miércoles, 12 de octubre de 2016

El aprendizaje socioemocional debe iniciarse lo más pronto posible, en la misma guardería

http://www.lavanguardia.com/vida/20161013/41948052536/el-divan-educacion-ninos-gestionar-emociones-adultos-responsables.html
¿Educamos a los niños para que sepan gestionar las emociones o sean adultos responsables?

El aprendizaje socioemocional (SEL en inglés) está de moda. Aprender aquello que las generaciones precedentes nos legaron queda en un segundo plano frente al desafío de gestionar nuestras emociones. Sólo esto último nos hará libres y emprendedores de nosotros mismos. Lo otro son ataduras de las que conviene desprendernos.
El yo se convierte así en el nuevo ídolo del panorama educativo. Y con él, el cuerpo como sede principal de las emociones que embargan a ese nuevo individuo autónomo y empoderado.
Para ello nada mejor que empezar lo más pronto posible, en la guardería mismo donde hay que dejar a los niños que decidan libremente sus actividades y horarios, que den rienda suelta a sus emociones. Si es posible con la complacencia de sus progenitores. ¿Para qué aferrarse a los hábitos cuando es posible construirse a sí mismo en el aquí y ahora?
¿Para qué aferrarse a los hábitos cuando es posible construirse a sí mismo en el aquí y ahora?
¿La educación debería, pues, centrarse en hacer de cada niño/a un excelente y feliz gestor de sus emociones? Parece que así conseguiríamos hacer de ellos y ellas buenos alumnos, buenos ciudadanos y buenos trabajadores. Al menos eso es lo que piensa la Fundación NOVO, dirigida por el hijo del multimillonario Warren Buffet, que es una de las que más invierten filantrópicamente en el SEL como filosofía de vida fundamentada en la obediencia.
Educar el cuerpo y las emociones es positivo pero el problema es basar la tarea educativa en ilusionismos de dominio del cuerpo y la mente, emociones incluidas. Además de un fraude, para uno mismo y para los otros, nos hace más vulnerables. Nada más engañoso que los sentimientos, salvo la angustia que esa nunca engaña. El cuerpo no se regula solo y los afectos y emociones –que haberlos haylos- requieren de palabras y de compromisos que puedan interpretarlos y darles un destino.
Andrè Malraux, novelista y político francés, se lamentaba en susAntimemorias, de “que ya no hay personas mayores”, como si hacerse adulto fuera una utopía. Como ven, cincuenta años más tarde, el tema sigue de plena actualidad.
La educación tiene como objetivo final que el sujeto alcance el máximo grado posible de autonomía, que le permita apropiarse de su vida y definir sus propias metas con un estilo propio
La educación tiene como objetivo final que el sujeto alcance el máximo grado posible de autonomía, que le permita apropiarse de su vida y definir sus propias metas con un estilo propio. Pero para ello no le queda otra que tomar las referencias de sus educadores, aunque luego sea él quien se haga cargo de su realidad.
En el modelo tradicional era el educador quien establecía, de manera unilateral, esas metas y explicitaba así su intencionalidad educativa. Hoy ese esquema es ya impensable al margen de los principios de participación y co-responsabilidad, que promueven que sean los propios sujetos los que desarrollen su capacidad mediante su experimentación y la actuación constante en la búsqueda de soluciones a las diversas problemáticas que abordan.
Hacerse adulto no excluye pues la invención. Al contrario, la exige para no quedar alienado a identificaciones que no dan respuesta a las problemáticas siempre singulares de cada sujeto. Pero inventar no es crear ex – nihilo. Se inventa con lo que se tiene, a modo de bricolaje, con las piezas sueltas que vamos tomando del otro y a las que podemos dar nuevas formas.
Se inventa con lo que se tiene, a modo de bricolaje, con las piezas sueltas que vamos tomando del otro y a las que podemos dar nuevas formas
Por eso, en la educación, a veces operamos en cierta oscuridad y el oficio de educador no está exento, como decía el lógico Ch.S. Peirce, de esa necesidad de anticipación y adivinación, aunque esos recursos se apoyen en algo de lo ya sabido.
La brújula que nos orienta, sin embargo, es clara: la buena educación requiere que nos dirijamos siempre al adulto que todo niño o adolescente lleva dentro, a ese lugar futuro que se anhela como destino y de cuyo trayecto debemos siempre responder. Eso es la responsabilidad: responder de las consecuencias de nuestros actos, sin ampararnos en las buenas intenciones o recrearnos en el management de las emociones, como si fuéramos los empresarios de nuestro yo.

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