domingo, 2 de agosto de 2015

KOSTÜMVERKAUF

Museo del Holocausto o Yad Vashem ahí se observa “La llama eterna” en memoria de las victimas de esta parte triste e imperdonable de la historia de la humanidad.

UN VISTAZO A LOS EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN

http://xavierferras.blogspot.com/2015/08/un-vistazo-los-efectos-de-la.html 
Hace unas semanas publiqué un post sobre el libro del McKinsey Global Institute “No Ordinary Disruption”. En él, comentaba que, según McKinsey, cuatro grandes fuerzas globales están convergiendo y retroalimentándose, generando una ola de cambio jamás vista antes: la emergencia de mega-ciudades, el envejecimiento masivo de la población, la hiperconectividad, y el acelerado cambio tecnológico. ¿Qué efectos van a producir esas fuerzas en el mundo? Como mínimo, los siguientes:

Brutal incremento de la base de consumidores. Hasta el siglo XX, menos del 1% de la población mundial disponía de recursos suficientes para garantizar sus necesidades básicas. Ni mucho menos, para consumir productos de educación, lujo u ocio. En 1990, el 45% de la población mundial todavía vivía en la extrema pobreza, con ingresos medios inferiores a 1,25 $ por día. Hoy, el centro mundial del comercio electrónico se encuentra en China. A finales de 2014, el supermercado on-line chino Alibabá registró un estratosférico récord de ventas:  9.300 millones de dólares en un solo día. Jamás se había llegado antes a esta cifra de transacciones en ninguna parte del planeta. El mercado chino de comercio electrónico dobla al de Estados Unidos, y el 50% de las operaciones se realiza ya vía móvil. La rápida urbanización asiática convierte campesinos en ciudadanos globales a una velocidad vertiginosa: 180.000 personas diarias se incorporan a las grandes urbes, convirtiéndose instantáneamente en nuevos consumidores del mundo global, con sus primeras experiencias en trámites bancarios, agencias de seguros, cadenas de comida rápida o grandes producciones audiovisuales. 7.400 por hora. 125 por segundo. A este ritmo, 1.800 millones de nuevos consumidores se sumarán al sistema económico en los próximos diez años

Tracción sobre los recursos naturales. La Gran Depresión iniciada en 2008 devolvió más de 50 millones de personas a la pobreza en Europa Occidental. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la Cruz Roja tuvo que repartir alimentos en Londres, en 2010.  Pese a la reducción progresiva del precio de los alimentos (cuyo coste es una centésima comparativa al de hace un siglo), el efecto combinado de la crisis financiera y la emergencia de nuevas potencias ha devuelto el hambre a Europa. La incorporación de China e India al mercado mundial, por otro lado, ejerce una gran presión al alza en los precios de las materias primas. Y los procesos de oferta de recursos se hallan profundamente interconectados: la necesidad de generar biodiesel vegetal para suplir la escasez de  combustibles fósiles, por ejemplo, reduce el espacio disponible para cultivo de cereales, contribuyendo a incrementar la escasez de alimentos y el alza de sus precios.

Incremento del coste de capital. Sólo en India, para mantener el ritmo de urbanización actual, se precisarán construir 900 millones de metros cuadrados de espacios comerciales y residenciales, 400 Kms de metros y trenes anuales, y 2.500 millones de metros cuadrados de carreteras pavimentadas, lo que significará una inversión de 1.200 billones de dólares hasta 2030. La ley de la oferta y la demanda nos dice que esta necesidad ingente de capital disparará los tipos de interés en el mercado mundial de capitales, estrangulando la liquidez. Políticas económicas ortodoxas llevarían a una desaceleración del crecimiento, generando desempleo y malestar social. Políticas heterodoxas (reducción artificial de los tipos de interés, o inyección de capitales por parte de los bancos centrales para mantener los ritmos de crecimiento) llevarían a nuevas burbujas financieras e inmobiliarias. Parece que estamos condenados a mantener una suerte de equilibrio inestable entre un crecimiento desbocado, explosiones financieras y etapas de recesión posteriores.

