lunes, 18 de abril de 2011

“El futuro no lo escribirá un ingeniero, sino la respuesta a una necesidad latente”

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Eudald Domènech, empresario innovador

"La vida del emprendedor, a menudo, es como una montaña rusa. Por eso, el fracaso debe aceptarse como inherente a las ganas de emprender cosas nuevas"

A Eudald Domènech se le conoce por haber sido el primer empresario de Internet del Estado. En cualquier caso, es uno de los actores más destacados del sector TMT (Tecnología, Medios de comunicación y Telecomunicaciones), y lo es gracias a su carácter emprendedor y, sobre todo, inconformista. Fruto de su intensa actividad empresarial, la agenda de Domènech es imprevisible; seguramente es uno de los precios que hay que pagar por ser un hombre con muchas ideas y siempre con un proyecto nuevo entre manos.

Innovador, emprendedor, dinámico, visionario... Diversos adjetivos podrían definir su carácter. Lo que sí es cierto es que, en nuestro país, Domènech ha sido una de las primeras personas que ha sabido identificar las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. En 1993 fundó Servicom, la primera empresa española que estableció una línea punto a punto comercial de Internet entre Estados Unidos y España. Posteriormente, impulsó a empresas como ISP World on Line, Telepolis o la fundación Bit And Culture Alliance. Actualmente, además de continuar en alguno de estos proyectos, es Consejero Delegado de la empresa de investigación y desarrollo tecnológico Techfoundries. Además, es socio de referencia de la compañía de capital de riesgo Bit By Bit Revolution y de Agrotech Biotecnología Aplicada.

Pregunta.- Te han descrito como a un visionario. ¿Qué ves?
Eudald Domènech.-
Bueno, eso de visionario... Diría que no se trata de ver el futuro sino de construirlo un poco cada día. También me han llamado innovador, pero siempre prefiero hablar de emprendedor. De hecho, nunca me he propuesto innovar. La innovación es producto del trabajo y de la curiosidad, de querer ser más competitivo, de la capacidad de emprender los proyectos que uno se plantea. En ese sentido, lo que sí que hago es trabajar mucho. Es más, creo que la innovación no es algo que tengas que proponerte. La innovación por la innovación no sirve para nada. Innovar es crear productos que hagan la vida más fácil.

P.- Lo que sí es cierto es que has sabido hacer propuestas innovadoras y llevar adelante empresas que tienen la innovación como eje central de su actividad...
E.D.-
Sí, es verdad, y diría que la clave está en el hecho de que yo, desde siempre, he sido un consumidor y usuario de todo lo que se considera moderno, en todos los ámbitos. Soy lo que se llama un “prototipo de cliente digital”, y eso abarca muchos aspectos de la vida, desde el ocio hasta la sostenibilidad. Desde este punto de vista, contemplo las oportunidades que ofrece esta “vida digital” teniendo en cuenta la optimización de recursos. Es decir, imagino el mundo como persona que entiende y es capaz de utilizar las nuevas tecnologías y, siempre que sea posible, intento mejorarlas o encontrar experiencias de uso más adecuadas.

P.- El innovador, ¿nace o se hace?
E.D.-
Pues... no te sabría decir... Por eso digo que yo me considero un emprendedor. Y siempre lo he sido. Lo que sí es verdad es que el emprendedor tiene que saber qué hace falta y, para conseguirlo, tiene que estar siempre atento; es como vivir en un estado permanente de vigilia y con ganas de aprender siempre cosas nuevas. La verdad es que siempre he actuado así sin proponérmelo y, en ese sentido, creo que el emprendedor lo tiene que llevar en la sangre, entre otras cosas porque el camino no es nada fácil.

P.- Pero tiene que haber algo más. Hay mucha gente observadora, pero que sepa canalizarlo hacia proyectos empresariales de éxito, no tanta...
E.D.-
Sí, por supuesto. El estado de vigilia, o lo que yo también llamo “estar en la nube”, te permite tener una composición con mucha información pero también con muchas propuestas. Algunos creen que es tener pájaros en la cabeza. El emprendedor, en cambio, interpreta la nube como una oportunidad. La clave está en ser curioso, y yo siempre lo he sido... Por eso prefiero poner el acento en “emprendedor” más que en “innovador”. Pero, siguiendo con el concepto de nube, hay que dejar claro que la nube debe conducirte a una respuesta real para un producto real. Por lo tanto, el problema reside en encontrar el primer hilo del ovillo que te lleva al producto. Hay que conceptualizar y, al mismo tiempo, concretar la viabilidad de lo que hemos pensado. Eso sí, también hay que explicar que a pesar de que la mayoría de gente se piensa que innovar es hacer un aparato nuevo, innovar también es saber encontrar nuevos modelos de negocio o de organización. De hecho, ese es el reto hoy en día. En cualquier caso, y sin desmerecer su papel, tengo claro que el futuro no lo escribirá un ingeniero sino la respuesta a una necesidad latente.

