sábado, 1 de marzo de 2014
Sobre El Amor Y La Amistad: El Principito Y El Zorro
—[...] ¿Buscas gallinas?
»—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? [...]
»—Es una cosa demasiado olvidada —dijo el zorro—, significa "crear lazos"...
»—¿Crear lazos?
»—Sí —dijo el zorro—. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a otros cien mil zorros. Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
»—Empiezo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... Creo que me ha domesticado.
»—Ve y mira nuevamente las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo.
Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
»—Soy responsable de mi rosa... —repitió el principito, a fin de acordarse»
Capítulo XXI de «El Principito». Antoine de Saint-Exupéry.
»—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? [...]
»—Es una cosa demasiado olvidada —dijo el zorro—, significa "crear lazos"...
»—¿Crear lazos?
»—Sí —dijo el zorro—. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a otros cien mil zorros. Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
»—Empiezo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... Creo que me ha domesticado.
»—Ve y mira nuevamente las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo.
Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
»—Soy responsable de mi rosa... —repitió el principito, a fin de acordarse»
Capítulo XXI de «El Principito». Antoine de Saint-Exupéry.

Los lobos y las mujeres
Los lobos sanos y las mujeres sanas comparten ciertas características psíquicas: una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto. Los lobos y las mujeres son sociables e inquisitivos por naturaleza y están dotados de una gran fuerza y resistencia. Son también extremadamente intuitivos y se preocupan con fervor por sus vástagos, sus parejas y su manada.
Son expertos en el arte de adaptarse a las circunstancias siempre cambiantes y son fieramente leales y valientes. Y, sin embargo, ambos han sido perseguidos, hostigados y falsamente acusados de ser voraces, taimados y demasiado agresivos y de valer menos que sus detractores. Han sido el blanco de aquellos que no sólo quisieran limpiar la selva sino también el territorio salvaje de la psique, sofocando lo instintivo hasta el punto de no dejar ni rastro de él. La depredación que ejercen sobre los lobos y las mujeres aquellos que no los comprenden es sorprendentemente similar.
"Mujeres que corren con los lobos", de la Dra. Clarissa Pinkola Estés
Son expertos en el arte de adaptarse a las circunstancias siempre cambiantes y son fieramente leales y valientes. Y, sin embargo, ambos han sido perseguidos, hostigados y falsamente acusados de ser voraces, taimados y demasiado agresivos y de valer menos que sus detractores. Han sido el blanco de aquellos que no sólo quisieran limpiar la selva sino también el territorio salvaje de la psique, sofocando lo instintivo hasta el punto de no dejar ni rastro de él. La depredación que ejercen sobre los lobos y las mujeres aquellos que no los comprenden es sorprendentemente similar.
"Mujeres que corren con los lobos", de la Dra. Clarissa Pinkola Estés

LA CALLE DE LOS SUEÑOS PERDIDOS
Un hombre ha perdido un sueño y no lo puede encontrar.
Muchos seres perdieron un sueño. ¿Cuántos siguen el rastro del sueño perdido?
Un sueño puede perderse de día o de noche, a la hora indecisa de la madrugada, en la calle, en la casa, en un hotel, en una plaza, en un vagón de ferrocarril, en un barco. En cualquier lugar puede perderse un sueño como se pierde una llave. (...)
El mundo está lleno de sueños perdidos.(…)
Y los sueños se pierden, de la noche a la mañana, como cualquier objeto. Se pierden y se encuentran. (¿Dónde? ¿Dónde?)
Un hombre ha perdido un sueño (Se gratificará a quien lo devuelva). Lo perdió en una ausencia, o en una espera. No sabría decir dónde.
Hay un lugar adonde van a parar los objetos perdidos. Llaves, anillos, medallas, Cristos de plata y de bronce, cadenas, relojes, puñales, recuerdos de familia, todo lo que se pierde y se encuentra. Menos los sueños. No hay una sección de extravíos y hallazgos para los sueños y los destinos. Un lugar, una especie de Rastro celeste, de entrecielo, donde uno pudiera hallar aquello esencial de su vida: lo único que podría darle la felicidad.
Dios creó al hombre para que fuera feliz.
Habría que crear ese lugar. Abrir una nueva calle fuera de la nomenclatura urbana. La calle de los sueños perdidos, de los sueños equivocados, de los sueños fugitivos, remotos, desvanecidos, desencontrados; de los sueños que sobreviven; de los sueños inéditos; de la ausencia y de la espera; del regreso a un día en que el sueño pudo ser nuestro. En que pudimos encontrarnos con nuestro verdadero destino.
El hombre que perdió un sueño podría encontrarlo en la calle de los sueños perdidos. Volvería a arder el fuego interior bajo la triste capa de ceniza que lo cubría. Todo se manifestaría libremente. Se romperían, al conjuro del sueño aprehendido, las ataduras, los prejuicios, los impedimentos, lo que se oponía a su felicidad.
Y como Dios creó al hombre para que fuera feliz, todo le sería permitido para serlo. Hasta el egoísmo.
Todos los sueños existen. Existe el sueño de cada destino. El sueño que haría feliz al desdichado y que rompería la obstinación en el mortal fastidio del pesimista.
Hay que crear la calle de los sueños perdidos.
Muchos han perdido un sueño y se han acomodado a otro. Números equivocados del destino, se resignan con su suerte. Permutan un sueño por otro. El verdadero sueño, nuestro íntimo sueño, vital, existencial, ¿dónde está? Se fue, quizás, por una puerta falsa. Llegó a buscarnos cuando recién salíamos; se desvaneció en la bruma; cayó en una trampa o en una alcantarilla. Quien sabe dónde.
