domingo, 1 de diciembre de 2013

Lo distintivo del ser humano no es el egoísmo, sino nuestra tendencia natural a cooperar, a ayudarnos unos a otros sin esperar nada a cambio.

http://www.claseejecutiva.cl/blog/2013/12/del-dinero-a-la-gratuidad/ 



¿QUÉ NOS MUEVE?

En esta clase tratamos el que tal vez sea el tema más central de la gestión: “Lo que nos mueve”. ¿Por qué hacemos las cosas que hacemos? ¿Qué nos motiva a invertir nuestro esfuerzo, nuestro entusiasmo y nuestra vida en una actividad o proyecto?
Y si en vez de mirar el tema desde del mundo interior de las personas se mira desde la perspectiva de un ejecutivo o supervisor, la pregunta central es qué debe hacer este para motivar a sus colaboradores y ganarse su compromiso.
Más allá de un sueldo, la pregunta es qué nos motiva a levantarnos en la mañana.
Lo que gatilla la conducta de la persona con la motivación extrínseca es un estímulo externo que puede ser positivo (un premio o “zanahoria”) o negativo (un castigo o “garrote”). Este tipo de motivación hace que el individuo realice su trabajo para obtener algo deseable (dinero, poder, reconocimiento, u otra forma de beneficios) o evitar algo desagradable, que le impone una molestia o un costo.
Pero si nuestro comportamiento fuese puramente egoísta, resultan sorprendentes una serie de conductas nuestras que están ampliamente documentadas, como las que comenta Yochai Benkler, en “The Unselfish Gene” HBR, julio-agosto 2011.
Por ejemplo, respecto de las últimas votaciones. 51 de 100 personas no fueron a sufragar, pero 49 ¡sí lo hicieron! ¿Por qué? ¿Qué ganaron ellos?
Yochai Benkler plantea que la probabilidad de que un voto afecte el resultado es minúscula, no obstante cientos de personas sí van a votar, tal vez por lo que se puede llamar “conciencia cívica”, porque votar es una de las actividades que nos hace sentir que hacemos lo correcto.
Asimismo, un estudio reciente en Suecia, que tiene un sistema de donación de sangre exclusivamente voluntario, demostró que las contribuciones de un grupo de mujeres disminuían cuando se les ofrecía pagar por su sangre. Pero cuando se permitió donar lo recaudado a una fundación que se preocupaba de los problemas de salud de los niños, las contribuciones de este grupo de mujeres aumentaron.
Los ejemplos anteriores implican un cambio mayor en nuestra comprensión de lo que nos mueve a actuar. Las personas no siempre exhibimos un comportamiento puramente egoísta. Nos interesa hacer lo correcto, ser justos en nuestras decisiones, actuar con generosidad, devolver el bien con bien; en suma, comportarnos como personas decentes y buenas.
Por ello el solo uso de “la zanahoria y el garrote” es contraproducente. Necesitamos sistemas que descansen en el compromiso, la comunicación, la necesidad de pertenencia y el sentido de propósito compartido. Los sistemas que solo se basan en premios y castigos a menudo llevan a una productividad inferior al comparárseles con los sistemas orientados a las motivaciones sociales.
Texto guía sin costo para los matriculados

CONSEGUIR Y MANTENER BUENOS TRABAJADORES

Manejar la motivación intrínseca es crucial para conseguir y mantener buenos trabajadores en el mundo de hoy y para que la persona se sienta bien en su trabajo.
Esta motivación se favorece si la persona tiene autonomía y una apreciación positiva de sus competencias, además de un trabajo con sentido y de percibir un ambiente sano.
Cuando se privilegia la motivación intrínseca, la organización va a conseguir el compromiso de sus trabajadores y estará mejor preparada para alcanzar rentabilidades superiores.
Próximo domingo: última clase del curso.
El solo uso de “la zanahoria y el garrote” es contraproducente.

