jueves, 31 de enero de 2013

¿Los ojos como reflejo del alma? Desmitificando algunos elementos de la comunicación offline

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Es una de las apreciaciones tecnófobas más pronunciadas: en lo virtual no nos vemos los ojos, de forma más genérica  no nos vemos las caras y por lo tanto, no tenemos disponible uno de los indicadores más importantes de la confianza entre seres humanos. Pues bien.. parece que de 
nuevo se trata de una creencia muy discutible, de un sesgo cognitivo, más anclado a la 
evolución biológica que a la racionalidad humana.
La mirada y otros rasgos nos transmiten confianza, nos dice Karel Kleisner, de la Charles 
University en Praga, autor del estudio que nos ocupa. Si tienes una cara confiable la gente colaborará, intercambiará información, compartirá recursos, se ofrecerá como compañera con mayor facilidad que si no es así.
Pues bien…. algo tan importante como eso, como la confianza, reside en elementos tan poco objetivos, tan absurdos como el color de los ojos, la anchura de los labios o la forma de las caras de los demás.
La investigación de Kleisner consistía en tomar fotos de 40 hombres y 40 mujeres, haciendo que 238 estudiantes valorasen después su fiabilidad, el grado de confianza que inspiraba cada rostro. En cuanto al color de los ojos las imágenes eran duplicadas, cambiando simplemente de marrón a azul.
Los resultados apuntaban al despropósito: las personas de ojos marrones resultamos más confiables que la de ojos azules, tanto en el caso de hombres como de mujeres. En el caso de los hombres, además, aparecía un elemento adicional: tanto hombres como mujeres tendían a confiar en mayor medida en hombres de cara redonda, boca más grande y barbilla más ancha que en rostros más alargados, independientemente del color de sus ojos. No ocurría lo mismo en el caso de las mujeres.



Es similar en otros estudios, que ya afirmaban que las caras más redondeadas, con barbillas más anchas y bocas más anchas cuyos bordes tienden a apuntar hacia arriba, ojos más grandes y cejas más juntas son ya el summum de la confiabilidad.  El tema, además, suele aparecer en “packs”: la gente de ojos marrones y con todas las características anteriores es mucho más confiable que los pobres individuos de ojos azules, de rostros más pequeños y alargados, barbillas más afiladas y  cejas más separadas. En el primer caso, destacan los autores del estudio, los rostros nos resultan más infantiles, lo cual aumenta la confianza.
El anterior puede ser uno de los motivos, evidentemente absurdos, de la cuestión, pero el resto lo son aún más, resultando como decíamos para muchos sesgos cognitivos, automatizaciones anacrónicas, instintos hoy sin sentido pero que en algún momento protegieron al indefenso ser humano de diversos peligros. Puede que nos atraiga lo que nos es familiar, entre otras cosas porque resultaba de lo más adaptativo en épocas de lucha tribal y por  el territorio.  Una mayoría de caras anchas y ojos oscuros desconfiaba entonces de una minoría de caras alargadas y ojos claros porque se trataba de rasgos poco habituales, nuevos (el color azul de los ojos surgió en un momento tardío de la evolución de nuestra especie), que denotaban que el otro podía ser extranjero y por lo tanto, en época de luchas territoriales, una potencial amenaza. De nuevo la biología somete extraordinariamente al ser humano, así que si son mujeres las que presentan esos rasgos, para los machos de nuestra especie  aparearse con ellas podía aportar diversidad evolutiva. El rechazo “instintivo”, de hecho, ocurre en menor medida con ellas.
¿Sabíais que está demostrado que los hombres prefieren mujeres más gorditas en épocas de estrés, tensión, crisis?  También en este caso el tema pudo ser adaptativo en otro tiempo pero hoy evidencia que nuestra libertad, racionalidad e inteligencia pueden ponerse en seria duda.
En fin… que parece que se equivocan las apologías de la comunicación “face to face”, que esta no resulta tan idílica como pudiera parecer.  Sí, es posible manipular las valoraciones que dejamos en redes sociales pero qué queréis que os diga, igual los actuales algoritmos, karmas, puntuaciones sustitutivas, derivadas de la inteligencia colectiva, de la confianza online, son más objetivas que muchos de nuestros “instintos”, muchas veces anacrónicos y generadores de los más absurdos prejuicios.

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