"No hay derecho que menospreciemos tanto como el derecho a ser felices"
—Robert Louis Stevenson
Prestar mayor atención a las cosas positivas en nuestra vida mejora en muy poco tiempo la calidad de la misma.
Los artículos con listas sobre las cosas que nos hacen felices están por todas partes. Periódicos, revistas, blogs… los publican con regularidad, yo mismo he compartido algunos en redes sociales.
Dentro de esas listas hay una celebridad que siempre se la arregla para ser incluida: la gratitud. Investigación tras investigación llegan a la misma conclusión: las personas que agradecen aquello que está presente en sus vidas son más felices.
En efecto, si tengo las cosas que deseo es normal que me sienta satisfecho con mi vida y, por lo tanto, sea más feliz.
Sin embargo, la buena noticia es que no tenemos que esperar a que ocurran todas las cosas que anhelamos (cambiar de coche, conseguir pareja, tener hijos, perder peso... ) para empezar a agradecer y ser más felices. Podemos transformar nuestra vida por completo si prestamos atención y agradecemos las cosas que ya tenemos.
Fred Bryant, psicólogo de la Universidad de Loyola en Chicago, realizó el siguiente experimento: reunió un grupo de personas a los cuales le realizó una valoración de su bienestar emocional. Luego los dividió en tres grupos, a unos les pidió que durante una semana salieran a dar un paseo de 20 minutos andando y que prestaran atención a los estímulos agradables que hallaran: el buen tiempo, las flores, personas sonrientes… A otro grupo le pidió que hiciera el mismo paseo, pero que buscaran cosas negativas: grafitis, basura, personas malhumoradas. El tercer grupo solo debía caminar sin fijarse en nada en especial.
Pasada la semana los investigadores volvieron a medir el bienestar emocional de los participantes. Los que se habían fijado en lo positivo estaban más contentos que en la valoración previa. Los que se fijaron en lo negativo se sentían más desanimados. Los que solo pasearon estaban igual que antes.
Lo que demuestra el estudio es que podemos alterar nuestro bienestar emocional decidiendo a qué prestamos atención. «La moraleja —dice Bryant— es que ves lo que andas buscando. Y te puedes ejercitar para atender a la dicha que te espera ahí afuera, en lugar de esperar con pasividad a que acuda a ti.»
Esa es la razón por la cual la práctica de gratitud ha demostrado ser tan poderosa. Cuando decidimos volvernos personas más agradecidas, lo que estamos haciendo es forzarnos a prestar atención a la fortuna de la cual ya disfrutamos.
Ocurre que nuestra tendencia natural es a fijarnos en lo negativo, en aquello que está mal. Es un mecanismo evolutivo de supervivencia. Fijarnos en lo positivo debe ser una decisión intencionada.
Incluso, aún pasando malos momentos, o mejor dicho, en los malos momentos es cuando es más necesario, podemos decidir apreciar las cosas buenas.
La vida no es como un balancín que, o pasan cosas buenas o pasan cosas malas; pasan las dos al tiempo. El hecho de que un contratiempo ocurra no impide que cosas estupendas nos sigan ocurriendo. Apreciar lo positivo nos ayudará a salir del hoyo más pronto.
Para ser más agradecidos y felices no tenemos que esperar a que todos nuestros sueños y anhelos se hagan realidad, podemos hacerlo ya. Basta con entrenar nuestra mente para que no pase por alto las cosas positivas.
Lo mejor de todo es que apreciando aquello que ya tenemos se hace más fácil obtener lo que aún deseamos. Las personas positivas y optimistas son más creativas y emprendedoras que los pesimistas y melancólicos. Asimismo, los positivos atraen a más personas a su lado, y esas personas pueden brindarles oportunidades y apoyo para su causa.
Hoy hace un día estupendo y la montaña me llama. Así que aquí me despido y me voy a dar una carrera por el campo y a disfrutar de magníficas vistas. La vida es buena ¿a que si?
Los artículos con listas sobre las cosas que nos hacen felices están por todas partes. Periódicos, revistas, blogs… los publican con regularidad, yo mismo he compartido algunos en redes sociales.
Dentro de esas listas hay una celebridad que siempre se la arregla para ser incluida: la gratitud. Investigación tras investigación llegan a la misma conclusión: las personas que agradecen aquello que está presente en sus vidas son más felices.
En efecto, si tengo las cosas que deseo es normal que me sienta satisfecho con mi vida y, por lo tanto, sea más feliz.
Sin embargo, la buena noticia es que no tenemos que esperar a que ocurran todas las cosas que anhelamos (cambiar de coche, conseguir pareja, tener hijos, perder peso... ) para empezar a agradecer y ser más felices. Podemos transformar nuestra vida por completo si prestamos atención y agradecemos las cosas que ya tenemos.
Fred Bryant, psicólogo de la Universidad de Loyola en Chicago, realizó el siguiente experimento: reunió un grupo de personas a los cuales le realizó una valoración de su bienestar emocional. Luego los dividió en tres grupos, a unos les pidió que durante una semana salieran a dar un paseo de 20 minutos andando y que prestaran atención a los estímulos agradables que hallaran: el buen tiempo, las flores, personas sonrientes… A otro grupo le pidió que hiciera el mismo paseo, pero que buscaran cosas negativas: grafitis, basura, personas malhumoradas. El tercer grupo solo debía caminar sin fijarse en nada en especial.
Pasada la semana los investigadores volvieron a medir el bienestar emocional de los participantes. Los que se habían fijado en lo positivo estaban más contentos que en la valoración previa. Los que se fijaron en lo negativo se sentían más desanimados. Los que solo pasearon estaban igual que antes.
Lo que demuestra el estudio es que podemos alterar nuestro bienestar emocional decidiendo a qué prestamos atención. «La moraleja —dice Bryant— es que ves lo que andas buscando. Y te puedes ejercitar para atender a la dicha que te espera ahí afuera, en lugar de esperar con pasividad a que acuda a ti.»
Esa es la razón por la cual la práctica de gratitud ha demostrado ser tan poderosa. Cuando decidimos volvernos personas más agradecidas, lo que estamos haciendo es forzarnos a prestar atención a la fortuna de la cual ya disfrutamos.
Ocurre que nuestra tendencia natural es a fijarnos en lo negativo, en aquello que está mal. Es un mecanismo evolutivo de supervivencia. Fijarnos en lo positivo debe ser una decisión intencionada.
Incluso, aún pasando malos momentos, o mejor dicho, en los malos momentos es cuando es más necesario, podemos decidir apreciar las cosas buenas.
La vida no es como un balancín que, o pasan cosas buenas o pasan cosas malas; pasan las dos al tiempo. El hecho de que un contratiempo ocurra no impide que cosas estupendas nos sigan ocurriendo. Apreciar lo positivo nos ayudará a salir del hoyo más pronto.
Para ser más agradecidos y felices no tenemos que esperar a que todos nuestros sueños y anhelos se hagan realidad, podemos hacerlo ya. Basta con entrenar nuestra mente para que no pase por alto las cosas positivas.
Lo mejor de todo es que apreciando aquello que ya tenemos se hace más fácil obtener lo que aún deseamos. Las personas positivas y optimistas son más creativas y emprendedoras que los pesimistas y melancólicos. Asimismo, los positivos atraen a más personas a su lado, y esas personas pueden brindarles oportunidades y apoyo para su causa.
Hoy hace un día estupendo y la montaña me llama. Así que aquí me despido y me voy a dar una carrera por el campo y a disfrutar de magníficas vistas. La vida es buena ¿a que si?



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