EL SENTIDO DEL SINSENTIDO

Dr. Sergio Canals,  médico UC.
“Y la vida siguió, como las cosas que tienen ¿poco sentido?” (Joaquín Sabina).
Charles Bukowski en medio de una vertiginosa y genial desolación creadora disuelta en alcohol y drogas, afirmaba en sus reflexiones sobre el sentido de la vida: “El hombre ha nacido para morir. ¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar… Esperar un par de tetas una noche de agosto…esperar que canten los ratones… Perder el tiempo (…) Casi siempre lo mejor de la vida es no hacer nada en absoluto, es pasar el tiempo rumiando sobre ello.
Quiero decir que si alguien comprende que todo es un absurdo, entonces no puede ser tan absurdo, porque uno es consciente de que es un absurdo y la consciencia de ello es lo que le otorga sentido…Es un pesimismo optimista”.
No podemos escapar a una demanda y búsqueda permanente del sentido, imposible de abandonar aun a través del no-sentido.
Marguerite Duras, frente a su muerte próxima y a la realidad terrible, dolorosa y desesperanzadora del sinsentido, abandonando el desafío de su búsqueda, escribió en un paroxismo nihilista de su vejez: “Yo soy nada…El vacío…El vacío delante de mí…Siento una nada que llega. La muerte, y eso da miedo”.
La sensación de pérdida de sentido aparece cuando no entendemos algo, cuando se altera el orden y emerge el caos, ante las situaciones límites y dolorosas, cuando nos sentimos solos, no amados, desvalidos e impotentes, cuando desaparecen las certezas y la esperanza.
Frente a esta percepción devastadora, bien vale la pena recordar que el sentido, incluso en sus “jirones”, se cuela permanentemente no solo en lo extraordinario y lo placentero, sino también en los intersticios de lo cotidiano y lo pequeño de la vida diaria, en lo que tiene valor y debemos hacer ahora, en amar, la entretención, el ocio creativo, en trabajar, estudiar, filosofar, en la música, la lectura, la escritura, el deporte, en la creación, en la ayuda a los demás, en el silencio, la religión y la oración, donde finalmente habita el sentido místico religioso.
“La felicidad no es más que la apertura al poder y a la voluntad de sentido”.

COLUMNA HERNÁN RODRÍGUEZ W., GERENTE GENERAL CMPC

EL TRABAJO… MUCHO MÁS QUE EL SUELDO

EN DEPORTISTAS PROFESIONALES Y ARTISTAS VEMOS DOS EJEMPLOS DE “DISFRUTAR” UN TRABAJO.

Probablemente si les pregunto a muchas personas qué harían si llegaran a ganarse el premio mayor en un juego de azar, la respuesta más común sería: “dejaría de trabajar, para dedicarme a pasarlo bien y disfrutar de la vida”. ¿Acaso no disfrutamos la vida cuando trabajamos?
Darle sentido al trabajo es claramente algo que debemos buscar. Un sentido que haga que tener que levantarnos temprano todos los días para ir al trabajo sea mucho más que una mera rutina que nos permita recibir a fin de mes un salario con el que tenemos que pagar las cuentas de supermercado, colegios, luz, agua, etc. Es indudable que el trabajo cumple su rol de sustento de nuestras necesidades, sabemos que no podemos vivir sin él, pero a la vez estoy convencido de que trabajar tiene un trasfondo más allá de lo cotidiano.
Devolverle a la sociedad los talentos que hemos recibido, aportar con nuestro esfuerzo a hacer un país mejor, ser artífices que otros puedan tener mejor y más empleo, son motivaciones que por sí solas hacen del trabajo una actividad noble y mucho más allá de lo transable que se ha convertido.
Ahora, no siempre resulta fácil darles un sentido a las cosas, más aún al trabajo, pero esta es una labor que cada uno debe hacer. Darles un sentido a las cosas que hacemos nos hace trascender, perpetuarnos y dejar un legado que otros podrán aprovechar.
Sin duda, el trabajo nos trae beneficios económicos, pero, sin un sentido más allá del monetario, el trabajo siempre se tornará aburrido, incluso hasta tedioso. Si miramos a deportistas profesionales y artistas, vemos dos ejemplos de “disfrutar” un trabajo. Estoy seguro de que el dinero que puedan ganar ellos no es incentivo para hacer bien lo que hace cada uno en su ámbito.
Otro ejemplo clásico de transcendencia en el trabajo es el cuento del maestro al que le preguntaban qué estaba haciendo y este respondía: “estoy pegando ladrillos”; cuando al que estaba al lado le hacían la misma pregunta, en cambio respondía: “estoy construyendo una catedral”. ¡Qué manera de ver distinto el trabajo!
Por eso, si creemos que nuestro trabajo beneficia a otros, deja un legado, educa en el bien actuar y trasciende. Nuestra tarea nunca termina y todos los días tendremos una nueva motivación para levantarnos por la mañana.
El desafío de hoy, entonces, no es ganar el premio de azar, sino que encontrarle un verdadero sentido al trabajo.

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