¿Qué nos pasa? ¿Por qué nos cuesta tanto ser agradables, educados, cariñosos, agradecidos? Sí, todos tenemos problemas pero ¿por qué tenemos que pagarla con los demás? ¿Por qué tenemos que hacer que se sientan culpables con nuestra situación o impotentes por no saber como agradarnos o hacer que nos sintamos mejor? Mimos, caricias, palabras de cariño, palabras de agradecimiento… ¿De verdad que no es tan difícil hacerlo y sus efectos son inmediatos y de un poder extraordinario.
‘¡Gracias!’ Una palabra presente en muchas de las interacciones que mantenemos cada día. A veces la acompañamos de una sonrisa, otras, sin embargo, a la fuerza. Una pena que éstos últimos estén alejados de aquello que los debería estar inspirando: el agradecimiento sincero. El ‘Gracias’ surge del reconocimiento de algo que han hecho por nosotros. Es una emoción, un sentimiento profundo y muy, muy poderoso, capaz de cambiar nuestra actitud, nuestro estado de ánimo. Consigue cambiar la manera de interpretar nuestra realidad y nuestras circunstancias. Puede, como decía al principio, cambiar las repuesta y reacción de nuestros interlocutores y, en consecuencia, transformar nuestras relaciones. Sí, ‘Gracias’ es una palabra mágica.
Si os fijáis, dicha de manera sincera, es capaz de abrir puertas y corazones. Facilita las relaciones sociales con nuestro entorno. Y si vamos un poquito más allá, podríamos decir que también es una actitud ante la vida. ¿Os habéis parado lo que la gratitud nos puede aportar? ¿De qué manera influye en nuestras relaciones y cuáles son sus efectos?
Es una manera fantástica de conectar con la abundancia. No en vano, y de forma inconsciente, somos capaces de valorar y de apreciar todas aquellas cosas que damos por sentadas cada día. Cosas tan simples como que al pulsar un botón suene nuestra canción favorita, o que al pulsar un botón se encienda la luz. Un sencillo gesto de cariño, una sonrisa inesperada, un Te Quiero, o un instante de armonía. Lamentablemente, muchas veces tendemos a olvidar u obviar aquellas cosas, comportamientos o personas, a las que estamos ‘acostumbrados’ porque las consideramos ‘aseguradas’. Solemos centrarnos en todo aquello que nos falta, o en lo que gustaría tener. Vivimos instalados en el deseo y en la expectativa. Y la dirección de nuestro foco de atención marca nuestras conductas, nuestras actitudes, nuestras metas y en última instancia, nuestra manera de experimentar y de interpretar nuestras circunstancias. En este escenario, el cariño y el agradecimiento pueden ser un fantástico antídoto que nos hace posicionarnos en un lugar mucho más sano y constructivo a la hora de enfrentarnos a los obstáculos que nos pone la vida.
Cuando decir gracias no es suficiente. ‘Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo’. William Arthur Ward
Si algo nos enseñan de pequeños es a dar las gracias pero pocas veces tenemos en cuenta su significado. Deciros que su origen deriva de agradable o agradecido pero, ¿eso en qué consiste? Pues en reconocer una actitud, una acción de alguien que influya positivamente en nuestra vida. Decir ‘Gracias’ es lo más común y espontánea pero hay muchas maneras de mostrar agradecimiento. Muchas veces, ‘Gracias’, y os lo digo por experiencia no puede resultar insuficiente. A veces la notamos tan gastada que pierde fuerza y debemos convertirla en acción para demostrar de verdad a la otra persona lo mucho que apreciamos y valoramos lo que ha hecho o dicho.
Si queremos hacerlo tangible, los pequeños detalles tienen más poder que las palabras. La creatividad es un buen aliado y la empatía el mejor arma. Así descubriremos un gesto que nos permitirá mostrarle que le valoramos y que nos sentimos afortunados teniéndole cerca. Y que lo que hagamos por otro repercute en nosotros. La gratitud sincera nos enseña una lección: la satisfacción de ser cómplices de la felicidad ajena. El empacho emocional que produce el dar, el aportar… el compartir. Y no nos olvidemos que ayuda a conseguir el equilibrio en nuestra tendencia egoísta a querer recibir e intentar lograr lo que deseamos. No olvidemos que cuando vivimos centrados en recibir nos estamos posicionando en la escasez porque siempre partimos de la base de que ‘nos falta algo’ y asumimos un papel de debilidad y un tanto victimista. Es una actitud que al final nos pasa factura, ya que afecta enormemente a nuestras relaciones y al final nos aleja del bienestar que deseamos.