De este desencuentro del hombre y su sueño nació la irremediable congoja. Lo que pudo haber sucedido y no sucedió. (….)
Tal día, tal hora, ¿dónde estábamos?
La suerte nos llamó por nuestro nombre. No la escuchamos.
La suerte no llama dos veces.
Después, nos equivocamos de puerta. Llamamos y nos dieron con la puerta en la cara, como suele hacerse con los mendigos.
Quizás no debíamos haber perdido el tiempo buscando un sueño. Quizás el sueño viniera solo a nuestro encuentro.
Tarde ya gritamos nuestra desesperación inútil. Agitamos los brazos como el náufrago en la soledad del mar. Nadie acudió a nuestro llamado. Nuestra angustia fracasó en el silencio.
Hay que crear la calle de los sueños perdidos. El Rastro celeste. El entrecielo. Allí encontraríamos nuestro sueño. Allí estarían, en exposición, los sueños fugitivos, los sueños intactos, los sueños usados, los sueños abandonados, frustrados, despreciados, olvidados. Allí resucitaría el sueño. Palpitaría como una criatura recién nacida. Todos los sueños existen. Existen los sueños que se realizan y los que se pierden y aún los sueños inconcretos. La felicidad existe. Un hombre ha perdido un sueño y no lo puede encontrar. El rastro del sueño perdido lo lleva a una puerta cerrada. ¿Qué puerta es ésa?Detrás de esa puerta quizás nos aguarde el sueño. Quizás nos hallemos nosotros mismos, de rodillas, o ese hermano menor que siempre nos acompaña.
Que no tiemble nuestra mano al llamar a esa puerta. Que no tiemble.
Enrique González Tuñón (fragmento)
Fotografía: Karrah Kobus.
Muchos seres perdieron un sueño. ¿Cuántos siguen el rastro del sueño perdido?
Un sueño puede perderse de día o de noche, a la hora indecisa de la madrugada, en la calle, en la casa, en un hotel, en una plaza, en un vagón de ferrocarril, en un barco. En cualquier lugar puede perderse un sueño como se pierde una llave. (...)
El mundo está lleno de sueños perdidos.(…)
Y los sueños se pierden, de la noche a la mañana, como cualquier objeto. Se pierden y se encuentran. (¿Dónde? ¿Dónde?)
Un hombre ha perdido un sueño (Se gratificará a quien lo devuelva). Lo perdió en una ausencia, o en una espera. No sabría decir dónde.
Hay un lugar adonde van a parar los objetos perdidos. Llaves, anillos, medallas, Cristos de plata y de bronce, cadenas, relojes, puñales, recuerdos de familia, todo lo que se pierde y se encuentra. Menos los sueños. No hay una sección de extravíos y hallazgos para los sueños y los destinos. Un lugar, una especie de Rastro celeste, de entrecielo, donde uno pudiera hallar aquello esencial de su vida: lo único que podría darle la felicidad.
Dios creó al hombre para que fuera feliz.
Habría que crear ese lugar. Abrir una nueva calle fuera de la nomenclatura urbana. La calle de los sueños perdidos, de los sueños equivocados, de los sueños fugitivos, remotos, desvanecidos, desencontrados; de los sueños que sobreviven; de los sueños inéditos; de la ausencia y de la espera; del regreso a un día en que el sueño pudo ser nuestro. En que pudimos encontrarnos con nuestro verdadero destino.
El hombre que perdió un sueño podría encontrarlo en la calle de los sueños perdidos. Volvería a arder el fuego interior bajo la triste capa de ceniza que lo cubría. Todo se manifestaría libremente. Se romperían, al conjuro del sueño aprehendido, las ataduras, los prejuicios, los impedimentos, lo que se oponía a su felicidad.
Y como Dios creó al hombre para que fuera feliz, todo le sería permitido para serlo. Hasta el egoísmo.
Todos los sueños existen. Existe el sueño de cada destino. El sueño que haría feliz al desdichado y que rompería la obstinación en el mortal fastidio del pesimista.
Hay que crear la calle de los sueños perdidos.
Muchos han perdido un sueño y se han acomodado a otro. Números equivocados del destino, se resignan con su suerte. Permutan un sueño por otro. El verdadero sueño, nuestro íntimo sueño, vital, existencial, ¿dónde está? Se fue, quizás, por una puerta falsa. Llegó a buscarnos cuando recién salíamos; se desvaneció en la bruma; cayó en una trampa o en una alcantarilla. Quien sabe dónde.
De este desencuentro del hombre y su sueño nació la irremediable congoja. Lo que pudo haber sucedido y no sucedió. (….)
Tal día, tal hora, ¿dónde estábamos?
La suerte nos llamó por nuestro nombre. No la escuchamos.
La suerte no llama dos veces.
Después, nos equivocamos de puerta. Llamamos y nos dieron con la puerta en la cara, como suele hacerse con los mendigos.
Quizás no debíamos haber perdido el tiempo buscando un sueño. Quizás el sueño viniera solo a nuestro encuentro.
Tarde ya gritamos nuestra desesperación inútil. Agitamos los brazos como el náufrago en la soledad del mar. Nadie acudió a nuestro llamado. Nuestra angustia fracasó en el silencio.