Desacoplamiento del mercado de trabajo. Históricamente, tras cada recesión mundial, una vez el PIB recuperaba sus niveles previos, el empleo lo hacía con un retardo de entre 3 y 6 meses. Este patrón se repitió en las crisis de 1969, 1973 y 1981 en Estados Unidos. Pero no en 1991, cuando se tardó 15 meses en recuperar el empleo previo, una vez recuperado el nivel de PIB. En 2001, fueron 39 meses. En 2008, 43 meses. Parece que se cumple dramáticamente la teoría de Schumpeter  de “olas de destrucción creativa”. Cada gran crisis significa un cambio en la base tecnológica de la economía (el carbón, la producción en masa, el petróleo, el PC, internet…) que destruye el anterior orden de las cosas, y genera un nuevo paradigma, superior y más productivo. Nuevas olas de start-ups emergen en cada ciclo de cambio, asumiendo el liderazgo de sus sectores, o inventando otros de nuevos. Pero dejan detrás masas de trabajadores desadaptados, mientras la economía sufre un dramático desacoplo: las nuevas tecnologías requieren perfiles inexistentes, mientras que la oferta laboral real sigue anclada en las habilidades y modelos del pasado. El desacoplamiento deja fuera de juego al sistema educativo: mientras 2/3 de las empresas americanas declaran que no son capaces de cubrir sus vacantes en áreas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics), las universidades americanas sólo ofrecen un 15% de programas de estas áreas.

Nuevo rol de las administraciones: A finales de los 90, Alemania era el gran enfermo de Europa. A los pocos años de la reunificación, el desempleo superaba el 10%, y la economía se desaceleraba peligrosamente. Entre 2003 y 2005, el canciller Schroeder lanzó un agresivo programa de reformas que afectaban el mercado laboral, las políticas de I+D y el sistema educativo. Los ajustes, impopulares, le hicieron perder las elecciones. Pero quince años después, Alemania es el gran motor innovador y exportador de Europa. Sin administraciones públicas ágiles, innovadoras, productivas y con capacidad de liderazgo, no será posible mantener el ritmo de cambio que exigen las nuevas condiciones de contorno globales, ni mantener el nivel de bienestar de sus ciudadanos.

Ante estos retos, es urgente activar políticas habilitadoras de la competencia internacional: eliminar la fragmentación de mercados, invertir en infraestructuras físicas y digitales, estimular la I+D empresarial, desarrollar regulaciones que fomenten la productividad y aceleren la introducción de nuevos productos y servicios, ajustar el mercado laboral para la atracción de talento, redefinir el sistema educativo de acuerdo con las nuevas necesidades, y flexibilizar el mercado de trabajo. No será fácil… Pero no tenemos opción.

Vidriera

Ana Frank

Estos cinco científicos y divulgadores han revolucionado sus campos de estudio

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-08-02/los-5-psicologos-que-estan-redefiniendo-el-amor-la-felicidad-y-la-justicia_949341/ 
Han compartido enseñanzas que van calando en la sociedad, pero siguen siendo desconocidos

Leer más:  Los 5 psicólogos que lo están redefiniendo todo, desde el amor hasta la felicidad . Noticias de Alma, Corazón, Vida  http://goo.gl/vYE1vx
Foto: De izq. a dch.: Sonja Lyubomirsky, Scott Barry, Helen Fisher, Norman Doidge y Jennifer Eberhardt.

Aunque no solemos darnos cuenta, a todos nos preocupa la psicología. Nos pasamos el día leyendo reportajes sobre cómo ser feliz, hacer más amigos, combatir el insomnio o ligar más y mejor, pero nunca nos planteamos quiénes son las personas que están detrás de los consejos que se nos brindan.
Como en la mayoría de campos del saber, la psicología ha avanzado enormemente en los últimos años, y hay ciertas figuras que han revolucionado la forma en que entendemos la felicidad o el amor. La publicación Bussiness Insider ha seleccionado a los que, a su juicio, son los psicólogos más innovadores de la actualidad. Autores que haríamos bien en leer para mejorar la forma en que nos relacionamos con otras personas (y con nosotros mismos).

