viernes, 11 de noviembre de 2016

“El amor es un intercambio de debilidades”

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20161112/411800447283/el-amor-es-un-intercambio-de-debilidades.html 
Giulia Sissa, filósofa; autora de ‘Una historia de los celos’
Nací en Italia y vivo en Francia, EE.UU. y el mundo clásico, que es siempre actual. Casada: cuando sufro celos, no los oculto; lo que nos hace fuertes no es reprimir las emociones, sino aceptarlas y compartirlas. 
“El amor es un intercambio de debilidades”

El encanto del inseguro

Si quieres ser amado, no exhibas tus puntos fuertes, sino que pide y brinda ayuda para sobrellevar los débiles, porque no nos quieren tanto por nuestras virtudes como por nuestros defectos. Giulia Sissa carga contra el mantra imperante del autocontrol y el dominio sobre las emociones para proponer, desde la filosofía clásica, un ideal de vida más llevadero en el que el amor consista en un sincero intercambio de debilidades. El cambio supone decir adiósal hombre impasible que todo lo tiene bajo control y a la supermujer del feminismo que le daba réplica implacable. Yo no sé si mostrar nuestras debilidades nos hace más atractivos, pero sí que nos deja mucho más tranquilos.
Por qué caricaturizamos al celoso como un tonto posesivo?

Porque es alguien que ha perdido el control de sí mismo, aunque hoy el ideal universal es el del hombre que domina sus emociones y exhibe su autocontrol.
¿Y no cree que el celoso lo ha perdido?
Al contrario, creo que ese autocontrol imperante no sólo es imposible, sino que es una mera máscara que nos esclaviza.
¿Hay que mostrarse débil?
Lo más realista es aceptar la propia naturaleza. Y lo natural es sufrir celos, porque demuestran tu aceptación de la inseguridad inseparable del hecho de ser persona y amar. La americanada absurda es pretender que nos pongamos máscaras imperturbables de autodominio.
¿No cree que el equilibrio es mejor?
Cuando aceptas tu debilidad y las emociones que te dominan, te expones a lo más grande que te puede ocurrir, que es que alguien te ame, es decir, te desee y desee tu deseo. Y lo maduro es aceptar el sufrimiento que lo acompaña –los celos– porque nunca vas a poder estar del todo seguro de ese amor.
Los celos tienen una razón evolutiva.
Tal vez, pero esa razón no lo explica todo, sólo justifica alguna de las fuerzas implicadas en la mecánica reproductiva; igual que el hambre explica evolutivamente que nos nutramos, pero no explica la gastronomía.
La evolución hace al macho celoso para asegurarse de que la progenie es sólo suya.
...Y la hembra es celosa para asegurarse de que sólo ella obtiene para su progenie todos los recursos del macho. Y, por eso, los hombres tienen celos de que su pareja practique el sexo con otros y las mujeres de que ame a otras. Pero eso no resume toda la realidad de los celos.
Pues usted dirá.
Los celos forman parte de la experiencia humana y del eros, que está entre el amor, digamos romántico, y las relaciones puramente sexuales. Eros no es la violación ni el estupro; ni la mecánica transmisión de genes a la fuerza...
¿Qué hay, pues, en el eros?
Los celos son eróticos, en ese sentido clásico del eros, porque, más allá del sexo, surgen del amor como experiencia compartida. Por eso, hasta la prostituta finge desear al que le paga.
¿Cómo lo explica usted?
Porque ella ofrece sexo por dinero, pero para que ese intercambio no sea demasiado mecánico y frustrante debe iniciar toda una simulación de cortejo y seducción, y al final, la prostituta finge que desea al cliente, porque sabe que él necesita del deseo de ella, aunque sea fingido, para satisfacer el suyo. Es puro teatro.
Triste tener que cobrarlo o pagarlo.
Hasta las muñecas hinchables intentan simular deseo en sus expresiones.
Mecánicamente triste.
Porque los humanos sólo alcanzan el placer cuando algo o alguien les saca de su inseguridad permanente. Y es que el placer es eso: olvidarte de la angustia de estar vivo.
Pero el celoso no se divierte.
Porque anticipa la pérdida: se ha sentido amado un tiempo –aunque en algunos casos sólo se lo haya imaginado– y empieza a sentir el luto por la pérdida de ese amor. Y, del mismo modo que el amor le ha sacado de su angustia y su inseguridad, ahora su pérdida las aumenta.
Placer y displacer mueven el mundo.
Por eso cuando te abandona quien creías que te amaba dudas de todo, empezando por ti mismo. Es la herida narcisista del abandono y curarla requiere tiempo.
¿El hombre reduce a la mujer a objeto de su deseo y sus celos son reacción a un robo?
El hombre no convierte a la mujer en un objeto. Eso es falso, aunque lo diga Simone de Beauvoir. En la experiencia amorosa, por tu propio placer, lo último que haces es convertir al otro en una cosa, porque eso te convierte a ti en otra.
¿Los celos no son un reflejo machista?
El deseo busca al deseo: lo necesita para realizarse. Si no logra ser deseado, decae. En él no quieres al otro como un vaso de agua. Te quiero a ti como una mirada hacia mí; como un reflejo de mi propia mirada. Por tanto, no quiero dominarte, sino ponerme a tu merced para que tú decidas si me miras. Y que, por fin, me mires.
¿Y si no te mira?
Huir de la debilidad de los celos o esconderlos o reprimirlos es sólo una pose. Porque el amor es un intercambio de debilidades. Y los celos, la mayor de ellas.
¿Y si aspiras a tranquilidad y equilibrio?
El verdadero equilibrio se alcanza al reconocer y compartir tus inseguridades y debilidades.
¿Usted reconoce sus celos?
Por supuesto. Por eso creo en el feminismo de la emancipación, pero reniego del que quiere igualarnos a ese ideal de hombre impasible que domina el universo. No quiero ser una superwoman ni intentarlo.
Seguro que muchos se alegran de oírlo.
Alégrense, porque esa cultura fálica del macho impasible convertía a todos los varones en robots. Creo que la emancipación femenina les ha hecho el favor de devolverles a la realidad de sus debilidades e inseguridades.
Mucho más realista, desde luego.
Ese feminismo débil les ha hecho a ustedes también más inseguros y así mejores. El buen feminismo hace mejores personas a los hombres. ¿Y quiere que le revele algo más?
Por supuesto.
Esa inseguridad les hace atractivos.

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