http://lacomunidad.elpais.com/cortesamador/2010/10/3/humor-negro-graficas-seres-humanos-la-era-digital-
Las características de la Generación de Nativos Digitales que está cambiando al mundo
Escucha a tu hijo: La propuesta de Don Tapscott para la Nueva Era
Por José Cabrera http://manuelgross.bligoo.com/content/view/655029/Las-caracteristicas-de-la-Generacion-de-Nativos-Digitales-que-esta-cambiando-al-mundo.html#content-top
Hace unos cuantos años descubrimos con asombro que, quizá por primera vez en la historia, los niños conocían y manejaban mejor que sus padres una tecnología central para el desarrollo de la sociedad. Esos niños habían crecido rodeados de medios digitales (ordenadores, videoconsolas, etc.) y se manejaban con ellos mucho mejor que nosotros. Ha pasado el tiempo. La Red se ha extendido. La velocidad de conexión es cada vez más alta. Han surgido grandes redes sociales y poderosas herramientas de comunicación. Nuevos dispositivos móviles nos permiten conectarnos desde cualquier punto del planeta.
Y lo que es más importante: esos niños ahora son jóvenes de entre 16 y 29 años que están irrumpiendo con fuerza en el mercado, en los centros de trabajo, en las universidades, y en cada rincón de la sociedad. Constituyen la que Don Tapscott denomina ?Generación Red? -Net Generation-, una fuerza social genuinamente transformadora. Son los representantes de una nueva cultura -la de la colaboración a través de los medios digitales- que acabará por imponerse, y que ya está cambiando el mundo tal y como lo conocemos.
Los valores que marcarán el liderazgo del futuro
Los jóvenes ven el mundo de forma diferente. Crean, aprenden, producen y consumen de forma diferente. Se aproximan a las nuevas tecnologías de forma natural, sin miedo a que las cosas se rompan, con la misma naturalidad con la que nos acercamos nosotros a la tostadora del pan. Tienen una visión muy diferente sobre el trabajo, la justicia y el orden social. Por tanto, sería absolutamente ingenuo pensar que el desembarco de esta nueva generación en el mercado, y en las organizaciones políticas y económicas que hemos creado, no va a afectarnos. Muy al contrario. Sus nuevos valores, como ha ocurrido con generaciones anteriores, son los valores del futuro, los que se acabarán imponiendo.
Por eso resulta necesario conocerlos en profundidad. Por eso es necesario que mantengamos con ellos una relación diferente al tradicional ¿ordeno y mando? de nuestros padres. Debemos ser conscientes de que los jóvenes se sienten más confortables y seguros que sus padres ante una innovación tecnológica que nos lleva hacia un nuevo mundo global en red, en el que ellos son los nativos y nosotros los inmigrantes.
Son muchas las preguntas que debemos plantearnos: ¿Cómo son realmente nuestros jóvenes? ¿Qué es lo que nos diferencia de ellos? ¿Por qué a veces nos cuesta tanto comunicarnos? ¿Qué podemos hacer para entendernos, y para atraer y retener su talento? ¿Cómo afectará su nueva forma de ser a nuestras organizaciones? ¿Y al liderazgo del futuro? Para encontrar una respuesta, en la conversación de hoy trataré de analizar la propuesta de Tapscott para la nueva era. Puedo adelantarte algo fundamental: la mejor manera de comprender lo que está pasando es que escuches con atención lo que tu hijo tiene que decirte. El mensaje es claro: Si entiendes a las nueva generación de Nativos Digitales, entenderás mejor el futuro.
Grown Up Digital
Según señala Tapscott en su libro Grown Up Digital, existen 8 características clave que diferencian a los Nativos Digitales -los jóvenes que han nacido y crecido con dispositivos digitales a su lado- de sus padres y de las otras generaciones. Para llegar a estas conclusiones, Tapscott realizó cerca de 9.500 entrevistas a jóvenes con el gen Red? -representantes de la generación digital- y a los que ya podrían ser sus ¿padres?, representantes de la generación del Baby-boom americano. A continuación vamos a ver las 8 diferencias de actitud, comportamiento y aprendizaje que caracterizan a la nueva generación. Su importancia es extraordinaria, ya que influirán de manera determinante en el liderazgo y en las organizaciones del futuro:
1. Libertad
Libertad para expresarse y libertad para elegir. La Web 2.0 les ha dado la oportunidad de expresarse libremente en blogs personales, en wikis, en foros, en sus correos electrónicos y en las redes sociales. Además, la Red les proporciona la oportunidad de acceder a los productos y servicios que están buscando. Ya no tienen que elegir, como sus mayores, entre la oferta limitada de un determinado comercio. Ahora, a través de Internet, pueden encontrar exactamente aquello que buscan, esté donde esté, en cualquier parte del mundo.
Mientras nosotros, inmigrantes digitales, nos sentimos muchas veces abrumados por la proliferación de canales de comunicación, oferta de productos, nuevas marcas, y nuevas funcionalidades y servicios en Google, ellos, como nativos del nuevo mundo, aprovechan de forma natural las tecnologías para avanzar en medio del caos de información hasta encontrar el mensaje que se ajusta a sus necesidades.
Desde el punto de vista de nuestras organizaciones, es importante que nos demos cuenta de que también quieren ser libres a la hora de elegir el lugar donde trabajar, y que esperan utilizar sus nuevas formas de relacionarse indiscriminadamente en casa y en la oficina. Sus fronteras sociales son líquidas y utilizan las tecnologías para integrar su vida laboral y personal.
2. Personalización
Los jóvenes con el ¿gen Red? sienten la necesidad de darle un toque personal a todo lo que les rodea para hacerlo más parecido a sí mismos: los tonos del móvil, la configuración del escritorio en su ordenador, etc. Por eso, los jóvenes valoran que un producto o servicio pueda personalizarse, incluso si finalmente prefieren no introducir ningún cambio.
Cuando nosotros éramos niños, no tuvimos la oportunidad de personalizar nuestras comunicaciones, nuestros juguetes, o nuestros móviles. Tampoco podíamos elegir las fuentes de información, ya que ¿el mando? del televisor no nos pertenecía. Los jóvenes de hoy no sólo pueden hacerlo, sino que esperan poder personalizar todo lo que tocan, sea digital o no.
3. Escrutinio
Como consumidores, los Nativos Digitales están dispuestos a analizar y comparar cada servicio y cada producto, cada campaña de promoción y cada práctica corporativa. Se acabó la asunción acrítica de que la información que procesamos es cierta, y de que el producto que adquirimos es simplemente el mejor posible, y no puede ser de otra manera. Los Nativos Digitales son escépticos respecto de la información que encuentran en Internet, y saben bien cómo buscarla y cómo encontrarla. Por eso, lo que esperan es una información veraz y útil para el consumidor, más que un mensaje estrictamente promocional.
Una advertencia para los padres. En contraste con esta capacidad crítica, muchos de los jóvenes no son conscientes de que la información privada que van dejando en las redes sociales, por ejemplo en Facebook, puede ser utilizada contra ellos cuando llegue la hora de postularse para un puesto de trabajo. Por ello es importante que te familiarices con las redes sociales, para que puedas no sólo advertirle de estos peligros, sino ayudarle en el nuevo mundo digital de la misma manera que lo hacemos en casa, en la plaza del pueblo o en la escuela.
4. Integridad
Los Nativos Digitales saben que la tecnología ayuda a eliminar barreras físicas y mentales y, conscientes de este poder, esperan que tanto las organizaciones (escuelas, empresas, partidos, asociaciones) como el resto de los usuarios hagan un uso ético de la tecnología. Buscan la integridad y la transparencia en las organizaciones como ciudadanos, como consumidores y como profesionales.
Para ellos, la honestidad, la autenticidad y la integridad son claves, puesto que sus redes están basadas en la confianza. Es cierto que más del 50% de los Nativos Digitales han descargado alguna vez materiales ilegales (canciones, películas, etc.) pero o bien no lo perciben como ilegal o bien lo justifican de alguna otra manera.
5. Colaboración natural
Los Nativos Digitales son colaboradores? por naturaleza. Han creado nuevas formas de colaboración que les permiten cooperar y trabajar en equipo a escala internacional para alcanzar objetivos compartidos. Son conscientes de que, gracias a la aportación en red de la comunidad, han construido la mayor fuente de conocimiento de la historia. Los jóvenes han creado poderosas redes de influencia en las que aportan información sobre marcas, empresas, productos y servicios.
Esta información compartida, que tiene muy en cuenta las experiencias personales de cada uno, puede ser determinante a la hora de tomar una decisión en el mercado. Son ¿prosumidores?, es decir, productores y consumidores de los productos y servicios que utilizan. Crean redes de influencia y deciden colectivamente sobre las mejores marcas o productos.
6. Entretenimiento
Los jóvenes de la nueva generación han llevado al trabajo la mentalidad y la interactividad del juego. Aprenden jugando e interactuando con la nueva realidad. Por eso, sólo liberan su creatividad y su talento si realmente se divierten con lo que hacen. No aceptan el paradigma anterior: hay unas horas en las que se trabaja y otras en las que uno se divierte.
Esa división, la que dice que la vida personal es para divertirse y que el trabajo es esencialmente ¿no vida?. Buscan trabajar en algo que les permita ser la misma persona en su vida personal y profesional. Necesitan trabajar en un entorno que les satisfaga emocionalmente. De lo contrario, no tienen ningún inconveniente en cambiar de empresa.
7. Velocidad
Los Nativos Digitales esperan una respuesta prácticamente inmediata, porque la velocidad es una característica fundamental del nuevo mundo en el que vivimos. La información fluye a toda velocidad, el ritmo de los cambios es cada vez más acelerado.
Por eso los jóvenes buscan que la tecnología les permita acceder más rápidamente al resto de usuarios, estudiantes, profesores y organizaciones. La comunicación digital es natural para ellos y, una vez han iniciado una relación, no necesitan el contacto personal para mantenerla.
8. Innovación
La nueva generación siempre busca nuevas formas de colaboración, de entretenimiento, de trabajo y de aprendizaje. Conceden, por tanto, una gran importancia a la innovación y la invención, y esperan que las organizaciones sean capaces de incorporar estos valores para mejorar su funcionamiento.
En el entorno laboral, la innovación supone normalmente cuestionar las viejas formas de trabajar, que hemos creado para resolver problemas que ya no son relevantes para la organización. No aceptan fácilmente el ¿ordeno y mando?, la burocracia y las jerarquías. Son creativos y naturalmente colaborativos.
A modo de resumen
Pese a la visión negativa que, muchas veces, las personas y organizaciones que se resisten al cambio proyectan sobre los jóvenes, la nueva generación es rápida e inteligente, y más abierta a la diversidad. Son capaces de gestionar más eficazmente grandes cantidades de información. Con su apuesta por la libertad y la velocidad, están transformando todas las instituciones de la vida moderna: el mercado, las organizaciones de trabajo, la familia, la política, la educación y la cultura.
Ocho características los definen, y los diferencian de la generación del baby boom: aprecian la libertad; quieren personalizarlo todo, hacerlo a su medida; para ellos colaborar con los demás es lo más natural, y por eso disfrutan más de una conversación -en la que pueden participar- que de una conferencia en la que sólo pueden escuchar; van a examinarte tanto a ti como a tu organización; valoran la integridad de las personas y las causas; quieren divertirse tanto en la escuela como en el trabajo; para ellos la velocidad es lo más natural; y la innovación forma parte de su vida.
Estos son valores claves, los que marcarán el futuro del liderazgo y de las organizaciones. Es la nueva cultura que está transformando la sociedad. Es una auténtica suerte que tengas un representante de esta nueva generación muy cerca de ti, en tu familia o incluso en tu casa. Escúchale activamente y podrás saber qué aspecto tiene el futuro.
http://maffronti.blogspot.com/2009/06/sabiduria-digital.html
http://www.materialesdelengua.org/LENGUA/lexico/humor/chistepiensa.htm
martes, 25 de enero de 2011
4D, Dream, Soñar el futuro:
"Sigue tus sueños y el Universo abrirá puertas donde antes sólo había paredes". Joseph Campbell
lunes, 24 de enero de 2011
The Happiness Wo r k E t h i c - Shawn Achor
http://changethis.com/manifesto/78.06.HappinessAdvantage/pdf/78.06.HappinessAdvantage.pdf
The single greatest competitive advantage in the modern economy is a positive and
engaged workforce. That is not conjecture.
That is now a confirmed scientific fact. After spending over a decade at Harvard University, I started a small research based consulting firm called Good Think Inc. to bring academic research to companies. A few months later, the global
economy collapsed. This provided us a unique window into studying what causes some people or teams to thrive in the midst of challenge, and others to underperform. In my research and consulting in 42 different countries during the worst economic downturn in recent history, I have discovered that most companies and schools around the world follow the same implicit formula: If you work hard, you will become successful, and once you become successful, then you’ll be happy. This pattern
of belief explains what most often motivates us in life. We think: If I just get that raise, or hit that next sales target, I’ll be happy. If I can just get that next good grade, I’ll be happy. If I lose that five pounds, I’ll be happy. And so on. Success first, happiness second.
The only problem is that this formula is scientifically backwards.
More than a decade of groundbreaking research in the fields of positive psychology and neuroscience has proven in no uncertain terms that the relationship between success and happiness works the other way around. Thanks to this cutting-edge science, we now know that happiness is the precursor to success, not merely the result. And that happiness and optimism actually fuel performance and achievement—giving us the competitive edge called “the happiness advantage.”
The “happiness advantage” is the discovery that nearly every single business outcome
improves when a brain is positive as opposed to negative, neutral, or stressed.
Waiting to be happy limits our brain’s potential for success, whereas cultivating positive brains makes us more motivated, efficient, resilient, creative, and productive, which drives performance upward. This discovery has been confirmed by countless scientific studies, as well as in my own work and research on 1,600 Harvard students and dozens of Fortune 500 companies worldwide.
Take, for example, the meta-analysis of happiness research that brought together the results of over 200 scientific studies on nearly 275,000 people—and found that happiness leads to success in nearly every domain of our lives, including marriage, health, friendship, community involvement, creativity, and, in particular, our jobs, careers, and businesses.1 Data abounds showing that happy workers have higher levels of productivity, produce higher sales, perform better in leadership positions, and receive higher performance ratings and higher pay. They also enjoy more job security
and are less likely to take sick days, to quit, or to become burned out. Happy CEOs are more likely to lead teams of employees who are both happy and healthy, and who find their work climate conducive to high performance. The list of the benefits of happiness in the workplace goes on and on.
At this point you might be thinking: Maybe people are happy because they are more productive and earn higher pay. As psychology graduate students are taught to repeat ad nauseam: “Correlation is not causation.” In other words, studies often only tell us that two things are related; to find out which causes which, we need to look at it more closely and find out which came first. So which comes first,the chicken or the egg? Does happiness come before success or success before happiness?
One way psychologists attempt to answer this question is to follow people over long periods of time. One study, for example, measured the initial level of positive emotions in 272 employees,then followed their job performance over the next eighteen months.2 And they found that even after controlling for other factors, those who were happier at the beginning ended up receiving better evaluations and higher pay later on. Another study found that how happy individuals were as college freshmen would predict how high their income was nineteen years later, regardless of their
initial level of wealth.
Waiting to be happy limits our brain’s potential for success, whereas cultivating positive brains makes us more motivated, efficient,resilient, creative, and productive.
Another way to answer the chicken and egg question is to examine what happens right after you prime someone for positivity. Well it turns out that happiness gives us a real chemical edge on the competition. How? Positive emotions flood our brains with dopamine and serotonin, chemicals that not only make us feel good, but dial up the learning centers of our brains to higher levels.
They help us organize new information, keep that information in the brain longer, and retrieve it faster later on. And they enable us to make and sustain more neural connections, which allows us to think more quickly and creatively, become more skilled at complex analysis and problem solving, and see and invent new ways of doing things.
We even quite literally see more of what’s around us when we’re feeling happy. A recent University of Toronto study found that our mood can actually change how our visual cortex—the part of the brain responsible for sight—processes information.4 In this experiment, people were primed to think of positive or negative experiences, then asked to look at a series of pictures. Those who were put in a negative mood didn’t process all the images in the pictures—missing substantial parts of the
background—while those in a good mood saw everything. Eye-tracking experiments have shown the same thing: Positive emotions actually expand our peripheral line of vision.5
Think of the edge all this gives us in the workplace. After all, who wouldn’t want to see out-of-the-box solutions, spot opportunities, and better see how to build upon the ideas of others? In today’s innovation-driven knowledge economy, business success in practically every job or profession hinges on being able to find creative and novel solutions to problems.
For example, when researchers at Merck first began studying the effects of a drug called Finasteride, they were intent on finding a cure for benign prostatic hyperplasia, otherwise known as an enlarged prostate. During checkups with the research subjects, though, they learned that many of the participants were experiencing a weird side effect: They were regrowing hair. Fortunately, the Merck
researchers could see the billion-dollar product hiding in the unexpected side effect, and Propecia was born.
The Happiness Advantage is why cutting-edge software companies have foosball tables in the employee lounge, why Yahoo! has an in-house massage parlor, and why Google engineers are encouraged to bring their dogs to work. These aren’t just PR gimmicks. Smart companies cultivate these kinds of working environments because every time employees experience a small burst of happiness, they get primed for creativity and innovation. They see solutions they might otherwise have missed.
Famed CEO Richard Branson has said that, “more than any other element, fun is the secret of Virgin’s success.” This isn’t just because fun is, well, fun. It’s because fun also leads to bottom-line results.
But you don’t have to be a chief executive, or powerful enough to make sweeping policy changes, to capitalize on the Happiness Advantage. Even the smallest moments of positivity in the workplace can enhance efficiency, motivation, and creativity. One way to do this is to provide frequent recognition and encouragement to those around you. This may sound simple (or silly), but studies have shown that managers who do so see a substantial increase in their employees’ productivity. And not
just by some small amount; one study found that project teams with encouraging managers performed 31% better than teams whose managers were less positive and less open with praise.6 In fact, when recognition is specific and deliberately delivered, it is even more motivating than money.7
Recognition can be given in traditional ways—a complimentary e-mail, or a pat on the back for a job well done. But you can also get creative with it. One of my favorite examples is the one business consultant Alexander Kjerulf cites about a Danish car company that instituted “The Order of the Elephant.”
8 The elephant is a two-foot-tall stuffed animal that any employee can give to another as a reward for doing something exemplary. The benefits come not just in the delivery and reception of well-earned praise, but afterwards as well. As Kjerulf explains, “other employees stopping by immediately notice the elephant and go, ‘Hey, you got the elephant. What’d you do?’, which of course means that the good stories and best practices get told and re-told many times.”
Just as important as what you say to employees is how you say it—the best leaders know that delivering instructions in an angry, negative tone handicaps their employees before the task is even underway. One study done at the Yale School of Management paints this picture perfectly.
9 Student volunteers were put in teams to do business tasks together, with the goal of earning money for an imaginary company. Then in came the “manager” who was actually an actor instructed to speak in one of four ways: with “cheerful enthusiasm,” “serene warmth,” “depressed sluggishness,” or “hostile irritability.” Of these four groups, which two do you think not only became more positive themselves, but proved far more effective than the other groups, winning their companies more profit in the end?
Now think about which of these four tones you use most often. It might surprise you; we’re often entirely unaware of the messages we’re sending. Last year during a lecture I was giving, one woman in the audience sat scowling at me the entire time. But then afterward, she was one of the people who waited in line to tell me personally how much she loved the presentation. I was shocked.
Then I thought about how much negativity she was probably spreading to her employees on a daily basis, without even knowing it. So the next time you interact with a colleague or direct report, make an effort to adopt a more positive tone and facial expression. This does not mean you should be inauthentic, smother your true feelings, or paint an awkward smile on your face. But the more you make a genuine effort to avoid slipping into an apathetic or irritable tone, the more your team’s
performance will benefit.