1. Scott Barry Kaufman

El psicólogo estadounidense, director del Instituto de la Imaginación de la Universidad en Pensilvania, es famoso por su estudio de la inteligencia y la creatividad y, en particular, por su intento de redefinir la forma en que entendemos estas.
La mayor aportación de Kaufman es su teoría del proceso dual, que trata de explicar cómo funciona en realidad nuestra inteligencia. Según el psicólogo, la pasión, la persistencia y la capacidad de perseguir metas personales son tan importantes para valorar la inteligencia de una persona como la lógica o el razonamiento. Además, existen ciertas formas espontáneas de pensamiento, como la perspicacia, la imaginación o el aprendizaje implícito que pueden elevar enormemente la inteligencia real de una persona.
Las habilidades de cada persona no son entidades estáticas, cambian constantemente a lo largo de nuestra vida, y siempre podemos mejorarlas
La parte más importante de su teoría, y la que puede servirnos en nuestro día a día, es la la idea de que las habilidades que tenemos no son entidades estáticas, cambian constantemente a lo largo de nuestra vida, a medida que pensamos de forma controlada o espontánea. Es por ello que todos podemos trabajar para ser más inteligentes.

2. Sonja Lyubomirsky

(Instituto Coca-Cola de la Felicidad)
(Instituto Coca-Cola de la Felicidad)
La autora de La ciencia de la felicidad y Los mitos de la felicidad (Urano) es una de las más importantes figuras de la psicología positiva. En su opinión, el 60% de nuestra felicidad viene dada por la genética y el ambiente, pero hay un 40% que podemos controlar, y de esta parcela depende en gran medida nuestro bienestar.
La principal idea que transmite Lyubomirsky es que merece la pena esforzarse por ser feliz, pues todos podemos manipular nuestro nivel de bienestar. En realidad este no depende de conseguir los objetivos que nos hemos propuesto y de mantenernos al margen de los grandes problemas, sino que podemos afrontar épocas complicadas de nuestra vida y, sin embargo, ser felices, pero también tener todo lo que habíamos deseado y sentirnos profundamente desgraciados. La clave, asegura la autora, no reside en evitar el dolor, sino en saber afrontarlo.

3. Norman Doidge


El psiquiatra canadiense es uno de los mayores divulgadores de la neurología. A lo largo de su carrera ha publicado más de 170 artículos científicos, pero es más conocido por libros para el público general como The Brain That Changes Itself(Viking) o The Brain´s Way Of Healing (Penguin), donde aborda uno de los campos más importantes del estudio del cerebro en la actualidad: la neuroplasticidad.
Como explica Doidge, el cerebro tiene la capacidad de repararse a sí mismo y cambiar las conexiones neuronales que procesan la información. Esto es importantísimo para todas aquellas personas que han sufrido algún tipo de ictus o problema neurológico, que podrían recuperar parte de su capacidad cognitiva con determinados ejercicios, pero también para cualquiera que quiera mejorar su bienestar. La activación frecuente de determinadas zonas del cerebro contribuye al desarrollo de nuevas conexiones sinápticas y estructuras mentales que en un futuro facilitarán la absorción de las experiencias positivas. Y, sí, podemos entrenar a nuestro cerebro para ser felices.

4. Helen Fisher

Esta antropóloga y bióloga canadiense lleva 30 años estudiando el amor romántico desde un punto de vista científico, y es el autor más referenciado sonre el tema en la comunidad investigadora. Fisher ha centrado sus estudios en entender qué ocurre cuando dos personas se enamoran y cómo factores como el sexo, la lujuria o el matrimonio pueden alterar el proceso.
La científica ha llegado a la conclusión de que el amor romántico tiene que ver con un comportamiento obsesivo, pero que tiene un sentido natural, el de unir fuertemente a dos personas en el proyecto común de criar a un hijo. El amor, asegura, se constituye gracias a tres impulsos cerebrales. El primero es el sexual (a corto plazo), el segundo es el ya citado amor romántico (a medio plazo) y el tercero es el apego (a largo plazo). Los tres impulsos están relacionados, pero no siempre están unidos. Es por eso que somos tan infieles: cuando desaparece el amor romántico y aparece el apego estamos abiertos a nuevos impulsos sexuales, y no es tan sencillo aplacar estos.

5. Jennifer Eberhardt

(MacArthur Foundation)
(MacArthur Foundation)
Eberhardt es profesora de psicología social en la Universidad de Standford y se ha hecho conocida por sus estudios sobre el sesgo racial en la justicia criminal, un tema de esencial importancia en un país como Estados Unidos, donde la igualdad está muy lejos de ser una realidad.
La profesora trabaja junto a fiscales y policías para aplicar sus hallazgos, mejorando las políticas de la administración de justicia para construir confianza entre las comunidades. “Mucha gente sabe que los afroamericanos se asocian con el crimen y son estereotipados como criminales”, explicaba la psicóloga enLos Angeles Times. “Mi trabajo se centra en entender cómo esta asociación puede influir en diferentes puntos de la justicia criminal y cómo puede afectarnos a todos de formas que no esperamos”.  

