¿Es posible que lo que esperamos de nosotros mismos tenga relevancia en el resultado final? Algunos estudios parecen estar de acuerdo.
No, no se trata de make believe: a pesar de la existencia de condiciones de realidad objetiva,
como las leyes físicas o los ciclos de luz y sombra en el día, gran parte de nuestra realidad está
construida a partir de nuestras percepciones subjetivas y espontáneas sobre nosotros mismos
y sobre el mundo. Estas percepciones, con el tiempo, se equilibran a sí mismas y nos dan
la sensación de ser nosotros.
Sin embargo, existen estudios que afirman que lo que creemos sobre nosotros mismos puede
influir en la manera en que construimos la realidad a nuestro alrededor.
Los psicólogos Ulrich Weger y Stephen Loughnan pidieron que dos grupos respondieran
una serie de preguntas sobre cultura general. Al primer grupo se le dijo que antes de cada
pregunta, la respuesta aparecería por un breve espacio de tiempo en la pantalla, demasiado
rápido para poder leerlo pero justo lo suficiente para que el inconsciente la registrara; mientras
que al segundo grupo se le dijo que verían un flash antes de cada pregunta. El primer
grupo tuvo un desempeño mucho mejor que el segundo, pues a decir de los investigadores,
ellos creían que la respuesta ya estaba almacenada en algún lugar de su mente, a diferencia
del segundo grupo.
El truco del estudio anterior es que los flashes tenían tiras de letras al azar, pero ninguna
respuesta en realidad.
Un estudio similar fue desarrollado por la psicóloga Ellen Langer, quien trató de demostrar
una relación positiva entre las expectativas y la percepción del cuerpo, o dicho de otro modo,
de mostrar que nuestro cuerpo es en gran parte una construcción de nuestras expectativas sobre
él. En su experimento se involucraron a las mucamas de un hotel; como parte de su trabajo,
ellas limpian en promedio 15 habitaciones cada día, durante 20 o 30 minutos. A pesar de que
las mucamas no creían hacer ejercicio físico, la psicóloga les dijo que esta rutina de
trabajo físico (consistente en asear las habitaciones, tender las camas, etc.)
superaba las recomendaciones generales de ejercicio físico para adultos recomendada por
las autoridades de salud, que es de sólo 30 minutos al día.
El grupo que recibió esta información fue monitoreado independiente durante cuatro semanas,
mientras que otro grupo que no conocía lo anterior fue monitoreado también durante sus jornadas
laborales. Después de este tiempo, el primer grupo mostró una notable pérdida de peso, de
porcentaje de grasa corporal y una baja en la presión sistólica de la sangre, todo lo cual
se considera propio de un deportista de alto rendimiento. El segundo grupo, en cambio, no
mostró ninguna de estas mejoras. Estos cambios ocurrieron a pesar de que las condiciones
de vida y trabajo de las mucamas permanecieron iguales (horas de trabajo, cantidad de
ejercicio que hacían fuera del trabajo, dieta, etc.)
Probablemente no sea suficiente el imaginar una realidad para que esta se manifieste, pero
debemos considerar que cuando nos enfrentamos a cualquier tipo de problema, la manera misma
en la que formulamos el problema o la pregunta ya implica de alguna forma los elementos de
su solución, o las trampas que nos tendemos a nosotros mismos para no resolverlos. La
decisión sobre la forma de nuestra realidad particular sigue siendo propia e intransferible.


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