Por un lado en nuestra época se pregona el éxito como una meta asequible para cualquiera, pero al mismo tiempo existen condiciones que, paralelamente, generan un alto grado de angustia cuando dicha demanda no se cumple. ¿La solución? Darnos cuenta que nosotros somos los autores de nuestros propios parámetros de éxito.
“The real voyage of discovery consists not in
seeking new landscapes, but in having new eyes.”
-Marcel Proust
Uno de los síntomas de nuestra época es el sentimiento de ansiedad y frustración personal que
nos genera el no cumplir con nuestras altas expectativas, y es que no son el resultado de
metas que personalmente nos hemos impuesto, sino que existe todo un entorno cultural y
social que nos ha hecho creer que “Todo es Posible”.
“La cultura no es tu amiga” dijo Terrence Mackenna, con tan sólo dar dos pasos atrás, podemos
observar que la cultura no opera para nuestra conveniencia, sino que termina por funcionar
para alguien más o para otras corporaciones, nos quita poder al convertirnos en seres
sumamente materialistas que fetichizan objetos, ropa, marcas, estilos de vida, romances de
cuento, etc, Lo vemos en el bombardeo constante de imágenes y mensajes que recibimos en
nuestra vida cotidiana y no sólo en nuestros espacios públicos y medios, sino que ha
transformado a muchos de nosotros en su mejor canal de publicidad, nos hemos programado
en buscar validación social promoviendo la cultura de consumo en nuestras redes sociales,
subimos fotos y memes de nuestras nuevas adquisiciones, de nuestras últimas experiencias y
de nuestros viajes, nuestra mejor versión es el único lado que exponemos, convirtiéndonos
básicamente en esnobs.
Alain de Botton en su libro “Status Anxiety” explica que ahora vivimos en un sistema en el que
cualquiera puede elevarse a cualquier posición socioeconómica que desee, debido a la
democratización de la red. Y si, ésta es una idea maravillosa, porque la acompaña un espíritu
de igualdad, no existen jerarquías claramente definidas. Pero hay un problema muy grande con
esto: La Envidia, es un auténtico tabú mencionarla, pero si hay una emoción dominante en la
sociedad moderna, es la envidia, y está vinculada al espíritu de igualdad. Entre más cercanas
sean las personas, en edad, en trayectoria, en nivel intelectual, académico, social, etc, resulta
más fácil que se identifiquen y por lo tanto se corre mayor peligro de sentir envidia. Lo que ha
ocurrido a través de nuestra hiperconectividad es que nuestra cultura ha convertido al mundo
entero en una escuela. Todos somos aparentemente iguales y no, es decir, existe un espíritu
de igualdad combinado con profundas desigualdades y esto contribuye a una situación muy
estresante.
Las consecuencias de este problema se pueden percibir en el discurso que llevan muchas revistas,
blogs, programas de televisión y hasta en las librerías. Cuando vas a una librería grande y checas la sección de Auto-ayuda se pueden identificar básicamente dos tipos de libros. El primero te dice:
“¡Puedes hacerlo! ¡Puedes triunfar! ¡Todo es posible!” ejemplos como “El Secreto” “Padre Rico,
Padre Pobre” y muchos que basan su premisa en la Ley de la Atracción. El otro tipo de libros que encontrarás te dice como lidiar con lo que educadamente llamamos “una baja autoestima”. Existe
una auténtica correlación entre una cultura que le dice a la gente que pueden lograr cualquier
cosa y la existencia de una baja autoestima, producto del no ser capaces de cumplir con
nuestras más altas expectativas y de la comparación con la gente que nos rodea.
No niego la importancia de pensar positivamente, creo que en diferentes momentos de la vida
es bueno la aplicación del optimismo en nuestras expectativas tal como lo adoptaba Robert
Antón Wilson, el problema es cuando el pensamiento positivo se convierte en fantasía o como
ahora lo hemos llegado a conocer: en “el pensamiento mágico”, Ciertos tipos de fantasías,
en realidad pueden ser perjudiciales ya que cuando fantaseamos, idealizamos nuestro futuro. Nos imaginamos todas las cosas maravillosas que podemos lograr y la facilidad con la que podemos alcanzarlas. Las fantasías no se basan en experiencias del pasado, lo que significa que
podemos fantasear en lograr cosas de las que no tenemos ningún tipo de entrenamiento o práctica.
Kate Reilly, una psicóloga de la Universidad de Nueva York realizó un estudio en el que
consiguió data de experimentos científicos con gente extremadamente positiva y concluyó
en 4 detrimentos del pensamiento positivo que publicó en su artículo “Perils of Positive Thinking”:
que nos indican que el pensamiento positivo no siempre es la respuesta a la ansiedad del éxito,
y son: 1. Emplean mayor energía en la fantasía que en concretar sus metas. 2. Tienen un
sensación de logro mental que mina el logro real. 3. Realizan una mala planeación de cómo lograr sus metas. 4. Buscan objetivos inalcanzables que minan la acción.
Por otro lado, nuestra ansiedad de éxito también se ve influida por la adaptación hedónica, que es la capacidad del individuo en adaptar su estado emocional a una nueva situación y actúa en los
momentos positivos que producen un aumento de la felicidad, corrigiendo esa primera euforia
de forma gradual hasta regresar al estado emocional de origen, por no decir, el de “insatisfacción”.
Si conseguimos vivir en un departamento más grande, asumimos que eso nos proporcionará un
nivel mayor de felicidad durante todo el tiempo que vivamos en el, sin embargo, al poco tiempo nos habremos adaptado y no nos producirá más felicidad que nuestra departamento anterior. Cuando descubrimos que no somos tan felices como lo habíamos predicho, nuestro impulso natural es
buscar una nueva fuente de felicidad, asumiendo que el problema ha sido nuestro error de
predicción. Es lo que nos hace que sigamos comprando cosas y repitiendo este ciclo
indefinidamente. Es la “rueda de hamster hedónica”: comprar y comprar para sólo conseguir
mantener el mismo nivel de felicidad.