This isn’t only true in corporate settings. In environments thought to be even more stoic than corporate America—like the military—leaders who openly express their positivity get the most out of their teams. In the U.S. Navy, researchers found, annual prizes for efficiency and preparedness are far more frequently awarded to squadrons whose commanding officers are openly encouraging.10 On the other hand, the squadrons receiving the lowest marks in performance are generally led by commanders
with a negative, controlling, and aloof demeanor. Even in an environment where one would think the harsh “military taskmaster” style of leadership would be most effective, positivity wins out.
Sure, there will always be naysayers and skeptics who admit that happiness may make work more enjoyable, but resist the notion that it can give us a real, measurable competitive advantage. This is too bad. Maybe they think focusing on happiness in a serious business setting is unnatural, or a waste of time and effort, or maybe they believe that encouragement and recognition should be used as rewards for high performance, not as tools for driving it.
And for some leaders, positivity simply comes less naturally than it does for others. As a London bank executive once told me: “That’s a great idea. I’ll never do it.”
To help these people capitalize on the Happiness Advantage, I often recommend that they keep one thing in mind: the number 2.9013. This may seem random, but a decade of research on high and low performance teams by psychologist and business consultant Marcial Losada shows just how important it is.11 Based on Losada’s extensive mathematical modeling, 2.9013 is the ratio of positive to negative interactions necessary to make a corporate team successful. This means that it takes
about three positive comments, experiences, or expressions to fend off the anguishing effects of one negative. Dip below this tipping point, now known as the Losada Line, and workplace performance quickly suffers. Rise above it—ideally, the research shows, to a ratio of 6 to 1—and teams produce their very best work.
This is not just some arcane mathematical formula, either. Losada himself observed countless examples of it in action. For instance, he once worked with a global mining company suffering from process losses greater than 10%; unsurprisingly, he found that their positivity ratio was only 1.15.12 But after team leaders were instructed to give more positive feedback and encourage more positive interactions, their teams’ average ratio increased to 3.56. And in turn, they made
giant strides in production, improving their performance by over 40%.
Though originally skeptical, the company’s CEO couldn’t help but exult in the “notable transformation.”
He confided to Losada: “You untied knots that imprisoned us: Today we look at each other differently, we trust each other more, we learned to disagree without being disagreeable. We care not only about our personal success, but also about the success of others. Most important, we obtain tangible results.”
Losada’s mathematical ratio joins the increasingly long line of evidence in support of the Happiness Advantage—just one more way that groundbreaking science has triggered a revolution in the workplace.
The science is clear. Happiness is not only a choice, it is a work ethic.
About the Author
Shawn Achor is one of the world’s leading experts on human potential. Trained by some of the foremost pioneers in the field of positive psychology, he helped design the famed “happiness” course, the most popular at Harvard University at the time. Shawn has now lectured in 45 countries on how happiness affects performance. He is the founder of Good Think Inc., a consulting firm that uses research to enhance
individual achievement and cultivate a more productive workplace. Achor’s lectures on the science of happiness have received
The single greatest competitive advantage in the modern economy is a positive and
engaged workforce. That is not conjecture.
That is now a confirmed scientific fact. After spending over a decade at Harvard University, I started a small research based consulting firm called Good Think Inc. to bring academic research to companies. A few months later, the global
economy collapsed. This provided us a unique window into studying what causes some people or teams to thrive in the midst of challenge, and others to underperform. In my research and consulting in 42 different countries during the worst economic downturn in recent history, I have discovered that most companies and schools around the world follow the same implicit formula: If you work hard, you will become successful, and once you become successful, then you’ll be happy. This pattern
of belief explains what most often motivates us in life. We think: If I just get that raise, or hit that next sales target, I’ll be happy. If I can just get that next good grade, I’ll be happy. If I lose that five pounds, I’ll be happy. And so on. Success first, happiness second.
The only problem is that this formula is scientifically backwards.
More than a decade of groundbreaking research in the fields of positive psychology and neuroscience has proven in no uncertain terms that the relationship between success and happiness works the other way around. Thanks to this cutting-edge science, we now know that happiness is the precursor to success, not merely the result. And that happiness and optimism actually fuel performance and achievement—giving us the competitive edge called “the happiness advantage.”
The “happiness advantage” is the discovery that nearly every single business outcome
improves when a brain is positive as opposed to negative, neutral, or stressed.
Waiting to be happy limits our brain’s potential for success, whereas cultivating positive brains makes us more motivated, efficient, resilient, creative, and productive, which drives performance upward. This discovery has been confirmed by countless scientific studies, as well as in my own work and research on 1,600 Harvard students and dozens of Fortune 500 companies worldwide.
Take, for example, the meta-analysis of happiness research that brought together the results of over 200 scientific studies on nearly 275,000 people—and found that happiness leads to success in nearly every domain of our lives, including marriage, health, friendship, community involvement, creativity, and, in particular, our jobs, careers, and businesses.1 Data abounds showing that happy workers have higher levels of productivity, produce higher sales, perform better in leadership positions, and receive higher performance ratings and higher pay. They also enjoy more job security
and are less likely to take sick days, to quit, or to become burned out. Happy CEOs are more likely to lead teams of employees who are both happy and healthy, and who find their work climate conducive to high performance. The list of the benefits of happiness in the workplace goes on and on.
At this point you might be thinking: Maybe people are happy because they are more productive and earn higher pay. As psychology graduate students are taught to repeat ad nauseam: “Correlation is not causation.” In other words, studies often only tell us that two things are related; to find out which causes which, we need to look at it more closely and find out which came first. So which comes first,the chicken or the egg? Does happiness come before success or success before happiness?
One way psychologists attempt to answer this question is to follow people over long periods of time. One study, for example, measured the initial level of positive emotions in 272 employees,then followed their job performance over the next eighteen months.2 And they found that even after controlling for other factors, those who were happier at the beginning ended up receiving better evaluations and higher pay later on. Another study found that how happy individuals were as college freshmen would predict how high their income was nineteen years later, regardless of their
initial level of wealth.
Waiting to be happy limits our brain’s potential for success, whereas cultivating positive brains makes us more motivated, efficient,resilient, creative, and productive.
Another way to answer the chicken and egg question is to examine what happens right after you prime someone for positivity. Well it turns out that happiness gives us a real chemical edge on the competition. How? Positive emotions flood our brains with dopamine and serotonin, chemicals that not only make us feel good, but dial up the learning centers of our brains to higher levels.
They help us organize new information, keep that information in the brain longer, and retrieve it faster later on. And they enable us to make and sustain more neural connections, which allows us to think more quickly and creatively, become more skilled at complex analysis and problem solving, and see and invent new ways of doing things.
We even quite literally see more of what’s around us when we’re feeling happy. A recent University of Toronto study found that our mood can actually change how our visual cortex—the part of the brain responsible for sight—processes information.4 In this experiment, people were primed to think of positive or negative experiences, then asked to look at a series of pictures. Those who were put in a negative mood didn’t process all the images in the pictures—missing substantial parts of the
background—while those in a good mood saw everything. Eye-tracking experiments have shown the same thing: Positive emotions actually expand our peripheral line of vision.5
Think of the edge all this gives us in the workplace. After all, who wouldn’t want to see out-of-the-box solutions, spot opportunities, and better see how to build upon the ideas of others? In today’s innovation-driven knowledge economy, business success in practically every job or profession hinges on being able to find creative and novel solutions to problems.
For example, when researchers at Merck first began studying the effects of a drug called Finasteride, they were intent on finding a cure for benign prostatic hyperplasia, otherwise known as an enlarged prostate. During checkups with the research subjects, though, they learned that many of the participants were experiencing a weird side effect: They were regrowing hair. Fortunately, the Merck
researchers could see the billion-dollar product hiding in the unexpected side effect, and Propecia was born.
The Happiness Advantage is why cutting-edge software companies have foosball tables in the employee lounge, why Yahoo! has an in-house massage parlor, and why Google engineers are encouraged to bring their dogs to work. These aren’t just PR gimmicks. Smart companies cultivate these kinds of working environments because every time employees experience a small burst of happiness, they get primed for creativity and innovation. They see solutions they might otherwise have missed.
Famed CEO Richard Branson has said that, “more than any other element, fun is the secret of Virgin’s success.” This isn’t just because fun is, well, fun. It’s because fun also leads to bottom-line results.
But you don’t have to be a chief executive, or powerful enough to make sweeping policy changes, to capitalize on the Happiness Advantage. Even the smallest moments of positivity in the workplace can enhance efficiency, motivation, and creativity. One way to do this is to provide frequent recognition and encouragement to those around you. This may sound simple (or silly), but studies have shown that managers who do so see a substantial increase in their employees’ productivity. And not
just by some small amount; one study found that project teams with encouraging managers performed 31% better than teams whose managers were less positive and less open with praise.6 In fact, when recognition is specific and deliberately delivered, it is even more motivating than money.7
Recognition can be given in traditional ways—a complimentary e-mail, or a pat on the back for a job well done. But you can also get creative with it. One of my favorite examples is the one business consultant Alexander Kjerulf cites about a Danish car company that instituted “The Order of the Elephant.”
8 The elephant is a two-foot-tall stuffed animal that any employee can give to another as a reward for doing something exemplary. The benefits come not just in the delivery and reception of well-earned praise, but afterwards as well. As Kjerulf explains, “other employees stopping by immediately notice the elephant and go, ‘Hey, you got the elephant. What’d you do?’, which of course means that the good stories and best practices get told and re-told many times.”
Just as important as what you say to employees is how you say it—the best leaders know that delivering instructions in an angry, negative tone handicaps their employees before the task is even underway. One study done at the Yale School of Management paints this picture perfectly.
9 Student volunteers were put in teams to do business tasks together, with the goal of earning money for an imaginary company. Then in came the “manager” who was actually an actor instructed to speak in one of four ways: with “cheerful enthusiasm,” “serene warmth,” “depressed sluggishness,” or “hostile irritability.” Of these four groups, which two do you think not only became more positive themselves, but proved far more effective than the other groups, winning their companies more profit in the end?
Now think about which of these four tones you use most often. It might surprise you; we’re often entirely unaware of the messages we’re sending. Last year during a lecture I was giving, one woman in the audience sat scowling at me the entire time. But then afterward, she was one of the people who waited in line to tell me personally how much she loved the presentation. I was shocked.
Then I thought about how much negativity she was probably spreading to her employees on a daily basis, without even knowing it. So the next time you interact with a colleague or direct report, make an effort to adopt a more positive tone and facial expression. This does not mean you should be inauthentic, smother your true feelings, or paint an awkward smile on your face. But the more you make a genuine effort to avoid slipping into an apathetic or irritable tone, the more your team’s
performance will benefit.
This isn’t only true in corporate settings. In environments thought to be even more stoic than corporate America—like the military—leaders who openly express their positivity get the most out of their teams. In the U.S. Navy, researchers found, annual prizes for efficiency and preparedness are far more frequently awarded to squadrons whose commanding officers are openly encouraging.10 On the other hand, the squadrons receiving the lowest marks in performance are generally led by commanders
with a negative, controlling, and aloof demeanor. Even in an environment where one would think the harsh “military taskmaster” style of leadership would be most effective, positivity wins out.
Sure, there will always be naysayers and skeptics who admit that happiness may make work more enjoyable, but resist the notion that it can give us a real, measurable competitive advantage. This is too bad. Maybe they think focusing on happiness in a serious business setting is unnatural, or a waste of time and effort, or maybe they believe that encouragement and recognition should be used as rewards for high performance, not as tools for driving it.
And for some leaders, positivity simply comes less naturally than it does for others. As a London bank executive once told me: “That’s a great idea. I’ll never do it.”
To help these people capitalize on the Happiness Advantage, I often recommend that they keep one thing in mind: the number 2.9013. This may seem random, but a decade of research on high and low performance teams by psychologist and business consultant Marcial Losada shows just how important it is.11 Based on Losada’s extensive mathematical modeling, 2.9013 is the ratio of positive to negative interactions necessary to make a corporate team successful. This means that it takes
about three positive comments, experiences, or expressions to fend off the anguishing effects of one negative. Dip below this tipping point, now known as the Losada Line, and workplace performance quickly suffers. Rise above it—ideally, the research shows, to a ratio of 6 to 1—and teams produce their very best work.
This is not just some arcane mathematical formula, either. Losada himself observed countless examples of it in action. For instance, he once worked with a global mining company suffering from process losses greater than 10%; unsurprisingly, he found that their positivity ratio was only 1.15.12 But after team leaders were instructed to give more positive feedback and encourage more positive interactions, their teams’ average ratio increased to 3.56. And in turn, they made
giant strides in production, improving their performance by over 40%.
Though originally skeptical, the company’s CEO couldn’t help but exult in the “notable transformation.”
He confided to Losada: “You untied knots that imprisoned us: Today we look at each other differently, we trust each other more, we learned to disagree without being disagreeable. We care not only about our personal success, but also about the success of others. Most important, we obtain tangible results.”
Losada’s mathematical ratio joins the increasingly long line of evidence in support of the Happiness Advantage—just one more way that groundbreaking science has triggered a revolution in the workplace.
The science is clear. Happiness is not only a choice, it is a work ethic.
About the Author
Shawn Achor is one of the world’s leading experts on human potential. Trained by some of the foremost pioneers in the field of positive psychology, he helped design the famed “happiness” course, the most popular at Harvard University at the time. Shawn has now lectured in 45 countries on how happiness affects performance. He is the founder of Good Think Inc., a consulting firm that uses research to enhance
individual achievement and cultivate a more productive workplace. Achor’s lectures on the science of happiness have received
4D, Dream, Soñar el futuro:
"Cualquier cosa que la mente del hombre pueda concebir, también la puede alcanzar".
W. Clement Stone
W. Clement Stone
domingo, 23 de enero de 2011
"No os dejéis atrapar por los dogmas"
"No os dejéis atrapar por los dogmas, que es vivir con el resultado del razonamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones ajenas ahogue vuestra voz interior, Y, lo más importante, tened el coraje de seguir vuestros impulsos y vuestra intuición. Porque de alguna manera son los que saben lo que queréis ser. Lo demás es secundario".
El consejo no parece fácil de seguir, pero a Steve Jobs le ha llevado a la cima y le ha convertido en una de las personas más reverenciadas y temidas de Silicon Valley.
El consejo no parece fácil de seguir, pero a Steve Jobs le ha llevado a la cima y le ha convertido en una de las personas más reverenciadas y temidas de Silicon Valley.
Imaginacion creadora
http://line-do.blogspot.com/2009/09/imaginacion-creadora.html
Imaginacion creadora
La imaginación creadora, es impulsada por nuestra motivación e inspiración y es dirigida por la inteligencia, es la mas utilizada por aquellos que sobresalen sobre los demás en cualquier campo, ya sea en los negocios, inventos, las artes...
De ella surge el pensamiento creador como resultado de la combinación de la realidad y la fantasía, es la "revolvedora de problemas" de nuestra vida diaria, cuando no encontramos una respuesta lógica o premeditada, es la que nos hace pensar en "esas preguntas que nos inquieta" y busca de forma ingeniosa las respuestas, es la gran motora del progreso humano, es nuestra "inteligencia superior".
La imaginación creadora es la que interesa ejercitar y desarrollar, para que sepa y pueda crear ideas nuevas, abandonando los senderos de la rutina, es la que nos libera y nos "hace sentir libre y en contacto con uno mismo", es la que nos hace "volar" y salir del "agujero", donde nada es lo que parece y nada se da por hecho, todo es posible y prácticamente no hay limitaciones, imaginar prácticamente es darle rienda suelta a tu "ser mas personal e intimo".
La imaginación organizadora, es más activa y dinámica, puede dividirse en: Imaginación automática, imaginación creadora.
Imaginación reproductora, es la que tiene un carácter pasivo y viene a ser una extensión de la memoria, es habitual en ser humano y en los animales, por ejemplo, si piensas en algo que te guste, un manjar, piensas en un helado de tu gusto, tienes hambre, nos hará "la boca agua", este tipo de imaginación lo logramos, apenas sin esfuerzos, es nuestra imaginación reproductora.
El poder de la imaginacion
La imaginación es nuestro poder creador que ilumina todo trabajo, que le da vida y significado a cada momento de nuestra existencia.
Mi más favorita, de las cualidades humana, empleada por grandes artistas de la pintura, escritura, música, grandes científicos, inventores, aventureros, descubridores...etc.
"La imaginación es la facultad que dibuja, modela y da color a nuestras ideas; es la intermediaria indispensable entre el pensamiento, las emociones y la acción". Renán.
"Es una facultad sorprendente, instrumento que hace posible las invenciones, y sin ella, ni Newton hubiera descubierto el cálculo diferencial, ni Davey habría hecho sus famosos análisis químicos, ni Colon jamás hubiera llegado al Nuevo Continente". Brodie.
La imaginación va mas allá de lo conceptual, rompe con los esquemas, derriba barreras, es la mente libre en acción, aliada con la inspiración multiplica su poder mas allá de lo conocido, es el nacimiento del deseo y la pasión que nos arrastra hasta lograr su consecución, su manifestación o su ejecución, rompe con los moldes establecidos de la sociedad y de la cultura, porque lo que hoy es valido y funcional, mañana puede que no lo sea, todo se lo debemos al poder creativo.
Frases populares:
"La creatividad amplia todos los límites.
Imaginar es vivir un poco más felices.
La imaginación es la herramienta más eficaz y maravillosa, pero sólo para aquellos que la utilizan.
Los sueños son la meta y la imaginación el transporte... la realidad, el punto de partida...
La suprema facultad del hombre no es la razón sino la imaginación.
La imaginación no lo es todo, sino que el todo forma parte de la imaginación.
Del imaginar viene el existir, por eso nos podemos preguntar. Si no imagináramos, ¿existiría todo esto?
Todos los humanos estamos hechos de la materia con la que se trenzan los sueños.
El poder de la mente no cabe en el universo...
El pensar es el portal hacia el espacio, el imaginar es el portal del infinito.
Imagina la felicidad y sencillamente ésta llega a tí. Imagina una sonrisa y ésta te hará reír".
Imaginacion creadora
La imaginación creadora, es impulsada por nuestra motivación e inspiración y es dirigida por la inteligencia, es la mas utilizada por aquellos que sobresalen sobre los demás en cualquier campo, ya sea en los negocios, inventos, las artes...
De ella surge el pensamiento creador como resultado de la combinación de la realidad y la fantasía, es la "revolvedora de problemas" de nuestra vida diaria, cuando no encontramos una respuesta lógica o premeditada, es la que nos hace pensar en "esas preguntas que nos inquieta" y busca de forma ingeniosa las respuestas, es la gran motora del progreso humano, es nuestra "inteligencia superior".
La imaginación creadora es la que interesa ejercitar y desarrollar, para que sepa y pueda crear ideas nuevas, abandonando los senderos de la rutina, es la que nos libera y nos "hace sentir libre y en contacto con uno mismo", es la que nos hace "volar" y salir del "agujero", donde nada es lo que parece y nada se da por hecho, todo es posible y prácticamente no hay limitaciones, imaginar prácticamente es darle rienda suelta a tu "ser mas personal e intimo".
La imaginación organizadora, es más activa y dinámica, puede dividirse en: Imaginación automática, imaginación creadora.
Imaginación reproductora, es la que tiene un carácter pasivo y viene a ser una extensión de la memoria, es habitual en ser humano y en los animales, por ejemplo, si piensas en algo que te guste, un manjar, piensas en un helado de tu gusto, tienes hambre, nos hará "la boca agua", este tipo de imaginación lo logramos, apenas sin esfuerzos, es nuestra imaginación reproductora.
El poder de la imaginacion
La imaginación es nuestro poder creador que ilumina todo trabajo, que le da vida y significado a cada momento de nuestra existencia.
Mi más favorita, de las cualidades humana, empleada por grandes artistas de la pintura, escritura, música, grandes científicos, inventores, aventureros, descubridores...etc.
"La imaginación es la facultad que dibuja, modela y da color a nuestras ideas; es la intermediaria indispensable entre el pensamiento, las emociones y la acción". Renán.
