimas tendencias en consumo. En este sentido, incorporar el coolhunting entre los procesos estratégicos de la empresa es una manera de contribuir a vivir en un ambiente en el que abunden las ideas”. También se recomienda romper con la rutina,porque permite ver las cosas diferentes, que de alguna manera ayuda a propiciar la creatividad.
La ciencia de la felicidad
Sonja Lyubomirsky: La ciencia de la felicidad: un
método probado para conseguir el bienestar,
Barcelona, Ediciones Urano, 2008, 408 pp., ISBN:
978-84-7953- 664-0
Diego Gómez Baya
¿Qué nos hace ser felices? ¿Se puede ser más feliz? Estas y
otras cuestiones son a
las que trata de dar respuesta Sonja Lyubomirsky,
profesora de la Universidad
de
California en Riverside. La profesora Lyubomirsky es licenciada en
psicología
por la
universidad de Harvard y doctorada en psicología social por la
Universidad de
Stanford. Sus investigaciones han merecido
numerosos premios y menciones,como
el Templeton Positive Psychology Prize y una beca
de investigación del Instituto
Nacional de Salud Mental de los Estados
Unidos.
A diferencia de otros libros que abordan el tema de la
felicidad, la autora
recopila en esta obra los datos empíricos encontrados en su
laboratorio durante sus más de
veinte años de experiencia investigadora en el
tema, así como los
resultados y teorías más relevantes de las figuras más
relevantes de la psicología
positiva en la actualidad. Con unas bases sólidas de
psicología empírica y desde
la perspectiva positiva, centrada en el estudio de las
fortalezas y bondades del ser
humano, como complemento al estudio de su sufrimiento y sus
patologías (más
tradicional en el ámbito de la ciencia psicológica),
Lyubomirsky nos ofrece una
lectura ágil y motivadora, que llena de energía y anima a
internalizar y llevar a
cabo las detalladas actividades descritas para ser más
feliz.
Para dar respuesta a la primera de las preguntas, la ciencia
ha comenzado por
estudiar las diferencias entre las personas felices y las
personas infelices, o analizar
las características asociadas a una mayor felicidad. Si bien
esto es tan sólo un primer
paso que no posibilita el establecimiento de relaciones
causales, tan necesarias
para poder predecir qué actividades o qué pensamientos
predicen qué cantidad
de felicidad. Con este motivo, durante dos décadas la
profesora Lyubomirsky ha
dirigido multitud de experimentos para poner a prueba la
efectividad y duración
de la efectividad de actividades concretas. Sin duda, esta
obra no es un libro más
de autoayuda, basado en especulaciones y conjeturas, sino
que es un libro basado
en trabajos científicos, repleto de referencias y datos
empíricos, aunque narrado
en un lenguaje divulgativo y cercano al lector
medio.
La segunda de las preguntas -¿se puede ser más feliz?-
fundamenta y motiva
la lectura del libro. La respuesta es una rotunda
afirmación, justificada en base al
estudio con gemelos univitelinos, que comparten el cien por
cien de su material
genético, y que son criados en el mismo o diferente
ambiente, y que comparten
o no experiencias de aprendizaje. El libro nos presenta un
claro gráfico en el que
nos señala tres grandes áreas de la realidad humana que
predicen la felicidad: los
genes, las circunstancias y la actividad deliberada. Los
genes marcan la línea base
o valor de referencia de la felicidad de una persona, y
predicen hasta un 50 por
ciento de la felicidad de la persona. Entonces, ¿quiere
decir esta elevada cantidad
que nuestra felicidad está completamente predeterminada al
nacer? Pues no, si
bien el valor de referencia va a ser el punto inicial desde
el que partamos, la
manifestación o no de esta potencialidad, va a depender del
estado de las siguientes
dos áreas a describir, el restante 50 por ciento de nuestra
felicidad no está determinado
al nacer. Primeramente, consideremos el efecto de las
circunstancias vitales, como,
por ejemplo, el estado civil, el nivel socioeconómico, o la
experiencia
de problemas o experiencias traumáticas. Aunque resulte
paradójico, todos los
datos señalan que las circunstancias vitales sólo determinan
un 10 por ciento de
nuestra felicidad. ¿A qué se debe esto? ¿Y por qué creemos
que las circunstancias
pesan mucho más? La influencia de las circunstancias vitales
en nuestra felicidad
viene limitada por un proceso denominado adaptación
hedonista, que establece
que los cambios circunstanciales tienen un efecto inmediato
en el bienestar del
ser humano, pero que transcurrido un tiempo, el ser humano
se adapta a dichos
cambios y regresa a sus valores de referencia. Entre los
múltiples datos empíricos
para sostener esta influencia limitada, destacaremos, por su
claridad, el efecto de
ganar por sorpresa una gran cantidad de dinero. Los estudios
mantienen que tras
un ascenso inicial del estado de ánimo (todo el mundo se
alegraría si le tocara
la lotería), nos adaptamos a este hecho y volvemos a nuestro
valor de referencia,
bien creando necesidades cada vez mayores (ya no es
suficiente con tener una
buena casa, ya querríamos también que tuviera vistas a la
playa y una buena parcela)
o bien perdiendo cada vez más valor para uno mismo (y
descubriendo que lo que
de verdad importan no son las cosas materiales, por
ejemplo). Lyubomirsky nos
presenta varios mitos relacionados con el materialismo y la
belleza física, cuya
importancia en nuestra felicidad ha sido sobrevalorada en
nuestra sociedad.