"Salvador Dalí"

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El largo camino hacia el carácter

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“El que conquista su propia alma es más grande que aquel que conquista una ciudad”
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Imagen: Roujo (clic para más info.)
Más importante que cultivar las habilidades que te harán destacar como profesional, es cultivar las virtudes que te harán destacar como persona.

Hoy en día existe una gigantesca industria dedicada a aconsejarnos cómo triunfar profesionalmente. Se cuentan por decenas de miles los libros, blogs, podcast, youtubers; consagrados al tema.

Esta obsesión con el éxito ha dado origen a una especialidad que haría a nuestros abuelos fruncir el ceño y mirar con recelo: El Auto-bombo. Esta es la disciplina que se encarga de enseñarnos a promocionarnos a nosotros mismos, pero cómo decirlo así suena indecoroso, nos inventamos una expresión más elegante: Marca Personal.

El columnista del New York Times, David Brooks, en su excepcional y lúcido libro The Road to Character (El Camino Hacia el Carácter) nos advierte sobre el excesivo énfasis que ponemos en el éxito exterior y lo poco que trabajamos hacia nuestro interior.
Vivimos en una sociedad que nos anima a pensar en cómo tener una gran carrera, pero deja a muchos de nosotros sin medios para cultivar nuestra vida interior.

[…]

La competencia para tener éxito y ser admirados es tan feroz que lo consume todo... El ruido de las comunicaciones rápidas y superficiales hace que sea cada vez más difícil escuchar los sonidos más reposados que emanan desde nuestro interior. Vivimos en una cultura que nos enseña a promovernos y publicitarnos a nosotros mismos, y a dominar las habilidades necesarias para el éxito, pero nos alienta poco a cultivar la humildad, la simpatía y la evaluación honesta de nosotros mismos; aspectos necesarios para la formación del carácter.
El carácter es el conjunto de cualidades morales que posee (o carece) un individuo. Alguien que tiene un gran carácter es alguien que ha desarrollado una amplia variedad de virtudes: fortaleza, lealtad, humildad, bondad… El comportamiento y los hábitos (buenos o malos) también hacen parte del carácter de cada individuo.

Cuando una persona fallece, durante sus exequias no se habla de lo rápido que esa persona respondía a los correos, o que tantos seguidores tenía en las redes sociales; se habla de las virtudes morales del individuo.

Brooks hace un llamado de atención para no sólo desarrollar las virtudes que hacen que nuestro currículum destaque, también debemos ocuparnos de las virtudes que elogiarían en nuestro funeral.
He estado pensando sobre la diferencia entre las virtudes del currículum y los elogios del funeral. Las virtudes del curriculum son las habilidades que ofreces en el mercado laboral y que contribuyen con el éxito exterior. Los elogios del funeral son más profundos. Son las virtudes de las que hablarían en tus exequias, las que conforman el centro de tu ser; si fuiste amable, valiente, honesto, fiel; que tipo de relaciones creaste.

La mayoría de nosotros estaría de acuerdo en que las virtudes elogiadas en el funeral son más importantes que las del currículum, pero confieso que por largos períodos de mi vida he dedicado más tiempo a pensar sobre las últimas. Nuestro sistema educativo está más centrado en las virtudes del currículum que en las del funeral. Igual ocurre con la conversación pública, está inundada con  consejos ofrecidos en revistas y bestseller de autoayuda.

La mayoría de nosotros tenemos más claras estrategias para alcanzar el éxito en nuestras carreras que para desarrollar un profundo carácter.
Esta falta de atención al desarrollo del carácter, advierte Brooks, nos conduce a la mediocridad moral. Poco a poco nos alejaos de la gran persona que un día quisimos ser.
Te justificas auto justificas. Sigues tus deseos dondequiera que te lleven, y te apruebas a ti mismo, siempre y cuando no estés, obviamente, haciendo daño a nadie más. Deduces que si parece que le gustas a las personas a tu alrededor, debes ser lo suficientemente bueno. En este proceso terminas lentamente convirtiéndote en algo un poco menos sensacional de lo que había esperado en un principio. Una humillante brecha se abre entre tu yo real y tu yo deseado.
El escritor Jack Cheng lo expuso de manera hermosa en el impresionante Tú y Tu Mejor Tú: el camino hacia una mejor versión de ti mismo no está libre de tropiezos. Todo lo contrario, los tropiezos son parte indispensable del viaje.
Todos tropezamos, y la belleza y el sentido de la vida se encuentran en los tropiezos; en reconocer los obstáculos e intentar ser mejores con el paso de los años.