Hay que crear la calle de los sueños perdidos. El Rastro celeste. El entrecielo. Allí encontraríamos nuestro sueño. Allí estarían, en exposición, los sueños fugitivos, los sueños intactos, los sueños usados, los sueños abandonados, frustrados, despreciados, olvidados. Allí resucitaría el sueño. Palpitaría como una criatura recién nacida. Todos los sueños existen. Existen los sueños que se realizan y los que se pierden y aún los sueños inconcretos. La felicidad existe. Un hombre ha perdido un sueño y no lo puede encontrar. El rastro del sueño perdido lo lleva a una puerta cerrada. ¿Qué puerta es ésa?Detrás de esa puerta quizás nos aguarde el sueño. Quizás nos hallemos nosotros mismos, de rodillas, o ese hermano menor que siempre nos acompaña.
Que no tiemble nuestra mano al llamar a esa puerta. Que no tiemble.
Enrique González Tuñón (fragmento)
Fotografía: Karrah Kobus.

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CoTalks
Los Co-Talks son charlas y conferencias online que permiten conectar y dar a conocer a innovadores sociales o individuos interesados en la innovación social.
Ser Proactivo.
http://www.rivassanti.net/7-habitos-gente-altamente-efectiva-curso-online/Primer-habito-Sea-Proactivo.php
La palabra proactividad significa que somos responsables de nuestras propias vidas. Tenemos la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan. En la palabra "responsabilidad", se encuentran las palabras «responder» y «habilidad»: habilidad para elegir la respuesta. Las personas muy proactivas reconocen esa responsabilidad. La persona proactiva toma la iniciativa y está alerta para influir en las soluciones.
El libro profundiza en los siguientes aspectos relacionados con ser proactivo:
Principios de la visión personal:
Mientras lee el libro de los "7 hábitos de la gente altamente efectiva", trate de hacer "autoconciencia", que es pensar en sus propios procesos de pensamiento distanciándose y examiando el modo en que se ve a sí mismo/a, haga este ejercicio:
- Trate mirarse a sí mismo casi como si fuera otra persona.
- Piense en el estado de ánimo en el que se encuentra.
- ¿Cómo describiría su presente estado mental?
Piense ahora durante un minuto sobre cómo está trabajando su mente. ¿Es rápida y despierta? ¿Se siente dividido entre practicar este ejercicio mental y conjeturar lo que se pretende con él?
Gracias a la autoconciencia podemos ver el paradigma de nosotros mismos, que es el más fundamental para la efectividad. Afecta no sólo a nuestras actitudes y conductas, sino también al modo en que vemos a las otras personas. Se convierte en nuestro mapa de la naturaleza básica de la humanidad.
El espejo social:
Si la única visión que tenemos de nosotros mismos proviene del espejo social de las opiniones, percepciones y paradigmas de las personas que nos rodean, la concepción que tengamos de nosotros será por ejemplo como la imagen reflejada en los espejos deformantes. Vemos esalgunos ejemplos:
"Siempre te retrasas."" ¿Por qué no puedes mantener las cosas en orden?""¡Tienes que ser un artista!""¡Comes como un cerdo!""¡Me parece increíble que hayas ganado!""Esto es tan simple... ¿Por qué no lo comprendes?"
Estas imágenes están y carecen de proporción. A menudo son más proyecciones que reflejos: proyectan las preocupaciones y las debilidades de carácter de las personas en las que se originan, y no nos proporcionan un reflejo correcto de lo que somos.
Hay en realidad tres mapas sociales, tres teorías deterministas ampliamente aceptadas, que independientemente o en combinación, pretenden explicar la naturaleza del hombre. El determinismo genético, el determinismo psíquico y el determinismo ambiental. Todos estos mapas se basan en la teoría de estímulo/respuesta que solemos asociar con los experimentos de Pavlov. La idea básica es que estamos condicionados para responder de un modo particular a un estímulo concreto.
Entre estímulo y respuesta. Modelo Reactivo:
Frankl era un determinista, piensa que lo que nos sucede de niños da forma a nuestro carácter y personalidad, y gobierna básicamente la totalidad de nuestra vida. Frankl era también psiquiatra y judío. Estuvo encerrado en campos de concentración de la Alemania nazi, donde experimentó cosas tan repugnantes para nuestro sentido de la decencia que incluso repetirlas aquí nos provoca zozobra.
Un día, desnudo y solo en una pequeña habitación, empezó a tomar conciencia de lo que denominó «la libertad última». En su interior él podía decidir de qué modo podía afectarle todo aquello. Entre lo que le sucedía, o los estímulos y su respuesta, estaba su libertad o su poder para cambiar esa respuesta. En medio de sus experiencias, Frankl se proyectaba hacia contextos distintos; por ejemplo, se imaginaba dando conferencias ante sus alumnos después de haber sido liberado del campo de concentraron. En el aula se describiría a sí mismo y expondría como lección 0 que había aprendido durante la tortura.
En las más degradantes circunstancias imaginables, Frankl usó el privilegio humano de la autoconciencia para descubrir un principio fundamental de la naturaleza del hombre: entre el estímulo y la respuesta, el ser humano tiene la libertad interior de elegir. Si vivimos como animales, sobre la base de nuestros instintos, condicionamientos y condiciones, siguiendo los dictados de nuestra memoria colectiva, también nosotros seremos limitados.
La "proactividad" definida: El primero y fundamental de los 7 hábitos.
