martes, 15 de noviembre de 2016

“Dilo, mujer: ‘¡Me gusta el dinero!’. Eso no te hace mala”

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20161114/411837147258/dilo-mujer-me-gusta-el-dinero-eso-no-te-hace-mala.html 
Renata Moitinho,, asesora empresarial, psicóloga del dinero
Tengo 38 años. Nací en Brasil y vivo en Barcelona. Soy consultora en negocios y finanzas. Vivo en pareja, sin hijos. ¿ Política? Socialmente de izquierdas, económicamente de derechas. ¿ Creencias? Sigo buscando respuestas. Practico crossfit. Organizo el foro Mujeres, Negocios y Dinero
“Dilo, mujer: ‘¡Me gusta el dinero!’. Eso no te hace mala”

Finanzas femeninas

Escucho a Renata Moitinho y pienso que el dinero es como el alcohol: no te hace peor ni mejor, sólo saca de ti lo que ya tenías dentro. Es un acelerador, una lupa. Enseña que si te va mal económicamente, “el problema eres tú, tienes una mala relación con el dinero y eso perjudica a tu empresa”. Escucharla te anima a emprender sin miedo y con responsabilidad. Asesora a particulares, grupos y empresas, y el viernes 18 de noviembre organiza el primer foro de finanzas para mujeres, Finanzas en Femenino (FINenFEM), para sacar más partido a sus negocios, ganar más dinero con menos horas, bajo el lema Mujeres, Negocio y Dinero (www.finanzasenfemenino.com).
Asesora usted a mujeres emprendedoras...

La mujer es cada día más emprendedora, pero todavía no tanto como el hombre: dos mujeres empresarias por cada tres hombres empresarios.
¿Por el heteropatriarcado?
Porque las mujeres tenemos interiorizado algo que debemos superar.
¿Qué es?
¡El estigma del dinero como algo maligno! El dinero es el mundo, el demonio, la carne. La mujer lo ha gestionado en las casas, sí, pero... no era suyo, era del hombre.
La mujer ya gana su propio dinero.
Pero persiste la demonización del dinero. Si a un hombre lo mueve el dinero, es ambicioso; si a una mujer la mueve el dinero, ¡es interesada y oportunista!
Es verdad.
Está muy mal visto socialmente que a una mujer le guste el dinero... ¡Qué hipocresía!
¿Qué propone?
Propongo hablar claro, empezar por reconocer la verdad y por decirla.
Dígala.
Me gusta el dinero. ¡Me gusta el dinero!
Dicho queda: le gusta el dinero.
Repítelo tú también: “Me gusta el dinero”.
Me gusta el dinero.
¡Ahora estamos en el camino! Hay que decirlo en voz alta, sin dudas, sin tapujos, sin rubores ni pedir perdón: ¡me gusta el dinero!
¡Me gusta el dinero!
Porque el dinero no es ni bueno ni malo, ni inmoral ni moral, ¡es sólo una herramienta! Una herramienta neutra y muy útil para desarrollar lo que tengas dentro de ti.
Pero el dinero no da la felicidad.
Ni la quita. Si compra seguridad y educación para tus hijos, eso te dará felicidad.
Ayuda, convengamos.
Según lo claros que tengas tus objetivos. Fíjate en aquellos a los que les toca la lotería...
¿Qué les pasa?
Al cabo de cinco años vuelven a estar como estaban... o algo peor. ¿Cómo te lo explicas?
¿Inexperiencia?
No. No tenían claro si querían ese dinero, para qué, no tenían unos objetivos personales, vitales. No tenían alineados sus pensamientos, sentimientos y actos.
¿Es necesario eso para tener dinero?
¡Sí! Lo tienen en común las mujeres triunfadoras: empuje, ilusión con un proyecto, un propósito. Y tendrán días malos, pero se esfuerzan: saben que su sueño compensa.
¿Por qué se hizo emprendedora?
Desde niña me han atraído los precios de las cosas. “Han subido los tomates”, le decía a mi madre en el mercado. Y desde los 12 años ayudé a mis padres en la contabilidad de su restaurante. No era tabú hablar de dinero.
¿Y qué hace en Barcelona?
Vi un reportaje en la tele sobre Barcelona, la Sagrada Família... y caí rendida. Vine por un año y llevo trece años. Trabajé en banca y aprendí de los emprendedores que venían a pedir financiación para sus proyectos.
¿Qué aprendió?
Que hay mucho miedo al dinero. Miedo a no tenerlo, lo que angustia. Miedo a tenerlo y a perderlo, lo que paraliza.
¿Qué hacer?
Entender que el dinero libera: ayuda a mostrar lo que tú ya eres. Puedes ganar millones y dedicarlos a beneficencia.
O almacenarlo.
No se trata de ser millonario, sino de conseguir tu objetivo, de ser feliz. Si con una tienda eres feliz, ¿por qué querer diez, a costa de sufrir? ¿Lo quieres?
¿Qué aconseja a una mujer emprendedora?
Lo primero, ¡créetelo! Deja de llamarte ­autónoma, eso es maltratarte. Atrévete a llamarte lo que eres: empresaria.
¿Aunque no tenga empleados?
¡Soy empresaria! Soy una empresaria unipersonal. Emprendo y siento orgullo por lo que hago.
A veces hay que trabajar en lo que te disgusta.
Pero si te eternizas ahí, serás una persona triste. “Lo hago por mi hijo”, me dijo una mujer. “¿Es el modelo que quieres darle, el de una mujer triste?”, le espeté...
No me deprima a los lectores.
Para buscar la comodidad conviene haber sentido incomodidad. Tómate una mañana y reflexiona a solas sobre lo que tú quieres.
¿Y luego?
Actúa en ese sentido. Esfuérzate, que esfuerzo no significa sufrimiento. Arriesga. El fracaso no existe: aprenderás cómo no hay que hacer algo. Duele, pero nunca es el fin del mundo. El único fracaso es no intentarlo.
Pero estaría muy bien que el Gobierno ayudase...
Se deberían aprobar tablas progresivas de tarifas de autónomos. Y fomentar la educación económica y financiera desde la escuela, para que no nos engañen tanto.
¡Y todos empresarios!
¿Por qué no? Y a reconocer que querer ganar dinero no convierte a alguien en malo, a una mujer en mala mujer, en mala madre, en mala persona. Si yo fuese Renato, actuaría igual que siendo Renata.

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