Así pues, tras la influencia genética y de las
circunstancias, ¿qué nos queda?
Nos queda lo más importante, lo que da sentido a este libro
y a nuestra vida en
general, nuestros actos deliberados, lo que decidimos hacer
con nuestra vida. Es
enormemente reconfortante pensar que nuestra felicidad
depende de nosotros
mismos en gran medida, estimada en un 40 por ciento, y
también lo es saber
que se han diseñado y demostrado numerosas actividades que
podemos llevar a
cabo para incrementarla. Y es que la felicidad no ha de ser
concebida como un
resultado, sino como un camino, como una aventura, en la que
nuestro esfuerzo y
nuestras decisiones tienen un papel absolutamente
determinante. Este peso de las
actividades deliberadas justifica la inclusión en la obra de
una guía de hasta doce
actividades, todas ellas validadas experimentalmente, para
incrementar nuestra
felicidad.
Llegados a este punto, y antes de comentar con brevedad
estas actividades,
resulta imprescindible destacar el acierto de la autora no
sólo en el diseño sino
también en la aplicación de estas actividades. Podríamos
preguntarnos,
¿es necesario hacer todas las cosas que aquí se nos indican?
¿Qué ocurre si algunas
de estas ctividades
no me motivan lo suficiente? La solución a estas cuestiones viene de
la
mano del Diagnóstico de Adecuación entre la persona y la
actividad, del profesor
Ken Sheldon. Se trata de un breve autoinforme que facilita
el descubrimiento
de las cuatro actividades que mejor se puedan adaptar a
nosotros mismos, según
nos resulten más naturales y nos generen un mayor disfrute.
La elección de estas
actividades facilitará el éxito de la intervención y la
efectividad de la misma, en
cuanto se desarrollarán de una forma más adecuada y
sostenida, y correspondan
directamente a las propias necesidades. Además, junto a este
autoinforme,
Lyubomirsky presenta el Cuestionario Oxford sobre la
Felicidad, que el lector podrá
rellenar si lo considera oportuno en varios momentos antes,
durante y después de
llevar a cabo las actividades seleccionadas. Esta medida de
la felicidad nos aportará
el valor desde el cual partimos y nos permitirá ser
descubrir la eficacia de las
actividades que estamos desarrollando. De esta manera, la
autora pone a disposición
del lector diversos medios teóricos y metodológicos para
favorecer la eficacia
de las intervenciones y posibilitar, en último término, que
los lectores alcancen
el objetivo por el que se creó y por el que compraron este
libro, incrementar su
felicidad.
A continuación, describimos con brevedad cada una de las
actividades desarrolladas
y justificadas en el libro:
-Expresar gratitud. En palabras del profesor Robert Emmons,
la gratitud es
“un sentimiento de asombro, agradecimiento y apreciación por
la vida”. Pensar
con gratitud nos ayuda a saborear las experiencias positivas
de la vida, a reforzar la
autoestima y el amor propio, y a afrontar el estrés y el
trauma. Así, para practicar
la gratitud la autora nos propone llevar un diario de
gratitud o expresar la gratitud
directamente en persona.
-Cultivar el optimismo. Todas las estrategias para el
optimismo incluyen el
ejercicio de interpretar el mundo desde una perspectiva más
positiva y generosa.
Entre las actividades presentadas destacamos la denominada
“el diario del mejor
yo posible”, que consiste en visualizar y escribir sobre un
futuro en el que todo
haya salido como tú querías. Este ejercicio, basado en los
estudios de la profesora
Laura King, no se refiere sólo a imaginar un modelo futuro
para ellos, sino también
a construir el mejor yo posible hoy para que ese futuro se
vuelva realidad.
-Evitar pensar demasiado. Pensar demasiado es darle muchas
vueltas a las cosas
de forma innecesaria, pasiva y excesiva, al sentido, las
causas y las consecuencias
de tu carácter, tus sentimientos y tus problemas. Partiendo
de los estudios de la
profesora Susan Nolen-Hoeksema, que viene demostrando desde
hace décadas
cómo este estilo de pensamiento mantiene y exacerba los
síntomas depresivos, se
enseñan estrategias para distraerse de pensamientos
negativos, actuar para resolver
problemas y sustituir una tendencia a la comparación
social.
-Practicar la amabilidad. Los estudios de Lyubomirsky
señalan que ser generosos y
atentos con los demás, un solo día a la semana, hizo felices
a las personas, es
decir, experimentaron un incremento de su
felicidad.