Al describir los principios básicos de la naturaleza del hombre, Frankl trazó un mapa preciso de sí mismo, a partir del cual empezó a desarrollar el primero y fundamental hábito de las personas que, en cualquier medio, son altamente efectivas: el hábito de la proactividad.
La palabra proactividad significa que, somos responsables de nuestras propias vidas. Tenemos la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan. Examinemos la palabra «responsabilidad», en la cual encontramos alusiones a las palabras «responder» y «habilidad»: habilidad para elegir la respuesta. Las personas muy proactivas reconocen esa responsabilidad.
Dado que por naturaleza somos proactivos, si nuestras vidas es-tan en función del condicionamiento y las condiciones, ello se debe a que, por decisión consciente o por omisión, elegimos otorgar a esas cosas el poder de controlarnos.
Tomar la iniciativa:
Nuestra naturaleza básica consiste en actuar, no en que se actúe sobre nosotros. Tomar la iniciativa significa reconocer nuestra responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.
Muchas personas esperan que suceda algo o que alguien se haga cargo de ellas. Las personas que llegan a ocupar los buenos puestos son las proactivas, aquellas toman la iniciativa de hacer siempre lo que resulte necesario.
Desde luego, debe tenerse en cuenta el nivel de madurez del individuo. No podemos esperar una gran cooperación creativa de quienes se hallan en una profunda dependencia emocional.
Actúe o deje que los demás actúen por usted. Estar alerta.
Hace falta iniciativa para desarrollar los siete hábitos. Al estudiar los otros seis hábitos, el lector verá que cada uno de ellos depende de la iniciativa. Si espera que los demás actúen sobre usted, actuarán sobre usted. Y las consecuencias en cuanto al desarrollo y las oportunidades que tenga dependen de que se siga una u otra ruta, ruta que usted no marca.
Las organizaciones de todo tipo (incluso las familias) pueden ser proactivos. Pueden combinar la creatividad y los recursos de los individuos proactivos para crear una cultura proactiva dentro de la organización. La organización no tiene por qué estar a merced del ambiente; puede tomar la iniciativa para llevar a la práctica los valores compartidos, y alcanzar los propósitos compartidos de todos los individuos implicados.
Escuchando nuestro lenguaje. Así es tu lenguaje, así es tu actitud.
Dado que nuestras actitudes y conductas fluyen de nuestros paradigmas, si las examinamos utilizando la autoconciencia, a menudo descubrimos en ellas la naturaleza de nuestros mapas interiors. Nuestro lenguaje, por ejemplo, es un indicador muy fiel del grado en que nos vemos como personas proactivas. Las personas reactivas utilizan un lenguaje que las absuelve de responsabilidad.
El problema del lenguaje reactivo es que la gente se siente cada vez más impotente y privada de su autocontrol, alejada de su vida y de su destino. Culpa a fuerzas externas, a otras personas, a las circunstancias, incluso a los astros, de su propia situación.
Si nuestros sentimientos controlan nuestras acciones, ello se debe a que hemos renunciado a nuestra responsabilidad y que permitimos que los sentimientos nos gobiernen.
Las personas proactivas subordinan los sentimientos a los valores. El amor, el sentimiento, puede recuperarse.
Círculo de preocupación y círculo de influencia
Para tomar más conciencia de nuestro propio grado de proactividad debemos examinar en qué invertimos nuestro tiempo y nuestra energía. Cada persona tiene una amplia gama de preocupaciones: la salud, los hijos, los problemas del trabajo, la deuda pública, etc... Podemos separarlas de las cosas con las que no tenemos ningún compromiso mental o emocional, creando un «círculo de preocupación».
Las personas proactivas centran sus esfuerzos en el círculo de influencia. mientras que las personas reactivas centran sus esfuerzos en el círculo de preocupación. .
Trabajando sobre nosotros mismos en lugar de preocuparnos por las condiciones, pudemos influir en las condiciones.
Control directo, indirecto e inexistente
Los problemas a los que nos enfrentamos caen en una de tres áreas que se indican a continuación, es el enfoque proactivo el primer paso hacia la solución de los tres tipos de problemas siempre dentro de un círculo de influencia presente:
- Área de control directo, que involucra nuestra propia conducta.
- Área de control indirecto, que involucra la conducta de otras personas.
- Área de inexistencia de control, con problemas sobre los cuales no podemos hacer nada.
Sea que el problema que nos afecta implique control directo, indirecto o inexistente, está en nuestras manos dar el primer paso hacia la solución.
Ampliando el círculo de influencia
Cuando comprendemos que al elegir nuestra respuesta a las circunstancias influimos poderosamente en nuestras circunstancias, cambiamos la naturaleza de los resultados.
Está en la naturaleza de las personas reactivas el quitarse toda responsabilidad. Es mucho más seguro decir "No soy responsable", porque si digo "Soy responsable", corro el riesgo de tener que decir "Soy irresponsable". La diferencia reside en la respuesta que eliges, en el hecho de concentrarse en el círculo de influencia.
Algunas personas creen que «proactivo» significa arrogante, agresivo o insensible; no se trata de eso en absoluto. Las personas proactivas no son arrogantes. Son listas, se mueven por valores, interpretan la realidad y saben lo que se necesita. Pensemos en Gandhi. Mientras que sus acusadores estaban en las cámaras legislativas criticándolo porque no se unía a su círculo de retórica condenatoria del imperio británico por el sometimiento del pueblo indio, Gandhi expandía su círculo de influencia entre los campesinos, silenciosa, lenta e imperceptiblemente. Una ola de apoyo, confianza y fe le seguía en los campos. Aunque no tenía ningún cargo ni posición política, por medio del ayuno y la persuasión moral finalmente puso a Inglaterra de rodillas, quebrando la dominación política impuesta a trescientos millones de personas con el poder de su círculo de influencia enormemente ampliado.
