Si bien meditar (atender) va mucho más allá de un simple ejercicio de relajación, uno de los aspectos más importantes a la hora de cultivar la atención plena es estar relajado.
Hace una par de semanas y durante mi clase semanal de budismo en Casa Tíbet Querétaro, me llamó mucho la atención una instrucción del maestro que decía más o menos así:
-A la hora de empezar a meditar y constantemente a lo largo de la práctica, presten atención a su rostro para saber si están relajados. Si quieren recorrer todo su cuerpo también está bien, pero sobre todo presten atención a sus expresiones faciales y si notan cierta tensión, intenten disminuirla con cada inhalación y exhalación.
Recuerdo que al escuchar esto pensé que aquel consejo parecía una interesante estrategia, no sólo para apaciguar la mente y relajarnos a la hora de meditar, sino también para regular nuestras (sobre todo las no placenteras) emociones en la vida cotidiana.
En su cuento “La carta robada”, Edgar Allan Poe escribió que para comprender la emoción que está sintiendo un individuo en determinado momento, basta con imitar su expresión facial; al hacerlo, los músculos del rostro se conectan con cerebro y memoria (recordemos que cuando hablamos de expresiones faciales hablamos de gestos universales), y esto nos permite evocar esa emoción en nuestro propio sistema.
Desde mi punto de vista, la instrucción que nos dio el maestro aquella tarde es algo similar a lo que propuso Poe, pero a la inversa. En otras palabras, que así como dibujar una expresión facial ayuda a traer una emoción, “desdibujarla” puede contribuir a dejarla ir y entonces relajarnos.
Y es que al ser el rostro un reflejo directo de nuestro estado emocional,cualquier tensión provocada por la ira, el miedo, el desprecio, la repugnancia o la tristeza, se alojará inmediatamente en nuestra cara.
De igual forma, al ser energía en movimiento, las emociones suelen acelerar nuestro proceso cognitivo impidiéndonos enfocar nuestra atención en el aquí y el ahora (el presente). Es decir, que una mente agitada por lo general derivará en pensamientos y emociones dirigidas al pasado (frustración, culpa, arrepentimiento, duda, ira, etc.) o al futuro (nerviosismo, incertidumbre, desconfianza, ansiedad, etc.).
El resultado de lo anterior evidentemente es más tensión, pero la buena noticia es que así como en la meditación un rostro relajado y neutro ayudará a apaciguar nuestra mente y relajarnos, en nuestras actividades diarias esta práctica (monitorear el estado de nuestro rostro) puede contribuir considerablemente a mejorar nuestra vida emocional.
Te invito a intentarlo:
La próxima vez que estés de grinch, dedica unos minutos para cerrar los ojos y tomar consciencia de la tensión acumulada en tu rostro; esta puede estar en la frente, en el entrecejo, en los parpados, en la nariz o en la quijada; al detectarla, respira profundamente (por lo menos en cinco ocasiones) y con cada inhalación y exhalación, busca disminuirla paulatinamente; veras como te empiezas a sentir mejor.
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