Estamos muy cableados a ideas ajenas de cómo conseguir la felicidad, algunos hemos
tratado de conseguirla a través del sexo, de drogas, de la adquisición de cosas, del dinero, hasta
del deseo narcisista de conseguir likes en nuestros posts, y existen muchísimos estudios
científicos que comprueban una y otra vez que ninguna de estas son las soluciones a
nuestra ansiedad existencial a largo plazo.
Creo que existe un camino muy claro como antídoto para nuestras frustraciones cotidianas y
este empieza por abandonar nuestras falsas ideas de éxito, debemos enfocarnos en
nuestras propias ideas y asegurarnos de que en verdad somos los autores de
nuestros propios parámetros de éxito, porque si ya está mal no conseguir lo que quieres,
es incluso peor tener una idea de lo que quieres y descubrir al final que no es lo que querías en
un principio.
En segundo lugar, creo que no tenemos otra opción más que redirigir nuestra atención a
nosotros mismos, ya sea a través de técnicas meditativas, rituales, chi-kung, yoga,
prácticas contemplativas, etc, realizar un redescubrimiento de nosotros en las cosas que
más nos provocan humildad y placer. Una de las grandes características de nuestra generación
es que hemos perdido nuestra capacidad de asombro, y esto resulta extremadamente
perjudicial para nuestra experiencia de la felicidad. El psicólogo Nicholas Humphrey acuñó
el término “la ventaja biológica de ser asombrado” para describir su teoría sobre el
por qué esta peculiaridad de nuestra conciencia impregna nuestras vidas con un sentido de
significado cósmico, que termina por generarnos mayor empatía y humildad.
Humphrey dice estar encantado por la magia de la experiencia del asombro, que además de
convertirse en una ayuda biológica para la supervivencia, nos hace más dóciles y templados.
“Nos gusta estar aquí”, dice. “Sentimos el yen para confirmar y renovar, en pequeñas o grandes
palabras, nuestra ocupación propia del momento presente, para llegar más profundo,
para extenderlo, para deleitarse con estar allí, y cuando tenemos la habilidad, de celebrarlo
en palabras”. Michael Pollan escribió: “Con el fin de ver las cosas como si fuera la primera
vez que las vemos, hay que recordar olvidar.” Bucky Fuller solía decir “atrévete a ser ingenuo”.
Muchas veces, nuestro sentido de lo que pensamos que sabemos es precisamente lo que
nos impide abordar situaciones libres de prejuicios. “La banalidad es una defensa contra ser
abrumado”, escribió Pollan en su libro “The Botany of Desire”.
En mi experiencia, me parece que al adquirir esa humildad y templanza, nos reconvertirnos en
exploradores del mundo y redescubrimos lo asombrosos que son los micromomentos de
nuestra vida, encontramos más patrones y hacemos mejores conexiones, logramos usar
todos nuestros sentidos en cada experiencia, nos olvidamos del tan hablado y sobrevalorado
multi-tasking y encontramos que el mono-taskin (la atención completa en la experiencia)
resulta más gratificante. Y a través de la empatía, entendemos que todos tenemos diferentes
antecedentes, diferentes limitantes y diferentes oportunidades, por lo tanto tenemos diferentes
alcances, y en base a esto ajustamos nuestras expectativas y nuestro concepto del éxito personal.
Tenemos más control sobre nuestra realidad de lo que pensamos, y este control extraordinario
proviene del poder de nuestra mente y como abordamos nuestra experiencia, El
Dhammapada dice «Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge de nuestros
pensamientos» lo que concluye que el mundo es un reflejo de nuestra propia mente, si
cambias tu mente, cambias tu mundo. Al focalizar nuestra atención en este tipo de experiencias,
se genera lo que Rich Doyle llama un “feedback loop” (un circuíto de retroalimentación), la
intención, esa agencia sumada a la acción, crea un loop que se auto-amplifica. En otras
palabras, la intención de un pensamiento axiomático moldea nuestra mente para que nuestra
experiencia externa sea positiva, y al encontrar estímulos positivos se generan mayores
pensamientos positivos y así sucesivamente, de tal forma que terminamos por reforzar nuestra
capacidad extraordinaria de moldear nuestras vidas, los espacios que habitamos y la gente
de la que nos rodeamos. Mientras curamos nuestros espacios, curamos nuestras
circunstancias, y esencialmente nos convertimos en diseñadores de nuestra propia experiencia.
Redireccionar la atención a nuestro aquí-ahora y realizar un ejercicio constante de
agradecimiento y asombro, tiene mucho sentido para mí, no solo se adquiere una nueva
visión ante los momentos obscuros, sino que también se encuentra una oportunidad de
aprendizaje en cada uno de ellos, y es que en un mundo donde la interrupción es la nueva
normalidad, y el cambio tecnológico está ocurriendo a ritmos que son difíciles de adoptar,
es muy importante reconocer cuales son nuestras fuentes personales de felicidad y
asumirlas con verdadera templanza. Hace poco Alejandro de Pourtales, Co-Editor de
Pijama Surf, tuiteó “True extasy is always quiet” (El verdadero éxtasís siempre es en silencio).
Creo que esto ayuda a entender de que manera buscar, encontrar y afrontar nuestros
momentos de felicidad, al final, desde un punto de vista agnóstico, encontré una
nueva forma de comprender que Dios si está en los detalles.
Con Info de:
-Alain de Botton, “Status Anxiety”

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