Los "tener" y los "ser"
Un modo de determinar cuál es nuestro círculo de preocupación consiste en distinguir los "tener" y los "ser".
El círculo de preocupación (-) está lleno de "tener" donde el foto está puesto fuera, el problema no está en nosotros. Este pensamiento es el problema ya que otorgamos el poder de controlarnos a lo que está ahí fuera.
El círculo de influencia (+) está lleno de "ser" donde el foco están en el carácter de la persona, donde el poder de cambio está dentro y depende de uno mismo.
Esta idea constituye para muchas personas un cambio dramático de paradigma. Es mucho más fácil culpar a los otros antes de reconocer nuestra propia situación de estancamiento. Pero somos responsables y tenemos la habilidad para responder, de controlar nuestras vidas y de influir poderosamente en nuestras circunstancias trabajando sobre el ser, sobre lo que somos.
La otra punta del palo
Antes de cambiar totalmente el rumbo de nuestra vida, llevándolo al círculo de influencia, tenemos que considerar dos cosas de nuestro círculo de preocupación que merecen una consideración más profunda a las consecuencias de nuestras acciones. Aunque somos libres para elegir nuestras acciones, no lo somos para elegir las consecuencias de esas acciones.
Somos libres para elegir nuestra respuesta en cualquier situación, pero al elegir también optamos por la consecuencia correspondiente.
"Cuando uno recoge una punta
del palo, también recoge la otra."
Los errores, son la otra consideración a tener en cuenta. El enfoque proactivo de un error consiste en reconocerlo instantáneamente, corregirlo y aprender de él. Esto literalmente convierte el fracaso en éxito. Nuestra respuesta a cualquier error afecta a la calidad del momento siguiente.
Comprometerse y mantener los compromisos
Los compromisos con nosotros mismos y con los demás y la integridad con que los mantenemos son la esencia de nuestra proactividad. Haciendo promesas, estableciendo metas y siéndoles fieles, adquirimos la fuerza de carácter, el ser, que hace posible todas las otras cosas positivas de nuestras vidas.
Finalmente el libro propone un ejercicio de "proactividad" que recomeniendo realizar, por más que cueste es el inicio de un aprendizaje que será muy útil para el resto de su vida.
La influencia de la mente en el cuerpo
http://www.elefectogalatea.com/2014/03/la-influencia-de-la-mente-en-el-cuerpo/
Fue el psiquiatra alemán Johann Heinroth quien utilizó por primera vez el término psicosomático, refiriéndose al insomnio. El concepto tardó poco tiempo en extenderse, empujado por una cada vez mayor tendencia a considerar mente y cuerpo como un todo integrado e interrelacionado. Hoy día, existe una clara relación entre los aspectos psicológicos y las enfermedades, en especial las crónicas, de modo que los factores psicológicos parecen desempeñar un papel esencial en la evolución de este tipo de enfermedades.
Cualquier trastorno físico suele implicar algún tipo de alteración psicológica, sobre todo si es duradero y afecta a las actividades diarias de la persona. Un dolor crónico, una intolerancia a algún alimento o una deficiencia sensorial de cualquier tipo son solo algunos ejemplos de problemas físicos que antes o después tendrán un reflejo claro en la salud mental, ya que muchas veces se traducen en problemas de ansiedad y en un estado de ánimo afectado.
El mecanismo inverso, el hecho de que una alteración psíquica llegue a provocar una enfermedad física, no es tan conocido. A todos nos suena el concepto trastorno psicosomático, pero la investigación aún no ha logrado explicar con claridad cómo se producen. Sabemos que dentro de esta categoría entran todos aquellos problemas físicos cuyo origen está en factores psicológicos, de forma que aunque finalmente acaben adquiriendo una entidad orgánica propia, autónoma y relevante, su causa primera está en una serie de aspectos psicológicos que acaban derivando en esos trastornos.
¿Qué diferencia a un trastorno psicosomático de otro cuyo origen es propiamente físico? Varios son los factores a tener en cuenta. Por ejemplo, es más habitual en personas con algún trastorno mental previo, con estilos de afrontamiento disfuncionales (por ejemplo, tendencia a evitar los problemas o a responder antes ellos con agresividad) o mostrar conductas desadaptativas como el consumo de sustancias o los trastornos de la alimentación.
Por otro lado, los factores psicológicos suelen manifestarse también por medio de una alteración del curso normal de la enfermedad física, interfiriendo con el tratamiento médico prescrito y agravando los síntomas físicos (principalmente a través de respuestas fisiológicas asociadas al estrés). Y es interesante saber también que las enfermedades que más se han relacionado con los trastornos psicosomáticos son aquellas que están asociadas al sistema inmunológico. De hecho, el estrés y ciertas características de personalidad que predisponen a los trastornos psicosomáticos ejercen su principal efecto negativo a través de una disminución de la competencia inmunológica del organismo.
En definitiva, ya sabes: si quieres estar físicamente sano, cuida también tu mente.
