"No importa en qué, la gente crece. Si optaste por no crecer, te vas a quedar en una caja pequeña con una mentalidad pequeña. Las personas que ganan abandonan esa caja. Es muy simple cuando lo miras de esa manera" —Kevin Hart
Al final todos queremos lo mismo, queremos ser la mejor versión de nosotros, alcanzar nuestra máxima expresión.
No deseamos a duras penas sobrevivir, queremos ganar. Ganar una y otra vez. Si de todas formas vamos a vivir esta vida ¿porque no vivirla triunfando de manera consistente?
Tenemos sueños. Queremos destacar como profesionales, crear empresas que cambien el mundo, contribuir con soluciones a la sociedad. Ser felices... Sin embargo, no todos vemos cumplidos esos sueños. La diferencia entre quien triunfa y quien no, yace en la mentalidad de uno y otro.
Hace unos años, alrededor de 15, en el sector financiero había una gran demanda de profesionales para el área de riesgo, que era una disciplina relativamente nueva y no había suficientes personas capacitadas para cubrir los puestos vacantes, tal y como pasa hoy con los científicos de datos.
Dada mi formación como economista, pensé que esa era una gran oportunidad para mi carrera. Después de realizar una breve investigación, me di cuenta que casi toda la literatura sobre riesgo, necesaria para aprender la disciplina estaba en inglés, además, se necesitaba una fuerte formación matemática.
Debido a que por ese entonces mi inglés era de pena y que las matemáticas las tenía casi olvidadas por falta de uso, abandoné el proyecto de carrera. Esa es precisamente el tipo de mentalidad que posee quien no ve cumplidos sus sueños.
Cuando una persona desea lograr algo que está fuera de su alcance en ese momento, por lo general se encuentra con tres tipos de limitaciones: o no sabe cómo hacerlo, o no cuenta con los recursos para hacerlo, o no tiene las habilidades necesarias. Los no triunfadores, al darse cuenta de todo lo que les hace falta, desisten.
Esta es la mentalidad que la doctora en psicología Carol Dweck denomino ‘mentalidad fija’. Quien la posee, considera que la inteligencia, el talento, el carácter vienen dados y que son inmodificables.
Por el contrario, la ‘mentalidad de crecimiento’ es la que tienen los triunfadores, aquellos que piensan que mejorar es posible, y que con el tiempo y la dedicación necesaria, se puede ser muy bueno en cualquier cosa que se desee.
Cuando alguien con la mentalidad de crecimiento se da cuenta de que no sabe algo necesario para avanzar hacia sus metas, entiende que su deber es aprenderlo, no saber no es el final del camino, así que lo anota en su agenda como una tarea por cumplir. No abandona su sueño.
Con los recursos ocurre igual. Si no se tienen, se deben conseguir. Hace un tiempo escuché la charla de una exitosa emprendedora quien contó que para reunir el capital necesario para empezar su proyecto, tuvo que reunirse con 300 inversionistas. Finalmente 27 dijeron que sí y pudo comenzar. Pero lo admirable es que tuvo que escuchar 273 ‘No’ antes de reunir el dinero suficiente ¡Esa es una mentalidad triunfadora! A eso se refería William Churchill cuando dijo que “éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.
‘Yo no soy como ellos’ es el otro pensamiento limitador que encontramos. Por fortuna los años pasan y nos enseñan cosas. Cuando tomé la decisión de dedicarme a la consultoría y poner al servicio de los empresarios y emprendedores mi experiencia y formación, no cometí el mismo error que años atrás. Esta vez investigué cuáles eran los atributos con los que debía contar un buen consultor, hice una lista con ellos y la pegué en el tablero al frente de mi escritorio. A partir de ahí comenzó un minucioso proceso de aprendizaje que ya lleva varios años y espero que no se detenga nunca.