-Cuidar las relaciones sociales. Dedicar tiempo,
comunicarse, manifestar apoyo y lealtad,
y abrazarse, son algunas de las actividades que han
demostrado eficacia para incrementar
los niveles de felicidad.
-Desarrollar estrategias para afrontar. Afrontar es lo que
hacemos para aliviar
el dolor o el estrés provocados por un acontecimiento
negativo. Entre las actividades
propuestas está encontrar sentido al sufrimiento mediante la
escritura
expresiva, ver el lado positivo del trauma mediante la
escritura o la conversación,
o afrontar el problema a través de cuestionar los
pensamientos pesimistas.
-Aprender a perdonar. Los estudios indican que las personas
a las que se les
animaba a perdonar manifestaban una disminución de sus
emociones negativas
y un aumento de su autoestima y su esperanza. La autora nos
presenta varios
ejercicios para aprender a perdonar, como apreciar ser
perdonado, imaginar el
perdón, escribir una carta de perdón, ser más empáticos o
atribuir cierta bondad
o generosidad al transgresor.
-Fluir más. El profesor Mihalyi Csikszentmihalyi define el
flujo como un estado de
ensimismamiento y de concentración intensos en el momento
presente, de
manera que la actividad que realizas es un desafío y es
apasionante. La clave para
crear el flujo es establecer un equilibrio entre las
habilidades de uno mismo y los
desafíos que elige afrontar. En este libro se proponen
numerosas estrategias para
aumentar las experiencias de flujo.
-Saborear las alegrías de la vida. Los investigadores
definen el disfrute como
los pensamientos o comportamientos que son capaces de
generar, intensificar y
prolongar el placer. Actividades como saborear las
experiencias comunes, disfrutar
y rememorar con familiares y amigos, festejar las buenas
noticias o permanecer
abierto a la belleza y la excelencia, permiten incrementar
nuestra felicidad.
-Comprometerte con tus objetivos. Elegir bien los propios
objetivos es sumamente
importante: que tengan que ver con nuestros propios
intereses, que sean
propios, que sean flexibles, que puedan ser descompuestos en
pasos sucesivamente
alcanzables, o que estén en armonía con otros objetivos
personales, son algunas
de las características que han de tener nuestros objetivos
para que nos
comprometamos y nos esforcemos con pasión.
-Practicar la religión y la espiritualidad. Buscar sentido a
la vida, orar o saber
encontrar lo sagrado en la vida corriente son algunas de las
actividades mediante
las cuales el cultivo de la religión o la espiritualidad
puede hacernos más felices.
-Ocuparte de tu cuerpo. En esta actividad final, Lyubomirsky
nos subraya la
importancia de la meditación, de la actividad física, y de
actuar como una persona
feliz (es decir, la expresión misma de emociones positivas,
como reír o sonreír, nos
hace sentirnos mejor), para incrementar nuestra
felicidad.
Tras esta breve descripción de las actividades planteadas
para el incremento del
bienestar, la autora cierra este libro estableciendo cinco
claves para favorecer que
las mejoras en felicidad sean sostenibles, y no sufran la
denominada adaptación
hedonista, antes comentada. Las cinco claves son: generar
emociones positivas,
elegir los momentos oportunos y dar variedad a las
actividades, rodearnos de
apoyo social, dedicar esfuerzo y compromiso, y hacer que las
actividades se
conviertan en un hábito. Y es que más importante aún que
incrementar los niveles de
felicidad es mantenerlos.
Así pues, este libro titulado “La ciencia de la felicidad:
un método probado
para conseguir el bienestar” supone un breve y entretenido
manual lleno de
actividades, todas ellas respaldadas empíricamente, para
ayudarnos a ser más felices,
escrito de forma sencilla y motivadora. Tras la lectura del
mismo estoy convencido
de que la propia autora ha conseguido ser más feliz mientras
escribía el propio
libro, y además consigue, también gracias a eso, de forma
humilde y brillante, que
el propio lector disfrute y se contagie en todo momento de
un entusiasmo por
generar felicidad, que invita a poner a prueba y practicar
con energía las actividades
presentadas durante su vida diaria. En palabras del
profesor Martin Seligman,
fundador del movimiento de la Psicología Positiva, este
libro es “el lugar adecuado
para buscar un consejo científico sobre cómo ser más
feliz”.
La inteligencia también se aprende
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013-09-01/la-inteligencia-tambien-se-aprende-claves-para-ser-bastante-mas-listo_20148/ Marta Jiménez Serrano

¿Quieres ser más imaginativo, más creativo, más ingenioso? ¿Quieres lidiar mejor con los problemas complicados? ¿No te gustaría encontrar nuevos modos de afrontar los retos que se te presentan en el día a día? ¿No te parecen estas preguntas, acaso, las de un anuncio de la teletienda?
