jueves, 15 de septiembre de 2011

El Deseo Insaciable

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El Deseo Insaciable

14/09/2011
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El Nacimiento de los Deseos Líquidos - Salvador Daí, 1932

No se trata de lo que yo crea, o conozca, y que lo comparta contigo. Se trata de lo nuevo que ambos podamos elaborar al revisar e integrar nuestras respectivas creencias; se trata de lo que podamos aprender juntos a partir de lo que cada uno de nosotros ya sabe y, sobre todo: que lo podamos compartir con los demás.

El cambio ha dejado de ser “constante”. Estamos desconcertados porque el cambio cambia con algoritmos imprevisibles. Vivimos muchos hechos que no comprendemos. Intentamos relacionarlos con la experiencia que hemos estado adquiriendo en el pasado y cuando ya creemos que tenemos una idea confiable para interpretar lo que ocurre y actuar en consecuencia sobrevienen nuevos hechos disruptivos que nos vuelven a colocar en escenarios —cuando menos— inesperados.

Se crea un bucle. No es precisamente un círculo que nos coloca en el mismo lugar de partida. Se parece a un tornillo que nos desplaza del punto donde estábamos. En cada giro del bucle en el que vivimos podemos quedar más arriba (mejor) o más abajo (peor) dependiendo de nuestra capacidad para entender lo que ocurre, de los recursos que disponemos y de la manera en que actuamos.

Si te resulta necesario pensar esto en planos geométricos concretos (vertical, horizontal, superior, inferior…) asignándole unidades de medidas empíricas (costes, metros, kilómetros, horas, años…): hazlo.

Pero debes considerar que se trata de sucesos ubicuos y que convivimos, al mismo tiempo, en dimensiones físicas y virtuales. Debes asumir que el caos es un componente de nuestro “orden”; de la misma manera como el “silencio” forma parte de la “música”. Si solo se trata de “sonido”, sin “silencios”, la música sería un “ruido”.

Asumir que el “caos” es producto de la ignorancia y no debe formar parte de nuestras vidas, equivale a pretender solucionar el Cubo Rubick sin comprender cuál es el código de sus colores.

No te preocupes. No son importantes la magnitud ni la intensidad del caos en el que convivimos. Resulta más importante saber cómo lo gestionamos para transformarlo en palancas y puntos de anclaje sobre los que continuar evolucionando hacia “arriba”, sin desintegrarnos “abajo”. Es un desafío. No digo que sea “fácil”, pero estoy seguro que es: “posible”.

Hasta ahora, creo que así seguirá sucediendo, el deseo insaciable de gestionar el caos es el principal factor que impulsa nuestro progreso desde el pasado hacia el futuro. El deseo nos hace soñar con lo que vamos a lograr en el futuro.

Ahora bien, resulta casi imposible predecir con certeza cómo será el futuro; es más fácil describir un futuro posible y mucho más simple expresar qué es lo que deseamos que ocurra. La evolución de la humanidad demuestra que es posible mediar entre nuestros deseos para que ocurran determinados hechos y lo que realmente podría suceder.

La primera condición es crear y creer en un deseo insaciable compartido que podemos influir en la naturaleza de las cosas y que tenemos capacidades para modelar los sucesos que van a ocurrir en nuestro entorno social, económico, político y tecnológico.

Nuestros sueños y nuestros deseos forman parte de nuestra cultura y aún cuando algunos sucesos nos producen “daños” y otros “placer”, siempre hemos deseado insaciablemente conseguir metas y objetos asumiendo los riesgos.

La clave del logro, desde las sociedades más primitivas hasta el presente, está en seguir la inspiración de nuestros sueños de éxito, despojándonos del miedo que nos inspira el «supuesto fracaso».

Primero es necesario explorar en nuestra propia creatividad, integrando lo que tenemos y sabemos cada uno de nosotros con lo que tienen y saben otros a quienes conocemos y con quienes ellos conocen.

