domingo, 25 de septiembre de 2016

La sabiduría que no poseemos... aún

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"[Una biblioteca] es como una bodega [de vinos], conviene no bebérsela toda"
—Jean-Claude Carrière

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Cuando me ve llegar a su puesto cargado de libros, algunos de volumen imponente, levanta la mirada al cielo, menea la cabeza, y con una sonrisa condescendiente, me dice: “Pablo es que eres muy ansioso, ¿para que te los llevas todos hoy?”.

Si, soy culpable de avaricia lectora. Tengo la mala costumbre de prestar en la biblioteca más libros de los que puedo leer en dos semanas. Así que tengo que renovar el préstamo una y otra vez hasta que termino de leerlos.

Para mi fortuna, las encantadoras bibliotecarias de las bibliotecas cercanas a mi casa son muy pacientes y tolerantes conmigo.

Pero lo que me ocurre con los libros electrónicos es todavía peor. Si los libros por leer de las bibliotecas son un poco más de una decena, los libros descargados en mi lector se cuentan por cientos. Y por supuesto, una gran cantidad de ellos están sin leer.

A mi me gusta tener los libros que me voy a leer cerca, siempre a la vista, desafiándome y reprochándome que aún no lo haya hecho. Son al mismo tiempo un estímulo y un recordatorio de mi inmensa ignorancia.

Y al igual que el estadístico, ensayista y erudito Nassim Taleb, considero que son más importantes los libros que no he leído que los que ya leí.
[U]na biblioteca privada —afirma Taleb— no es un apéndice para estimular el ego, sino una herramienta para la investigación. Los libros leídos tienen mucho menos valor que los no leídos. Nuestra biblioteca debería contener tanto de “lo que no sabemos” cómo nuestros medios económicos, la hipoteca y el mercado de la propiedad inmobiliaria nos permitieran colocar. Acumularemos más conocimientos y más libros a medida que nos hagamos mayores, y el número creciente de libros no leídos sobre los estantes nos mirará con gesto amenazador.

En efecto, cuanto más sabemos, más largas son las hileras de libros no leídos. A esta serie de libros no leídos la vamos a llamar antibiblioteca.
El recientemente fallecido Umberto Eco era un poseedor de una gran ‘antibiblioteca’ como la llama Nassim Taleb. Repartidos entre sus casas tenía más de 50.000 libros. Hagamos cuentas: si una persona se lee dos libros a la semana (¡una cantidad más que respetable!) durante 70 años, alcanzará a leer 7.280 libros. Con estas cuentas en mano, podemos estar seguros que el sabio Umberto Eco dejó muchos de sus tesoros sin descubrir.

En el libro Nadie acabará con los libros, Eco se refiere a su inconmensurable biblioteca:
A los que vienen a mi casa la primera vez, descubren mi biblioteca y no encuentran nada mejor que preguntarme: «¿Los ha leído todos?», tengo diferentes maneras de responder. Un amigo mio contestaba: «Aún más, señor, aún más».

Por mi parte, tengo dos respuestas, la primera es: «No, estos libros son los que tengo que leer la semana que viene. Los que ya he leído están en la universidad». La segunda respuesta es: «No he leído ninguno de estos libros. Si no, ¿para qué los tendría?»… La verdad es que todos nosotros tenemos en casa decenas,o centenares, a veces millares (si nuestra biblioteca es imponente) de libros que no hemos leído.

La biblioteca es la garantía de un saber.
"El verdadero conocimiento —afirmó Confucio—, es comprender la extensión de nuestra propia ignorancia". Los libros no leídos, la antibiblioteca, nos recuerdan lo mucho que nos falta por conocer.

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