P.- El talento, supongo, también debe jugar un papel importante...
E.D.-
Sí, por supuesto. Es crucial. El talento, la intuición... Llámalo como quieras. Puedes adivinar el qué, pero no el cuándo.

P.- Aún así, los proyectos necesitan financiación, estructura... supongo que ésa es la parte difícil del camino.
E.D.-
Sin duda. Hasta aquí todo parece fantástico, pero la realidad es que el emprendedor no tiene una bola de cristal. Si tiene algo, es mucho estrés. Para llevar adelante los proyectos lo primero que hay que ser es útil, constructivo y tener la capacidad de dar respuesta, y eso no siempre es fácil. Además, es evidente que el problema financiero es una de las dificultades más habituales al emprender acciones innovadoras. El problema financiero, el miedo al fracaso, la conciliación con la vida familiar... La verdad es que para que un proyecto te vaya bien tienes que haber empezado muchos proyectos que no han sobrevivido y eso quiere decir que necesitas un entorno favorable. La vida del emprendedor, a menudo, es como una montaña rusa. Por eso, el fracaso debe aceptarse como inherente a las ganas de emprender cosas nuevas. Un éxito siempre va precedido de algún fracaso, y por eso digo siempre que una cultura innovadora es una cultura que no teme al fracaso.

P.- Hablas del entorno. ¿Qué ayuda recibe un emprendedor en nuestro país?
E.D.-
Pues muy poca, por no decir ninguna. Sobre todo en el aspecto burocrático o financiero. No tenemos una cultura empresarial adecuada, de hecho, vivimos en una sociedad en la que los empresarios están mal vistos. Aquí, si dices que quieres ser empresario la gente te mira como si fueras una mala persona. Pero el emprendedor, con sus éxitos, es quien hace avanzar la sociedad y quien da trabajo. Todo lo que tenemos es producto del trabajo de los emprendedores, pero en nuestro país no se ve del todo así. Este punto de vista, en el fondo, también afecta al problema financiero. No estamos acostumbrados al riesgo, todo lo contrario de lo que ocurre en la cultura anglosajona, donde incluso la escuela es emprendedora. Todo eso hace que en nuestro país sólo haya un 7 % de emprendedores, lo cual es totalmente insuficiente.

P.- ¿Y qué hace un emprendedor para seguir adelante cuando aún no tiene credibilidad, prestigio, ni poder financiero?
E.D.-
Pues hipoteca la casa, que es lo que hemos tenido que hacer muchos. Se debería tener al emprendedor entre algodones... Hay que generar la vocación entre los niños. Idealmente, un emprendedor debería tener el sueldo garantizado durante cinco años, pero la realidad es que aquí te hacen caso cuando estás dispuesto a hipotecar tu patrimonio; entonces, quizá alguna entidad financiera te haga caso... Para ser emprendedor, por lo tanto, hay que tener un punto de inconsciencia.

P.- ¿La clave es el capital de riesgo?
E.D.-
Ese es otro eje vertebral que en nuestro país cojea bastante. Por un lado, el capital de riesgo que se necesita inicialmente, que llamamos “de trampolín”, está bastante bien solucionado por la administración y a través de diferentes entidades que promueven la innovación. También existen empresas de inversiones de capital de riesgo “profesional” buenas, que se dedican a proyectos con grandes inversiones y que incluso te ayudan a mejorar la idea. Se trata de grandes multinacionales que necesitan algún proyecto fallido en su cartera para demostrar que arriesgan lo suficiente como para esperar algún éxito importante. Pero en el medio existe una franja muy olvidada, la más necesaria para los emprendedores pequeños y medianos. En la franja del capital de riesgo para proyectos de entre uno y cinco millones de euros prácticamente no hay nadie. A parte de excepciones honrosas, la realidad es que la mayoría de sociedades de capital de riesgo de este ámbito lo que buscan es chollos. Muchos buscan proyectos con garantía bancaria inicial pero con retorno de capital de riesgo.

P.- Antes me comentabas la necesidad que existe de encontrar nuevas fórmulas de negocio, y veo que defines Techfoundries como una metacompañía. Explícamelo...
E.D.-
A lo que nos referimos es a que nuestra empresa es como un paraguas, que acoge diferentes empresas especializadas e independientes pero que por el hecho de estar bajo esta misma plataforma tienen mucho más valor. Cada empresa es una pieza con sentido por sí misma, pero adquiere más valor al funcionar junto con las otras. En Techfoundries buscamos la sinergia de las diferentes empresas partner que la conforman.

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