“Saber que es posible es el 86% del proyecto” afirma Seth Godin. Yo estoy convencido de lo mismo. Nuestros sueños nos están esperando, solo tenemos que creer que es posible alcanzarlos y empezar a andar.
¿Será fácil? No. Pero es nuestro deber.
No deseamos a duras penas sobrevivir, queremos ganar. Ganar una y otra vez. Si de todas formas vamos a vivir esta vida ¿porque no vivirla triunfando de manera consistente?
Tenemos sueños. Queremos destacar como profesionales, crear empresas que cambien el mundo, contribuir con soluciones a la sociedad. Ser felices... Sin embargo, no todos vemos cumplidos esos sueños. La diferencia entre quien triunfa y quien no, yace en la mentalidad de uno y otro.
Hace unos años, alrededor de 15, en el sector financiero había una gran demanda de profesionales para el área de riesgo, que era una disciplina relativamente nueva y no había suficientes personas capacitadas para cubrir los puestos vacantes, tal y como pasa hoy con los científicos de datos.
Dada mi formación como economista, pensé que esa era una gran oportunidad para mi carrera. Después de realizar una breve investigación, me di cuenta que casi toda la literatura sobre riesgo, necesaria para aprender la disciplina estaba en inglés, además, se necesitaba una fuerte formación matemática.
Debido a que por ese entonces mi inglés era de pena y que las matemáticas las tenía casi olvidadas por falta de uso, abandoné el proyecto de carrera. Esa es precisamente el tipo de mentalidad que posee quien no ve cumplidos sus sueños.
Cuando una persona desea lograr algo que está fuera de su alcance en ese momento, por lo general se encuentra con tres tipos de limitaciones: o no sabe cómo hacerlo, o no cuenta con los recursos para hacerlo, o no tiene las habilidades necesarias. Los no triunfadores, al darse cuenta de todo lo que les hace falta, desisten.
Esta es la mentalidad que la doctora en psicología Carol Dweck denomino ‘mentalidad fija’. Quien la posee, considera que la inteligencia, el talento, el carácter vienen dados y que son inmodificables.
Por el contrario, la ‘mentalidad de crecimiento’ es la que tienen los triunfadores, aquellos que piensan que mejorar es posible, y que con el tiempo y la dedicación necesaria, se puede ser muy bueno en cualquier cosa que se desee.
Cuando alguien con la mentalidad de crecimiento se da cuenta de que no sabe algo necesario para avanzar hacia sus metas, entiende que su deber es aprenderlo, no saber no es el final del camino, así que lo anota en su agenda como una tarea por cumplir. No abandona su sueño.
Con los recursos ocurre igual. Si no se tienen, se deben conseguir. Hace un tiempo escuché la charla de una exitosa emprendedora quien contó que para reunir el capital necesario para empezar su proyecto, tuvo que reunirse con 300 inversionistas. Finalmente 27 dijeron que sí y pudo comenzar. Pero lo admirable es que tuvo que escuchar 273 ‘No’ antes de reunir el dinero suficiente ¡Esa es una mentalidad triunfadora! A eso se refería William Churchill cuando dijo que “éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.
‘Yo no soy como ellos’ es el otro pensamiento limitador que encontramos. Por fortuna los años pasan y nos enseñan cosas. Cuando tomé la decisión de dedicarme a la consultoría y poner al servicio de los empresarios y emprendedores mi experiencia y formación, no cometí el mismo error que años atrás. Esta vez investigué cuáles eran los atributos con los que debía contar un buen consultor, hice una lista con ellos y la pegué en el tablero al frente de mi escritorio. A partir de ahí comenzó un minucioso proceso de aprendizaje que ya lleva varios años y espero que no se detenga nunca.
“Saber que es posible es el 86% del proyecto” afirma Seth Godin. Yo estoy convencido de lo mismo. Nuestros sueños nos están esperando, solo tenemos que creer que es posible alcanzarlos y empezar a andar.
¿Será fácil? No. Pero es nuestro deber.


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