jueves, 22 de diciembre de 2016

Reflexiones para la Gratitud

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Reflexionar no “sobre” la gratitud (como ejercicio intelectual) sino “para” la gratitud, para la acción. Desde un punto de vista científico, como bien sabes, la gratitud es la prioridad número uno de la felicidad (Sonja Lyubomisrky). Y la clave de bóveda de las relaciones (Allen Burton y Ted Furtris, Universidad de Georgia, 2015). Hemos de practicarla hasta que sea un nata, un hábito natural. El 15 de febrero de 2008 trataba en este blog del libro ‘Thanks!’ (Gracias), del Dr. Robert Emmons, uno de los mayores expertos en Psicología Positiva. Hace casi 20 años, fue invitado a impartir una conferencia sobre “las fuentes clásicas de la fortaleza humana": sabiduría, esperanza, amor, espiritualidad, gratitud y humildad. Su primera opción fue humildad, pero ya estaba cogida y le tocó la gratitud. A partir de ahí, comenzó a investigar.
 
La gratitud es la actitud de recibir un regalo (material, emocional, espiritual). El término procede del latín “favor” (gratia). La gratitud es una actitud consciente de reconocimiento y aprecio, valorada a lo largo de la historia de la filosofía por Cicerón (“la gratitud no es sólo la mayor de las virtudes, sino la madre de todas las demás”), Séneca (“la ingratitud es abominable”), David Hume (“De todos los crímenes que las criaturas humanas son capaces de cometer, el más horrible y poco natural es la ingratitud”), Kant (“la ingratitud… es la esencia de la vileza”) o Martin Heidegger (“Denken ist Danken”, Pensar es agradecer). “Todos los bienes se ven mejor cuando se ven como regalos”, Chesterton.
 
Además de correlacionar con la felicidad (como causa prima), la gratitud es esencial para una mayor productividad, calidad del trabajo, mejores relaciones sociales, más energía, actividad, fluidez, mejor sistema inmunológico y menor stress. El 75% de nuestra longevidad depende de factores psicológicos y de comportamiento. Ser una persona amable, apreciativa, tolerante y compasiva reduce en un 23% los niveles de cortisol (estrés) y duplica la hormona DHEA (relajación). En términos prácticos, cuidado con la negatividad, la incapacidad para la interdependencia (quienes piensan que la gratitud es una emoción humillante), los conflictos psicológicos internos, el pensamiento de comparación, el victimismo, el sufrimiento. Pueden ser motivos inconscientes para la ingratitud: el complejo de inferioridad, la sensación de deuda por parte del otro, la distorsión neurótica en la mente del beneficiario y la falta de juicio en los motivos del benefactor. La ingratitud tiene mucho que ver con el narcisismo.

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