"Es una facultad sorprendente, instrumento que hace posible las invenciones, y sin ella, ni Newton hubiera descubierto el cálculo diferencial, ni Davey habría hecho sus famosos análisis químicos, ni Colon jamás hubiera llegado al Nuevo Continente". Brodie.
La imaginación va mas allá de lo conceptual, rompe con los esquemas, derriba barreras, es la mente libre en acción, aliada con la inspiración multiplica su poder mas allá de lo conocido, es el nacimiento del deseo y la pasión que nos arrastra hasta lograr su consecución, su manifestación o su ejecución, rompe con los moldes establecidos de la sociedad y de la cultura, porque lo que hoy es valido y funcional, mañana puede que no lo sea, todo se lo debemos al poder creativo.
Frases populares:
"La creatividad amplia todos los límites.
Imaginar es vivir un poco más felices.
La imaginación es la herramienta más eficaz y maravillosa, pero sólo para aquellos que la utilizan.
Los sueños son la meta y la imaginación el transporte... la realidad, el punto de partida...
La suprema facultad del hombre no es la razón sino la imaginación.
La imaginación no lo es todo, sino que el todo forma parte de la imaginación.
Del imaginar viene el existir, por eso nos podemos preguntar. Si no imagináramos, ¿existiría todo esto?
Todos los humanos estamos hechos de la materia con la que se trenzan los sueños.
El poder de la mente no cabe en el universo...
El pensar es el portal hacia el espacio, el imaginar es el portal del infinito.
Imagina la felicidad y sencillamente ésta llega a tí. Imagina una sonrisa y ésta te hará reír".
Flujo (psicología) y Psicología positiva
http://es.wikipedia.org/wiki/Flujo_%28Psicolog%C3%ADa%29
El flujo es el estado mental operativo en el cual la persona está completamente inmersa en la actividad que está ejecutando. Se caracteriza por un sentimiento de enfocar la energía, de total implicación con la tarea, y de éxito en la realización de la actividad. Esta sensación se experimenta mientras la actividad está en curso. El concepto de flujo fue propuesto por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en 1975 y, a partir de entonces, se ha difundido extensamente en diferentes campos.
Componentes de flujo
Según Csikszentmihalyi, los componentes de una experiencia de flujo son los siguientes:
1. Objetivos claros (las expectativas y normas se pueden percibir y los objetivos son alcanzables apropiadamente con el conjunto de habilidades y destrezas).
2. Concentración y enfoque, un alto grado de concentración en un limitado campo de atención (una persona relacionada con la actividad tendrá la oportunidad para enfocar y profundizar en el asunto).
3. Una pérdida del sentimiento de autoconocimiento, la fusión entre acción y conciencia.
4. Distorsión del sentido del tiempo, se altera la percepción subjetiva de la experiencia temporal.
5. Retroalimentación directa e inmediata (éxitos y fallos en el curso de la actividad son obvios, así el comportamiento puede ser ajustado como se necesite).
6. Equilibrio entre el nivel de habilidad y el desafío (la actividad no es ni demasiado fácil ni demasiado complicada).
7. Un sentimiento de control personal sobre la situación o actividad.
8. La actividad es intrínsecamente gratificante, así no se nota el esfuerzo cuando se ejecuta.
9. Cuando se está en el estado de flujo, las personas llegan a estar absorbidas en sus actividades, y el foco de conciencia se reduce a la actividad misma, acción y conciencia se fusionan (Csikszentmihalyi, 1975. p.72).
No todos estos componentes son necesarios para conseguir una experiencia de flujo.
Psicología positiva
">http://es.wikipedia.org/wiki/Psicolog%C3%ADa_positiva
La psicología positiva estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad así como de las fortalezas y virtudes humanas. Tradicionalmente la ciencia psicológica ha dedicado mucho esfuerzo a estudiar los aspectos negativos y patológicos del ser humano (ansiedad, estrés, depresión, etc), dejando de lado a menudo el estudio de aspectos más positivos como, por ejemplo, la creatividad, la inteligencia emocional, el humor, la sabiduría, la felicidad, la resiliencia, etc. El impulso definitivo para la creación de la psicología positiva fue dado por el Prof. Martin Seligman de la Universidad de Pennsylvania y antiguo Director de la Asociación Americana de Psicología.
A finales de los años 1990 este conocido investigador, tras destacar la necesidad de investigar de forma decidida los aspectos saludables del ser humano, propuso la creación de la psicología positiva como corriente específica dentro de la psicología, y contó para ello con investigadores de gran renombre como Mihaly Csikszentmihalyi (quien fue director del departamento de psicología de la Universidad de Chicago).
Se pueden encontrar antecedentes de la psicología positiva en filósofos como Aristóteles, que dedicó parte de sus escritos a la eudaimonia (término griego habitualmente traducido como felicidad), pero también en psicólogos como Abraham Maslow o Carl Rogers, pertenecientes a la corriente llamada psicología humanista. Una de las características definitorias de la psicología positiva respecto a sus antecedentes históricos radica en que dentro de sus principios se establece que se enmarcará dentro del método científico. De esta forma, los hallazgos obtenidos así como las aplicaciones tendrán la garantía de haber sido validadas científicamente.
La psicología positiva estudia diversos aspectos del ser humano: emociones positivas como la felicidad, la alegría o el amor, y fortalezas como el optimismo, la creatividad, la gratitud, la sabiduría, o la resiliencia.
Estudios recientes han mostrado, por ejemplo, que la influencia de los ingresos económicos sobre la felicidad sólo es relevante hasta cubrir las necesidades básicas. A partir de un determinado nivel, mayores niveles de ingresos parecen no aportar mayores niveles de felicidad. Por el contrario, la cantidad y calidad de relaciones interpersonales aparece como el factor que más a menudo aparece asociado a un mayor nivel de bienestar psicológico percibido. Otros factores como el optimismo, la autoestima y la gratitud, o rasgos básicos de personalidad como la extraversión y la estabilidad emocional, también aparecen relacionados con mayores niveles de felicidad.[cita requerida]
Actualmente los avances científicos permiten a los psicólogos utilizar herramientas eficaces que permiten a las personas, no sólo tratar el malestar emocional, sino prevenir su aparición mediante el entrenamiento de técnicas y estrategias que nos hacen más fuertes y más sanos. La orientación preventiva fue la idea original de Seligman y constituye una de las bases de esta corriente.
El movimiento de la Psicología Positiva se inscribe dentro de la psicología académica por deseo expreso de sus fundadores, es decir, sus conocimientos se elaboran y discuten dentro de las universidades, instituciones de investigación y órganos y eventos asociados (p. ej.,asociaciones y congresos científicos). Esto pretende garantizar la máxima fiabilidad a los contenidos que se agrupen dentro de la etiqueta "Psicología positiva". Por tanto, se ruega máxima prevención ante instituciones privadas que puedan usar esta etiqueta de forma poco ética o incluso fraudulenta.
El flujo es el estado mental operativo en el cual la persona está completamente inmersa en la actividad que está ejecutando. Se caracteriza por un sentimiento de enfocar la energía, de total implicación con la tarea, y de éxito en la realización de la actividad. Esta sensación se experimenta mientras la actividad está en curso. El concepto de flujo fue propuesto por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en 1975 y, a partir de entonces, se ha difundido extensamente en diferentes campos.
Componentes de flujo
Según Csikszentmihalyi, los componentes de una experiencia de flujo son los siguientes:
1. Objetivos claros (las expectativas y normas se pueden percibir y los objetivos son alcanzables apropiadamente con el conjunto de habilidades y destrezas).
2. Concentración y enfoque, un alto grado de concentración en un limitado campo de atención (una persona relacionada con la actividad tendrá la oportunidad para enfocar y profundizar en el asunto).
3. Una pérdida del sentimiento de autoconocimiento, la fusión entre acción y conciencia.
4. Distorsión del sentido del tiempo, se altera la percepción subjetiva de la experiencia temporal.
5. Retroalimentación directa e inmediata (éxitos y fallos en el curso de la actividad son obvios, así el comportamiento puede ser ajustado como se necesite).
6. Equilibrio entre el nivel de habilidad y el desafío (la actividad no es ni demasiado fácil ni demasiado complicada).
7. Un sentimiento de control personal sobre la situación o actividad.
8. La actividad es intrínsecamente gratificante, así no se nota el esfuerzo cuando se ejecuta.
9. Cuando se está en el estado de flujo, las personas llegan a estar absorbidas en sus actividades, y el foco de conciencia se reduce a la actividad misma, acción y conciencia se fusionan (Csikszentmihalyi, 1975. p.72).
No todos estos componentes son necesarios para conseguir una experiencia de flujo.
Psicología positiva
">http://es.wikipedia.org/wiki/Psicolog%C3%ADa_positiva
La psicología positiva estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad así como de las fortalezas y virtudes humanas. Tradicionalmente la ciencia psicológica ha dedicado mucho esfuerzo a estudiar los aspectos negativos y patológicos del ser humano (ansiedad, estrés, depresión, etc), dejando de lado a menudo el estudio de aspectos más positivos como, por ejemplo, la creatividad, la inteligencia emocional, el humor, la sabiduría, la felicidad, la resiliencia, etc. El impulso definitivo para la creación de la psicología positiva fue dado por el Prof. Martin Seligman de la Universidad de Pennsylvania y antiguo Director de la Asociación Americana de Psicología.
A finales de los años 1990 este conocido investigador, tras destacar la necesidad de investigar de forma decidida los aspectos saludables del ser humano, propuso la creación de la psicología positiva como corriente específica dentro de la psicología, y contó para ello con investigadores de gran renombre como Mihaly Csikszentmihalyi (quien fue director del departamento de psicología de la Universidad de Chicago).
Se pueden encontrar antecedentes de la psicología positiva en filósofos como Aristóteles, que dedicó parte de sus escritos a la eudaimonia (término griego habitualmente traducido como felicidad), pero también en psicólogos como Abraham Maslow o Carl Rogers, pertenecientes a la corriente llamada psicología humanista. Una de las características definitorias de la psicología positiva respecto a sus antecedentes históricos radica en que dentro de sus principios se establece que se enmarcará dentro del método científico. De esta forma, los hallazgos obtenidos así como las aplicaciones tendrán la garantía de haber sido validadas científicamente.
La psicología positiva estudia diversos aspectos del ser humano: emociones positivas como la felicidad, la alegría o el amor, y fortalezas como el optimismo, la creatividad, la gratitud, la sabiduría, o la resiliencia.
Estudios recientes han mostrado, por ejemplo, que la influencia de los ingresos económicos sobre la felicidad sólo es relevante hasta cubrir las necesidades básicas. A partir de un determinado nivel, mayores niveles de ingresos parecen no aportar mayores niveles de felicidad. Por el contrario, la cantidad y calidad de relaciones interpersonales aparece como el factor que más a menudo aparece asociado a un mayor nivel de bienestar psicológico percibido. Otros factores como el optimismo, la autoestima y la gratitud, o rasgos básicos de personalidad como la extraversión y la estabilidad emocional, también aparecen relacionados con mayores niveles de felicidad.[cita requerida]
Actualmente los avances científicos permiten a los psicólogos utilizar herramientas eficaces que permiten a las personas, no sólo tratar el malestar emocional, sino prevenir su aparición mediante el entrenamiento de técnicas y estrategias que nos hacen más fuertes y más sanos. La orientación preventiva fue la idea original de Seligman y constituye una de las bases de esta corriente.
El movimiento de la Psicología Positiva se inscribe dentro de la psicología académica por deseo expreso de sus fundadores, es decir, sus conocimientos se elaboran y discuten dentro de las universidades, instituciones de investigación y órganos y eventos asociados (p. ej.,asociaciones y congresos científicos). Esto pretende garantizar la máxima fiabilidad a los contenidos que se agrupen dentro de la etiqueta "Psicología positiva". Por tanto, se ruega máxima prevención ante instituciones privadas que puedan usar esta etiqueta de forma poco ética o incluso fraudulenta.
¿Qué hay que hacer para ser felices?
http://www.elpais.com.uy/11/01/23/lault_542621.asp?nstrack=sid:398122|met:100|cat:216|order:1
¿Qué hay que hacer para ser felices?
El Mercurio/GDA
Desde su pulcro departamento -un tríplex en un barrio de Manhattan, en que los libros de la biblioteca están clasificados por tema y orden alfabético y los juguetes de sus dos hijas ordenados en contenedores- Gretchen Rubin cuenta que tiene una personalidad adversa a los cambios.
"No me gusta viajar, disfruto de muy pocas cosas que hago siempre, no tengo un gran rango de intereses".
Por eso, cuando hace un par de años se sumergió en la lectura de libros e investigaciones científicas que indicaban que la novedad y los desafíos eran factores esenciales en la felicidad, ella no lo creyó posible. "Pensé: `La novedad y el desafío no me hacen felices, el control y la familiaridad de las cosas sí`, pero como estaba estudiando el tema de la felicidad, necesitaba poner esa idea a prueba. Y me desafié".
Rubin creó un blog. Esto fue hace tres años y desde esa fecha www.happinessproject.com es una de sus principales ocupaciones.
"Creía que lo abandonaría como muchas cosas que he intentado hacer, pero ¡me encantó! Ahora estoy convencida de la importancia de la novedad y el desafío para la felicidad. Cambié completamente de opinión al respecto", señala.
Probar las teorías que se han desarrollado en el ámbito de la psicología positiva, testear las creencias ancestrales sobre qué hace feliz al ser humano, reflexionar sobre lo que ella quería para su vida y tomar medidas en ese sentido fueron algunas de las tareas a las que Gretchen Rubin se dedicó durante un año y que plasmó en su libro Proyecto felicidad, de cuando pasé un año de mi vida cantando alegres melodías, ordenando los armarios, leyendo a Aristóteles y, en general, preocupándome menos y divirtiéndome más, que se publicó en 2009 en EE.UU., que ha sido traducido a más de diez idiomas y que se convirtió en best seller número uno según The New York Times.
Rubin es una abogada formada en la Universidad de Yale, que fue editora jefa de The Yale Law Journal y asistente de la jueza de la Corte Suprema estadounidense Sandra Day O`Connor, hasta que decidió abandonar las leyes para dedicarse a escribir, hace 12 años. Entre otras cosas, publicó un libro sobre Winston Churchill, otro sobre John F. Kennedy y luego Poder, dinero, fama y sexo: una guía de uso, con el que se hizo más conocida en Nueva York. Rubin es también una esposa, una madre de familia con una vida feliz, que quiso ser más feliz aún.
"Estaba atrapada en un ómnibus un día de lluvia y tuve una de esas oportunidades de reflexionar que uno generalmente no tiene cuando anda corriendo. Y pensé: `¿Qué quiero para mi vida?`. Me contesté. `Quiero ser feliz`. Pero luego me di cuenta de que no había pensado en si era feliz o en si podía ser más feliz. Y dije: `Debería hacer un proyecto felicidad`. Una de las cosas que quería de mi proyecto era poder apreciar más lo que tenía. A veces la gente cree que uno tiene que sentirse muy infeliz o estar viviendo una crisis para pensar en estos temas, pero la verdad es que uno puede ser feliz y querer usar esa base para serlo más".
Al día siguiente, Rubin partió a la biblioteca y sacó todos los libros que encontró sobre el asunto para investigar: revisó desde textos de Aristóteles, Boethius, Shopenhauer, hasta escritos del Dalai Lama, libros de Malcolm Gladwell y antiguos números de la revista Psychology Today, y poco a poco lo que comenzó como un proyecto personal se transformó en la preparación de un libro.
En "The Happiness Project", Gretchen identifica 12 temas que según los expertos son relevantes y asigna cada uno a un mes del año. Entre ellos están el matrimonio, el trabajo, la crianza, la amistad, la diversión, el dinero. Para cada uno de esos ámbitos establece una serie de resoluciones que busca cumplir, qué fundamento científico o empírico tienen, y luego cuenta cómo le va.
"Mi primer tema, por ejemplo, es la energía, porque creo que si uno es capaz de tener más energía, todas las otras resoluciones son más fáciles de mantener. Mi primera resolución fue dormir lo suficiente".
La idea de fondo es que uno puede cambiar su estilo de vida optando por tomar medidas muy concretas. Algunas de éstas son, para Rubin, hacer más ejercicio, botar cosas y ordenar para sentirse más energética. O cantar en la mañana, tomar tiempo para sus proyectos personales, darse momentos para ser más liviana y tener un cuaderno en el que cada día se anotan tres cosas por las que uno se siente agradecido.
Claudio Ibáñez, psicólogo y director ejecutivo del Instituto Chileno de Inteligencia Emocional, lleva años abocado al desarrollo de la psicología positiva en ese país. Explica que desde la perspectiva de esa disciplina, "la felicidad es el predominio en las personas de emociones positivas por sobre las emociones negativas". Por eso, recomendaciones como las que aparecen en Proyecto felicidad, aunque puedan parecer muy pedestres, tienen sentido.
Una activa bloguera. El éxito de Rubin fue casi inmediato. La autora explica que una de sus metas con el libro era precisamente cambiar su vida sin cambiarla. Explica:
-Si uno mira desde afuera, mi vida es la misma: hago el mismo tipo de trabajo, vivo en el mismo departamento, tengo la misma familia y la misma rutina. Pero mi experiencia de vida es mucho más feliz, porque eliminé lo que me enojaba, o me hacía tener resentimientos. No siempre se necesita una gran transformación.
La ex abogada, quien trabaja actualmente en un segundo libro sobre la felicidad, le dedica también mucho tiempo a su blog. Postea seis días a la semana: Los lunes propone una idea sobre la cual reflexionar, los martes sube un video, los miércoles entrega tips para ser más feliz, los jueves publica una entrevista, los viernes propone una resolución y el fin de semana sube al sitio la cita de algún autor valioso.
Además, mantiene al día su página Facebook y twittea. Otra de sus ocurrencias consistió en lanzar el año pasado Desafío de felicidad 2010, que consiste en que la gente se inscriba y siga sus recomendaciones durante 12 meses. El año pasado participaron cerca de 10 mil personas. Para 2011 ya cuenta con más de mil inscritos. Su blog se ha convertido así en un verdadero espacio de discusión. Y poco a poco fue generando una verdadera tendencia: la de asumir la felicidad como un proyecto concreto más que como un concepto. En Nueva York existen distintos grupos que se juntan regularmente para ayudarse a desarrollar su propio "objetivo felicidad" y alrededor del mundo ya son varios los seguidores. La clave de su éxito estaría en la palabra "proyecto". Así explica el encargado de los libros de autoayuda de la cadena de librerías estadounidenses Borders Books el éxito. Esa palabra "le da una sensación de estructura a la gente", dijo a The New York Times.
Proyectos en proceso. Estructura es algo que a Rubin no le falta. Para lograr ser más feliz y poder manejar todas sus resoluciones (sólo en 2010, se le ocurrieron 92) creó lo que llama una "resolution chart" (grilla de resoluciones) que le manda a quien se lo pida por mail y en la que ella va marcando las metas alcanzadas y las por lograr mes a mes.
Estructura es también lo que Rachel Galan, una bibliotecaria de 38 años que vive en el pueblo de Nacogdoches en Texas, encontró en el libro. Casada hace 17 años, con tres hijos de 16, 13 y 9, el año pasado Rachel sintió que su vida dio un giro.
"Después de 11 años como bibliotecaria me encontré en la posición de preguntarme qué quería ser de grande. ¿Qué tenía que ofrecer? ¿Cómo podía sentirme más comprometida en la vida?" cuenta desde su pueblo de 32 mil habitantes.
Rachel renunció y empezó a trabajar de manera independiente asesorando a personas que buscan financiamiento para proyectos de educación, arte, comunitarios o relacionados con bibliotecas. Dice sentirse muy gratificada al ayudarle a la gente a alcanzar sus sueños. Hace un par de semanas decidió dar un paso más creando su propio "proyecto felicidad".
"Yo soy muy buena para hacer listas por mi anterior trabajo, así que pienso y escribo las resoluciones que quiero cumplir. Eso me permite sentir que es más probable que tenga éxito con las cosas que quiero conseguir este año", señala.