A través del tiempo somos más personas interactuando con más personas con el concomitante aumento de la diversidad cultural y étnica y, aún cuando esto también aumenta el nivel de conflictos que debemos enfrentar y solucionar, también aumenta nuestra creatividad a raíz de imprevistas nuevas combinaciones de ideas y visiones del mundo.

Visiones valientes, impulsadas por deseos insaciables, han provocado y siguen produciendo invenciones e innovaciones sorprendentes para gestionar cada vez mejor nuestro caos.

Las redes globales de comunicación nos facilitan vincularnos para formar grupos de acción con intereses y deseos compartidos y para crear una sociedad mejor en un planeta vivo donde generamos nuevas empresas y productos, nuevos conocimientos y nuevos ambientes.

El Enigma del Deseo - Salvador Dalí, 1929

El Enigma del Deseo - Salvador Dalí, 1929

Así, por ejemplo, pudimos decodificar y comprender el código genético y los sistemas de desarrollo biológico para aliviar los síntomas de nuestro envejecimiento y la reconfiguración de varias especies de plantas para optimizar el rendimiento de nuestros cultivos. Sueños y deseos insaciables han provocado la creación de máquinas más eficientes y la manipulación de moléculas con microscopios basados en la nanoingeniería controlados por microprocesadores cuánticos; sueños y deseos insaciables también nos permitieron aprender cómo realizar el reciclaje de nuestros desperdicios y generar energías renovables a muy bajo coste. Sueños y deseos insaciables están por materializar la computación ubicua incrustada en nuestras prendas de vestir e incluso en nuestra piel con circuitos de conectividad sináptica.

En medio de dolores desgarradores, hambrunas y confortamientos entre “indignados” e “indignos”, nuestros deseos insaciables inventan nuevos materiales, mejores procesos y productos más satisfactorios que demuestran que nuestros sueños son posibles y constituyen los motores de nuestro progreso.

Pero estas creaciones no son suficientes para crear el futuro que deseamos.

Nuestras habilidades para innovar, para resolver los puzles entre los que nos toca convivir, para diseñar nuevas herramientas, para crear nuevas formas de arte, nuevos juegos para jugar y la construcción de nuevos sueños necesitan ampliar lo que cada uno de nosotros puede hacer con nuestras vidas para contribuir con valor a nuestro medio sociocultural físico y virtual.

Sin embargo, nuestras habilidades no aseguran por su sola existencia el derecho universal de acceso a las posibilidades de expansión, ni a la prestación equitativa de satisfacción a las necesidades humanas básicas, así como la igualdad de acceso a las oportunidades emergentes.

La perversidad, los vicios y la delincuencia también están firmemente enraizados en nuestros sistemas sociales. Están creándose nuevas formas de pobreza en regiones donde resultaba insospechado hasta hace pocos años que pudiera suceder chocando contra el espíritu soñador de los emprendedores y contraponiendo la voluntad de desear insaciablemente el progreso. Tiene nombre: la deprivación; resulta tan cruel como la carencia de bienes materiales: se trata de la falta o la dificultad para acceder a las oportunidades para desarrollarse.

Creo que, aún así, hay grandes razones para ser optimistas que nosotros, la “sociedad civil”, a través de nuestras organizaciones intermedias (entre los sectores público y el privado) fomentaremos la responsabilidad individual para crear posibilidades de felicidad colectiva, para todas las personas con otras creencias, de otras etnias y de sucesivas generaciones.

Un buen futuro para todos, no es un “futuro inverosímil”. Simplemente, se trata de proteger al soñador que yace en cada uno de nosotros que promueve nuestra capacidad para desear insaciablemente ser felices en comunidad, facultando a los miembros de nuestra comunidad a aportar sus ideas para superar los sistemas de disociación que habitamos.

¿Cómo?

Asumiendo que la naturaleza humana es perfectible y estimulando su potencial emprendedor. La sociedad local, con visión global, tiene que empoderar el talento y facilitar procesos de aprendizaje de habilidades sociales como la “adaptabilidad” para saber interactuar con personas de distintas posiciones socioculturales, la “empatía” para aprender a considerar las perspectivas y deseos de las otras personas, y la “osadía” para actuar materializando nuestros «deseos insaciables».

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