miércoles, 27 de julio de 2016

“Uso la magia para convertir la educación en un proceso ilusionante”

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20160728/403517532356/uso-la-magia-para-convertir-la-educacion-en-un-proceso-ilusionante.html
Álvaro Conde, mago y maestro de educación primaria
Tengo 40 años. Madrileño. Casado y con un hijo (4). Soy maestro interino de la Comunidad de Madrid. Creo en la educación pública, gratuita y de calidad. Hay que educar con ilusión y educar para ilusionar, porque la ilusión es el verdadero motor de la vida. Soy agnóstico.
“Uso la magia para convertir la educación en un proceso ilusionante”

Aulas motivadas

Hay maestros de lo suyo y maestros de los niños, los segundos saben hablar su lenguaje, y esto es lo que hace este mago-maestro enseñando a los niños a hacer magia y mostrando a los futuros pedagogos cómo pueden transformar las aulas con la magia. “Llevo tres años impartiendo cursos en la facultad de Magisterio de Madrid, explicando cómo la magia desarrolla en los alumnos competencias y capacidades sorprendentes de una forma intuitiva, lúdica y muy motivadora, y enseñándoles mis técnicas”. Esta es la historia de un descubrimiento, una vocación tardía que pretende acabar con el aburrimiento en las aulas. Ha participado en el primer Critèrium Màgic de Creixell (exhibición y reflexión sobre la magia).
La magia le llevó al magisterio?
Todo empezó cuando era niño viendo al mago Tamariz en la televisión. Me tenía fascinado y me partía de risa, me hacía sentir sensaciones y emociones que sólo vivía a través de sus naipes y de su fuerte personalidad histriónica.
¿Y empezó a hacer pinitos como mago?
No, era demasiado torpe y algo tímido y consideraba que esos milagros quedaban fuera de mi alcance.
¿Creció y olvidó?
Sí, y acabé trabajando en la empresa familiar hasta que a los 27 años cayó en mis manos un libro de cartomagia y una baraja, y redescubrí aquel mundo maravilloso.
Se enganchó.
Fui profundizando a medida que la pasión crecía y las horas que dedicaba al estudio y la práctica me parecían minutos o segundos. Ese es el verdadero secreto de todo esto: sentir pasión por lo que haces.
Pasión que le llevó a la universidad y a un cambio de vida...
A veces la vida te marca el camino. Carol, mi mujer, es maestra de primaria. Hace unos nueve años consiguió que el autor de un libro infantil que sus alumnos habían leído fuera a visitarlos, estaban emocionadísimos, pero el autor resultó ser un tipo soso y aburrido.
Un chasco.
Sí, tan desilusionados estaban que mi mujer me ofreció ir a su clase al día siguiente para hacerles algo de magia. Yo sólo había hecho magia para los amigos y familiares, pero acepté el reto.
¿Y qué tal le fue?
Nunca en mi vida había tenido una experiencia como la que viví aquella mañana. Estar en un aula, delante de 25 niños y niñas, ilusionándolos, captando su atención... fue un momento único. Y fue así como se despertó en mí la vocación de trabajar con niños.
¿Empezó de cero?
Sí, Carol me apoyó, fue mi pilar básico y mi fuente de inspiración.
¡Qué bonito!
Conseguimos compaginar con mucho esfuerzo y sacrificio mi trabajo habitual con los estudios de Magisterio. Mis profesores me enseñaron lo diferentes que son los niños de nosotros y las maravillas que esconden.
Da gusto oírle.
Allí fue donde mi pasión por la magia y mi pasión por la enseñanza se fusionaron de tal manera que dejaron de existir de forma separada, y comencé a desarrollar la magia como herramienta educativa.
En eso es usted único.
Enseñándoles a hacer magia se pueden desarrollar de forma fascinante, lúdica y motivadora capacidades y competencias en los niños. Hoy imparto cursos en la universidad a los futuros maestros.
¿Qué les explica?
Una metodología de trabajo basada en la ilusión, la motivación y la diversión, que se puede llevar a las aulas para darle la vuelta al paradigma educativo actual.
Según cómo se explique, cualquier asignatura tiene magia, pero no es tarea fácil...
Investigué mucho acerca de cómo enseñando magia a los niños podemos explicar de manera divertida para ellos, por ejemplo, matemáticas.
¿En qué se basa?
No hay nada más mágico que la mente de un niño, llevo ya años enseñando materias a niños, adolescentes y universitarios, utilizando la magia. Me baso en mi experiencia.
Entiendo.
Y lo que precisamente intento con toda mi alma es que esa magia que alberga cada niño no desaparezca con la adultez, y que contagie a maestros, profesores, equipos directivos, padres, madres, universidades..., para que la educación sea verdaderamente un proceso ilusionante.
¿Cuáles son esas virtudes de la magia?
Enseñándoles a hacer magia desarrollamos su sentido de la observación, concentración y coordinación. Disciplinamos su mente y cuerpo, potenciamos la creatividad e imaginación, y los ayudamos a vencer la timidez.
¿A través de qué habilidades?
Psicomotricidad fina y gruesa, la memoria, y el pensamiento lógico-matemático, ya que muchos principios que rigen nuestra magia son matemáticos, convirtiendo lo abstracto en algo funcional, interesante y lúdico.
¿Y las emociones?
El mago debe transmitir diferentes emociones y conseguir que los espectadores sientan esas emociones como suyas. Y también aprenden a enfrentarse al fracaso.
Algo muy necesario.
Sí, y más en una sociedad que condena el error y lo estigmatiza. Haciendo magia los alumnos aprenden a enfrentarse a los miedos y al fracaso y no rechazarlos u ocultarlos.
La creatividad está implícita en la magia.
...Y la imaginación, el dramatismo y la teatralidad: el mago inventa el relato que rodea al desarrollo del juego, es el narrador de historias fascinantes y conduce a sus espectadores al mundo de la fantasía y la ilusión.
Sus alumnos deben de adorarle.
El mérito es de la magia, que mejora sustan­cialmente las relaciones alumno-maestro y alumno-alumno, porque aprendemos a co­municarnos con los espectadores de forma ­activa. Y la autoestima y la seguridad en uno mismo florecen.

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