Lo curioso de los tiempos modernos es que hasta la inteligencia puede remediarse con cápsulas milagrosas, en este caso en forma de claves para convertirse en un mejor pensador.
Si bien muchos de nosotros desearíamos pensar ‘mejor’, con más agilidad mental, dando con soluciones más prácticas, ¿cuándo fue la última vez que nos paramos a pensar acerca del modo en que razonamos?
En realidad, puede resultarnos muy difícil evaluar si contamos con un método para tomar decisiones que aplicamos siempre del mismo modo y si le dejamos la engorrosa tarea al instinto. Tampoco tenemos por qué saber a ciencia cierta si nuestra manera de relacionar los diferentes conocimientos que poseemos es la adecuada, o si seguimos una serie de pasos en nuestro proceso cognitivo.
Pensar es una habilidad como otra cualquiera y algunos expertos creen que es algo que se puede practicar y mejorar
Nos seduce pensar que los genios lo son porque sí, porque nacieron brillantes, del mismo modo que preferimos considerar que siUsain Bolt corre así de rápido es porque sus potentes genes se lo permiten y, en consecuencia, a nosotros los nuestros no (en ningún caso, razonamos, se debe a que este tipo se someta a entrenamientos durísimos y nosotros estemos aquí en el sofá comiendo patatas fritas mientras lo vemos correr).
La discusión da para mucho, de hecho. El famoso debate entre la biología y la genética (¿el hábito hace al monje o no?) es lo que los anglosajones llamannature vs. nurture, lo innato frente a lo aprendido. Por supuesto, no hay por qué simplificar estas dos opciones: nadie nos obliga a elegir entre la una y la otra y, probablemente, la clave del éxito en cualquier disciplina se deba a una mezcla de ambas. La genética y el conocimiento aprendido funcionan, además, como elementos que a menudo se retroalimentan: nos gusta hacer lo que se nos da bien y, en consecuencia, lo practicamos más, y afianzamos nuestros conocimientos sobre ello.
En ese sentido, pensar es una habilidad como otra cualquiera y, aunque podemos estar más predeterminados a razonar de una u otra manera, algunos expertos creen que es algo que se puede practicar y mejorar: como correr. Así lo consideran Edward B. Burger y Michael Starbird que, en su libro The Five Elements of Effective Thinking, presentan algunos métodos prácticos que presuntamente nos ayudarán a mejorar nuestro modo de pensar. Según la introducción del libro, uno puede elegir libremente si quiere tener éxito o no, siguiendo cinco hábitos que se pueden incorporar perfectamente a nuestra vida y que nos harán más inteligentes. En el libro no sólo se explican con detalle, sino que se concretan en su realización práctica.
Comprender profundamente
No debemos enfrentarnos a asuntos complejos de manera frontal: primero hay que comprender las ideas más simples en profundidad. Hay que limpiar la mente de todo lo prescindible y quedarnos sólo con lo que es realmente importante, fijándolo bien en nuestro cerebro. Además, tenemos que ser brutalmente honestos acerca de lo que sabemos y lo que no. Para aprender algo nuevo, el paso número uno es reconocer que lo desconocemos y, así, propiciar las ganas de suplir esa laguna. Olvida todos los prejuicios y las nociones preconcebidas: tal vez creas conocer algo porque has oído hablar de ello repetidas veces, pero en realidad serías incapaz de explicarlo (“—Papá, ¿qué es la prima de riesgo? –Pregúntale a mamá”). Hay muchos niveles de comprensión, y siempre puedes ir más allá, sea cual sea el tema de que se trate. Una compresión sólida de la base es el primer paso para el éxito.
Cometer errores
Hay que equivocarse. Los errores son grandes profesores, resaltan los caminos por los que debemos continuar en nuestro aprendizaje, así como los que debemos descartar. Además, fomentan tu imaginación.
Hacer preguntas
Hay que hacer(se) preguntas constantemente para clarificar, ampliar y ratificar tu conocimiento. Trabajar en base a las preguntas equivocadas es la mayor pérdida de tiempo. Por el contrario, las preguntas correctas te ayudarán a ver conexiones que de otra manera se habrían mantenido invisibles. De hecho, aprender no consiste en encontrar respuestas de nada (¡ya quisiéramos nosotros!), sino en dar con la pregunta pertinente.
Seguir el flujo de ideas
Observa de dónde proceden las ideas que tienes y a dónde pueden llegar a parar. Una nueva idea es siempre un principio, nunca un final (“una conclusión es un sitio donde alguien se cansó de pensar”). Exprime tus ideas: por pequeñas que parezcan, pueden dar lugar a grandes resultados.
Cambiar
El cambio –paradojas de la vida– debe ser una constante. Haciendo las mismas cosas obtendrás siempre los mismos resultados, de modo que investiga, duda, cambia y siempre aspira a más, pues el conocimiento no tiene fin. Siguiendo estos términos, el éxito está asegurado.