“La fuerza de un sueño te convierte en un guerrero capaz de luchar contra todo, incluso con la ausencia de medios. Yo era un deportista de skeleton intentando ser olímpico en un país sin circuitos de skeleton, una situación absurda que convertí en un reto personal”. Ander Mirambell
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-03-01/hay-que-creer-a-muerte-en-lo-que-decidas-y-despues-que-te-abrace-quien-te-quiere_95359/


“Algunas personas quieren que ocurra algo; otras sueñan con que pasará por sí solo; otras hacen que suceda”. Hace pocas fechas Ander Mirambell volvía de Sochi tras participar en sus segundos Juegos Olímpicos, eso sí, con una mandíbula desencajada y varias contusiones. La suya es una aventura deportiva, personal pero igualmente psicológica y emocional porque, a su manera, Ander Mirambell es un pionero. La historia que el deportista catalán cuenta en su libro personifica a la perfección la frase de Michael Jordan.
“La fuerza de un sueño te convierte en un guerrero capaz de luchar contra todo, incluso con la ausencia de medios. Yo era un deportista de skeleton intentando ser olímpico en un país sin circuitos de skeleton, una situación absurda que convertí en un reto personal”. Ander Mirambell Rompiendo el hielo (Plataforma Editorial).
En 2004, quien escribe estas líneas comentaba en el canal paneuropeo Eurosport las pruebas de bobsleigh y skeleton, dos deportes de velocidad sobre hielo muy populares en Europa, pero totalmente desconocidos en España. Un día llegó una llamada telefónica: “Hola, me llamo Ander, practico el atletismo, y me gustaría ser olímpico. He pensado que por mi experiencia podría hacerlo a través del bobsleigh o el skeleton. ¿Me podrías aconsejar qué puedo hacer o a quién puedo acudir?”. La primera sensación fue de admiración por la osadía y la ambición, pero también de incredulidad y escepticismo ante lo aparentemente absurdo del reto.
Pregunta: Algunas historias tuyas (como ese rallador de queso agarrado a las zapatillas para poder correr sobre hielo) son ya clásicos de nuestro deporte olímpico, pero además de abrir un camino como deportista, también lo hacía a través de un deporte de riesgo. Según empezaba, se trituró un dedo, y llegaron luego más lesiones y varios pasos por el quirófano ¿Valía la pena la aventura sin medios y, además, jugándose el tipo?
Respuesta: Cuando empecé era o la vida, o el sueño. Me lo llegué a plantear así. Pensaba “me da igual lo que me pase, pago el precio que haga falta”. En aquellos momentos sufrí varios accidentes, el dedo, la clavícula, un accidente de coche…Un día llamé a mi madre, hundido y llorando, “¿Qué hago aquí…?”. Cuando llego a hipotecar todo lo que tengo, pero todo, por conseguir ese sueño, sin tener miedo a perder todo, es cuando llega un momento en que me pregunto: ¿Ander, vale la pena ser olímpico por todo lo que puedes pagar?
Y llegó un momento de reflexión, viajando solo, en que me doy cuenta de que tengo que ser un profesional mentalmente. Te haces muchas preguntas vitales que te ayudan a entender más cosas de la vida que te hacen madurar. Te permite entender todo de otra forma. Quizás antes era más ‘resultadista’, y sólo soñaba en medallas y hacer grandes cosas, pero cuando estoy solo llego a entender que el resultado es una consecuencia, que lo que me hace feliz no es ganar o perder, sino luchar por algo.
P:¿Y cómo ha pasado de ser un aficionado sin la menor experiencia ni medios, en un país que ni siquiera tenía federación de deportes de hielo, a ser un “profesional mentalmente” y acudir a dos Juegos Olímpicos?
R: Al principio era todo ir a saco. Llegué a recuperar una clavícula en quince días cuando los médicos me daban dos meses, y al poco estaba en el podio en Igls en la Christmas Race. Pero hay que saber gestionar la mente, en el libro hablo de la línea entre la cordura y la locura, si la pasas acabas en el hospital, pero si te quedas siempre en este lado, no consigues el resultado. Hay que estar haciendo equilibrios entre pasar o no esa línea, que es muy fina.
Pero hay que tener una estrategia, una estructura. Por ejemplo, antes de los Juegos preparamos en el CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Barcelona una batería de preguntas para responder a los medios de comunicación, y gracias a ello fui capaz de abstraerme del impacto mediático para la competición. Pero llegó un momento en el trineo en el que me decía: “Ander, llegas a este nivel, si quieres ir más allá te irás al hospital ¿Vale la pena perder dos meses?” Acabas madurando y acabas separando las cosas.
P: Cuando con nuestro coche vamos a 140 km/h, la velocidad ya es considerable. Pero cuando esa velocidad se afronta tumbado con la barbilla, a escasos centímetros del suelo, sobre hielo, con fuerzas G similares a las de un avión de combate o un Fórmula 1, ¿qué se siente? Si es que se puede sentir o pensar algo…
Es complicado expresarlo. Lo que vivo en un momento así es una conexión absoluta con la libertad, me siento como un pájaro libre, me siento feliz…No hay nada más que la velocidad, el circuito y yo, una especie magia que es imposible explicar. Es algo que llevas dentro cuando conectas con el trineo… El día que ha ido bien, soy feliz, podría desaparecer el mundo y seguiría encima del trineo, pero también es cierto que no pasa en todos los circuitos. En St. Moritz iba a casi 140 Km/h y notaba que el trineo quería despegar, iba muy tenso para controlarlo…Pero cuando funciona te sientes el amo, es magia pura.