Algunos tips
Tener en claro cuáles son los objetivos y nunca perder la oportunidad de progresar un poco en el camino para alcanzarlos.
Ser más consciente de la necesidad de cuidarse y darse tiempo para ella, lo que convierte las actividades "mundanas" en experiencias muy gratas y libres de culpa.
Ser más cariñoso con los seres queridos ya que esto repercute en la manera que los otros lo tratan a uno.
Examinar todos los días las cosas buenas que se poseen en la vida, redefinir las experiencias que se tienen y la relación con la gente de manera más positiva. Y tratar de ser mejor persona.
Cambiar el estilo de vida, empezando con medidas concretas como dormir lo suficiente y hacer ejercicio.
Anotar cada día en un cuaderno tres cosas por las que uno se siente agradecido.
¿Qué hay que hacer para ser felices?
El Mercurio/GDA
Desde su pulcro departamento -un tríplex en un barrio de Manhattan, en que los libros de la biblioteca están clasificados por tema y orden alfabético y los juguetes de sus dos hijas ordenados en contenedores- Gretchen Rubin cuenta que tiene una personalidad adversa a los cambios.
"No me gusta viajar, disfruto de muy pocas cosas que hago siempre, no tengo un gran rango de intereses".
Por eso, cuando hace un par de años se sumergió en la lectura de libros e investigaciones científicas que indicaban que la novedad y los desafíos eran factores esenciales en la felicidad, ella no lo creyó posible. "Pensé: `La novedad y el desafío no me hacen felices, el control y la familiaridad de las cosas sí`, pero como estaba estudiando el tema de la felicidad, necesitaba poner esa idea a prueba. Y me desafié".
Rubin creó un blog. Esto fue hace tres años y desde esa fecha www.happinessproject.com es una de sus principales ocupaciones.
"Creía que lo abandonaría como muchas cosas que he intentado hacer, pero ¡me encantó! Ahora estoy convencida de la importancia de la novedad y el desafío para la felicidad. Cambié completamente de opinión al respecto", señala.
Probar las teorías que se han desarrollado en el ámbito de la psicología positiva, testear las creencias ancestrales sobre qué hace feliz al ser humano, reflexionar sobre lo que ella quería para su vida y tomar medidas en ese sentido fueron algunas de las tareas a las que Gretchen Rubin se dedicó durante un año y que plasmó en su libro Proyecto felicidad, de cuando pasé un año de mi vida cantando alegres melodías, ordenando los armarios, leyendo a Aristóteles y, en general, preocupándome menos y divirtiéndome más, que se publicó en 2009 en EE.UU., que ha sido traducido a más de diez idiomas y que se convirtió en best seller número uno según The New York Times.
Rubin es una abogada formada en la Universidad de Yale, que fue editora jefa de The Yale Law Journal y asistente de la jueza de la Corte Suprema estadounidense Sandra Day O`Connor, hasta que decidió abandonar las leyes para dedicarse a escribir, hace 12 años. Entre otras cosas, publicó un libro sobre Winston Churchill, otro sobre John F. Kennedy y luego Poder, dinero, fama y sexo: una guía de uso, con el que se hizo más conocida en Nueva York. Rubin es también una esposa, una madre de familia con una vida feliz, que quiso ser más feliz aún.
"Estaba atrapada en un ómnibus un día de lluvia y tuve una de esas oportunidades de reflexionar que uno generalmente no tiene cuando anda corriendo. Y pensé: `¿Qué quiero para mi vida?`. Me contesté. `Quiero ser feliz`. Pero luego me di cuenta de que no había pensado en si era feliz o en si podía ser más feliz. Y dije: `Debería hacer un proyecto felicidad`. Una de las cosas que quería de mi proyecto era poder apreciar más lo que tenía. A veces la gente cree que uno tiene que sentirse muy infeliz o estar viviendo una crisis para pensar en estos temas, pero la verdad es que uno puede ser feliz y querer usar esa base para serlo más".
Al día siguiente, Rubin partió a la biblioteca y sacó todos los libros que encontró sobre el asunto para investigar: revisó desde textos de Aristóteles, Boethius, Shopenhauer, hasta escritos del Dalai Lama, libros de Malcolm Gladwell y antiguos números de la revista Psychology Today, y poco a poco lo que comenzó como un proyecto personal se transformó en la preparación de un libro.
En "The Happiness Project", Gretchen identifica 12 temas que según los expertos son relevantes y asigna cada uno a un mes del año. Entre ellos están el matrimonio, el trabajo, la crianza, la amistad, la diversión, el dinero. Para cada uno de esos ámbitos establece una serie de resoluciones que busca cumplir, qué fundamento científico o empírico tienen, y luego cuenta cómo le va.
"Mi primer tema, por ejemplo, es la energía, porque creo que si uno es capaz de tener más energía, todas las otras resoluciones son más fáciles de mantener. Mi primera resolución fue dormir lo suficiente".
La idea de fondo es que uno puede cambiar su estilo de vida optando por tomar medidas muy concretas. Algunas de éstas son, para Rubin, hacer más ejercicio, botar cosas y ordenar para sentirse más energética. O cantar en la mañana, tomar tiempo para sus proyectos personales, darse momentos para ser más liviana y tener un cuaderno en el que cada día se anotan tres cosas por las que uno se siente agradecido.
Claudio Ibáñez, psicólogo y director ejecutivo del Instituto Chileno de Inteligencia Emocional, lleva años abocado al desarrollo de la psicología positiva en ese país. Explica que desde la perspectiva de esa disciplina, "la felicidad es el predominio en las personas de emociones positivas por sobre las emociones negativas". Por eso, recomendaciones como las que aparecen en Proyecto felicidad, aunque puedan parecer muy pedestres, tienen sentido.
Una activa bloguera. El éxito de Rubin fue casi inmediato. La autora explica que una de sus metas con el libro era precisamente cambiar su vida sin cambiarla. Explica:
-Si uno mira desde afuera, mi vida es la misma: hago el mismo tipo de trabajo, vivo en el mismo departamento, tengo la misma familia y la misma rutina. Pero mi experiencia de vida es mucho más feliz, porque eliminé lo que me enojaba, o me hacía tener resentimientos. No siempre se necesita una gran transformación.
La ex abogada, quien trabaja actualmente en un segundo libro sobre la felicidad, le dedica también mucho tiempo a su blog. Postea seis días a la semana: Los lunes propone una idea sobre la cual reflexionar, los martes sube un video, los miércoles entrega tips para ser más feliz, los jueves publica una entrevista, los viernes propone una resolución y el fin de semana sube al sitio la cita de algún autor valioso.
Además, mantiene al día su página Facebook y twittea. Otra de sus ocurrencias consistió en lanzar el año pasado Desafío de felicidad 2010, que consiste en que la gente se inscriba y siga sus recomendaciones durante 12 meses. El año pasado participaron cerca de 10 mil personas. Para 2011 ya cuenta con más de mil inscritos. Su blog se ha convertido así en un verdadero espacio de discusión. Y poco a poco fue generando una verdadera tendencia: la de asumir la felicidad como un proyecto concreto más que como un concepto. En Nueva York existen distintos grupos que se juntan regularmente para ayudarse a desarrollar su propio "objetivo felicidad" y alrededor del mundo ya son varios los seguidores. La clave de su éxito estaría en la palabra "proyecto". Así explica el encargado de los libros de autoayuda de la cadena de librerías estadounidenses Borders Books el éxito. Esa palabra "le da una sensación de estructura a la gente", dijo a The New York Times.
Proyectos en proceso. Estructura es algo que a Rubin no le falta. Para lograr ser más feliz y poder manejar todas sus resoluciones (sólo en 2010, se le ocurrieron 92) creó lo que llama una "resolution chart" (grilla de resoluciones) que le manda a quien se lo pida por mail y en la que ella va marcando las metas alcanzadas y las por lograr mes a mes.
Estructura es también lo que Rachel Galan, una bibliotecaria de 38 años que vive en el pueblo de Nacogdoches en Texas, encontró en el libro. Casada hace 17 años, con tres hijos de 16, 13 y 9, el año pasado Rachel sintió que su vida dio un giro.
"Después de 11 años como bibliotecaria me encontré en la posición de preguntarme qué quería ser de grande. ¿Qué tenía que ofrecer? ¿Cómo podía sentirme más comprometida en la vida?" cuenta desde su pueblo de 32 mil habitantes.
Rachel renunció y empezó a trabajar de manera independiente asesorando a personas que buscan financiamiento para proyectos de educación, arte, comunitarios o relacionados con bibliotecas. Dice sentirse muy gratificada al ayudarle a la gente a alcanzar sus sueños. Hace un par de semanas decidió dar un paso más creando su propio "proyecto felicidad".
"Yo soy muy buena para hacer listas por mi anterior trabajo, así que pienso y escribo las resoluciones que quiero cumplir. Eso me permite sentir que es más probable que tenga éxito con las cosas que quiero conseguir este año", señala.
Algunos tips
Tener en claro cuáles son los objetivos y nunca perder la oportunidad de progresar un poco en el camino para alcanzarlos.
Ser más consciente de la necesidad de cuidarse y darse tiempo para ella, lo que convierte las actividades "mundanas" en experiencias muy gratas y libres de culpa.
Ser más cariñoso con los seres queridos ya que esto repercute en la manera que los otros lo tratan a uno.
Examinar todos los días las cosas buenas que se poseen en la vida, redefinir las experiencias que se tienen y la relación con la gente de manera más positiva. Y tratar de ser mejor persona.
Cambiar el estilo de vida, empezando con medidas concretas como dormir lo suficiente y hacer ejercicio.
Anotar cada día en un cuaderno tres cosas por las que uno se siente agradecido.
sábado, 22 de enero de 2011
El hombre del futuro
http://www.eduardpunset.es/wp-content/uploads/2011/01/20110121_muy.pdf
Mentes Maravillosas Por Eduardo Punset
De aquí a 20 años, los ordenadores pensarán como nosotros. O cree por lo menos el visionario Ray Kurzweil, que augura un luminoso porvenir a la humanidad.
El hombre del futuro
Cuando hablamos de futuro, los humanos –no está nada claro que puedan hacerlo el resto de los animales– nos confabulamos para pergeñarlo en función del pasado, que es lo único que dominamos; no del todo bien, pero lo suficiente para inventar el porvenir. De todos los investigadores que he conocido, el que lo hace con mayor precisión, cree a pies juntillas sus predicciones y nos las hace creer a los demás es Ray Kurzweil.
¿Quieren saber cómo será el futuro? “No resulta complicado –dice Kurzweil–, es la evolución biológica fusionada con la evolución tecnológica”. Ahora bien, las personas pronostican de una manera lineal. Tendemos a creer que todo sucederá al mismo ritmo que hemos conocido en el pasado; somos incapaces de imaginar la progresión geométrica o lo que los economistas llamamos crecimiento exponencial. No nos entra en la cabeza que las cosas puedan cambiar con tanta rapidez que seamos incapaces de reconocerlas.
Ray Kurzweil nos ha sugerido que en el momento que un ámbito de la ciencia o la tecnología se convierte en información, se acelera y crece exponencialmente. Lo que antes ocurría a ojo de buen cubero ahora es el resultado de cálculos mentales de orden exponencial, que son el fruto del conocimiento preciso de lo que está ocurriendo. La biología y la medicina antes no funcionaban como tecnologías de la información, sino más bien por tanteos, ensayo y error.
Por ese motivo, progresaban sólo linealmente. Pero ya hemos descifrado el genoma y podemos desactivar y reprogramar genes o simular la vida por ordenador. Todo esto no existía hace unos años. Ahora, la ciencia de la salud y la biología son tecnologías de la información, y crecen de forma exponencial.
Lo anterior permite predecir que dentro de 20 años los ordenadores tendrán la misma potencia de procesamiento –memoria y velocidad– que nuestro cerebro, pero no alcanzarán nuestra inteligencia. Aunque hemos empezado a simular regiones cerebrales, el proceso tardará más de 10 o 12 años, quizá se prolongue hasta finales de la década de 2020.
Cuando hayamos completado este modelo, podremos decir que las máquinas son tan listas como nosotros. Ahora mismo ya existe una multitud de procesos que las computadoras hacen como los humanos o mejor: la detección automática de fraudes con tarjeta de crédito, el diseño asistido de productos, el pilotaje y aterrizaje de aviones, la orientación milimétrica de armas inteligentes, las decisiones financieras que cada día comportan miles de millones de dólares o el control de inventarios en tiempo real.
Los ordenadores actuarán de un modo muy parecido al nuestro, lo que incluye la inteligencia emocional: serán divertidos, entenderán las bromas... Nos fusionaremos con ese intelecto. Lo introduciremos en nuestros cuerpos y encéfalos, para estar más sanos y vivir más años. Ese ha sido el objetivo de la tecnología desde el principio:
¡ampliar lo que está a nuestro alcance! ¡Superar nuestras posibilidades físicas!
No menos fascinante en Ray Kurzweil es su predicción con la que concluyo su recuerdo: hasta ahora, siempre que queríamos dejar plasmado para otros lo que pensábamos, teníamos que escribir o comunicar nuestro mensaje al resto del mundo, para que cuando muriéramos algo perdurara. Pero según este pensador, allá por la década de 2030, podremos descargar nuestro cerebro, nuestro software mental, a cualquier soporte: “Tendremos mucha inteligencia procedente de máquinas, e igual que hacemos hoy en día con ellas, podremos realizar copias de seguridad de todo eso”.
De quién hablamos:Ray Kurzweil
Autor de libros como The Age of Spiritual Machines o The Singularity is Near, Ray Kurzweil (Massachusetts, 1948) es inventor, informático y músico, entre otras cosas. Se le considera uno de los artífices del concepto “transhumanismo”, el uso de la tecnología para mejorar la evolución humana.
En la década de 2030, podremos descargar la información almacenada en el cerebro a
cualquier soporte y hacer copias de seguridad
Entrevista de Eduard Punset con Ray Kurzweil, tecnólogo, especialista en
inteligencia artificial, futurólogo y autor del libro The Singularity is near y
La era de las máquinas espirituales.
Vídeo del programa:http://www.smartplanet.es/redesblog/?p=80
Eduard Punset:
Vamos a empezar este programa fantástico en el que realmente de lo que vamos a hablar es del futuro. Y lo vamos a hacer con el exponente mundial, el primero en la lista en cuanto a predecir el futuro, que es Ray Kurzweil. Y yo creo… no lo he olvidado nunca, de qué manera tan sencilla a la vez él ha definido el futuro. El futuro es, dice, la evolución biológica fusionada con la evolución tecnológica.
Se trata de una definición maravillosa de lo que nos espera, ¿no? Los científicos que trabajan con la memoria acaban de descubrir que no solamente nos ayuda a recordar el pasado, sino también a imaginar el futuro.
Ray Kurzweil:
Ésa es la naturaleza de la inteligencia: anticipar el futuro. Tenemos mecanismos de predicción de lo que sucederá, incorporados en el cerebro: en eso consiste la inteligencia. Sin embargo, hay un problema con nuestras predicciones, y es que las personas predicen las cosas de una manera lineal; creen que todo sucederá al mismo ritmo que ha venido sucediendo.
Eduard Punset:
Sí.
Ray Kurzweil:
Eso nos dice la intuición, así lo tenemos codificado… pero no se corresponde con la realidad. Las cosas cada vez van más rápido, y la gente no tiene esa intuición. Por eso, cuando te marchas durante un largo período de tiempo, pasan más cosas de las que te esperas.
Eduard Punset:
Mencionas uno de los puntos que resultan esenciales para entender realmente tus ideas. Creo que lo llamas «la ley de rendimientos acelerados». Nosotros, los economistas, lo llamaríamos simplemente «crecimiento exponencial», que significa que, en un momento determinado, como dices, hay una inflexión, un auge de la innovación… y estamos en un momento así.
Ray Kurzweil:
Sí. Un tema central en mis ideas sobre el futuro es lo que denomino «la ley de rendimientos acelerados», que tiene que ver con la tecnología de la información. En el momento en el que un ámbito de la ciencia o la tecnología se convierte en información, se acelera y crece exponencialmente. Esto no corresponde con nuestra intuición… Tomemos por ejemplo nuestra biología: la salud y la medicina. En el pasado, no funcionaban como tecnología de la información, sino más bien como «ensayo y error». Por ese motivo progresaba linealmente,
no exponencialmente. Pero ahora la salud y la biología son tecnologías de la información:hemos descifrado el genoma, podemos desactivar genes con la interferencia por ARN,podemos añadir nuevos genes mediante la terapia génica, podemos reprogramar nuestros genes, simular la biología por ordenador…todo esto es nuevo, y no existía hace unos años. Hoy, la salud y la biología son tecnologías de la información, y crecen exponencialmente.
Esto significa que serán mil veces más potentes en diez años, y un millón de veces más potentes en veinte años… básicamente doblarán su potencia cada año.
Eduard Punset:
¿Pero no te parece que progresamos muy lentamente? Es decir, en el ámbito teórico o de investigación se están haciendo estos avances, pero cuando a alguien se le diagnostica cáncer, por ejemplo, y va al médico, le dicen, probablemente que… ¿sabes? Que analizarán la genética, pero que el tratamiento será…
Ray Kurzweil:
Bueno, estos descubrimientos todavía no han llegado a los tratamientos; no han llegado a los pacientes. Pero se han abierto camino y están en fase de desarrollo. Todavía tienen que ponerse a prueba, y perfeccionarse… Creo que llegaremos a una era totalmente distinta en 10 ó 15 años.
Eduard Punset:
Sería fabuloso si, para nuestros teleespectadores, pudieras resumir los dos o tres
acontecimientos o fechas que marcarán realmente esta singularidad en la evolución acelerada,en esta mezcla de biología y tecnología. ¿Cuáles son los grandes hitos que podemos esperar?
Ray Kurzweil:
Pues bien, es un proceso continuo: tenemos por delante un campo completamente nuevo en el que se producen avances apasionantes cada día… no se trata de que vaya a suceder todo de pronto… pero, de aquí a 15 años, podremos reprogramar nuestros genes para eliminar los que provocan la enfermedad, y añadir nuevos genes para mantenernos sanos, y llegaremos a un punto en el que sumemos más de un año de vida cada año a la esperanza de vida humana. Esto pasará de aquí a 15 años.
Eduard Punset:
En 15 años…
Ray Kurzweil:
Si ahora pasamos al 2029, es decir, de aquí a 21 años, tendremos ordenadores tan inteligentes como los humanos, lo que incluye inteligencia emocional: serán divertidos, entenderán nuestras emociones…
Eduard Punset:
¿Ah, sí?
Ray Kurzweil:
Podremos hablarles… serán como personas. Pero lo importante es que empezaremos a
ponerlos dentro de nuestros cuerpos y cerebros para mantenernos sanos. Tendremos nanobots (dispositivos del tamaño de glóbulos rojos) que nos mantendrán sanos desde dentro. Si esto suena muy futurista, déjame decirte que hoy en día, ya hay docenas de experimentos que lo han hecho con animales, con la primera generación de dispositivos. Los científicos trabajan para curar la diabetes de tipo 1 en ratones con dispositivos del tamaño de un glóbulo rojo, pronto empezaremos a controlarlo… Hay ya un dispositivo de este tamaño que puede detectar las células cancerígenas y destruirlas. Por ahora solamente son experimentos, pero a finales de la década de 2020 tendremos este tipo de dispositivos circulando por la sangre para mantenernos sanos desde dentro. Y si ahora vamos más adelante, hasta la década de 2030,
tendremos estos componentes en el cerebro, e interactuarán con nuestras neuronas biológicas. Ya hay personas que son ciborgs, que tienen máquinas en el cerebro… por ejemplo, pacientes de Parkinson que llevan un dispositivo del tamaño de un guisante que sustituye las neuronas destruidas por la enfermedad. Y funciona como…
Eduard Punset:
…el cerebro.