Las Expresiones Múltiples De La Inteligencia
http://www.claseejecutiva.cl/blog/2013/09/las-expresiones-multiples-de-la-inteligencia/
Desde su desarrollo, la prueba tuvo una gran influencia en la psicología porque por primera vez se podía medir una capacidad superior como es la inteligencia.
Sin embargo, debido a su naturaleza abstracta, la psicología ha definido el concepto de inteligencia desde distintas perspectivas. Así, existen casi tantas definiciones como teorías sobre la inteligencia.
Habitualmente estamos acostumbrados a relacionar la inteligencia con la capacidad de raciocinio lógico, con el coeficiente intelectual que determina las habilidades para las ciencias exactas, la comprensión y capacidad de análisis reflexivo, el razonamiento espacial, la capacidad verbal y las habilidades mecánicas.
Estas perspectivas enfatizan las variables cognitivas en el estudio de la inteligencia. Pero, por cierto, esto constituye solo parte del comportamiento considerado inteligente.
En este sentido, Gardner introduce el término de inteligencias múltiples, para resaltar que son un número desconocido de capacidades humanas que van desde la inteligencia musical hasta la aplicada al conocimiento de uno mismo.
Este autor pone énfasis en que estas capacidades son tan fundamentales como las que tradicionalmente detectan los test que miden el coeficiente intelectual (CI).
Como resultado postula siete inteligencias: (1) la lingüística, exhibida en su forma más completa por los poetas; (2) la lógico-matemática; (3) la espacial; (4) la musical; (5) la corporal y cinética; y la personal en sus dos formas: (6) interpersonal, capacidad para entender a las otras personas, lo que les motiva, como trabajan, como trabajar con ellos de forma cooperativa, y (7) la intrapersonal, capacidad relacionada a la anterior, pero orientada hacia dentro. Esta es la capacidad de formarse un modelo ajustado, verídico de uno mismo y de ser capaz de usar este modelo para desenvolverse eficazmente en la vida.
Originalmente la Teoría de las Inteligencias Múltiples, de Howard Gardner, comprendía siete tipos diferentes; pero en 1995 el autor agregó la inteligencia naturalista.
Esta se describe como la competencia para percibir las relaciones que existen entre varias especies o grupos de objetos y personas, así como reconocer y establecer si existen distinciones y semejanzas entre ellos.
Las inteligencias personales se manifiestan más tarde en el desarrollo de una persona y pueden considerarse capacidades de procesamiento de la información, una dirigida hacia dentro (Inteligencia intrapersonal) y la otra hacia fuera (Inteligencia interpersonal).
La inteligencia interpersonal se construye a partir de una capacidad nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular, contrastes en sus estados de ánimo, motivaciones e intenciones. A un adulto le permite leer las intenciones y deseos de los demás.
Por otro lado, la inteligencia intrapersonal se refiere al conocimiento de los aspectos internos de una persona, el acceso a la propia vida emocional, la capacidad para discriminar entre las emociones, ponerles nombre y recurrir a ellas como medio de interpretar y orientar la conducta.
Tienden a ser críticos, a sentirse incómodos con las experiencias sensoriales en general y son poco expresivos, distantes y emocionalmente fríos y tranquilos.
Por el contrario, quienes poseen una elevada inteligencia emocional suelen ser socialmente equilibrados, extrovertidos, alegres, poco predispuestos a la timidez y a centrarse en sus preocupaciones.
Demuestran estar dotados de la capacidad para comprometerse con las causas y las personas, suelen adoptar responsabilidades, mantienen una visión ética de la vida y son afables y cariñosos. Su vida emocional es rica y apropiada; se sienten a gusto consigo mismos y con los otros.
En otras palabras, la inteligencia emocional se refiere a la medida en que las habilidades cognitivas de las personas reciben información de parte de las emociones y la medida en que las emociones son manejadas cognitivamente.
Por ejemplo, imagine que está en una cola para almorzar y ha dejado un espacio entre Ud. y la persona de adelante. De pronto, otra persona se pone antes que Ud. En ese momento tiene que juzgar si esta persona es mal educada o no se dio cuenta de que Ud. estaba primero. ¿Cuál debe ser su respuesta? ¿Debe enojarse, insultar, amenazar? o ¿debe informarle a la persona de su error?
Frecuentemente necesitamos hacer juicios complicados, y cuando nos equivocamos nos vemos en graves problemas. Indiscutiblemente algunos lo hacen mejor que otros al evaluar las emociones en una situación social.
Las aptitudes emocionales que con más frecuencia han sido mencionadas en relación a un liderazgo exitoso son:
•Conocer las propias emociones: la conciencia de uno mismo —el reconocer un sentimiento mientras ocurre— es la clave de la inteligencia emocional. Los que tienen mayor certidumbre respecto de sus sentimientos son mejores guías de su vida y tienen una noción más segura de lo que sienten realmente con respecto a las decisiones personales.
