viernes, 23 de marzo de 2012

Cómo nuestras creencias conducen nuestra vida

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Bruce Lipton, Alejandra Plaza, Louis L. Hay, Joe Dispenza todos ellos han estudiado las creencias, los pensamientos, las emociones, la química cerebral y su relación para llegar a la conclusión de que somos dependientes de nuestras emociones y de que cambiando nuestras creencias llegamos a cambiar nuestra vida.
Bruce Lipton, doctor en Medicina, investigador en biología celular defiende que nuestro cuerpo puede cambiar si reeducamos nuestras creencias y percepciones limitadoras. El pasado 9 de septiembre se publicó en la contra de La Vanguardia una entrevista donde decía que cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología, ya que las células cambian en función del entorno, aprendemos a vernos como nos ven y a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. Dice que no vemos el mundo, vemos el mundo como somos y somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas. Estas creencias están en el subconsciente almacenadas desde nuestra niñez como un referente y si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad. Defiende que al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas. De hecho los comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro hasta los seis años y controlan nuestra biología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla, por lo que hemos de procurar no inculcar creencias limitadoras en el subconsciente de nuestros hijos.
Alejandra Plaza discípula de Louis L. Hay dice que nuestras creencias por ejemplo con el dinero, el trabajo o el éxito generan una serie de pensamientos que cada día son los mismos; suelen repetirse y son esos pensamientos los que generan emociones, y esas emociones a su vez son las que provocan vibraciones, que al ser seres de energía se emiten hacia el universo; y esas vibraciones son las que atraen experiencias y todo lo necesario para continuar en ese nivel vibratorio, para seguir teniendo esas mismas emociones, atrayendo personas, oportunidades, situaciones y todo lo necesario para mantener esa misma sintonía vibratoria, por lo que todo se originó en las creencias.
Está demostrado que cuando tenemos una emoción, nuestras neuronas se van interconectando y van creando lo que se llama una conexión neuronal y, en cada emoción se produce una transmisión de químicos, por eso luego nos hacemos adictos a las emociones, aunque la emoción no sea muy placentera: ya la conocemos y las vamos repitiendo. Al generarse una emoción ésta siempre va acompañada de pensamientos que a veces tienen imágenes, que incluso podemos visualizarlas, por lo que éstas van a reforzar esa conexión neuronal y la producción de esos químicos y de esta manera vuelve a generarse la emoción. Louis L. Hay dice que las conexiones neuronales más importantes que hoy gobiernan nuestra vida se generaron entre los 3 y 8 años de edad, con lo que nuestros padres o cualquier adulto de autoridad nos fueron enseñando acerca de la vida.
Por su parte el Dr. Joe Dispenza, autor de varios artículos científicos sobre la relación existente entre la química cerebral, la neurofisiología y la biología, en los que explica el papel que juegan dichas funciones en la salud física, también explica en su libro “Desarrolla tu cerebro” cómo los pensamientos provocan reacciones químicas que nos llevan a la adicción de comportamientos y sensaciones –incluidos los que causan infelicidad-.
Con esta información, toma forma la idea de que el resultado de nuestra vida, lo provocamos nosotros mismos; que el origen está en nuestras vivencias y enseñanzas durante la infancia, que son las que han formado nuestras creencias; que más tarde generan los pensamientos, emociones, vibraciones y experiencias; y que no cambiamos porque tenemos una dependencia química a esas emociones. Ya es una decisión propia de cada uno el investigar más en nuestro autoconocimiento, para cambiar esas creencias y darnos permiso a vivir la vida que queremos.

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