sábado, 25 de junio de 2016

Liderar es servir

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"El coraje de un gran líder para cumplir su misión proviene de su pasión, no de su posición"
—John Maxwell

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Imagen StartupStockPhotos (clic sobre la foto para más info.)
No se es líder porque se tiene poder. Se es líder porque demuestras que te importa.

Una desafortunada extravagancia que aún perdura dentro de las organizaciones consiste en que a quienes son nombrados jefes se les obsequia con toda clase de distinciones: oficina más grande, mejores dietas, aparcamiento privilegiado, coches, tarjetas, entre otras cosas.

La organización busca así enviar señales claras de quién es el jefe y aquien hay que obedecer.

Sin embargo los privilegios no te convierten en líder. Si, si las personas quieren conservar sus puestos mejor que cumplan y obedezcan, pero esa obediencia basada en el temor está a kilómetros de distancia del verdadero compromiso.

Las grandes hazañas, los grandes objetivos, los triunfos extraordinarios se consiguen cuando equipo y líder se hallan comprometidos de corazón con una misión; cuando caminan juntos, hombro a hombro, tras el mismo objetivo.

Cuando existe esa comunión, cuando los corazones palpitan acompasados por una misma causa, casi todo es posible.

Para ser un verdadero líder y lograr que las personas quieran viajar junto a ti en búsqueda de la grandeza, primero debes demostrar que antepones la causa a la búsqueda de privilegios y reconocimientos personales.

Las personas no son tontas, tienen un ojo sagaz capaz de distinguir quien finge y quien está comprometido de verdad.

Ya pueden quedarse sin voz los jefazos repitiendo una y otra vez palabras zalameras que pretenden inspirar y motivar, pero si sus actos (incluso los más pequeños) contradicen sus logrados discursos, su equipo no caerá en la trampa.

¿Por qué habrían de realizar sacrificios extraordinarios los integrantes del equipo si el líder demuestra que para él son más importantes sus beneficios personales que la causa?

Para que las personas sigan sin vacilaciones al líder y estén dispuestas a ir un poco más allá del mero cumplimiento, el líder debe demostrar que está al servicio de la causa y no que se está sirviendo de ella para lograr beneficios personales.

Es muy probable que el líder cometa errores, que tome decisiones equivocadas, pero si de verdad está luchando por cumplir una misión, reconocerá con humildad su equivocación y corregirá el rumbo ante la claridad de las evidencias. No estará preocupado por el daño a su imagen o por parecer incompetente. Lo importante es el éxito del equipo.

Por el contrario, quien no sirve con honestidad el objetivo, empezará a buscar culpables distintos a él y a cubrir su espalda: los demás, la coyuntura, la falta de recursos, bla, bla, bla.

Y su equipo, sin duda alguna, lo sabrá.

El poder no basta para ganarse el corazón de las personas. El deseo de servir, si. 

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