•Manejar las emociones: manejarlas para que sean adecuadas se basa en la conciencia de uno mismo. Incluye la capacidad de serenarse, de librarse de la irritabilidad, la ansiedad y la melancolía excesivas. Los que tienen éxito conservan la compostura bajo estrés, se mantienen serenos y seguros en las crisis.
•La propia motivación: el ser capaz de ordenar las emociones al servicio de un objetivo es esencial para prestar atención, para la motivación intrínseca, el dominio y la creatividad. Está relacionada con la iniciativa, el afán de éxito y la adaptabilidad. Los que tienen éxito aceptan la responsabilidad, admitiendo sus faltas y errores, y se ocupan de solucionar los problemas sin obsesionarse con el fracaso.
•La empatía: reconocer emociones en los demás, otra capacidad que también se basa en la autoconciencia emocional. Los exitosos en esta área son sensibles; capaces de ponerse en el lugar del otro, demuestran tacto y consideración en su trato con todos.
•Manejar las relaciones: el arte de las relaciones consiste en la habilidad para manejar las emociones de los demás. Los líderes con esta capacidad fortalecen lazos entre las personas y aprovechan la diversidad en sus equipos. Ser capaz de manejar las emociones de otro es la esencia del arte de mantener relaciones y exige la madurez de otras dos habilidades emocionales, autocontrol y empatía.
En resumen, ser emocionalmente inteligentes significa conocer las emociones propias y las ajenas, poder manejar las emociones a partir de su conocimiento y más importante aún, saber en qué situaciones es apropiado la expresión de las emociones y el efecto que causan en los demás.
Por lo mismo, requiere de hacerse responsable del impacto que causan las emociones. Todo lo anterior conduce a un incremento en la capacidad de relacionarnos con los demás.
Los aspectos cognitivos constituyen solo parte del comportamiento considerado inteligente.
CLARAMENTE, ES ALGO MÁS QUE UNA SOLA CARACTERÍSTICA O RASGO UNIVERSAL
A pesar del consenso científico acerca de los atributos de la inteligencia, no existe ninguna definición de ella aceptada universalmente. Lewis Terman (1921), uno de los primeros investigadores de la inteligencia, desarrolló la escala de Stanford-Binet y la definió como la capacidad para pensar de manera abstracta.Desde su desarrollo, la prueba tuvo una gran influencia en la psicología porque por primera vez se podía medir una capacidad superior como es la inteligencia.
Sin embargo, debido a su naturaleza abstracta, la psicología ha definido el concepto de inteligencia desde distintas perspectivas. Así, existen casi tantas definiciones como teorías sobre la inteligencia.
Habitualmente estamos acostumbrados a relacionar la inteligencia con la capacidad de raciocinio lógico, con el coeficiente intelectual que determina las habilidades para las ciencias exactas, la comprensión y capacidad de análisis reflexivo, el razonamiento espacial, la capacidad verbal y las habilidades mecánicas.
Estas perspectivas enfatizan las variables cognitivas en el estudio de la inteligencia. Pero, por cierto, esto constituye solo parte del comportamiento considerado inteligente.
LAS OTRAS VARIABLES
Hoy, muchos autores han empezado a subrayar la importancia que las variables emocionales o motivacionales tienen para la conducta inteligente manifiesta, tanto en la vida real como en las situaciones creadas por los test. Claramente, la inteligencia es algo más que una sola característica o rasgo universal.En este sentido, Gardner introduce el término de inteligencias múltiples, para resaltar que son un número desconocido de capacidades humanas que van desde la inteligencia musical hasta la aplicada al conocimiento de uno mismo.
Este autor pone énfasis en que estas capacidades son tan fundamentales como las que tradicionalmente detectan los test que miden el coeficiente intelectual (CI).
Como resultado postula siete inteligencias: (1) la lingüística, exhibida en su forma más completa por los poetas; (2) la lógico-matemática; (3) la espacial; (4) la musical; (5) la corporal y cinética; y la personal en sus dos formas: (6) interpersonal, capacidad para entender a las otras personas, lo que les motiva, como trabajan, como trabajar con ellos de forma cooperativa, y (7) la intrapersonal, capacidad relacionada a la anterior, pero orientada hacia dentro. Esta es la capacidad de formarse un modelo ajustado, verídico de uno mismo y de ser capaz de usar este modelo para desenvolverse eficazmente en la vida.
Originalmente la Teoría de las Inteligencias Múltiples, de Howard Gardner, comprendía siete tipos diferentes; pero en 1995 el autor agregó la inteligencia naturalista.
Esta se describe como la competencia para percibir las relaciones que existen entre varias especies o grupos de objetos y personas, así como reconocer y establecer si existen distinciones y semejanzas entre ellos.
Las inteligencias personales se manifiestan más tarde en el desarrollo de una persona y pueden considerarse capacidades de procesamiento de la información, una dirigida hacia dentro (Inteligencia intrapersonal) y la otra hacia fuera (Inteligencia interpersonal).