P: En el libro cuenta cómo hubo un momento en que estuvo a punto de dejarlo todo tras un accidente, y relata una conversación clave con Irina, una antigua atleta olímpica que le acompañaba. Seguiste adelante… ¿Qué le hizo superar ese punto ciego? Porque luego consiguió llegar a los Juegos Olímpicos, en Canadá…
R: Irina me dijo que decidiera lo que decidiera, estaría bien. Esto es lo más importante. Es fácil decirlo ahora, claro, pero no hubiese fracasado por no ir a los Juegos, porque hubiese decidido lo que creía mejor en ese momento según como estaba física y mentalmente. Hay que creer en lo que decidas, y a partir de aquí lo más importante es recibir un abrazo de quien que te quiere. No hay grandes fórmulas mágicas ni recetas para ser más o menos fuerte. Lo sencillo y lo simple es la clave para superar los momentos más duros.
P: Para alguien que ha viajado ya tanto por el mundo, conociendo tantas personas de culturas diferentes ¿qué sensación te produce recordar, como cuentas en el libro, que un empresario dispuesto ya a firmar un patrocinio contigo se echa atrás en el último momento porque descubre que eres un gran seguidor del Espanyol?
R: (Se ríe) Te deja la sensación de discriminación. Vivimos en un mundo global donde puedes ser de un partido u otro, hablar una lengua u otra… Creo que vivimos en un país donde deberíamos olvidar cómo es la persona, y centrarnos más como es el corazón de la persona y que nos puede ofrecer. Si no somos capaces de separar esto tenemos un problema.
He recibido insultos de Cataluña porque no soy como ellos, aunque me siento catalán… Es una situación muy complicada, pero uno es como es, y sabe mal porque tengas una forma de ser o de pensar, que tengas unos colores deportivos, te discriminen. Pero es la vida, hay que continuar adelante. Quizás antes sufría más en ese sentido, ahora me da igual realmente. Me sabe mal porque parece que estamos como hace cincuenta o sesenta años. Pero es su problema, ya he visto mucho mundo y creo que hay que pensar diferente.
P: Cuando alguien en la vida es proactivo, asume riesgos y abre un camino desconocido…Si mira alrededor, la gente que le rodea ¿qué siente? En estos tiempos de crisis ¿cómo ve su país?
R: Veo un país que está triste y no sonríe, pero que tiene mucho potencial. Hay que crear, y animar a luchar. Somos mucho mejores que otros países cercanos, pero estamos sumergidos en una situación de tristeza permanente, desilusión y negatividad. Hace falta que alguien empuje y enseñe a sonreír de nuevo a la gente para levantar cabeza. Pero si no somos capaces de motivar y enseñar a la gente para que el país tire adelante seguiremos cayendo en el foso.
Es cierto que la situación es complicada, pero es posible salir de este momento tan duro. Y saldremos, pero hay que luchar codo con codo para sacar el país adelante. Si no estamos unidos, si estamos llorando siempre y a quejándonos de todo difícilmente saldremos. Ves cómo es la gente de otros países…Nosotros somos capaces de hacer muchas cosas, pero no estamos unidos para luchar con una sonrisa. Es más importante dar noticias negativas que ayudar a que la gente sonría.
P: Siempre has dado mucho valor a la gente que te quiere en tu aventura personal y deportiva…
R: Cuando no estás con ellos te das cuenta lo duro que es estar lejos de la gente que te quiere. Y cuando viajo lo noto mucho. Por eso el día a día hay que cuidarlo con pequeños detalles. No hay que decir cincuenta mil veces un “te quiero”, a veces con un beso y un abrazo bien dado es suficiente. Todos tenemos momentos muy duros en nuestra vida, y en estos momentos hay que llamar a alguien, que no solo puede servir para ese momento, hay que utilizar a esa persona o personas durante nuestro día a día, no solo en los momentos malos. Y si no hemos acudido a ella hasta ese día, pero esa persona ha estado, no hay que olvidarlo ya.
A veces es bueno parar para estar solo, de tener esos momentos de memoria en blanco, como digo yo, y preguntarte qué es lo que te costaría no tener, y creo que todos pensaríamos en la gente que queremos, porque lo material desaparece, pero realmente no puedes vivir sin la gente que quieres.
P: En el libro hablas de la lucha particular con tu ego, el descubrir qué es, y cómo puede perjudicar tu vida, y cómo desprenderte de él…
R: Es mi mayor enemigo, porque vive dentro de mí y lo alimento sin querer con pequeños detalles, es un pequeño monstruo que todos llevamos dentro. Lo descubrí un par de años antes de ir a los Juegos, cuando hablaba con el psicólogo del CAR, Pere Font, que me enseñó una película que se llamaba El Guerrero Pacífico, la vi dos tres veces y no la entendía. Y luego me dijo que me leyera un libro, El Guerrero de la Roca, sobre un alpinista que tiene que decidir qué camino escoger cuando escala según su nivel, y aquí hay una lucha importante con el ego.
Ese monstruo lo alimentamos cada vez que nos dicen algo agradable, cuando te alaban en Twitter, o cuando ganas…Tienes que tener mucho cuidado. La gestión del ego es muy complicada porque hay que utilizarlo para estar animado, pero hay que controlarlo para tener los pies en el suelo. Creo que la mejor forma de conocernos es la sinceridad con uno mismo y saber cuáles son los puntos que alimentan tu ego y lo hacen crecer, y cuál es la fórmula que cada uno necesita para controlarlo para ser nosotros mismos. Porque el ego es una máscara, no eres tú, no eres real, con él quieres ser más grande de lo que eres en realidad.
