Y he estado leyendo ‘Relaciones poderosas. Vivir y convivir, ver y ser vistos’, de Joan Quintana y Arnoldo Cisternas (gracias, Joan, por el regalo). Ambos son psicólogos, directores del Instituto Relacional y han desarrollado un Modelo (TRM) que emplean para el coaching. Joan Quintana Forns, un profesional de amplia experiencia tanto en Banca como en la administración pública, se formó con Paul Watzlawick, Itamar Rogovsky y Humberto Maturana. Es Director del Programa de Dirección Avanzada en RRHH de ESADE y coautor, además de este libro, de ‘Anticípate’, sobre procesos de transformación.
El texto parte de la consideración de la persona como ser relacional y de la importancia de la conciencia relacional (tener presente la palabra, las acciones, la emoción y el sentido). Por la palabra (“vivimos y actuamos según narramos”) nos dotamos de un diálogo interno (la voz interior) y un diálogo social (voz pública). “Palabra y acción deben estar claramente relacionadas”. “El estado emocional regula la acción”. “El sentido tiene que ver con el fin que perseguimos y con la trascendencia de lo que hacemos”. “El ser humano es un ser social que busca ser reconocido”. Somos el resultado de nuestra propia historia, de nuestros momentos vitales. Somos “seres de repetición” (hábitos).
¿Cómos vemos y cómo somos vistos? Joan y Arnoldo nos regalan el concepto de “invisibles” (faltos de reconocimiento). Para ver y ser vistos, hemos de hacernos preguntas poderosas: cómo quiero, qué tipo de situaciones evitamos, cómo reconocemos a los invisibles.
En la red, la primera persona de valor somos nosotr@s mism@s. El narcisismo es un “falso amor a uno mismo”; el victimismo es dañino. “Yo soy a través de los otros”. La red primaria está compuesta por las personas que amamos y nos aman (aceptación positiva, en la terminología de Carl Rogers). La red secundaria es un espacio de aceptación activa (generar valor en la relación).
¿Cómo estamos presentes en nuestra red? A través de distintos tipos de relación: generadora, cooperadora, operativa, defensiva, excluyente. Asimismo, hay cinco acciones de relación: pedir, ofrecer, acordar, escuchar y reconocer.
El triángulo de la acción lo forman pedir, ofrecer y acordar. Puedo pedir cuando necesito, pedir sin pedir (las expectativas como petición), me puede costar pedir ayuda, seducir al pedir, pedir todo con urgencia, transformar mi pedido en ruego, imponerme al pedir, reclamar (cuando no he expresado de forma clara mi petición) y hacer una petición falaz (cuando no confío en la otra persona). Por mi forma de ofrecer (patrones) puedo ofrecer de manera vaga, ofrecer lo que necesitas, ofrecer para pedir algo, ofrecer sin que te lo pidan y ofrecer estando disponible. Respecto a Acordar (proceso con declaraciones conjuntas y compromisos y promesas), hay acuerdos equilibrados, claros, renegociables, imposibles. En ese triángulo de la acción, escuchar está entre pedir y acordar. La escucha puede ser con respeto, “sin escuchar”, con atención, en el espacio apropiado. Y respecto a Reconocer, que está entre acordar y ofrecer, podemos reconocer de forma pública, individual, imprecisa, excepcional, para poner límites, para dominar, para dar confianza.
El modelo relacional incluye tres estilos personales de relación: Constructor, Conservador, Controlador. En el Constructor, hay diferencias entre el facilitador (CF) y seductor (CS). En el Conservador, entre narrativo (CN) y restrictivo (CR). En el Controlador, entre protector (CP) y evitativo (CE).
Finalmente, hemos de librarnos de nuestras conversaciones pendientes, para reforzar vínculos o restaurarlos.
Los autores nos ofrecen un decálogo para desbloquear relaciones:
- Narrar lo que nos pasa
- Escuchar nuestro diálogo interior
- Identificar la emoción dominante
- Ordenar cómo actuamos
- Saber qué está en peligro
- Para desbloquear, ser conscientes de qué quiero conservar
- Ser conscientes de las emociones al decidir conservar
- Explicar las voces de oportunidad
- Actuar de forma distinta
- Adaptarme a la nueva situación (qué dicen los demás de mi proceso de cambio).
Me parece un modelo muy valioso y sólido el de la Calidad Relacional, basado –como cuentan Joan y Arnoldo en la amplia bibliografía- en Watzlawick y la Escuela de Palo Alto, en Maturana y Varela, en Argyris (barreras organizativas), en Bohm y Capra (sistémica de la realidad), en Víctor Frankl (‘El hombre en busca de sentido), en Foucault y Habermas, en Goleman, Boyatzis y McKee (Primal Leadership), en Carl Rogers y Searle (actos del habla), en la indagación apreciativa de Miriam Subirana.
“Desde nuestra primera existencia nos “sometemos” para poder humanizarnos, a nuestros padres para no perder su amor, a nuestros maestros para que nos vean, a nuestros respectivos jefes para que nos reconozcan, cedemos parte de nuestro potencial para ser protegidos, alimentados y amados, entregamos parte de nuestra responsabilidad a cambio de seguridad” (Joan Quintana).

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