Los tropiezos van disminuyendo a través de la vida, se pierde el equilibrio un poco aquí y allá, a veces se trastabilla, otras caemos de rodillas. Pero el ‘tropezador’ reconoce su naturaleza imperfecta, sus errores y sus debilidades; con una honestidad sin adornos, sin remilgos. A veces se avergüenza de la perversidad de su naturaleza: su egoísmo, el autoengañarse, el ocasional deseo de poner las bajas pasiones por encima de las más altas.

Pero la humildad ofrece autocomprensión. Cuando reconocemos que metemos la pata, y advertimos la gravedad de nuestras limitaciones, nosotros mismos nos hallamos desafiados y exigidos por un enemigo duro de superar y trascender.

Es esta lucha la que cura al ‘tropezador’.
Finalmente, el camino hacia el carácter y por consiguiente hacia una vida llena de satisfacciones, empieza por reconocer humildemente que somos criaturas defectuosas que se equivocan con frecuencia. A partir de ahí, comienza la descomunal lucha por ser cada día mejores.
Todos los seres humanos buscan llevar una vida no solo de placer sino de propósito, justicia y virtud. Como lo expuso John Stuart Mill, las personas tienen la responsabilidad de ser, con el tiempo, mejores moralmente. La mejor vida es la que está orientada hacia incrementar la excelencia del alma y es nutrida por el goce moral: la serena sensación de gratitud y tranquilidad  que llega como consecuencia de enfrentar con éxito nuestra lucha moral.

[...]

El largo camino hacia el carácter comienza con un entendimiento exacto de nuestra naturaleza, y la esencia de ese entendimiento es que somos criaturas imperfectas. Tenemos una tendencia innata hacia el egoísmo y al exceso de confianza. Tenemos una tendencia a vernos a nosotros mismos como el centro del universo, como si todo gira a nuestro alrededor. Decidimos hacer una cosa, pero terminan haciendo lo contrario. Conocemos lo que es fundamental e importante en la vida, sin embargo perseguimos cosas que son superficiales y vanas. Además, sobrestimamos nuestra propia fuerza y ​​racionalizamos nuestras equivocaciones. Sabemos menos de lo que pensamos que sabemos. Cedemos ante los deseos de corto plazo aun cuando conocemos que no deberíamos. Pensamos que las necesidades espirituales y morales pueden ser resueltas a través del estatus y las cosas materiales.

[Sin embargo, aunque] somos criaturas imperfectas, también estamos dotados espléndidamente… Tenemos la capacidad de luchar contra nosotros mismos. Hay mucho de heroico en una persona que lucha contra sí misma, oprimido por conciencia, sufriendo tormentos. Y sin embargo, continúa viviendo y haciéndose cada vez más fuerte, sacrificando el éxito mundano en aras de triunfar en su interior.
The Road to Character me dio un espléndido baño de humildad, antes de su lectura, debo confesar estaba acomodado en la auto complacencia moral, pero el libro se encargó de enseñarme lo equivocado que estaba y la gigantesca lucha que aún me queda por librar. Mi camino hacia el carácter apenas acaba de comenzar.

Amigas

Grecia

Qué significa tener éxito

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"Los dos días más importantes de tu vida son el día en que naces y el día que descubres por qué"
Mark Twain 
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Hoy en día, cuando hablamos de un profesional exitoso, pensamos inmediatamente en alguien que ha alcanzado riqueza, poder, estatus, fama… Sin embargo, el éxito es un concepto mucho más amplio, y para algunas personas, cosas como las enumeradas atrás no significan nada.

Trevor Dean es uno de ellos. El estupendo libro How to Find a Fulfilling Work (Cómo encontrar un trabajo satisfactorio) registra la historia de este ex asistente de tienda, quien realizó un giro profesional que muchos considerarían macabro, pero a él le brindó la oportunidad de encontrar la realización como profesional:
Yo quería un trabajo que tuviera significado, que fuera desafiante y que fuera interesante. Así que cuando apareció un anuncio local solicitando un asistente para una funeraria, me lancé a por él. Fui el afortunado de los treinta que se presentaron. Tres años después realicé el curso para ser embalsamador. Ahora estoy plenamente calificado para el oficio y nunca me he arrepentido. El curso me hizo dar cuenta de lo increíble que es nuestro cuerpo humano.

