sábado, 10 de diciembre de 2016

Entre la generosidad y el egoismo

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"La competencia es intensa entre los seres humanos, y dentro de un grupo las personas egoístas siempre ganan. Pero en la competencia entre grupos, grupos de altruistas siempre derrotan  a grupos de individuos egoístas" —Edwar O. Wilson

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Gracias a Olga Guryanova por la imagen (clic sobre ella para más info.)
Hace un poco más de dos semanas, publiqué un artículo sobre la propensión que tenemos los seres humanos a compartir la información que consideramos útil.

Este impulso permite que otros miembros de nuestro grupo se beneficien de dicha información y, de esta manera, el grupo se hace más fuerte.

En la sección de comentarios del artículo, un habitual miembro de esta fantástica comunidad de aprendices comentó, con algo de sonrojo, que en ocasiones el tiene el impulso contrario: guardarse la información y así tener una ventaja sobre los demás.

Esta tarde, mientras leía el estupendo libro de Edward O. Wilson, El sentido de la existencia humana, me encontré con un esclarecedor pasaje que explica las tendencias opuestas que conviven dentro de nosotros.

Por un lado, actuar de manera egoísta nos beneficia en algunas circunstancias y favorece nuestra causa como individuos.

Sin embargo, cuando llevamos a cabo actos altruistas beneficiamos al grupo y nos beneficiamos a nosotros mismos: nuestras probabilidades de supervivencia aumentan cuando hacemos parte de un colectivo fuerte.

Así explica el profesor Wilson estos impulsos contrarios:
La teoría estándar de la selección natural… se basa en el principio de que la unidad de herencia es el gen, que normalmente forma parte de una red de genes, y el objetivo de la selección natural es el atributo que prescribe el gen. Por ejemplo, un gen mutante dañino para los humanos es el que prescribe la fibrosis quística. El gen es poco común porque su fenotipo, la fibrosis quística, es contraproducente —perjudica la longevidad y la reproducción—. Entre los genes mutantes que nos son favorables encontramos, por ejemplo, los que prescriben a los adultos tolerancia a la lactosa. Tras surgir en las poblaciones consumidoras de leche de Europa y África, el fenotipo prescrito por los genes mutados hizo de la leche un alimento bueno para los adultos, incrementando así la longevidad y la reproducción comparativas de aquellas personas que los poseyeran.

Un gen que acarree un atributo que afecte la longevidad y reproducción del miembro de un grupo en relación a los otros miembros del mismo grupo se lo considera sujeto a la selección natural a un nivel individual. Un gen que acarree un atributo que conlleve cooperación y otras formas de interacción con miembros del mismo grupo puede que esté sujeto a selección a nivel individual, o puede que no. En ambos casos lo más probable es que afecte la longevidad y reproducción del grupo en su totalidad. Ya que los grupos compiten con otros grupos, tanto entrando en conflicto como en su eficiencia relativa a la hora de obtener recursos, sus atributos diferenciadores están sujetos a la selección natural. En concreto, aquellos genes que prescriben atributos interactivos —por lo tanto, sociales— están sujetos a una selección a nivel grupal.

He aquí una descripción hipotética de la evolución según la teoría estándar de la selección natural. Un ladrón eficaz persigue sus propios intereses y los de sus hijos, pero sus acciones perjudican al resto del grupo. Aquellos genes que proscriban su actitud psicopática se incrementarán de una generación a otra, pero, al igual que un parásito que agrede y lastima un organismo, su conducta debilita al resto del grupo, algo que a la larga perjudica al mismo ladrón. En el otro extremo, un valiente guerrero conduce a su grupo hacia la victoria, pero muere en el campo de batalla, dejando atrás poca descendencia o ninguna. Sus genes heroicos desaparecen con él, pero el resto de individuos del grupo, y los genes heroicos que comparten, se benefician e incrementan.

Los dos niveles de selección natural (individual y grupal) que demuestran estos extremos, son opuestos. A la larga conllevarán, o bien un equilibrio entre los genes opuestos, o la erradicación definitiva de uno de los dos. Podemos resumir la contienda con esta máxima: los miembros egoístas prosperan dentro de sus grupos, pero los grupos formados por altruistas se sobreponen a los grupos formados por egoístas.
Así que mi querido Aprendiz, que una veces quieras compartir y que otras no, es natural del todo.

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