viernes, 30 de septiembre de 2016

Renovables y futuro

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IMAGE: Vaclav Volrab - 123RF
Mi columna de esta semana en El Español se titula “Renovables y visión de futuro“, y es el resultado de comprobar la tremenda paradoja entre los anuncios e inversiones llevados a cabo por empresas tecnológicas como Google, Apple, Facebook o Amazon para poner en marcha sus políticas de abastecimiento de energías renovables, y la realidad aún tristemente mayoritaria de una industria eléctrica tradicional o de países como España que se mantienen anclados en la generación sucia mediante combustibles fósiles a pesar de la progresiva ganancia en eficiencia de las renovables.
Monstruos del consumo energético que tienen que abastecer de energía de manera fiable gigantescos centros de datos consiguen asegurar que su energía proviene de fuentes renovables en porcentajes sorprendentes, y planifican un futuro en el que la totalidad de su consumo provendrá del viento o del sol. Google es ya la compañía que más energía renovable adquiere en el mundo, detalla uno a uno todos sus contratos, y apunta a que la totalidad de su consumo provenga pronto de fuentes renovables. Apple ya obtuvo un 93% de su consumo de estas fuentes en el año 2105, incluyendo la totalidad de la energía consumida por sus centros de datos. Facebook se acerca ya a la mitad de su consumoSalesforce adquiere más energía renovable que la que consumen sus centros de datos, mientras Amazon, además de construir el parque eólico más grande del mundo, anuncia igualmente su compromiso para un abastecimiento íntegro de fuentes renovables. El empeño en construir o propiciar la construcción de granjas eólicas o solares por parte de estas compañías es tan relevante, que parece que producir energía fuese ya una parte central de su negocio, que fuesen empresas eléctricas en lugar de dedicarse a otros menesteres.
Las búsqueda de energía de fuentes renovables por parte de estas empresas es tan ávida, que las empresas eléctricas tradicionales no consiguen acceso a la producción de las granjas solares o eólicas recientemente creadas en los Estados Unidos, porquela totalidad de su producción está comprometida mediante contratos a largo plazocon empresas tecnológicas que han sabido entender el fenómeno a tiempo. Basta con que surja un número suficiente de compañías con esta actitud, para que resulte rentable construir granjas solares y eólicas en cada rincón, y mucho más si las características de determinados territorios, en función de sus condiciones naturales, lo propician. En el caso de una gran parte de España, que no haya paneles solares encima de cada tejado es un absoluto contrasentido, y que se haya intentado evitar mediante restricciones artificiales es una irresponsabilidad política de primera magnitud.
¿Qué han visto estas compañías en las energías renovables? ¿Simplemente una forma de maquillar sus memorias corporativas y “parecer buenos”? No parece muy lógico pensar que sea así, que todas estas grandes empresas hayan sido víctimas de algún tipo de epidemia de buenismo corporativo y de obsesión por la responsabilidad social. En realidad, se trata sencillamente de entender el progreso de la generación mediante métodos renovables, y cómo la progresiva ganancia en eficiencia hace ya posible imaginar un futuro en el que las energías limpias conformen un gran porcentaje de la generación total. No, no son simplemente buenos deseos: es que frente a la rancia actitud de “no puede ser y además es imposible” de muchas compañías eléctricas tradicionales, ha surgido la evidencia de que la aplicación de mejoras de eficiencia a los procesos de generación de energía eólica o solar hacen que esas perspectivas sean hoy en día muchísimo más realistas.
¿Para cuando una mentalidad en la totalidad de los ciudadanos o en los políticos mínimamente parecida a la que tienen estas compañías? ¿Cuándo dejaremos de intentar impedir el progreso mediante absurdos impuestos al sol y medidas abiertamente corruptas que plantean desincentivos a la generación limpia? ¿Cuántos años más de tópicos falsos de “es buenismo”, “no es suficiente” o “no es rentable si no se subvenciona” cuando la evidencia se acumula en las cuentas de resultados de cada vez más compañías? ¿Cuánto queda para que en lugar de empeñarnos en hacer lo más barato y rentable a corto plazo, exijamos que se haga lo más lógico y responsable?

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