domingo, 31 de julio de 2016

“Un día me reinventé; o eso o me extinguía”

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  • Jesús Ángel García Bragado, marcha atlética  
  • “Un día me reinventé; o eso o me extinguía”
Nos sentamos en un banco a la sombra, en el cauce del río Besòs, a la altura de Sant Adrià. El lugar está mejorado. Hay mucha gente patinando y pedaleando, y otra que pasa corriendo o dando un paseo. Huele a hierba húmeda, recién cortada. Varias gaviotas sobrevuelan el río, acariciándolo con las patas, antes de levantar el vuelo rumbo al Mediterráneo.
Me da la impresión de que a Jesús Ángel García Bragado (46) le apetece ver pasar la vida.
Hoy viene cansado. En la víspera, se había metido en la cama a las dos de la madrugada: se le había alargado el pleno de Sant Adrià, donde interviene como concejal popular desde hace un lustro.
–Parecía que a los regidores no les apeteciera irse de vacaciones –dice.
Hace mucho tiempo que García Bragado compagina ambas profesiones. Casi diez años.
Todo empezó en el 2007, cuando entró como concejal popular en Lleida, donde vivía junto a su exmujer, la gimnasta Carmen Acedo, y las dos hijas de la pareja. Interpretó entonces que podía desarrollar ambas vocaciones: la de político y la de marchador de alto fondo. Y a ello que
se puso.
García Bragado ha demostrado que todo es posible. En el consistorio, aprieta las tuercas: lidera la oposición. Y en el atletismo, suma y sigue. El 19 de agosto lo veremos en Río, a sus 46 años, porfiando por un puesto más que digno: disputará los 50 kms marcha. Serán sus séptimos Juegos. Ningún otro atleta ha conseguido eso mismo. Ningún hombre. Y sólo le iguala la infinita Merlene Ottey, entre las mujeres: 24 años en la élite contemplan a García Bragado.
–Entrar entre los diez primeros en Río, eso estaría fenomenal –dice–. Aunque me basta con mejorar el 19.º puesto de Londres 2012, el peor resultado de mi vida.
Tampoco puede aspirar a mucho más.
Ha perdido tiempo esta temporada, consecuencia de una lesión en el tendón isquiotibial. Se lo había roto el 8 de mayo, en una prueba de la Copa del Mundo.
–El tratamiento del doctor Andreu Arquer fue providencial. Me aplicó mis células madre para regenerar el tendón. Mientras me recuperaba, me dediqué a la bicicleta estática, la elíptica, la cinta de correr... No estuve así mucho tiempo. Un mes más tarde ya me estaba entrenando de nuevo. ¡Un récord!
Ha cambiado la medicina deportiva, García Bragado da fe. Hace 24 años, por ejemplo en la época de Barcelona-92 (la época de sus primeros Juegos Olímpicos), la rotura de un tendón podía desembocar en un parón de dos meses. Demasiado tiempo para un atleta: dos meses en el dique seco suponían el adiós a una temporada completa. Ahora, eso se arregla en un santiamén.
–Es cierto, los avances en la medicina me han resuelto problemas. En el 2006, el doctor Manuel Ribas me operaba la cadera por primera vez. En el 2008, volvió a operarme. En el 2014 tuve calcificaciones... En otros tiempos, hubiera tenido que retirarme. Hoy, aquí estoy. Esperando a Río.
Su discurso se detiene. Se distrae embobado, mirando el horizonte. Dentro de un rato, cuando terminemos la conversación, García Bragado se perderá en el cauce. Esta tarde le tocan diez kilómetros. Ha hecho otros diez por la mañana. Le salen unos 120 kilómetros semanales.
Pero no se cansa.
–¿No se cansa? –le pregunto.
–Sé que a muchos marchadores les ha pasado. Que se levantaban por la mañana y no le veían sentido a todo esto. A mí también me ha ocurrido. Viví el momento en el que la Federación recortaba el presupuesto y me quedaba sin ayudas. Cuando tenía que pagarme las concentraciones en el CAR de Sant Cugat (Centre d’Alt Rendiment). En esos momentos surgían las dudas. Pero luego llegaba ese momento en los huertos del Llobregat (del otro lado de la ciudad), cuando veía la puesta de sol y respiraba el aire que llega del mar, y entonces me descubría disfrutando de aquello, haciendo lo que quería hacer.
Y está el hecho de que ganaba cosas, por supuesto. Ha subido al podio en cuatro Mundiales. Y tiene un oro, el de Stuttgart-93. Sus logros lo colocan entre los marchadores más importantes del país, y eso no es poco: de aquí han salido muy buenos especialistas. Llopart y Marín, Massana y Plaza, Paquillo, Mari Cruz Díaz y Reyes Sobrino, María Vasco.
Y ahora, Miguel Ángel López.
–Sé que no soy el mismo. No tengo 25 años. El cuerpo no se recupera igual. Lo he ido aceptando, eso sí. A veces te engañas y no quieres escucharte. Acabas lesionándote, como en mayo, con el tendón.
Marchando a solas, García Bragado ha aprendido a conocerse. Se entrena a sí mismo desde el 2000. Y sólo se deja asesorar por Montse Pastor, la entrenadora de Julia Takacs, otra marchadora que dará que hablar, antes o después: Pastor le ayuda con filmaciones y estudios de vídeo.
–No tengo grupo. Me gusta trabajar por mi cuenta, sin tener a nadie al lado. Es así desde 1993, cuando me proponían fórmulas que no me gustaban. Me había hecho anárquico. Decidí que debía reinventarme. O eso o me extinguía.
Dice que se fue formando a través del ensayo y el error. De los fracasos. Aprendió a competir de atrás adelante.
Recogiendo cadáveres, se dice en el argot.
–Es una estrategia difícil. Exige sangre fría –dice.
Hay que ir observando a los rivales, analizándoles. Viendo si van perdiendo frecuencia en el paso. Y controlando el pulsómetro. Con esos datos, el marchador sabe si está en anaeróbico, o si puede subir el ritmo un pulso más. Si puede cazar al que va por delante.
¿Y luego? ¿Tras el 19 de agosto? ¿Qué va a ocurrir?
–Aún no he decidido nada, ¿eh? En fin, supongo que añoraré el dorsal. Aunque seguiré buscando motivaciones, como el torero que sigue saltando al tendido con las vaquillas. Me haría mucha ilusión ir a los Mundiales de Londres 2017 como turista. Y si fuera dentro del equipo técnico de la Federación Española, mucho mejor aún...

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