¿Qué significa este trabajo para mi? Yo cuido de los seres queridos en su último viaje; los cuido como si fueran los míos. Tengo una carpeta llena de cartas de agradecimiento de los miembros de sus familias, lo cual explica en gran parte porque soy embalsamador.

Una de las cartas dice: ‘su esposa no paró de decir lo sereno y bello que lucía y quiso darte las gracias’. Otra decía que ‘la familia estaba absolutamente extasiada por la forma en que ella fue presentada y no podía parar de exaltar lo bien que lucía. Muchas gracias por el trabajo que hiciste’. Una tercera dice, ‘el amigo de ______ dijo que lucía fantástico, ¡hiciste un gran trabajo mi amigo!
La satisfacción que Trevor obtiene de su trabajo no proviene del prestigio que da ser embalsamador; él mismo reconoce que 9 de cada 10 personas ponen cara de espanto cuando les dice qué hace. Ser embalsamador tampoco es una profesión que lo vaya a hacer rico ni famoso, pero eso lo tiene sin cuidado, es la contribución que puede realizar lo que le hace feliz, el afecto que recibe por parte de los familiares de los difuntos que aprecian el resultado de su labor.
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En Empresas que Caen: y por qué otras sobreviven, Jim Collins escribió: “es imposible tener una gran vida a menos que sea una vida con sentido. Y es muy difícil tener una vida con sentido sin realizar un trabajo que tenga significado”. Un estudio realizado por tres prominentes investigadores confirma lo expresado por Collins:
Un gran estudio sobre el trabajo ético realizado por Howard Gardner, Mihaly Csikszentmihalyi y William Damon mostró que aquellos que realizaban ‘una gran labor’ —definido como trabajo de nivel experto que beneficiaba a la sociedad— consistentemente exhiben altos niveles de satisfacción laboral. El filósofo moralista Peter Singer estaría de acuerdo. Este argumenta que nuestro más grande anhelo en cuanto a tener una vida satisfactoria es dedicar nuestra vida (y posiblemente nuestra vida de trabajo) a una causa trascendente más grande que nosotros, especialmente una de características éticas como los derechos de los animales, el alivio de la pobreza o el cuidado medioambiental. Dicho punto de vista está construido sobre profundas tradiciones religiosas que promueven la idea que beneficiar a otros a través de nuestro trabajo es espiritualmente edificante. Como dijo Martin Luther King, “todo el mundo puede ser grandioso porque todo el mundo puede servir”
Tener una gran carrera profesional significa mucho más que fama y dinero. Sentir que con nuestro trabajo creamos un impacto positivo en el mundo, es la antesala de vivir una gran vida, y como explica el sociólogo Richard Sennett, contribuir nos hace sentir como “un ser humano completo cuya existencia importa”.

How to Find a Fulfilling Work es una lectura exquisita cargada de buenos consejos.

Mirjana Djordjevic




Lo que se necesita

La búsqueda del sentido de la vida

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"Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento". 

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Viktor Frankl fue un profesor y psiquiatra austriaco. Debido a su origen judío, fue capturado en 1942 y enviado por las fuerzas Nazi a diferentes campos de concentración donde permaneció hasta el final de la guerra, cuando fue rescatado por las fuerzas aliadas en 1945.

Durante su permanencia en los campos de exterminio, V. Frankl tuvo que soportar actos abominables y fue despojado de toda dignidad humana. Su esposa, su padre, su madre, su hermano y una gran cantidad de amigos, murieron bajo las despiadadas condiciones de cautiverio.

En medio de su confinamiento, Frankl notó que quienes parecían hacerlo mejor bajo aquellas inhumanas condiciones, eran quienes le habían dado significado a su sufrimiento y habían creado para sí mismos un sentido de misión a realizar durante o después de su reclusión. Aquellos que habían construido una narrativa que explicaba porque era importante permanecer con vida, lo hicieron mejor que quienes no hallaron significado a su sufrimiento. En su libro El hombre en busca del sentido cita varias veces la frase de Nietzsche: “quien tiene un porqué vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.