Ray Kurzweil:
…la región cerebral original. Y la última generación de este implante cerebral (ahora están en la cuarta generación) permite descargar nuevo software para el ordenador en el interior del cerebro desde fuera del paciente. La generación anterior no lo permitía. ¡Y esto es algo que ya se puede hacer en la actualidad! No tiene el tamaño de un glóbulo rojo, sino de un guisante, y por tanto tiene que implantarse con cirugía, pero si seguimos avanzando así veinte años… otra
tendencia exponencial es que estos dispositivos son cada vez más pequeños.
Además, cuando queramos crear una realidad virtual, los nanobots desconectarán las señales procedentes de nuestros sentidos reales, y las sustituirán por las señales que el cerebro recibiría si estuviéramos realmente en el entorno virtual… y sentiremos realmente que estamos en ese entorno virtual. El diseño de nuevos entornos se convertirá en una nueva forma de arte…y no solamente será visual o auditivo, también táctil… implicará todos los sentidos…
Eduard Punset:
Será tan real como la realidad.
Ray Kurzweil:
Tan real como la realidad. Y no tendremos por qué tener el mismo aspecto: podremos tener la apariencia de otra persona en un entorno de realidad virtual. Será como Matrix… pasaremos mucho tiempo en entornos virtuales. Y seremos más inteligentes, porque estos nanobots interactuarán con nuestras neuronas biológicas y mejorarán nuestra memoria, nuestras capacidades racionales... Y si ahora imaginamos la década de 2040, la mayoría de lo que habrá en nuestros cerebros no será biológico. Así que, en última instancia, nuestros cerebros serán como los ordenadores actuales, sólo que mucho más potentes. ¡Miles de millones de veces más potentes! Y podremos hacer copias de seguridad. ¿Sabes? ¡De aquí a 50 años, la gente pensará que es sorprendente que las personas de hoy, del 2008, fueran por el mundo sin hacer copias de seguridad de su archivo mental!
Eduard Punset:
Finalmente… sé que esto está muy lejos en el tiempo, pero dices que al final de este proceso,se abrirá una nueva fase muy distinta de las anteriores, a la que llamas, de hecho, la fase del despertar del universo. Y sostienes que podremos entrar en esta fase si la humanidad logra encontrar la manera de superar cosas que hasta ahora nos han limitado, como ir más rápido que la velocidad de la luz.
Ray Kurzweil:
Permíteme que me explique. Ahora mismo, la computación avanza muchísimo. Acabará
superando nuestra capacidad mental. A finales del siglo XXI, vamos a saturar la materia y la energía de la Tierra, y de los alrededores de nuestro planeta para convertirla en computación de una inteligencia sublime. Pero luego tendremos que expandirnos más allá de la Tierra, porque agotaremos la materia y energía del planeta que se puede convertir en ordenadores inteligentes. Y yo concibo este proceso como un envío de misiones con nanobots para que colonicen otros cuerpos celestes.
Eduard Punset:
Planetas…
Ray Kurzweil:
La pregunta es: ¿con qué rapidez se puede propagar nuestra inteligencia a otros cuerpos celestes? Lo que sabemos hoy en día es que hay un límite de velocidad en el universo: la velocidad de la luz.
Eduard Punset:
Sí.
Ray Kurzweil:
Se trata, de hecho, de un límite de velocidad: no se va más rápido que la velocidad de la luz, pero se encuentra un atajo a través de un agujero de gusano para llegar, más rápidamente, a un lugar que aparentemente está muy lejos.
Eduard Punset:
¿Y…? Sigue, sigue.
Ray Kurzweil:
Si esto es así, entonces podemos llegar a esos lugares remotos más rápidamente, y podremos acabar alcanzando todo el universo en mucho menos tiempo. Y, a la larga, podremos difundir nuestra inteligencia de un modo no biológico a todo el universo, quizá en solamente unos pocos siglos. Y entonces el universo despertará, porque ahora solamente consiste en un montón de materia inerte. En mi opinión, la inteligencia constituye, ni más ni menos, el objetivo del universo y, en última instancia, el universo terminará convirtiéndose en una entidad muy inteligente, y se superará la mecánica celeste mediante ingeniería por todo el universo. Para entender la viabilidad de esto, ¡pensemos que ya estamos haciendo ingeniería a escala planetaria! Y más adelante, en este siglo, haremos también ingeniería por todo el
sistema solar, y luego por toda la galaxia… hasta que, finalmente, hagamos ingeniería por todo el universo y utilicemos nuestra inteligencia para superar esta mecánica celeste tan poco inteligente.
Eduard Punset:
¿Conoces a Daniel Dennett, el filósofo? También estuvo en el programa, en Redes, y somos buenos amigos. Mientras hablabas, yo pensaba en lo que él dice sobre la existencia de Dios…él afirma que, si Dios existe, no se nos aparece demasiado a menudo, ¿no? Yo pensaba en algo así. Así que si todo lo que dices es cierto, como sugieres, y logramos este potencial de crecimiento exponencial de la inteligencia en el planeta, probablemente no necesitemos la inteligencia marciana… ¡ni siquiera la inteligencia de Dios!
Ray Kurzweil:
Me gusta pensar en la evolución (la evolución biológica, que condujo a la evolución
tecnológica) como una especie de proceso espiritual, porque… ¿qué es lo que vemos en la evolución? Vemos entidades que se vuelven más inteligentes, con más conocimiento, más creatividad, más belleza… ¿y qué es Dios? ¿Cómo se ha descrito Dios? Dios es una idea, y se refiere a una capacidad ilimitada en todos estos aspectos: inteligencia, creatividad, belleza,conocimiento… y la evolución avanza exponencialmente en esa dirección: desborda creatividad, e inteligencia, y conocimiento... Por tanto, la evolución se mueve en una dirección espiritual, y cada vez se parece más a Dios. Nunca se vuelve literalmente infinita, pero parece que lo sea, porque explota exponencialmente en esa dirección. E igual que la evolución biológica condujo a la evolución tecnológica, la evolución tecnológica nos conducirá a la singularidad: una explosión de inteligencia, y conocimiento, y creatividad…¡será muy parecida a Dios! Es un proceso espiritual. Ésta es mi manera de verlo.
Eduard Punset:
Bueno, pues hoy, mira por donde, lo que parecía una visión extremadamente tecnológica y materialista del futuro, Kurzweil le da una vertiente espiritual y que, lejos de negar otras realidades, nos vendría a confirmar que estamos metidos en una especie de trayectoria, de evolución espiritual; espiritual en el sentido de que está hecha de belleza, de singularidades, de inteligencia, de conocimiento… y de simetría, seguramente.
Mentes Maravillosas Por Eduardo Punset
De aquí a 20 años, los ordenadores pensarán como nosotros. O cree por lo menos el visionario Ray Kurzweil, que augura un luminoso porvenir a la humanidad.
El hombre del futuro
Cuando hablamos de futuro, los humanos –no está nada claro que puedan hacerlo el resto de los animales– nos confabulamos para pergeñarlo en función del pasado, que es lo único que dominamos; no del todo bien, pero lo suficiente para inventar el porvenir. De todos los investigadores que he conocido, el que lo hace con mayor precisión, cree a pies juntillas sus predicciones y nos las hace creer a los demás es Ray Kurzweil.
¿Quieren saber cómo será el futuro? “No resulta complicado –dice Kurzweil–, es la evolución biológica fusionada con la evolución tecnológica”. Ahora bien, las personas pronostican de una manera lineal. Tendemos a creer que todo sucederá al mismo ritmo que hemos conocido en el pasado; somos incapaces de imaginar la progresión geométrica o lo que los economistas llamamos crecimiento exponencial. No nos entra en la cabeza que las cosas puedan cambiar con tanta rapidez que seamos incapaces de reconocerlas.
Ray Kurzweil nos ha sugerido que en el momento que un ámbito de la ciencia o la tecnología se convierte en información, se acelera y crece exponencialmente. Lo que antes ocurría a ojo de buen cubero ahora es el resultado de cálculos mentales de orden exponencial, que son el fruto del conocimiento preciso de lo que está ocurriendo. La biología y la medicina antes no funcionaban como tecnologías de la información, sino más bien por tanteos, ensayo y error.
Por ese motivo, progresaban sólo linealmente. Pero ya hemos descifrado el genoma y podemos desactivar y reprogramar genes o simular la vida por ordenador. Todo esto no existía hace unos años. Ahora, la ciencia de la salud y la biología son tecnologías de la información, y crecen de forma exponencial.
Lo anterior permite predecir que dentro de 20 años los ordenadores tendrán la misma potencia de procesamiento –memoria y velocidad– que nuestro cerebro, pero no alcanzarán nuestra inteligencia. Aunque hemos empezado a simular regiones cerebrales, el proceso tardará más de 10 o 12 años, quizá se prolongue hasta finales de la década de 2020.
Cuando hayamos completado este modelo, podremos decir que las máquinas son tan listas como nosotros. Ahora mismo ya existe una multitud de procesos que las computadoras hacen como los humanos o mejor: la detección automática de fraudes con tarjeta de crédito, el diseño asistido de productos, el pilotaje y aterrizaje de aviones, la orientación milimétrica de armas inteligentes, las decisiones financieras que cada día comportan miles de millones de dólares o el control de inventarios en tiempo real.
Los ordenadores actuarán de un modo muy parecido al nuestro, lo que incluye la inteligencia emocional: serán divertidos, entenderán las bromas... Nos fusionaremos con ese intelecto. Lo introduciremos en nuestros cuerpos y encéfalos, para estar más sanos y vivir más años. Ese ha sido el objetivo de la tecnología desde el principio:
¡ampliar lo que está a nuestro alcance! ¡Superar nuestras posibilidades físicas!
No menos fascinante en Ray Kurzweil es su predicción con la que concluyo su recuerdo: hasta ahora, siempre que queríamos dejar plasmado para otros lo que pensábamos, teníamos que escribir o comunicar nuestro mensaje al resto del mundo, para que cuando muriéramos algo perdurara. Pero según este pensador, allá por la década de 2030, podremos descargar nuestro cerebro, nuestro software mental, a cualquier soporte: “Tendremos mucha inteligencia procedente de máquinas, e igual que hacemos hoy en día con ellas, podremos realizar copias de seguridad de todo eso”.
De quién hablamos:Ray Kurzweil
Autor de libros como The Age of Spiritual Machines o The Singularity is Near, Ray Kurzweil (Massachusetts, 1948) es inventor, informático y músico, entre otras cosas. Se le considera uno de los artífices del concepto “transhumanismo”, el uso de la tecnología para mejorar la evolución humana.
En la década de 2030, podremos descargar la información almacenada en el cerebro a
cualquier soporte y hacer copias de seguridad
Entrevista de Eduard Punset con Ray Kurzweil, tecnólogo, especialista en
inteligencia artificial, futurólogo y autor del libro The Singularity is near y
La era de las máquinas espirituales.
Vídeo del programa:http://www.smartplanet.es/redesblog/?p=80
Eduard Punset:
Vamos a empezar este programa fantástico en el que realmente de lo que vamos a hablar es del futuro. Y lo vamos a hacer con el exponente mundial, el primero en la lista en cuanto a predecir el futuro, que es Ray Kurzweil. Y yo creo… no lo he olvidado nunca, de qué manera tan sencilla a la vez él ha definido el futuro. El futuro es, dice, la evolución biológica fusionada con la evolución tecnológica.
Se trata de una definición maravillosa de lo que nos espera, ¿no? Los científicos que trabajan con la memoria acaban de descubrir que no solamente nos ayuda a recordar el pasado, sino también a imaginar el futuro.
Ray Kurzweil:
Ésa es la naturaleza de la inteligencia: anticipar el futuro. Tenemos mecanismos de predicción de lo que sucederá, incorporados en el cerebro: en eso consiste la inteligencia. Sin embargo, hay un problema con nuestras predicciones, y es que las personas predicen las cosas de una manera lineal; creen que todo sucederá al mismo ritmo que ha venido sucediendo.
Eduard Punset:
Sí.
Ray Kurzweil:
Eso nos dice la intuición, así lo tenemos codificado… pero no se corresponde con la realidad. Las cosas cada vez van más rápido, y la gente no tiene esa intuición. Por eso, cuando te marchas durante un largo período de tiempo, pasan más cosas de las que te esperas.
Eduard Punset:
Mencionas uno de los puntos que resultan esenciales para entender realmente tus ideas. Creo que lo llamas «la ley de rendimientos acelerados». Nosotros, los economistas, lo llamaríamos simplemente «crecimiento exponencial», que significa que, en un momento determinado, como dices, hay una inflexión, un auge de la innovación… y estamos en un momento así.
Ray Kurzweil:
Sí. Un tema central en mis ideas sobre el futuro es lo que denomino «la ley de rendimientos acelerados», que tiene que ver con la tecnología de la información. En el momento en el que un ámbito de la ciencia o la tecnología se convierte en información, se acelera y crece exponencialmente. Esto no corresponde con nuestra intuición… Tomemos por ejemplo nuestra biología: la salud y la medicina. En el pasado, no funcionaban como tecnología de la información, sino más bien como «ensayo y error». Por ese motivo progresaba linealmente,
no exponencialmente. Pero ahora la salud y la biología son tecnologías de la información:hemos descifrado el genoma, podemos desactivar genes con la interferencia por ARN,podemos añadir nuevos genes mediante la terapia génica, podemos reprogramar nuestros genes, simular la biología por ordenador…todo esto es nuevo, y no existía hace unos años. Hoy, la salud y la biología son tecnologías de la información, y crecen exponencialmente.
Esto significa que serán mil veces más potentes en diez años, y un millón de veces más potentes en veinte años… básicamente doblarán su potencia cada año.
Eduard Punset:
¿Pero no te parece que progresamos muy lentamente? Es decir, en el ámbito teórico o de investigación se están haciendo estos avances, pero cuando a alguien se le diagnostica cáncer, por ejemplo, y va al médico, le dicen, probablemente que… ¿sabes? Que analizarán la genética, pero que el tratamiento será…
Ray Kurzweil:
Bueno, estos descubrimientos todavía no han llegado a los tratamientos; no han llegado a los pacientes. Pero se han abierto camino y están en fase de desarrollo. Todavía tienen que ponerse a prueba, y perfeccionarse… Creo que llegaremos a una era totalmente distinta en 10 ó 15 años.
Eduard Punset:
Sería fabuloso si, para nuestros teleespectadores, pudieras resumir los dos o tres
acontecimientos o fechas que marcarán realmente esta singularidad en la evolución acelerada,en esta mezcla de biología y tecnología. ¿Cuáles son los grandes hitos que podemos esperar?
Ray Kurzweil:
Pues bien, es un proceso continuo: tenemos por delante un campo completamente nuevo en el que se producen avances apasionantes cada día… no se trata de que vaya a suceder todo de pronto… pero, de aquí a 15 años, podremos reprogramar nuestros genes para eliminar los que provocan la enfermedad, y añadir nuevos genes para mantenernos sanos, y llegaremos a un punto en el que sumemos más de un año de vida cada año a la esperanza de vida humana. Esto pasará de aquí a 15 años.
Eduard Punset:
En 15 años…
Ray Kurzweil:
Si ahora pasamos al 2029, es decir, de aquí a 21 años, tendremos ordenadores tan inteligentes como los humanos, lo que incluye inteligencia emocional: serán divertidos, entenderán nuestras emociones…
Eduard Punset:
¿Ah, sí?
Ray Kurzweil:
Podremos hablarles… serán como personas. Pero lo importante es que empezaremos a
ponerlos dentro de nuestros cuerpos y cerebros para mantenernos sanos. Tendremos nanobots (dispositivos del tamaño de glóbulos rojos) que nos mantendrán sanos desde dentro. Si esto suena muy futurista, déjame decirte que hoy en día, ya hay docenas de experimentos que lo han hecho con animales, con la primera generación de dispositivos. Los científicos trabajan para curar la diabetes de tipo 1 en ratones con dispositivos del tamaño de un glóbulo rojo, pronto empezaremos a controlarlo… Hay ya un dispositivo de este tamaño que puede detectar las células cancerígenas y destruirlas. Por ahora solamente son experimentos, pero a finales de la década de 2020 tendremos este tipo de dispositivos circulando por la sangre para mantenernos sanos desde dentro. Y si ahora vamos más adelante, hasta la década de 2030,
tendremos estos componentes en el cerebro, e interactuarán con nuestras neuronas biológicas. Ya hay personas que son ciborgs, que tienen máquinas en el cerebro… por ejemplo, pacientes de Parkinson que llevan un dispositivo del tamaño de un guisante que sustituye las neuronas destruidas por la enfermedad. Y funciona como…
Eduard Punset:
…el cerebro.
Ray Kurzweil:
…la región cerebral original. Y la última generación de este implante cerebral (ahora están en la cuarta generación) permite descargar nuevo software para el ordenador en el interior del cerebro desde fuera del paciente. La generación anterior no lo permitía. ¡Y esto es algo que ya se puede hacer en la actualidad! No tiene el tamaño de un glóbulo rojo, sino de un guisante, y por tanto tiene que implantarse con cirugía, pero si seguimos avanzando así veinte años… otra
tendencia exponencial es que estos dispositivos son cada vez más pequeños.
Además, cuando queramos crear una realidad virtual, los nanobots desconectarán las señales procedentes de nuestros sentidos reales, y las sustituirán por las señales que el cerebro recibiría si estuviéramos realmente en el entorno virtual… y sentiremos realmente que estamos en ese entorno virtual. El diseño de nuevos entornos se convertirá en una nueva forma de arte…y no solamente será visual o auditivo, también táctil… implicará todos los sentidos…
Eduard Punset:
Será tan real como la realidad.
Ray Kurzweil:
Tan real como la realidad. Y no tendremos por qué tener el mismo aspecto: podremos tener la apariencia de otra persona en un entorno de realidad virtual. Será como Matrix… pasaremos mucho tiempo en entornos virtuales. Y seremos más inteligentes, porque estos nanobots interactuarán con nuestras neuronas biológicas y mejorarán nuestra memoria, nuestras capacidades racionales... Y si ahora imaginamos la década de 2040, la mayoría de lo que habrá en nuestros cerebros no será biológico. Así que, en última instancia, nuestros cerebros serán como los ordenadores actuales, sólo que mucho más potentes. ¡Miles de millones de veces más potentes! Y podremos hacer copias de seguridad. ¿Sabes? ¡De aquí a 50 años, la gente pensará que es sorprendente que las personas de hoy, del 2008, fueran por el mundo sin hacer copias de seguridad de su archivo mental!
Eduard Punset:
Finalmente… sé que esto está muy lejos en el tiempo, pero dices que al final de este proceso,se abrirá una nueva fase muy distinta de las anteriores, a la que llamas, de hecho, la fase del despertar del universo. Y sostienes que podremos entrar en esta fase si la humanidad logra encontrar la manera de superar cosas que hasta ahora nos han limitado, como ir más rápido que la velocidad de la luz.
Ray Kurzweil:
Permíteme que me explique. Ahora mismo, la computación avanza muchísimo. Acabará
superando nuestra capacidad mental. A finales del siglo XXI, vamos a saturar la materia y la energía de la Tierra, y de los alrededores de nuestro planeta para convertirla en computación de una inteligencia sublime. Pero luego tendremos que expandirnos más allá de la Tierra, porque agotaremos la materia y energía del planeta que se puede convertir en ordenadores inteligentes. Y yo concibo este proceso como un envío de misiones con nanobots para que colonicen otros cuerpos celestes.
Eduard Punset:
Planetas…
Ray Kurzweil:
La pregunta es: ¿con qué rapidez se puede propagar nuestra inteligencia a otros cuerpos celestes? Lo que sabemos hoy en día es que hay un límite de velocidad en el universo: la velocidad de la luz.
Eduard Punset:
Sí.
Ray Kurzweil:
Se trata, de hecho, de un límite de velocidad: no se va más rápido que la velocidad de la luz, pero se encuentra un atajo a través de un agujero de gusano para llegar, más rápidamente, a un lugar que aparentemente está muy lejos.
Eduard Punset:
¿Y…? Sigue, sigue.