La inteligencia interpersonal se construye a partir de una capacidad nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular, contrastes en sus estados de ánimo, motivaciones e intenciones. A un adulto le permite leer las intenciones y deseos de los demás.
Por otro lado, la inteligencia intrapersonal se refiere al conocimiento de los aspectos internos de una persona, el acceso a la propia vida emocional, la capacidad para discriminar entre las emociones, ponerles nombre y recurrir a ellas como medio de interpretar y orientar la conducta.
EL CI Y LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
Comenta Goleman que el CI y la inteligencia emocional no son conceptos contrapuestos sino tan solo diferentes. Todos nosotros representamos una combinación peculiar entre el intelecto y la emoción. Al establecer una comparación entre dos personas, una con un elevado CI y la otra con aptitudes emocionales altamente desarrolladas, se encontró que los individuos con un alto CI se encuentran entregados al dominio de la mente pero completamente ineptos en su mundo personal, se caracterizan por una amplia gama de intereses y habilidades intelectuales, y suelen ser ambiciosos, productivos, tenaces y poco dados a reparar en sus propias necesidades.Tienden a ser críticos, a sentirse incómodos con las experiencias sensoriales en general y son poco expresivos, distantes y emocionalmente fríos y tranquilos.
Por el contrario, quienes poseen una elevada inteligencia emocional suelen ser socialmente equilibrados, extrovertidos, alegres, poco predispuestos a la timidez y a centrarse en sus preocupaciones.
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LA EMOCIÓN MISMA
La teoría de la inteligencia múltiple ha evolucionado, centrándose cada vez más en la emoción misma. De acuerdo con Mayer & Salovey (1997), la inteligencia emocional es “la habilidad para percibir emociones, acceder y generar emociones para asistir al pensamiento, comprender las emociones y permitir en forma reflexiva regular las emociones para promover el crecimiento emocional e intelectual. Esencialmente, la inteligencia emocional describe la habilidad para reunir en forma exitosa la razón y la emoción, usando la emoción para facilitar el razonamiento y razonando inteligentemente acerca de las emociones”.En otras palabras, la inteligencia emocional se refiere a la medida en que las habilidades cognitivas de las personas reciben información de parte de las emociones y la medida en que las emociones son manejadas cognitivamente.
Por ejemplo, imagine que está en una cola para almorzar y ha dejado un espacio entre Ud. y la persona de adelante. De pronto, otra persona se pone antes que Ud. En ese momento tiene que juzgar si esta persona es mal educada o no se dio cuenta de que Ud. estaba primero. ¿Cuál debe ser su respuesta? ¿Debe enojarse, insultar, amenazar? o ¿debe informarle a la persona de su error?
Frecuentemente necesitamos hacer juicios complicados, y cuando nos equivocamos nos vemos en graves problemas. Indiscutiblemente algunos lo hacen mejor que otros al evaluar las emociones en una situación social.
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•Conocer las propias emociones: la conciencia de uno mismo —el reconocer un sentimiento mientras ocurre— es la clave de la inteligencia emocional. Los que tienen mayor certidumbre respecto de sus sentimientos son mejores guías de su vida y tienen una noción más segura de lo que sienten realmente con respecto a las decisiones personales.
•Manejar las emociones: manejarlas para que sean adecuadas se basa en la conciencia de uno mismo. Incluye la capacidad de serenarse, de librarse de la irritabilidad, la ansiedad y la melancolía excesivas. Los que tienen éxito conservan la compostura bajo estrés, se mantienen serenos y seguros en las crisis.
•La propia motivación: el ser capaz de ordenar las emociones al servicio de un objetivo es esencial para prestar atención, para la motivación intrínseca, el dominio y la creatividad. Está relacionada con la iniciativa, el afán de éxito y la adaptabilidad. Los que tienen éxito aceptan la responsabilidad, admitiendo sus faltas y errores, y se ocupan de solucionar los problemas sin obsesionarse con el fracaso.
•La empatía: reconocer emociones en los demás, otra capacidad que también se basa en la autoconciencia emocional. Los exitosos en esta área son sensibles; capaces de ponerse en el lugar del otro, demuestran tacto y consideración en su trato con todos.
•Manejar las relaciones: el arte de las relaciones consiste en la habilidad para manejar las emociones de los demás. Los líderes con esta capacidad fortalecen lazos entre las personas y aprovechan la diversidad en sus equipos. Ser capaz de manejar las emociones de otro es la esencia del arte de mantener relaciones y exige la madurez de otras dos habilidades emocionales, autocontrol y empatía.
En resumen, ser emocionalmente inteligentes significa conocer las emociones propias y las ajenas, poder manejar las emociones a partir de su conocimiento y más importante aún, saber en qué situaciones es apropiado la expresión de las emociones y el efecto que causan en los demás.
Por lo mismo, requiere de hacerse responsable del impacto que causan las emociones. Todo lo anterior conduce a un incremento en la capacidad de relacionarnos con los demás.
