http://jccubeirojc.blogspot.com/2013/08/la-felicidad-y-sus-causas-2-la.html
Según la venerable monje budista (durante 30 años) Robina Courtin, que dirige un ambicioso proyecto de ayuda a presos en Estados Unidos y Australia, su perspectiva de cambio es llegar a ser la persona que queremos ser. El concepto fundamental es la “mente”, la consciencia. Para el Buda, la mente o consciencia no es física. Es algo con lo que podemos familiarizarnos (en tibetano, “meditar” es sinónimo a “familiarizarnos”). Es algo subjetivo, personal. Para el budismo, la mente tiene un potencial fantástico. La mente no es el cerebro y necesita ser verificada científicamente (para la venerable Courtin, el budismo no es una religión, sino una filosofía, o mejor una aproximación psicológica). La mente es pura y profunda. La implicación de ello es maravillosa: tu mente es tuya, y no de las condiciones externas (aunque influyan). Tus características son tuyas, y dependen de ti. Ocurre con el aprendizaje de una actividad (como tocar el piano) y con nuestras emociones. “Tenemos el potencial, de forma natural, para desarrollar la felicidad y reducir el sufrimiento”. Para Buda, la definición de felicidad es simple: “un pájaro con dos alas, la sabiduría y la compasión”. Algo que debe desarrollarse, que debe entrenarse. La sabiduría es estar en contacto con la verdad, con la realidad. El primer paso en el budismo es identificar en la mente las causas del sufrimiento (para lo que la meditación es esencial). La felicidad depende de nuestra sabiduría. La ira, la vergüenza, los celos, la tristeza, el desánimo, la depresión… Los estados negativos podemos evitarlos conscientemente. Los identificamos observando y escuchándonos a nosotr@s mism@s. Todos somos “desilusionamos”, pero debemos volver a nuestra mente feliz, porque es la falsa ilusión del ego, un autoengaño. La clave de la psicología budista es conectarse con la mente inteligentemente (recuerda que “inter-legere” es escoger entre opciones, saber escoger). Estas falsas concepciones proceden de nuestra historia de vida, y podemos cambiarlas si queremos. Fácil en teoría, difícil en la práctica, es identificar lo que nos hace sufrir para analizarlo y cambiarlo. “Sé tu propia terapeuta”, dice la venerable Robina. Mucha gente no tiene la capacidad de cambiar, porque todavía no quiera. En su experiencia con personas en prisiones, ha comprobado casos maravillosos. La mente no es fija, sino flexible. Puede cambiar en la medida que lo hagamos posible. “Sabemos que sentimos emociones, y hay técnicas para modificar las que no queremos”. En lugar de ira o tristeza, serenidad y alegría a través de la consciencia. De ahí el gran papel de la compasión, de la generosidad, de la ayuda a los demás. Somos más felices cuando somos generos@s. La buena noticia es, además, que nuestra “programación mental” puede cambiar si uno lo desea. Mi gratitud a Robina Courtin, a los organizadores de los Congresos de la Felicidad en Sidney, en San Francisco o en La Coruña, a Guayasamín y su Fundación.
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