Ray Kurzweil:
Si esto es así, entonces podemos llegar a esos lugares remotos más rápidamente, y podremos acabar alcanzando todo el universo en mucho menos tiempo. Y, a la larga, podremos difundir nuestra inteligencia de un modo no biológico a todo el universo, quizá en solamente unos pocos siglos. Y entonces el universo despertará, porque ahora solamente consiste en un montón de materia inerte. En mi opinión, la inteligencia constituye, ni más ni menos, el objetivo del universo y, en última instancia, el universo terminará convirtiéndose en una entidad muy inteligente, y se superará la mecánica celeste mediante ingeniería por todo el universo. Para entender la viabilidad de esto, ¡pensemos que ya estamos haciendo ingeniería a escala planetaria! Y más adelante, en este siglo, haremos también ingeniería por todo el
sistema solar, y luego por toda la galaxia… hasta que, finalmente, hagamos ingeniería por todo el universo y utilicemos nuestra inteligencia para superar esta mecánica celeste tan poco inteligente.
Eduard Punset:
¿Conoces a Daniel Dennett, el filósofo? También estuvo en el programa, en Redes, y somos buenos amigos. Mientras hablabas, yo pensaba en lo que él dice sobre la existencia de Dios…él afirma que, si Dios existe, no se nos aparece demasiado a menudo, ¿no? Yo pensaba en algo así. Así que si todo lo que dices es cierto, como sugieres, y logramos este potencial de crecimiento exponencial de la inteligencia en el planeta, probablemente no necesitemos la inteligencia marciana… ¡ni siquiera la inteligencia de Dios!
Ray Kurzweil:
Me gusta pensar en la evolución (la evolución biológica, que condujo a la evolución
tecnológica) como una especie de proceso espiritual, porque… ¿qué es lo que vemos en la evolución? Vemos entidades que se vuelven más inteligentes, con más conocimiento, más creatividad, más belleza… ¿y qué es Dios? ¿Cómo se ha descrito Dios? Dios es una idea, y se refiere a una capacidad ilimitada en todos estos aspectos: inteligencia, creatividad, belleza,conocimiento… y la evolución avanza exponencialmente en esa dirección: desborda creatividad, e inteligencia, y conocimiento... Por tanto, la evolución se mueve en una dirección espiritual, y cada vez se parece más a Dios. Nunca se vuelve literalmente infinita, pero parece que lo sea, porque explota exponencialmente en esa dirección. E igual que la evolución biológica condujo a la evolución tecnológica, la evolución tecnológica nos conducirá a la singularidad: una explosión de inteligencia, y conocimiento, y creatividad…¡será muy parecida a Dios! Es un proceso espiritual. Ésta es mi manera de verlo.
Eduard Punset:
Bueno, pues hoy, mira por donde, lo que parecía una visión extremadamente tecnológica y materialista del futuro, Kurzweil le da una vertiente espiritual y que, lejos de negar otras realidades, nos vendría a confirmar que estamos metidos en una especie de trayectoria, de evolución espiritual; espiritual en el sentido de que está hecha de belleza, de singularidades, de inteligencia, de conocimiento… y de simetría, seguramente.
Las emociones positivas aumentan la calidad de vida en la vejez
http://www.tendencias21.net/Las-emociones-positivas-aumentan-la-calidad-de-vida-en-la-vejez_a5537.html
Ayudan a superar el estrés, aumentan la salud física y mejoran la capacidad de atención, entre otras ventajas
Las emociones positivas son un potente antídoto contra el estrés, el dolor y la enfermedad en la vejez, señala un reciente estudio realizado por un psicólogo de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. Pero las ventajas de esta actitud no alcanzan sólo a los ancianos, porque además se ha constatado que este tipo de emociones ayudan también a superar el estrés, aumentan nuestra salud física e incluso mejoran nuestra capacidad de concentración y de reflexión.
Por Yaiza Martínez.
La idea que sentirse bien puede tener un efecto positivo en la salud no es nueva, ¿pero es cierta? Un artículo reciente publicado en la revista Current Directions in Psychological Science, de la Association for Psychological Science (APS) de Estados Unidos, analiza esta cuestión, a partir de la revisión de los estudios existentes sobre el efecto de las emociones positivas en la salud de los ancianos.
El autor de esta revisión ha sido Anthony Ong, un psicólogo e investigador de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, especializado en el estudio de los recursos emocionales, cognitivos y culturales que utilizan las personas para adaptarse a las circunstancias adversas de la vida, a medida que envejecen.
El valor de una actitud positiva
Según explica Ong en un comunicado de la APS: “Todos envejecemos. Sin embargo, es cómo envejecemos lo que determina la calidad de nuestra vida”.
En ese proceso, los datos de los estudios revisados por el psicólogo señalan que las emociones positivas realmente son un potente antídoto contra el estrés, el dolor y la enfermedad.
Ong afirma que una actitud positiva puede proteger contra una mala salud en la tercera edad, de diversas formas. Por ejemplo, las personas más felices tienden a afrontar la vejez de manera preventiva, haciendo ejercicio regularmente o cuidando su descanso nocturno.
Por otro lado, este tipo de individuos es más propicio a evitar comportamientos insanos, como el tabaco. Los beneficios de ciertas elecciones en el estilo de vida cobran mayor importancia en la vejez, época en que los cuerpos se vuelven más susceptibles a la enfermedad.
Envejecimiento individual
Y, además, una visión optimista ayuda a combatir el estrés, que se sabe es un factor de riesgo de padecer numerosas enfermedades.
Según diversos estudios, los individuos con emociones positivas más fuertes presentan niveles más bajos de sustancias químicas asociadas con inflamaciones vinculadas al estrés. Por tanto, adoptando una actitud positiva, afirma Ong, la gente puede evitar incluso algunos de los daños físicos ocasionados por el estrés.
En definitiva, el bienestar psíquico puede influir en el proceso de envejecimiento, en el que se produce un declive gradual del sistema neuroendocrino, el sistema cardiovascular y el sistema inmune, escriben los investigadores en Current Directions in Psychological Science.
Este declive contribuye a aumentar el riesgo de enfermedad y mortalidad, pero resulta importante comprender que las alteraciones de los procesos fisiológicos derivadas de la edad no son invariables: existirían diferencias en el grado de vulnerabilidad y en la resiliencia (capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas), que dependen de cada individuo y de su propia capacidad para sentirse bien.
Otras ventajas
Los ancianos no serían los únicos en beneficiarse de las emociones positivas.
Según un artículo anterior sobre los trabajos de Anthony Ong, publicado por la Universidad de Cornell, las emociones positivas pueden ayudarnos, en general, en cuatro aspectos de la vida.
En primer lugar, las emociones positivas pueden servir para recuperarnos de emociones negativas, e incluso de los efectos de éstas sobre el organismo.
En pruebas realizadas en laboratorio, Ong descubrió que las emociones positivas favorecían una recuperación cardiovascular más rápida del daño producido por emociones negativas y que, además, estas emociones fomentaban la superación de momentos críticos de la vida, como el de la pérdida de un ser querido.
En segundo lugar, Ong afirma que las emociones positivas aumentan la capacidad de atención y de reflexión, algo que han demostrado los estudios llevados a cabo por otra psicólogo de la Universidad de Cornell, Alice Isen, durante dos décadas de investigación.
En tercer lugar, las emociones positivas fomentan también la resiliencia psicológica, es decir, mejoran nuestra capacidad de afrontar experiencias negativas; y, en cuarto lugar, estas emociones generarían bienestar emocional y físico.
Cinco vías hacia el bienestar
Para Ong, no se puede negar que las emociones positivas tienen un valor como recurso de adaptación y que, por tanto, resulta importante estudiarlas para entender y potenciar nuestros medios de desarrollo y florecimiento.
En cuanto al modo de fomentar este tipo de emociones a nivel individual, Ong aconseja cinco maneras de hacerlo. Una de ellas es tratar de encontrarle sentido a la vida cotidiana, revisando los acontecimientos adversos desde una perspectiva positiva, dándole un valor positivo a los sucesos cotidianos y proponiéndonos objetivos realistas.
La segunda vía es explorar técnicas de relajación que favorezcan la calma interior. Asimismo, Ong recomienda conectar con otras personas para despertar en nosotros emociones positivas, y realizar actividades que nos parezcan intrínsecamente motivadoras.
Por último, el cuidado personal también favorece la actitud positiva: una buena alimentación, un buen descanso y el ejercicio físico regular, son factores que favorecen no sólo el bienestar físico, sino también bienestar psíquico.
Ayudan a superar el estrés, aumentan la salud física y mejoran la capacidad de atención, entre otras ventajas
Las emociones positivas son un potente antídoto contra el estrés, el dolor y la enfermedad en la vejez, señala un reciente estudio realizado por un psicólogo de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. Pero las ventajas de esta actitud no alcanzan sólo a los ancianos, porque además se ha constatado que este tipo de emociones ayudan también a superar el estrés, aumentan nuestra salud física e incluso mejoran nuestra capacidad de concentración y de reflexión.
Por Yaiza Martínez.
La idea que sentirse bien puede tener un efecto positivo en la salud no es nueva, ¿pero es cierta? Un artículo reciente publicado en la revista Current Directions in Psychological Science, de la Association for Psychological Science (APS) de Estados Unidos, analiza esta cuestión, a partir de la revisión de los estudios existentes sobre el efecto de las emociones positivas en la salud de los ancianos.
El autor de esta revisión ha sido Anthony Ong, un psicólogo e investigador de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, especializado en el estudio de los recursos emocionales, cognitivos y culturales que utilizan las personas para adaptarse a las circunstancias adversas de la vida, a medida que envejecen.
El valor de una actitud positiva
Según explica Ong en un comunicado de la APS: “Todos envejecemos. Sin embargo, es cómo envejecemos lo que determina la calidad de nuestra vida”.
En ese proceso, los datos de los estudios revisados por el psicólogo señalan que las emociones positivas realmente son un potente antídoto contra el estrés, el dolor y la enfermedad.
Ong afirma que una actitud positiva puede proteger contra una mala salud en la tercera edad, de diversas formas. Por ejemplo, las personas más felices tienden a afrontar la vejez de manera preventiva, haciendo ejercicio regularmente o cuidando su descanso nocturno.
Por otro lado, este tipo de individuos es más propicio a evitar comportamientos insanos, como el tabaco. Los beneficios de ciertas elecciones en el estilo de vida cobran mayor importancia en la vejez, época en que los cuerpos se vuelven más susceptibles a la enfermedad.
Envejecimiento individual
Y, además, una visión optimista ayuda a combatir el estrés, que se sabe es un factor de riesgo de padecer numerosas enfermedades.
Según diversos estudios, los individuos con emociones positivas más fuertes presentan niveles más bajos de sustancias químicas asociadas con inflamaciones vinculadas al estrés. Por tanto, adoptando una actitud positiva, afirma Ong, la gente puede evitar incluso algunos de los daños físicos ocasionados por el estrés.
En definitiva, el bienestar psíquico puede influir en el proceso de envejecimiento, en el que se produce un declive gradual del sistema neuroendocrino, el sistema cardiovascular y el sistema inmune, escriben los investigadores en Current Directions in Psychological Science.
Este declive contribuye a aumentar el riesgo de enfermedad y mortalidad, pero resulta importante comprender que las alteraciones de los procesos fisiológicos derivadas de la edad no son invariables: existirían diferencias en el grado de vulnerabilidad y en la resiliencia (capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas), que dependen de cada individuo y de su propia capacidad para sentirse bien.
Otras ventajas
Los ancianos no serían los únicos en beneficiarse de las emociones positivas.
Según un artículo anterior sobre los trabajos de Anthony Ong, publicado por la Universidad de Cornell, las emociones positivas pueden ayudarnos, en general, en cuatro aspectos de la vida.
En primer lugar, las emociones positivas pueden servir para recuperarnos de emociones negativas, e incluso de los efectos de éstas sobre el organismo.
En pruebas realizadas en laboratorio, Ong descubrió que las emociones positivas favorecían una recuperación cardiovascular más rápida del daño producido por emociones negativas y que, además, estas emociones fomentaban la superación de momentos críticos de la vida, como el de la pérdida de un ser querido.
En segundo lugar, Ong afirma que las emociones positivas aumentan la capacidad de atención y de reflexión, algo que han demostrado los estudios llevados a cabo por otra psicólogo de la Universidad de Cornell, Alice Isen, durante dos décadas de investigación.
En tercer lugar, las emociones positivas fomentan también la resiliencia psicológica, es decir, mejoran nuestra capacidad de afrontar experiencias negativas; y, en cuarto lugar, estas emociones generarían bienestar emocional y físico.
Cinco vías hacia el bienestar
Para Ong, no se puede negar que las emociones positivas tienen un valor como recurso de adaptación y que, por tanto, resulta importante estudiarlas para entender y potenciar nuestros medios de desarrollo y florecimiento.
En cuanto al modo de fomentar este tipo de emociones a nivel individual, Ong aconseja cinco maneras de hacerlo. Una de ellas es tratar de encontrarle sentido a la vida cotidiana, revisando los acontecimientos adversos desde una perspectiva positiva, dándole un valor positivo a los sucesos cotidianos y proponiéndonos objetivos realistas.
La segunda vía es explorar técnicas de relajación que favorezcan la calma interior. Asimismo, Ong recomienda conectar con otras personas para despertar en nosotros emociones positivas, y realizar actividades que nos parezcan intrínsecamente motivadoras.
Por último, el cuidado personal también favorece la actitud positiva: una buena alimentación, un buen descanso y el ejercicio físico regular, son factores que favorecen no sólo el bienestar físico, sino también bienestar psíquico.
Y tú, ¿te olvidas de vivir?
http://franciscoalcaide.blogspot.com/2011/01/y-tu-te-olvidas-de-vivir.html
Dado que el post: ¿Sabes cuáles son tus valores? ha gustado y me han llegado muchos ecos sobre la historia allí recogida, hoy quiero reproducir un post que publiqué hace algún tiempo, concretamente hace casi tres años (20/04/08), pero que viene bien al caso. Llevaba por título: Me olvidé de vivir. Lo reproduzco a continuación con algún detalle más:
«De tanto correr por la vida sin freno, / me olvidé que la vida se vive un momento. / De tanto querer ser en todo el primero, / me olvidé de vivir los detalles pequeños...».
Son sólo algunas estrofas de la canción Me olvidé de vivir de Julio Iglesias incluida dentro de su disco Emociones (1979) que el cantante compuso tras su separación de Isabel Preysler, cuyos motivos –parecer ser– fueron los continuos viajes, galas y ausencias del artista.
Hace unos días escuché en una entrevista a la cantante Mónica Naranjo que acaba de lanzar su disco Tarántula (2008). Después de un éxito arrollador con álbumes anteriores, la cantante ha estado siete años apartada del glamour de las cámaras y los focos. Las razones las daba en una entrevista en televisión: «Tengo el trabajo más bonito y al mismo tiempo el más esclavo. Al final, llega un momento que uno deja la vida sólo para trabajar, y si tienes un poco de sentido común, decides si sigues y enfermas o te das un break y vives. Y yo he vivido». Días después, un periódico entresacaba el siguiente titular de otra entrevista a la artista: «Acabé enferma de éxito».
El filósofo presocrático Demócrito (460–370 a.C.) decía: «Las cosas más agradables de este mundo se convierten en las más desagradables cuando no reina la moderación». También de éxito se puede enfermar y morir (ver post El valor relativo del éxito, 02/04/08).
Los primeros once minutos de la película Kramer contra Kramer (1979) de Robert Benton –ganadora de cinco estatuillas a los Premios de la Academia– son ejemplificadores. Ted Kramer (Dustin Hoffman) es un alto ejecutivo de publicidad ensimismado en su trabajo que tras ser ascendido en la empresa para la que trabaja llega a casa con el deseo de que todo sean celebraciones; su mujer, Joanna (Meryl Streep), sin embargo, está esperándole para decirle que le abandona, dejándole al cuidado el hijo de ambos, Billy (Justin Henry).
Las circunstancias ponen entonces a Ted en la tesitura de optar por una brillante carrera profesional o poner más atención del cuidado de su retoño. Su decisión se centra en esta última alternativa. Tras ser despedido de la compañía para la que trabaja, encuentra otra ocupación más «normal» pero con la satisfacción de poder disfrutar más tiempo de su pequeño.
Encontrar un equilibro entre todas las facetas de la vida es imprescindible aunque, evidentemente, nada sencillo. La vida empuja inevitablemente hacia el «exceso» o el «defecto». Sólo con mucha madurez y personalidad se logra mantener una cierta estabilidad personal.
Me despido con la letra –merece la pena leerla– y música de Me olvidé de vivir de Julio Iglesias:
De tanto correr por la vida sin freno,
me olvidé que la vida se vive un momento.
De tanto querer ser en todo el primero,
me olvidé de vivir los detalles pequeños.
De tanto jugar con los sentimientos,
viviendo de aplausos envueltos en sueños.
De tanto gritar mis canciones al viento,
ya no soy como ayer, ya no sé lo que siento
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir.
De tanto cantarle al amor y la vida,
me quedé sin amor una noche de un día.
De tanto jugar con quien yo más quería,
perdí sin querer lo mejor que tenía.
De tanto ocultar la verdad con mentiras,
me engañé sin saber que era yo quien perdía.
De tanto esperar, yo que nunca ofrecía,
hoy me toca llorar, yo que siempre reía.
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir.
De tanto correr por ganar tiempo al tiempo,
queriendo robarle a mis noches el sueño.
De tanto fracasos, de tantos intentos,
por querer descubrir cada día algo nuevo.
De tanto jugar con los sentimientos,
viviendo de aplausos envueltos en sueños.
De tanto gritar mis canciones al viento,
ya no soy como ayer, ya no sé lo que siento.
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir.
Dado que el post: ¿Sabes cuáles son tus valores? ha gustado y me han llegado muchos ecos sobre la historia allí recogida, hoy quiero reproducir un post que publiqué hace algún tiempo, concretamente hace casi tres años (20/04/08), pero que viene bien al caso. Llevaba por título: Me olvidé de vivir. Lo reproduzco a continuación con algún detalle más:
«De tanto correr por la vida sin freno, / me olvidé que la vida se vive un momento. / De tanto querer ser en todo el primero, / me olvidé de vivir los detalles pequeños...».
Son sólo algunas estrofas de la canción Me olvidé de vivir de Julio Iglesias incluida dentro de su disco Emociones (1979) que el cantante compuso tras su separación de Isabel Preysler, cuyos motivos –parecer ser– fueron los continuos viajes, galas y ausencias del artista.
Hace unos días escuché en una entrevista a la cantante Mónica Naranjo que acaba de lanzar su disco Tarántula (2008). Después de un éxito arrollador con álbumes anteriores, la cantante ha estado siete años apartada del glamour de las cámaras y los focos. Las razones las daba en una entrevista en televisión: «Tengo el trabajo más bonito y al mismo tiempo el más esclavo. Al final, llega un momento que uno deja la vida sólo para trabajar, y si tienes un poco de sentido común, decides si sigues y enfermas o te das un break y vives. Y yo he vivido». Días después, un periódico entresacaba el siguiente titular de otra entrevista a la artista: «Acabé enferma de éxito».
El filósofo presocrático Demócrito (460–370 a.C.) decía: «Las cosas más agradables de este mundo se convierten en las más desagradables cuando no reina la moderación». También de éxito se puede enfermar y morir (ver post El valor relativo del éxito, 02/04/08).
Los primeros once minutos de la película Kramer contra Kramer (1979) de Robert Benton –ganadora de cinco estatuillas a los Premios de la Academia– son ejemplificadores. Ted Kramer (Dustin Hoffman) es un alto ejecutivo de publicidad ensimismado en su trabajo que tras ser ascendido en la empresa para la que trabaja llega a casa con el deseo de que todo sean celebraciones; su mujer, Joanna (Meryl Streep), sin embargo, está esperándole para decirle que le abandona, dejándole al cuidado el hijo de ambos, Billy (Justin Henry).
Las circunstancias ponen entonces a Ted en la tesitura de optar por una brillante carrera profesional o poner más atención del cuidado de su retoño. Su decisión se centra en esta última alternativa. Tras ser despedido de la compañía para la que trabaja, encuentra otra ocupación más «normal» pero con la satisfacción de poder disfrutar más tiempo de su pequeño.