¿Qué hacer? Sin duda perder rigidez y ganar en flexibilidad. Agradecer está estrechamente ligado con apreciar, valorar y querer. Nos enseña a conseguir la armonía cuando vemos que la vida no es como nosotros creemos que debería de ser. ¿Os habéis fijado que nuestras expectativas y nuestra visión de la realidad tienen mucho que ver con nuestra capacidad de agradecer? Pero como si fuese un músculo, podemos entrenar nuestra gratitud y según vayamos entrenando descubriremos más cosas por las que sentir agradecimiento.
Un referente de mi Amigo Santiago Vázquez, y considerado padre de la psicología positiva, Martin Selligman proponía que durante una semana, antes de acostarnos, debemos pensar en tres cosas que nos hayan sucedido ese día que nos hagan sentir agradecidos. Este sería un primer paso para empezar a ver nuestra vida desde una perspectiva más constructiva. El primer día seguro que nos resulta difícil, pero si somos constantes al final surgirá de manera más natural.
¿Una consecuencia fantástica del agradecimiento? la valoración. Es nuestra capacidad de apreciar lo que somos, lo que tenemos y lo que hacemos. La cultura del agradecimiento nos brinda la perspectiva necesaria para responder de la manera más eficiente, responsable y consciente posible ante los retos e imprevistos que surgen en nuestro día a día y, en última instancia, nuestra capacidad de apreciar y valorar lo que sí forma parte de nuestra vida es tan ilimitada como lo es nuestra imaginación. Y eso es precisamente lo que nos permite disfrutar plenamente de nuestra existencia.
El arte de valorar y apreciar. ‘Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos’. Daniel Defoe.
Todo lo que hemos aprendido afecta directamente en la auténtica gratitud. Para desarrollarla debemos aparcar el pensar e interpretar que todo lo que nos sucede son problemas. Toca empezar a ver las oportunidades, por ejemplo de aprendizaje, que nos plantean las dificultades y situaciones complicadas. No olvidemos que todo lo malo que nos ocurre encierra lecciones valiosas que nos moldean y esculpen.
Y digo yo, ¿qué pasa cuando somos objetos del agradecimiento ajeno? Cuando alguien nos da las ‘Gracias’ se despierta en nosotros una sensación fascinante en nuestro interior y sí, merece la pena pararse y disfrutarla. Pero ojo, tampoco caigamos presos de la certeza de que nos deben gratitud. Toca, de vez en cuando, analizar nuestras motivaciones y ver si están alineadas con nuestros valores. Por ejemplo, si hacemos las cosas de manera realmente desinteresada no nos preocupará si nos nos dan las ‘Gracias’. Estaremos tranquilos porque hemos sido coherentes con nosotros mismos.
Ser agradecidos require constancia y determinación. Incluye honrar los pequeños gestor y detalles que vivimos cada día con ilusión. Así dejaremos de utilizar la palabra mágica por simple cortesía y empezaremos a utilizarla como fruto de una actitud.
En el vídeo de hoy veremos un ejemplo. Fruto de un descubrimiento. El de una cinta de un viejo contestador automático y la relación de dos personas. No, ni una sola muestra de cariño, ni una sola muestra de agradecimiento, ni un solo Te Quiero… ni una sola palabra de Amor.
Y sí, aprovecho este último párrafo porque quiero daros las ‘Gracias’ por vuestro tiempo, vuestra atención, por seguir semana a semana este blog y sobre todo por vuestra complicidad. Es la mayor motivación para seguir escribiendo, para seguir haciendo fotos con que ilustrar los post, para continuar en la búsqueda de vídeos que se ajusten al contenido. Y a ti, motivo de tantas y tantas cosas… y más…. Gracias… Siempre!!


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