Le Salon d'Automne Paris 1905
« Salle N°VII MM. Henri Matisse, Marquet, Manguin, Camoin, Girieud, Derain, Ramon Pichot. Salle archi-claire, des oseurs, des outranciers, de qui il faut déchiffrer les intentions, en laissant aux malins et aux sots le droit de rire, critique trop aisée. […] Au centre de la salle, un torse d'enfant et un petit buste en marbre, d'Albert Marque, qui modèle avec une science délicate. La candeur de ces bustes surprend au milieu de l'orgie des tons purs : « Donatello chez les fauves »
Louis de Vauxcelles +
Louis de Vauxcelles +
QUÉ HORA ES?
Demandez au vent,
à la vague,
à l'étoile,
à l'oiseau,
à l'horloge,
à tout ce qui fuit,
à tout ce qui gémit,
à tout ce qui roule,
à tout ce qui chante,
à tout ce qui parle,
demandez quelle heure il est;
à la vague,
à l'étoile,
à l'oiseau,
à l'horloge,
à tout ce qui fuit,
à tout ce qui gémit,
à tout ce qui roule,
à tout ce qui chante,
à tout ce qui parle,
demandez quelle heure il est;
Enivrez-Vous
Charles Baudelaire http://poetry.eserver.org/enivrez-vous.html
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La mochila
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Autor: Eduard Punset
Una niña de unos ocho años me ha sorprendido en la playa enumerando los personajes ideados cuatro siglos antes por el gran escritor La Fontaine en una de sus múltiples fábulas.
El primer encartado al que se dirigió el Jerarca del Cielo para saber como estaba fue el mono que pasaba por su lado. El mono no se quejaba y su respuesta mostraba, de alguna manera, que le sorprendía la imagen que tenían los demás de lo que le pasaba por dentro. No estaba para nada triste y no entendía por qué los otros veían un estado de cosas que no era el suyo.
El segundo encartado fue un oso que regresaba de un paraje cercano al Polo Norte. Tampoco le pasaba nada singular y no entendía muy bien por qué el Jerarca del Cielo se interesaba por su estado de salud. Él no veía nada extraño donde los demás parecían descubrir cosas nada anodinas.
Es curioso, pero le pasó lo mismo al lobo que acaba de engullir a una paloma de un corral vecino. Se trataba de un lobo al que jamás le había preocupado lo que le pasaba por dentro; su vida siempre tuvo que ver con lo que sus ojos veían y la cercanía de los ruidos que a veces le preocupaban.
Justamente, fue en el mismo corral donde el lobo había cometido una fechoría nada sorprendente, donde tuvo ocasión de presenciar al gallo del corral increpándolo mientras se comía a la gallina. Al gallo no solo no le pasaba nada, sino que ni siquiera el lobo le causaba la menor zozobra. Cuando el Jerarca del Cielo le preguntó sorprendido si le pasaba algo, el gallo le dijo con pelos y señales que no le pasaba nada.
Ilustración de la fábula El gato, el mono y las castañas por Tommaso Salini Mao, siglo XVII (Imagen: “Wikipedia”).
La verdad es que cuando la niña parecía haber agotado los personajes de la fábula que no tenían ningún sentimiento de que, o bien les faltara estatura para lidiar con el resto de animales o bien olfato, o una visión solo dirigida a una parte del escenario, fue precisamente cuando el Jerarca del Cielo se dio cuenta de algo insólito: todos los animales que habían desfilado por aquel escenario estaban encantados de ser como eran porque, por algún motivo que ni él mismo entendía, desconocían absolutamente todo lo que les pasaba por dentro.
¿Por qué se da una coincidencia en la que caigo ahora –se dijo a sí mismo el Jerarca del Cielo–, entre lo que les pasa al resto de los animales y a los humanos? Ni la niña entendía ahora el sentido de la pregunta del Jerarca. Hizo falta que él explicara, con abundancia de detalles, que los humanos llevaban una mochila en la espalda donde habían guardado todos sus sentimientos y lo que les pasaba por dentro. Los humanos –al igual que el resto de los animales–, solo veían lo que les pasaba a los demás y, sobre todo, fuera de ellos mismos.
Hasta hace muy poco tiempo, éramos lo más parecido que puede haber a los crustáceos: del cuello para arriba éramos idénticos porque la mente estaba dentro y por lo tanto no la veíamos, no sabíamos nada de ella, y en el exterior estaba la calavera o la nuca para que todo el mundo la viera y comprendiera.
Como los animales, llevamos una ‘mochila’ en la espalda con todos los sentimientos y solo vemos lo que está delante nuestro. En los próximos veinte años todo esto va a cambiar radicalmente. Vamos a poder ver lo que todo el mundo lleva en la mochila y se lo vamos a poder contar para que se de cuenta. Por primera vez, vamos a saber lo que nos conviene y lo que es preciso olvidar para siempre. Dejaremos de ser mochileros.
sábado, 31 de agosto de 2013
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