Encontrar un equilibro entre todas las facetas de la vida es imprescindible aunque, evidentemente, nada sencillo. La vida empuja inevitablemente hacia el «exceso» o el «defecto». Sólo con mucha madurez y personalidad se logra mantener una cierta estabilidad personal.
Me despido con la letra –merece la pena leerla– y música de Me olvidé de vivir de Julio Iglesias:
De tanto correr por la vida sin freno,
me olvidé que la vida se vive un momento.
De tanto querer ser en todo el primero,
me olvidé de vivir los detalles pequeños.
De tanto jugar con los sentimientos,
viviendo de aplausos envueltos en sueños.
De tanto gritar mis canciones al viento,
ya no soy como ayer, ya no sé lo que siento
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir.
De tanto cantarle al amor y la vida,
me quedé sin amor una noche de un día.
De tanto jugar con quien yo más quería,
perdí sin querer lo mejor que tenía.
De tanto ocultar la verdad con mentiras,
me engañé sin saber que era yo quien perdía.
De tanto esperar, yo que nunca ofrecía,
hoy me toca llorar, yo que siempre reía.
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir.
De tanto correr por ganar tiempo al tiempo,
queriendo robarle a mis noches el sueño.
De tanto fracasos, de tantos intentos,
por querer descubrir cada día algo nuevo.
De tanto jugar con los sentimientos,
viviendo de aplausos envueltos en sueños.
De tanto gritar mis canciones al viento,
ya no soy como ayer, ya no sé lo que siento.
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir,
Me olvidé de vivir.
viernes, 21 de enero de 2011
La positividad inteligente
http://networkedblogs.com/dhEdP
Con Pablo Avelluto, director de Sudamericana y hombre de inteligencia notable, mientras preparábamos la edición de "Ganas de vivir" jugábamos con la idea de posicionarlo como un libro de "autoayuda inteligente". No me gustaba mucho la idea porque no soy denigrador de la autoayuda en general (la hay de distintas calidades, como sucede en todos los rubros), pero sí me parecía valiosa la idea de una positividad inteligente. ¿Por qué?
Porque generalmente la positividad es sonsa, o lo parece. Cuando uno se pone en fase optimista, entusiasta, positiva, suena a veces como si se hiciera un poco el boludo en relación con aspectos graves de la realidad que no pueden evitarse.
Pensando en la cosa llegué a darme cuenta de cuando la positividad es inteligente y cuando no lo es.
La positividad es inteligente cuando no niega el mal, cuando no se arma generando una imagen de la realidad ingenua, que desestima la presencia de los obstáculos.
La positividad es tonta cuando cree que el mal puede ser soslayado mediante un truco de la visión. Cuando lima al mundo para sacarle las asperezas. Cuando finge que la negatividad no existe y no logra entonces superarla efectivamente.
La positividad es inteligente cuando encarna en una sensibilidad que capta que la gran operación de la vida, con sus asperezas y con la presencia inevitable de la muerte, no quita sentido ni valor a la experiencia. (Al contrario, podríamos decir, cuando se nutre de ella).
La positividad inteligente no tiene que engañarse, puede mirar a la realidad a la cara y captar su extrema productividad, su riqueza inagotable, su generación de posibilidades constantes, su plasticidad.
La positividad es inteligente cuando permite el crecimiento que surge de enfrentar y superar los obstáculos, no de su negación voluntarista.
La positividad inteligente es el paso superador de la inteligencia triste, de la inteligencia crítica, siempre anclada en la impotencia como en una virtud. Esa es una inteligencia vieja, no tan inteligente, al final...
Con Pablo Avelluto, director de Sudamericana y hombre de inteligencia notable, mientras preparábamos la edición de "Ganas de vivir" jugábamos con la idea de posicionarlo como un libro de "autoayuda inteligente". No me gustaba mucho la idea porque no soy denigrador de la autoayuda en general (la hay de distintas calidades, como sucede en todos los rubros), pero sí me parecía valiosa la idea de una positividad inteligente. ¿Por qué?
Porque generalmente la positividad es sonsa, o lo parece. Cuando uno se pone en fase optimista, entusiasta, positiva, suena a veces como si se hiciera un poco el boludo en relación con aspectos graves de la realidad que no pueden evitarse.
Pensando en la cosa llegué a darme cuenta de cuando la positividad es inteligente y cuando no lo es.
La positividad es inteligente cuando no niega el mal, cuando no se arma generando una imagen de la realidad ingenua, que desestima la presencia de los obstáculos.
La positividad es tonta cuando cree que el mal puede ser soslayado mediante un truco de la visión. Cuando lima al mundo para sacarle las asperezas. Cuando finge que la negatividad no existe y no logra entonces superarla efectivamente.
La positividad es inteligente cuando encarna en una sensibilidad que capta que la gran operación de la vida, con sus asperezas y con la presencia inevitable de la muerte, no quita sentido ni valor a la experiencia. (Al contrario, podríamos decir, cuando se nutre de ella).
La positividad inteligente no tiene que engañarse, puede mirar a la realidad a la cara y captar su extrema productividad, su riqueza inagotable, su generación de posibilidades constantes, su plasticidad.
La positividad es inteligente cuando permite el crecimiento que surge de enfrentar y superar los obstáculos, no de su negación voluntarista.
La positividad inteligente es el paso superador de la inteligencia triste, de la inteligencia crítica, siempre anclada en la impotencia como en una virtud. Esa es una inteligencia vieja, no tan inteligente, al final...
El intra-emprendedor: la innovación desde adentro
http://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/el-intra-emprendedor-la-innovacion-desde-adentro
El mundo tiene casos de grandes emprendedores. Algunos resultan de imitar experiencias exitosas, mientras que otros son producto de auténtica innovación. Sin embargo, debido a la rutina y el trajín operativo, la chispa creativa se puede extinguir. Un intra-emprendedor es un individuo -o grupo de personas- que invierte tiempo suficiente a las ideas innovadoras desde el interior de la propia empresa, a través de procesos abiertos que las recogen, retroalimentan, mejoran y canalizan hacia el éxito, manteniendo viva la llama innovadora original de la empresa.
El Post-it de 3M, que transformó un pegamento disfuncional en un producto que no podemos dejar de usar hoy; el IPod de Apple, que transformó hardware en un modelo de consumo musical; o Amazon, que reinventó la forma de adquirir libros con comodidad y a mejores precios, son sólo tres casos emblemáticos de una larga lista de empresas con cultura emprendedora que alientan la innovación.
¿Qué tienen en común los intra-emprendedores exitosos? Varias cosas. Lo más importante, la confianza de sus jefes y gerencias, caracterizados por una mente abierta a las ideas. Asimismo, la tranquilidad de no perder sus empleos si sus ideas no funcionan, y -con certeza- eso ocurrirá tarde o temprano. Por lo general, los intra-emprendedores exitosos pertenecen a empresas con una clara cultura de innovación, aun en tiempos de crisis en que la presión por resultados inmediatos es muy alta.
En un reciente estudio global hecho por Ernst & Young, con 263 reconocidos emprendedores alrededor del mundo, el 82% indicó que la habilidad de innovar es crucial para el crecimiento de toda compañía. No obstante, casi la mitad reconoció que la tarea se dificulta a medida que las organizaciones crecen en tamaño y complejidad. Debido a ello, las corporaciones que fomentan con éxito el “intra-emprendedurismo” han tenido que desarrollar la flexibilidad y agilidad suficientes para incentivar la creatividad y recompensar la innovación.
Google, un ejemplo nítido de apuesta por la innovación, permite a sus empleados dedicar hasta el 20% de su tiempo semanal para desarrollar y dar vida a cualquier idea innovadora que se les ocurra. Es como juntar el ímpetu y ganas de un startup con la base y recursos de una compañía consolidada. Estos factores son prioritarios en los que miran el largo plazo y apuntan a expandir sus operaciones.
Si consideramos a las empresas en general -no sólo las grandes, sino también las medianas y pequeñas- veremos que son varias las que innovan, ya sea en productos o servicios; pero son muy pocas las que realmente colocan a la innovación como espíritu corporativo, simplemente porque no saben cómo hacerlo. Y acá radica el principal problema. El estudio que llevamos a cabo reveló lo importante que resulta establecer una estructura formal que propicie el intra-emprendedurismo. El 40% de los participantes señaló que muchas veces sus compañías tienen buenas ideas, pero que por falta de estructuras y procesos adecuados nunca pudieron aprovecharlas ni materializarlas.
Otro hallazgo importante del estudio fue la necesidad de estimular a los empleados a dar ideas, porque son ellos los que tienen un mejor feeling del mercado, y si el personal es rico en diversidad, ya sea cultural, de género o edades, mucho mejor aún, dado que está demostrado que de la heterogeneidad de puntos de vista surgen las mejores ideas.
Según el estudio, una vez establecidos la estructura y contexto idóneos, que permitan que la creatividad brote y se centre en aquellas áreas de mayor potencial, una empresa debería asegurarse de retener a sus mejores talentos, evitando que migren a la competencia ¡o que creen sus propias empresas y se conviertan ellos mismos en la competencia! Para ello, resulta fundamental recompensar muy bien el éxito, creando líneas de carrera y oportunidades acordes a las expectativas del talento creativo e innovador.
El estudio reveló que cientos de miles de ideas geniales con gran potencial, en las que se hicieron inversiones importantes, nunca vieron la luz, ya sea por razones de timing -probablemente el mercado no estaba listo aun o quizás ya era muy tarde-, o por limitaciones presupuestales, o por mala estrategia. Sin embargo, la principal lección aprendida fue la necesidad de profundizar e interiorizar el concepto de innovación empresarial, institucionalizando el intra-emprendedurismo mediante estructuras y procesos adecuados.
Un apunte final, pero no poco importante. El Estado debe cumplir un rol promotor con una clara política que incentive la investigación y el desarrollo tecnológico, mediante créditos tributarios o tasas fiscales reducidas, a las cuales acceda la inversión en innovación, siempre y cuando se rija por un estricto código formal que genere beneficios al país.
El Estado debe aprovechar la vocación de emprendedurismo, para complementarla con condiciones favorables que le permita la creación de nuevos productos, servicios y modelos de negocios innovadores, que den lugar a otras versiones 3M, Apple o Amazon.
El mundo tiene casos de grandes emprendedores. Algunos resultan de imitar experiencias exitosas, mientras que otros son producto de auténtica innovación. Sin embargo, debido a la rutina y el trajín operativo, la chispa creativa se puede extinguir. Un intra-emprendedor es un individuo -o grupo de personas- que invierte tiempo suficiente a las ideas innovadoras desde el interior de la propia empresa, a través de procesos abiertos que las recogen, retroalimentan, mejoran y canalizan hacia el éxito, manteniendo viva la llama innovadora original de la empresa.
El Post-it de 3M, que transformó un pegamento disfuncional en un producto que no podemos dejar de usar hoy; el IPod de Apple, que transformó hardware en un modelo de consumo musical; o Amazon, que reinventó la forma de adquirir libros con comodidad y a mejores precios, son sólo tres casos emblemáticos de una larga lista de empresas con cultura emprendedora que alientan la innovación.
¿Qué tienen en común los intra-emprendedores exitosos? Varias cosas. Lo más importante, la confianza de sus jefes y gerencias, caracterizados por una mente abierta a las ideas. Asimismo, la tranquilidad de no perder sus empleos si sus ideas no funcionan, y -con certeza- eso ocurrirá tarde o temprano. Por lo general, los intra-emprendedores exitosos pertenecen a empresas con una clara cultura de innovación, aun en tiempos de crisis en que la presión por resultados inmediatos es muy alta.
En un reciente estudio global hecho por Ernst & Young, con 263 reconocidos emprendedores alrededor del mundo, el 82% indicó que la habilidad de innovar es crucial para el crecimiento de toda compañía. No obstante, casi la mitad reconoció que la tarea se dificulta a medida que las organizaciones crecen en tamaño y complejidad. Debido a ello, las corporaciones que fomentan con éxito el “intra-emprendedurismo” han tenido que desarrollar la flexibilidad y agilidad suficientes para incentivar la creatividad y recompensar la innovación.
Google, un ejemplo nítido de apuesta por la innovación, permite a sus empleados dedicar hasta el 20% de su tiempo semanal para desarrollar y dar vida a cualquier idea innovadora que se les ocurra. Es como juntar el ímpetu y ganas de un startup con la base y recursos de una compañía consolidada. Estos factores son prioritarios en los que miran el largo plazo y apuntan a expandir sus operaciones.
Si consideramos a las empresas en general -no sólo las grandes, sino también las medianas y pequeñas- veremos que son varias las que innovan, ya sea en productos o servicios; pero son muy pocas las que realmente colocan a la innovación como espíritu corporativo, simplemente porque no saben cómo hacerlo. Y acá radica el principal problema. El estudio que llevamos a cabo reveló lo importante que resulta establecer una estructura formal que propicie el intra-emprendedurismo. El 40% de los participantes señaló que muchas veces sus compañías tienen buenas ideas, pero que por falta de estructuras y procesos adecuados nunca pudieron aprovecharlas ni materializarlas.
Otro hallazgo importante del estudio fue la necesidad de estimular a los empleados a dar ideas, porque son ellos los que tienen un mejor feeling del mercado, y si el personal es rico en diversidad, ya sea cultural, de género o edades, mucho mejor aún, dado que está demostrado que de la heterogeneidad de puntos de vista surgen las mejores ideas.
Según el estudio, una vez establecidos la estructura y contexto idóneos, que permitan que la creatividad brote y se centre en aquellas áreas de mayor potencial, una empresa debería asegurarse de retener a sus mejores talentos, evitando que migren a la competencia ¡o que creen sus propias empresas y se conviertan ellos mismos en la competencia! Para ello, resulta fundamental recompensar muy bien el éxito, creando líneas de carrera y oportunidades acordes a las expectativas del talento creativo e innovador.
El estudio reveló que cientos de miles de ideas geniales con gran potencial, en las que se hicieron inversiones importantes, nunca vieron la luz, ya sea por razones de timing -probablemente el mercado no estaba listo aun o quizás ya era muy tarde-, o por limitaciones presupuestales, o por mala estrategia. Sin embargo, la principal lección aprendida fue la necesidad de profundizar e interiorizar el concepto de innovación empresarial, institucionalizando el intra-emprendedurismo mediante estructuras y procesos adecuados.
Un apunte final, pero no poco importante. El Estado debe cumplir un rol promotor con una clara política que incentive la investigación y el desarrollo tecnológico, mediante créditos tributarios o tasas fiscales reducidas, a las cuales acceda la inversión en innovación, siempre y cuando se rija por un estricto código formal que genere beneficios al país.
El Estado debe aprovechar la vocación de emprendedurismo, para complementarla con condiciones favorables que le permita la creación de nuevos productos, servicios y modelos de negocios innovadores, que den lugar a otras versiones 3M, Apple o Amazon.
jueves, 20 de enero de 2011
¿Sabes cuáles son tus valores?
http://franciscoalcaide.blogspot.com/2011/01/sabes-cuales-son-tus-valores.html
Los valores son los principios que guían nuestros comportamientos. Reflejan lo que somos. Sin embargo, a veces, en un arrebato de soberbia y grandeza pasamos por encima de ellos. Al principio, puede que no tenga mucha importancia; con la sabiduría del tiempo el resultado no es difícil de pronosticar: frustración.
Tus valores son las expresión de tu alma, de tu yo más profundo, de lo que eres, y contra eso no se puede luchar. Y si te niegas a ti mismo, antes o después, lo pagas. De lo que se trata es de armonizar lo que soy con lo que hago.
El escritor mexicano Augusto Monterroso decía en una ocasión: «La sociedad intenta destruirte, convenciéndote para cosas que en realidad no deseas hacer». Ahí es donde entra en juego la libertad individual, ahí es donde tienes que demostrar, que «no hay mayor señor que aquel que se ha conquistado así mismo»; aquel que no se ha dejado seducir por los cantos de sirena (es muy fácil sucumbir a ciertas tentaciones) y sigue fiel a quien es. Tu decides, luego no eches la culpa a nadie.
En cierta ocasión, el veterano Charles J. Givens (1941-1998), editor y publicista norteamericano, contaba la siguiente historia. Dura pero cierta y muy repetida en el mundo directivo. Dice así:
«A finales de los años setenta, tuve ocasión de asistir en Washington, donde vivía por entonces, a una recepción en Capitol Hill (sede del Senado Norteamericano), en la que me presentaron a uno de los abogados más influyentes de los Estados Unidos. El hombre había dedicado su vida al trabajo en el seno de una de las mayores firmas de abogados del país: 384 abogados, distribuidos en las oficinas de Boston, Washington y Nueva York. Para dar pie a la conversación, le hice un simple comentario: “Debe Vd. estar bien contento y orgulloso de lo que ha conseguido. Muchos abogados tuvieron el sueño que Vd. ha sabido convertir en realidad, pero no pudieron con ello. Vd., sí”.
Esperaba que me contestara con un simple: “Gracias”. Muy al contrario, su cara pareció ablandarse y, tras beber un sorbo de whisky, me contestó: “Hijo, déjame que te diga qué pienso de lo que he sido capaz de conseguir. Desde que entré en la facultad de Leyes, incluso antes, mi sueño fue llegar a ser el mejor y el más grande. Me quemaba el deseo de levantar la mayor firma de abogados de mi país. Me casé con mi novia de la facultad cuando todavía estábamos estudiando, y –nada más recibir el título– comencé a trabajar día y noche para materializar mi sueño. Cuando mi mujer comenzó a decirme que le gustaría estar más tiempo conmigo, yo respondí: “Cariño, todo lo hago por ti”, a lo que contestó: “Si de verdad quieres hacer algo por mí, lo mejor que puedes hacer es pasar más tiempo conmigo que con tu trabajo”.
“Tuvimos el primer niño, y luego vino el segundo. Pero yo no pude estar allí cuando nació. Estaba abriendo oficinas en otras ciudades. Nuevamente, mi mujer vino a decirme: “Tienes que pasar más tiempo con nosotros”. Y mi contestación habitual era ésta: “Ahora estoy muy ocupado, pero esta situación va a cambiar”. Nunca cambió.
Ahora tengo 64 años. Mi mujer me abandonó hace 25 y no me volví a casar. Por entonces sufrí un golpe muy fuerte: pensaba que había hecho por ella todo lo humanamente posible para que disfrutara de todas las cosas materiales que una mujer pudiera desear. Hoy sé que estaba equivocado. Le di todo lo que yo quería que ella tuviera.
Mis hijos y yo apenas nos conocemos nunca llegamos a conocernos. Ahora estoy jubilado de la firma. Ya no tengo energías para dirigirla y apenas me queda nada por demostrar. Eso sí: tengo unos nietos, a los que nunca he visto. Puesto que apenas traté a mis hijos, ahora ellos apenas encuentran una justificación para traerme a los niños”.
Al llegar a esta altura de la conversación, al hombre le asomaba el reflejo de una lágrima. “Si tuviera que comenzar de nuevo –dijo– primero decidiría qué es lo auténticamente importante para mí, y sobre eso levantaría mi vida en vez de haberlo hecho sobre lo que yo creí que teóricamente debía ser importante para mí. Pero ya es tarde”.
Estas palabras fueron como un mazazo. Fue allí, en aquel momento, cuando advertí la importancia de conocer los valores en que uno cree, antes de lanzarse a construir los sueños y metas de la vida».
De todo el discurso, me quedo con el final: «Si tuviera que comenzar de nuevo primero decidiría qué es lo auténticamente importante para mí, y sobre eso levantaría mi vida». El Dalai Lama decía una vez: «Recuerda que no conseguir lo que quieres es, a veces, un maravilloso golpe de suerte». Y es no siempre lo que decimos que queremos y lo que queremos realmente coinciden. Siempre me gustó la expresión de Woody Allen: «Me gustaría ser rico y vivir como un pobre». Eso no existe y cada alternativa tiene un precio. Tú decides cuál es el quieres pagar.