P: Cuando uno viaja tanto, y muchas veces solo, cuando afronta retos desconocidos en los que se juego su futuro deportivo y se juega el tipo a alta velocidad…. En el libro comenta que en momentos críticos se siente acompañado por Jorge, su amigo de juventud que falleció prematuramente, por su abuelo… ¿Sientes física y emocionalmente que es así, son recursos personales para seguir adelante?
R: Igual la gente me toma por loco, pero me acompañan en muchos viajes, y en momentos determinantes que han estado o están ahí, aunque no sea físicamente. Hay cosas que me han pasado que no puedo explicar, y solo puedo decir que ahí hay algo diferente. Cuando vives la vida de forma tan intensa es casi imposible aguantar ciertas situaciones, y esa fuerza y esa ilusión estoy seguro que viene de la gente que no está. Hay cosas que son incomprensibles y que no las puedes explicar con palabras, nadie me creería, pero ocurren. ‘Aquí ha estado Jorge’, ‘aquí mi abuelo me ha guiado…’. Creo en ello, y sé que puede sonar como de locos, pero sé que ha habido situaciones en las que estaban ellos a mi lado, estoy seguro.
P: Y esos momentos ¿le rezas a alguien? ¿te encomiendas a algo superior antes de una bajada…?
R: Bueno, no lo sabe nadie, pero antes de cada carrera rezo un Ave María y un Padrenuestro a Dios para que me dé fuerzas para la carrera, no para ganar o a hacerlo bien, sino para que me de fuerzas para la situación que viene. Cuando estaba en el quirófano la primera vez, estaba solo llorando como un niño delante de un crucifijo…Tras hablar con mi madre me derrumbé llorando de una forma espectacular, y lo único que le pedía a Dios es que me diera fuerzas. La vida ya intentas arreglarlas tú, pero a veces necesitas que alguien te de fuerza en momento muy duros.
P: De tantos momentos intensos, divertidos o dramáticos que cuenta en el libro, elije uno a bocajarro, a la primera…
R: Cuando crucé la línea de meta en los Juegos y salí corriendo a abrazar a mi familia. Han vivido este sueño conmigo, me han apoyado, han venido a buscarme al hospital... Salté a la grada según pasé la meta sin pensar en el trineo, estaban allí gritando poseídos, y me abracé a ellos. Yo no he bajado solo en las pistas estos ocho años, han estado empujando conmigo, y pude compartirlo físicamente con ellos. Es una de las cosas más bonitas que viviré nunca.
P: De aquel Ander que llamó a Eurosport preguntando por cómo podía llegar a ser olímpico en un deporte como el skeleton, al Ander dos veces olímpico ¿Qué ha cambiado? ¿Qué se ha llevado en la mochila en este camino?
R: Creo que es el mismo niño que sigue haciendo sus diabluras, pero que las hace con un poco más de cabeza. La motivación es la misma, los retos son diferentes, pero intento aprovechar un poco mejor la energía y no disparar tantos tiros, sino disparar dos o tres veces y acertar. Ahora, hago una bajada y me centro en tres puntos, no en todo el circuito. Quizás soy más eficiente en mis acciones. No he cambiado mucho, sigo haciendo las mismas animaladas, las mismas bromas, perdiéndome con el coche por ahí, en los aeropuertos…(risas)
P: Hay filósofos, psicólogos, científicos e incluso místicos que aseguran que cualquier cosa que la mente recrea se puede plasmar en la realidad. ¿Sientes que tu aventura es un ejemplo de ello?
R: Yo creo que sí. El problema es la cantidad de cosas que imagines, y por las que de verdad luches. Hay que soñar despierto, y luego luchar por aquello que sueñas. He tenido suerte porque uno de los grandes sueños que tenía lo he conseguido, ser olímpico. Pero en el día a día imaginas muchas cosas menores que también consigues, como tener a tu lado ahora ese entrenador que tanto has admirado, como me ocurre ahora con Martin Rettl. Primero hay que soñar despierto, pero luego tienes que ir a por ese sueño de manera palpable.
P: Fruto de tu experiencia personal, y pensando en quien ahora puede estar atravesando momentos bajos, que no vea salida a su situación… O por el contrario, para quien tiene sueños o ambiciones y no se atreve a luchar por ellos...En el libro hablas de tu propio manual del camino. ¿Cómo podrías resumirlo para ellos?
R: Pues que cuando más jodida esté la cosa hay que sonreír más, y que la única herramienta que nunca falla es la ilusión. Estas son mis dos armas para abrirme camino en la vida. Cuanto más me he reído de todo es cuando peor lo pasaba, para desafiar a los problemas. En el libro hay situaciones muy duras, y acabo sonriendo para desafiarlas para que no puedan conmigo.
Y cuando todo está gris, hay que soñar y sacar la ilusión por un objetivo. Esto es tuyo, nadie te lo puede quitar, y esa es tu gasolina.
"Hay que conectarse sin miedo con lo que uno siente". Eduardo Grecco
Tengo 66 años. Nací en Buenos Aires y vivo en México desde hace 15 años. Soy doctor en Psicología, experto en bipolaridad. Casado, tengo tres hijos. Las crisis son pases de recursos hacia la gente que tiene el poder: los causantes de la crisis son los que más ganan. Soy budista
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