¡Ay del que no le encontró más sentido a su vida! Sin un objetivo, sin un propósito, y, por lo tanto, sin razón alguna para continuar, pronto lo perdíamos. La respuesta típica con la que un hombre rechazaba las palabras alentadores era: "No tengo nada más que esperar de la vida." ¿Qué clase de respuesta se puede dar a eso?
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Para Frankl, no es la vida la que tiene que enseñarnos cual es el sentido que le podemos dar. Somos nosotros los que estamos obligados a encontrarlo, a construirlo; a hallar la respuesta correcta: “La vida en última instancia, significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a sus problemas y cumplir con las tareas que constantemente establece para cada individuo”. El sentido que podemos dar a nuestra vida, según su opinión, proviene de tres fuentes: un trabajo con significado, el amor y el coraje ante las dificultades.

En una de las páginas más conmovedoras que he leído, escribe esto sobre el amor a su esposa:
Mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer… Por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre… la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad —aunque sea sólo momentáneamente— si contempla al ser querido.

[...]

No sabía si mi mujer estaba viva, ni tenía miedo de averiguarlo (durante todo el tiempo de reclusión no hubo contacto postal alguno con el exterior), pero para entonces ya había dejado de importarme, no necesitaba saberlo, nada podía alterar la fuerza de mi amor, de mis pensamientos o de la imagen de mi amada. Si entonces hubiera sabido que mi mujer estaba muerta, creo que hubiera seguido entregándome —insensible a tal hecho— a la contemplación de su imagen, y mi conversación mental con ella hubiera sido igualmente real y gratificante.
Los filósofos estoicos sostienen que siempre está en nuestras manos practicar la virtud, incluso en las situaciones más adversas. V. Frankl hizo eco de esa filosofía y eligió comportarse de manera digna ante la barbarie y el sufrimiento, y no perder su sentido de humanidad.
Sí absolutamente existe un sentido de la vida, entonces el sufrimiento debe tener un significado. El sufrimiento es una parte indeleble de la vida, así como el destino y la muerte. Sin el sufrimiento y la muerte, la vida humana no puede ser completa.

La forma en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que conlleva, la forma en que él toma su cruz, le da una gran oportunidad  —incluso en las circunstancias más difíciles— para agregar un significado más profundo a su vida. Puede seguir siendo valiente, digno y desinteresado. O en la lucha amarga por la auto-conservación, se puede olvidar su dignidad humana y convertirse en nada más que un animal. Aquí radica la oportunidad para que un hombre decida si hace uso o no, de la oportunidad de ejercer valores morales ante una situación difícil. Y es su decisión la que determina si es digno de sus sufrimientos o no... Tales hombres no sólo se encuentran en los campos de concentración, en todas partes el hombre se enfrenta con el destino, con la posibilidad de lograr algo a través de su propio sufrimiento.
Finalmente, sobre un trabajo con propósito recomienda:
No busque directamente el éxito —cuanto más lo busca y lo convierten en un objetivo, más se va a perder—. El éxito, como la felicidad, no puede ser perseguido; debe producirse, y sólo ocurre como el efecto secundario no deseado de la dedicación a una causa mayor que uno mismo, o como subproducto de la propia entrega a una persona que no sea uno mismo. La felicidad debe suceder, y lo mismo vale para el éxito: hay que dejar que suceda sin preocuparse por ello. Quiero que escuches lo que tu conciencia te ordena hacer, ve y llévalo a cabo con lo mejor de tu conocimiento. Entonces verás que en el largo plazo —¡y digo, en el largo plazo!—, el éxito te seguirá, precisamente porque te has olvidado de pensar en el.

El Hombre en Busca del Sentido es una lectura maravillosa e indispensable.

"Puse mi corazón y mi alma en mi trabajo, y perdí mi cabeza en el proceso". Vincent Willem van Gogh

Escalando las nubes

Marketing, una historia de amor

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"Cuando innovas y construyes tu negocio desde la empatía y el deseo de crear diferencia para tus clientes, esos valores se reflejan en todo lo que haces"
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Bernadette Jiwa, en su estupendo libro Marketing A Love Story nos ofrece una manera distinta y refrescante de entender el oficio.

Tradicionalmente la participación del marketing ocurre en una etapa tardía del lanzamiento de un producto. Lo primero que sucede es la ‘genialidad’: algún innovador/emprendedor se imagina un nuevo producto o servicio con el potencial de cambiar el mundo. Después de algún análisis, si la idea promete, se ejecuta; es decir, se fabrica el producto. Solo entonces es cuando entra en escena marketing.