Los valores son los principios que guían nuestros comportamientos. Reflejan lo que somos. Sin embargo, a veces, en un arrebato de soberbia y grandeza pasamos por encima de ellos. Al principio, puede que no tenga mucha importancia; con la sabiduría del tiempo el resultado no es difícil de pronosticar: frustración.
Tus valores son las expresión de tu alma, de tu yo más profundo, de lo que eres, y contra eso no se puede luchar. Y si te niegas a ti mismo, antes o después, lo pagas. De lo que se trata es de armonizar lo que soy con lo que hago.
El escritor mexicano Augusto Monterroso decía en una ocasión: «La sociedad intenta destruirte, convenciéndote para cosas que en realidad no deseas hacer». Ahí es donde entra en juego la libertad individual, ahí es donde tienes que demostrar, que «no hay mayor señor que aquel que se ha conquistado así mismo»; aquel que no se ha dejado seducir por los cantos de sirena (es muy fácil sucumbir a ciertas tentaciones) y sigue fiel a quien es. Tu decides, luego no eches la culpa a nadie.
En cierta ocasión, el veterano Charles J. Givens (1941-1998), editor y publicista norteamericano, contaba la siguiente historia. Dura pero cierta y muy repetida en el mundo directivo. Dice así:
«A finales de los años setenta, tuve ocasión de asistir en Washington, donde vivía por entonces, a una recepción en Capitol Hill (sede del Senado Norteamericano), en la que me presentaron a uno de los abogados más influyentes de los Estados Unidos. El hombre había dedicado su vida al trabajo en el seno de una de las mayores firmas de abogados del país: 384 abogados, distribuidos en las oficinas de Boston, Washington y Nueva York. Para dar pie a la conversación, le hice un simple comentario: “Debe Vd. estar bien contento y orgulloso de lo que ha conseguido. Muchos abogados tuvieron el sueño que Vd. ha sabido convertir en realidad, pero no pudieron con ello. Vd., sí”.
Esperaba que me contestara con un simple: “Gracias”. Muy al contrario, su cara pareció ablandarse y, tras beber un sorbo de whisky, me contestó: “Hijo, déjame que te diga qué pienso de lo que he sido capaz de conseguir. Desde que entré en la facultad de Leyes, incluso antes, mi sueño fue llegar a ser el mejor y el más grande. Me quemaba el deseo de levantar la mayor firma de abogados de mi país. Me casé con mi novia de la facultad cuando todavía estábamos estudiando, y –nada más recibir el título– comencé a trabajar día y noche para materializar mi sueño. Cuando mi mujer comenzó a decirme que le gustaría estar más tiempo conmigo, yo respondí: “Cariño, todo lo hago por ti”, a lo que contestó: “Si de verdad quieres hacer algo por mí, lo mejor que puedes hacer es pasar más tiempo conmigo que con tu trabajo”.
“Tuvimos el primer niño, y luego vino el segundo. Pero yo no pude estar allí cuando nació. Estaba abriendo oficinas en otras ciudades. Nuevamente, mi mujer vino a decirme: “Tienes que pasar más tiempo con nosotros”. Y mi contestación habitual era ésta: “Ahora estoy muy ocupado, pero esta situación va a cambiar”. Nunca cambió.
Ahora tengo 64 años. Mi mujer me abandonó hace 25 y no me volví a casar. Por entonces sufrí un golpe muy fuerte: pensaba que había hecho por ella todo lo humanamente posible para que disfrutara de todas las cosas materiales que una mujer pudiera desear. Hoy sé que estaba equivocado. Le di todo lo que yo quería que ella tuviera.
Mis hijos y yo apenas nos conocemos nunca llegamos a conocernos. Ahora estoy jubilado de la firma. Ya no tengo energías para dirigirla y apenas me queda nada por demostrar. Eso sí: tengo unos nietos, a los que nunca he visto. Puesto que apenas traté a mis hijos, ahora ellos apenas encuentran una justificación para traerme a los niños”.
Al llegar a esta altura de la conversación, al hombre le asomaba el reflejo de una lágrima. “Si tuviera que comenzar de nuevo –dijo– primero decidiría qué es lo auténticamente importante para mí, y sobre eso levantaría mi vida en vez de haberlo hecho sobre lo que yo creí que teóricamente debía ser importante para mí. Pero ya es tarde”.
Estas palabras fueron como un mazazo. Fue allí, en aquel momento, cuando advertí la importancia de conocer los valores en que uno cree, antes de lanzarse a construir los sueños y metas de la vida».
De todo el discurso, me quedo con el final: «Si tuviera que comenzar de nuevo primero decidiría qué es lo auténticamente importante para mí, y sobre eso levantaría mi vida». El Dalai Lama decía una vez: «Recuerda que no conseguir lo que quieres es, a veces, un maravilloso golpe de suerte». Y es no siempre lo que decimos que queremos y lo que queremos realmente coinciden. Siempre me gustó la expresión de Woody Allen: «Me gustaría ser rico y vivir como un pobre». Eso no existe y cada alternativa tiene un precio. Tú decides cuál es el quieres pagar.
Citas pedagógicas de Adrián Paenza
http://blog.agirregabiria.net/2011/01/citas-pedagogicas-de-adrian-paenza.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+MikelAgirregabiria+%28Mikel+Agirregabiria%29
Citas pedagógicas de Adrián Paenza
Adrián Paenza es un destacado matemático, periodista y divulgador de las Matemáticas. Autor de libros maravillosos como "Matemáticas... ¿Estás ahí?"
Sus ideas, recogidas de la obra citada, sobre las Matemáticas y su docencia son dignas de ser difundidas. Son consejos muy simples que condensan toda una pedagogía de las Matemáticas. Como muestra reflejemos algunas referencias como las siguientes:
* "Mi experiencia como docente me permite decir que nuestra responsabilidad es la de transmitir ideas en forma clara y gradual.
* Uno necesita encontrar complicidades en el alumnado, mostrar que nos importan. Que, en todo caso, sin ellos, sin alumnado, no hay docencia, ni profesorado.
* Estimulemos al alumnado a preguntar todo el tiempo. No todos tenemos los mismos tiempos para entender. Ni siquiera hay garantías de que lo que entendimos hoy lo entendamos mañana. Nuestra tarea, la de los docentes, es prioritariamente la de generar preguntas, o sea, motivar a los alumnos a que ellos se hagan preguntas. Nuestro desempeño no será satisfactorio si sólo colaboramos en mostrar respuestas.
* Es posible que parte de la matemática que se produce hoy no resuelva situaciones del presente, pero podría resolver las del futuro. Hay muchos ejemplos en ese sentido.
* En cualquier caso, el placer pasa por pensar, por dudar, por “entretener” en la cabeza un problema que no sale y aprender a coexistir con algo no resuelto.
* Debemos quebrar las competencias estériles. Nadie es mejor persona porque entienda algo, ni porque lo haya entendido más rápido. Ni peor, si no entiende. Estimulemos el esfuerzo que cada uno pone para comprender.
* La teoría tiene que estar al servicio de la práctica. Primero están los problemas y mucho después la teoría, que (en todo caso) se supone que ayuda a resolverlos. La idea es aprender a pensar, a plantear y a resolver problemas.
* No hemos de someter a alumnado a la supuesta autoridad académica del docente. Si el alumno no entiende, el docente debe motivarlo a preguntar, a porfiar, a discutir hasta que o bien entienda, o bien nos haga advertir que ¡quienes no entendemos somos nosotros!"
Citas pedagógicas de Adrián Paenza
Adrián Paenza es un destacado matemático, periodista y divulgador de las Matemáticas. Autor de libros maravillosos como "Matemáticas... ¿Estás ahí?"
Sus ideas, recogidas de la obra citada, sobre las Matemáticas y su docencia son dignas de ser difundidas. Son consejos muy simples que condensan toda una pedagogía de las Matemáticas. Como muestra reflejemos algunas referencias como las siguientes:
* "Mi experiencia como docente me permite decir que nuestra responsabilidad es la de transmitir ideas en forma clara y gradual.
* Uno necesita encontrar complicidades en el alumnado, mostrar que nos importan. Que, en todo caso, sin ellos, sin alumnado, no hay docencia, ni profesorado.
* Estimulemos al alumnado a preguntar todo el tiempo. No todos tenemos los mismos tiempos para entender. Ni siquiera hay garantías de que lo que entendimos hoy lo entendamos mañana. Nuestra tarea, la de los docentes, es prioritariamente la de generar preguntas, o sea, motivar a los alumnos a que ellos se hagan preguntas. Nuestro desempeño no será satisfactorio si sólo colaboramos en mostrar respuestas.
* Es posible que parte de la matemática que se produce hoy no resuelva situaciones del presente, pero podría resolver las del futuro. Hay muchos ejemplos en ese sentido.
* En cualquier caso, el placer pasa por pensar, por dudar, por “entretener” en la cabeza un problema que no sale y aprender a coexistir con algo no resuelto.
* Debemos quebrar las competencias estériles. Nadie es mejor persona porque entienda algo, ni porque lo haya entendido más rápido. Ni peor, si no entiende. Estimulemos el esfuerzo que cada uno pone para comprender.
* La teoría tiene que estar al servicio de la práctica. Primero están los problemas y mucho después la teoría, que (en todo caso) se supone que ayuda a resolverlos. La idea es aprender a pensar, a plantear y a resolver problemas.
* No hemos de someter a alumnado a la supuesta autoridad académica del docente. Si el alumno no entiende, el docente debe motivarlo a preguntar, a porfiar, a discutir hasta que o bien entienda, o bien nos haga advertir que ¡quienes no entendemos somos nosotros!"
4D, Dream, Soñar el futuro:
"Da tu primer paso ahora,no es necesario que veas el camino completo. Sólo da tu primer paso. El resto irá apareciendo a medida que camines". Martin Luther King Jr
miércoles, 19 de enero de 2011
El poder de la Visualización para desarrollar una mente positiva
http://www.laureanobenitez.com/visualizaciones_positivas.htm
Imaginar quiere decir ver mentalmente objetos, personas y situaciones. La imaginación es una actividad mental que tiene varios niveles, que van desde la observación simple hasta la fantasía simbólica. Los ejercicios que proponemos en este apartado siguen esta secuencia, partiendo de objetos y situaciones reales para ir desembocando progresivamente en una temática fantástico-simbólica.
En nuestra imaginación, podemos visitar el planeta que queramos, podemos ser la persona que siempre hemos querido ser, podemos ir a donde nos plazca, retroceder hacia el pasado para sanar y superar un conflicto, o proyectarnos hacia el futuro para diseñarlo a la medida de nuestros deseos... Nada hay de mágico o misterioso en estas prácticas. Sucede que la dimensión en la que normalmente nos desenvolvemos, y a la que llamamos real, es tan sólo una parte mínima de la realidad total, justamente aquélla que captamos con nuestra mente consciente en nuestro estado de vigilia. Pero hay más dimensiones, más niveles de conciencia, y por encima y por debajo de la conciencia normal hay vastas regiones, espacios ilimitados donde podemos entrar a voluntad con un adecuado entrenamiento. Se les conoce con los nombres de dimensión supraconsciente y dimensión subconsciente.
No somos seres aislados, nuestro verdadero ser no termina en nuestra piel, ya que no hay fronteras para el verdadero “Yo”. El universo es un todo orgánico, un inmenso “cuerpo”, donde todos sus miembros y órganos están interrelacionados. Todo es Uno, esta es la enseñanza de la filosofía perenne. La energía que circula por nuestro cuerpo es la misma que hace arder las estrellas (por lo demás, ¿no venimos de ellas?). Sólo hay una Mente, aunque distintos aspectos según su grado de vibración. Si esto es así, al dominar una vibración en nosotros, podremos también dominarla en cualquier parte del universo donde también se encuentre; al acceder a un determinado nivel, accederemos también al depósito universal de la energía que vibra en ese nivel. Hagamos lo que hagamos a nivel interno, desembocaremos siempre en el infinito. De ahí viene nuestro poder, y podremos usarlo para lo que deseemos. Por ejemplo, para curar a una persona a distancia, pues la mente de esa persona es idéntica a la mía.
Una de las leyes de la energía dice que una energía de determinadas características y vibración tiende a atraer energías de características vibratorias similares. El pensamiento es una forma de energía rápida, ligera y móvil, que se manifiesta instantáneamente. Cuando creamos algo, siempre lo creamos en primer lugar en forma de pensamiento, precediendo siempre la idea a su manifestación real: “Voy a hacer la cena” es la idea que precede a la preparación de una comida; “necesito un nuevo empleo” es el pensamiento previo a encontrarlo.
Los pensamientos son imágenes y palabras. La idea es como una película fotográfica: crea una imagen de la forma, que luego se magnetiza y conduce la energía física para que fluya esa forma y pueda llegar a manifestarse en el plano físico. Este principio sigue siendo válido aunque no emprendamos una acción física directa para que nuestras ideas se materialicen. El mero hecho de tener una idea o pensamiento alojados en nuestra mente, es una energía que tenderá a atraer y crear la forma en el plano material. Si pensamos constantemente en la enfermedad, acabaremos enfermando. Si pensamos en nosotros mismos como algo hermoso, acabaremos siéndolo.
Como consecuencia de este principio universal, atraemos a nuestra vida aquello en lo que pensamos más intensamente, aquello en lo que creemos con más fuerza, aquello que deseamos con mayor vehemencia, lo que imaginamos de un modo más real.
Partiendo de este principio básico, las técnicas de imaginación que desarrollaremos a continuación tienen el objetivo global de cambiar algo negativo que tenemos, y conseguir algo positivo que deseamos tener.
La técnica es bien simple: consiste en proyectar en nuestra pantalla mental una situación en la que el cambio ya se ha producido, viviéndolo y experimentándolo como real, como si ya viviéramos la situación deseada. Esta imagen mental deberá ser lo más clara posible, y muy concreta, con el mayor número posible de detalles, con el fin de dar más corporeidad y credibilidad a dicha imagen, y así poderla grabar más profundamente en nuestro subconsciente. Para ello, es fundamental recurrir a la sensorialidad, añadiendo colores, olores, formas, sonidos...
No olvidemos que nuestro discurso va dirigido a la dimensión subconsciente, la cual es absolutamente primaria, con muchas características infantiles y prerracionales, y funciona con símbolos, imágenes y arquetipos. La escena coloreada, sonora, olorosa y táctil que enviamos a ese estrato de nuestro ser no es sino un código simbólico donde va implícita una información cifrada, ya que dicho simbolismo es el que asimila nuestro subconsciente.
También es importante durante estas prácticas usar el poder sugestivo de las palabras, en forma de breves afirmaciones positivas donde, con una frase, se exprese lo que deseamos conseguir. Estas afirmaciones deben hacerse siempre en primera persona, y tienen que formular el deseo en su forma positiva.
Si usamos el poder de una mente centrada y aquietada, y lo focalizamos sobre una imagen clara de algo que queramos conseguir, nuestro subconsciente, conectado a la mente Universal, no tardará en dar forma a nuestros sueños.
Imaginar quiere decir ver mentalmente objetos, personas y situaciones. La imaginación es una actividad mental que tiene varios niveles, que van desde la observación simple hasta la fantasía simbólica. Los ejercicios que proponemos en este apartado siguen esta secuencia, partiendo de objetos y situaciones reales para ir desembocando progresivamente en una temática fantástico-simbólica.
En nuestra imaginación, podemos visitar el planeta que queramos, podemos ser la persona que siempre hemos querido ser, podemos ir a donde nos plazca, retroceder hacia el pasado para sanar y superar un conflicto, o proyectarnos hacia el futuro para diseñarlo a la medida de nuestros deseos... Nada hay de mágico o misterioso en estas prácticas. Sucede que la dimensión en la que normalmente nos desenvolvemos, y a la que llamamos real, es tan sólo una parte mínima de la realidad total, justamente aquélla que captamos con nuestra mente consciente en nuestro estado de vigilia. Pero hay más dimensiones, más niveles de conciencia, y por encima y por debajo de la conciencia normal hay vastas regiones, espacios ilimitados donde podemos entrar a voluntad con un adecuado entrenamiento. Se les conoce con los nombres de dimensión supraconsciente y dimensión subconsciente.
No somos seres aislados, nuestro verdadero ser no termina en nuestra piel, ya que no hay fronteras para el verdadero “Yo”. El universo es un todo orgánico, un inmenso “cuerpo”, donde todos sus miembros y órganos están interrelacionados. Todo es Uno, esta es la enseñanza de la filosofía perenne. La energía que circula por nuestro cuerpo es la misma que hace arder las estrellas (por lo demás, ¿no venimos de ellas?). Sólo hay una Mente, aunque distintos aspectos según su grado de vibración. Si esto es así, al dominar una vibración en nosotros, podremos también dominarla en cualquier parte del universo donde también se encuentre; al acceder a un determinado nivel, accederemos también al depósito universal de la energía que vibra en ese nivel. Hagamos lo que hagamos a nivel interno, desembocaremos siempre en el infinito. De ahí viene nuestro poder, y podremos usarlo para lo que deseemos. Por ejemplo, para curar a una persona a distancia, pues la mente de esa persona es idéntica a la mía.
Una de las leyes de la energía dice que una energía de determinadas características y vibración tiende a atraer energías de características vibratorias similares. El pensamiento es una forma de energía rápida, ligera y móvil, que se manifiesta instantáneamente. Cuando creamos algo, siempre lo creamos en primer lugar en forma de pensamiento, precediendo siempre la idea a su manifestación real: “Voy a hacer la cena” es la idea que precede a la preparación de una comida; “necesito un nuevo empleo” es el pensamiento previo a encontrarlo.
Los pensamientos son imágenes y palabras. La idea es como una película fotográfica: crea una imagen de la forma, que luego se magnetiza y conduce la energía física para que fluya esa forma y pueda llegar a manifestarse en el plano físico. Este principio sigue siendo válido aunque no emprendamos una acción física directa para que nuestras ideas se materialicen. El mero hecho de tener una idea o pensamiento alojados en nuestra mente, es una energía que tenderá a atraer y crear la forma en el plano material. Si pensamos constantemente en la enfermedad, acabaremos enfermando. Si pensamos en nosotros mismos como algo hermoso, acabaremos siéndolo.
Como consecuencia de este principio universal, atraemos a nuestra vida aquello en lo que pensamos más intensamente, aquello en lo que creemos con más fuerza, aquello que deseamos con mayor vehemencia, lo que imaginamos de un modo más real.
Partiendo de este principio básico, las técnicas de imaginación que desarrollaremos a continuación tienen el objetivo global de cambiar algo negativo que tenemos, y conseguir algo positivo que deseamos tener.
La técnica es bien simple: consiste en proyectar en nuestra pantalla mental una situación en la que el cambio ya se ha producido, viviéndolo y experimentándolo como real, como si ya viviéramos la situación deseada. Esta imagen mental deberá ser lo más clara posible, y muy concreta, con el mayor número posible de detalles, con el fin de dar más corporeidad y credibilidad a dicha imagen, y así poderla grabar más profundamente en nuestro subconsciente. Para ello, es fundamental recurrir a la sensorialidad, añadiendo colores, olores, formas, sonidos...
No olvidemos que nuestro discurso va dirigido a la dimensión subconsciente, la cual es absolutamente primaria, con muchas características infantiles y prerracionales, y funciona con símbolos, imágenes y arquetipos. La escena coloreada, sonora, olorosa y táctil que enviamos a ese estrato de nuestro ser no es sino un código simbólico donde va implícita una información cifrada, ya que dicho simbolismo es el que asimila nuestro subconsciente.
También es importante durante estas prácticas usar el poder sugestivo de las palabras, en forma de breves afirmaciones positivas donde, con una frase, se exprese lo que deseamos conseguir. Estas afirmaciones deben hacerse siempre en primera persona, y tienen que formular el deseo en su forma positiva.
Si usamos el poder de una mente centrada y aquietada, y lo focalizamos sobre una imagen clara de algo que queramos conseguir, nuestro subconsciente, conectado a la mente Universal, no tardará en dar forma a nuestros sueños.
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