Una vez terminado el producto, son los encargados de marketing quienes deben convencer al público de las bondades del mismo. El mejor, el más barato, el más rápido, el más seguro… esa es la cantilena utilizada con frecuencia para convencernos de comprar.

Jiwa y otros muchos marketeros modernos (y espabilados), piensan que la participación de marketing debe ocurrir desde el principio del proceso, no al final; pues son estos quienes mejor conocen al cliente, y, por lo tanto, su aporte resulta imprescindible a la hora de diseñar productos que tengan en cuenta sus necesidades.
Si quieres ser el mejor del mundo, no empieces por tratar de crear el mejor producto o servicio. Empieza por descubrir cómo las personas se quieren sentir.

[...]

Quizás sepamos que nuestro producto realmente es el mejor del mundo, pero nosotros no somos quienes decidimos. Lo que hacemos y lo que le pedimos a los clientes que crean es sólo una parte de la historia. Debemos ser humildes y darnos cuenta que las personas a las cuales servimos  (no nuestros tecnólogos, publicistas, innovadores, diseñadores o el departamento de marketing) son quienes deciden que vale la pena y quien gana.

Por supuesto, tienes que creer en el producto, servicio o solución que estás creando, pero más que amar a tus productos tienes que amar a tus clientes. Te tienen que importar tus clientes para querer hacer algo por ellos. Tienes que entenderlos primero para poder hacer algo por ellos. El conocimiento de sus cliente es la razón por la cual los empaques de Apple se sienten como si estuvieras abriendo un regalo; la razón por la cual Instagram se volvió imparable y Lululemon es de culto para sus seguidores.
Interrumpir a las personas con molestos anuncios mientras ven la tele, escuchan la radio o ven videos en la web, es aún la manera más utilizada por los departamentos de marketing para promocionar productos.

El problema es que esa fórmula ya no funciona. El coste de la publicidad en los medios masivos ha aumentado de forma vertiginosa durante las últimas décadas, pero su influencia en los consumidores ha disminuido de manera aún más notable. Interrumpir cada vez es más caro y produce menos resultados. Bernadette Jiwa sugiere:
¿Que tal si en lugar de gastar todo ese tiempo y dinero diciendo a los clientes quienes somos, gastamos más tiempo y dinero en ser lo que realmente  queremos ser?
Para ser los mejores y ganarse el corazón de los consumidores (y su billetera) es necesario entenderlos, comprender cuales son sus necesidades, como desean sentirse. Y, después de eso, con toda esa información, crear productos que mejoren sus vidas, que resuelvan los verdaderos problemas que enfrentan.

Crear un producto y luego anunciar a los cuatro vientos sus bondades de manera exagerada o engañosa ha hecho que los consumidores miren con recelo todo lo que tiene que ver con marketing.
No es el "porqué" del marketing lo que ha conseguido una mala reputación, sino la forma en que lo hemos hecho y los atajos que hemos tomado en el pasado. Pero resulta que si trabajamos duro para mostrar a la gente que de veras nos importa, les importaremos de nuevo a ellos. Las investigaciones realizadas sobre cómo la gente es persuadida, demuestra que la forma en que somos tratados (la forma en que nos hacen sentir) afecta a nuestras opiniones y nuestro comportamiento. Damos propinas más grandes (hasta un 21% más) para camareros que nos ofrecen un chocolate al final de la comida, y compramos más boletos a alguien que previamente demostró empatía hacia nosotros. La gente no puede evitar querer devolver el tipo de comportamiento o servicio que reciben, y si podemos encontrar maneras de mostrar auténticamente a nuestros clientes que son importantes para nosotros, entonces tenemos una mejor oportunidad de importarles a ellos.
La recomendación de Bernadette Jiwa es clara, solo quien tiene una preocupación genuina por ayudar a los clientes, quien de verdad siente afecto por ellos y busca implacablemente entender cuáles son sus necesidades, será quien se vea recompensado con la fidelidad y admiración de esos a quienes tanto se preocupa por servir. Por servir bien. Y de corazón.

Gabriel García Marquez opinaba que uno solo debe leer libros que leerá de nuevo. Yo ya tengo muchas ganas de leer otra vez Marketing A Love Story.

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