domingo, 9 de octubre de 2016

Érase una vez un garaje...

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  • Viaje a la zona cero de Silicon Valley
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Palo Alto
Érase una vez un garaje en Palo Alto (California)... No, no hablamos de Google ni de Apple. Este garaje es un cubículo de 20 metros cuadrados construido alrededor de 1924 con frágiles tablones y cubierto por un tejado a dos aguas al lado de una casa de madera de 1905. En ese humilde espacio está el origen de algunas de las compañías más valiosas del mundo. Es la cuna de Silicon Valley. Allí empezaron a crear en 1939 sus productos electrónicos dos estudiantes de ingeniería, Bill Hewlett y Dave Packard. Hoy, 77 años después, su compañía, Hewlett-Packard (HP) es un referente tecnológico. Sus laboratorios de investigación (HP Labs) acaban de cumplir 50 años.
El goteo de turistas que se acerca al garaje de HP, en el 367 de la avenida Addison de Palo Alto, es constante. Y lo es en vano. Se pueden hacer fotos frente a una placa que recuerda el nacimiento del actual Silicon Valley –nombre ficticio– y el garaje se puede ver al fondo, junto a la casa, pero las visitas no están permitidas. Esta localidad californiana está conectada con muchas otras a lo largo del Valle de Santa Clara, al sur de San Francisco, por una calle principal, el Camino Real. El nombre se lo pusieron los misioneros españoles, que establecieron una ruta para conectar las misiones jesuitas creadas en California.
La idea de forjar un núcleo de empresas tecnológicas en California, que hasta entonces se concentraban en la costa Este de Estados Unidos, es de Frederick Terman, un profesor de la Universidad de Stanford que solía animar a sus alumnos a fundar empresas de electrónica y creó un parque industrial de 300 hectáreas en terrenos de esa institución para que las compañías pudieran hacer realidad las ideas de los estudiantes. Dos de ellos. William R. (Bill) Hewlett y David Packard se lo tomaron en serio.
HP-25, una de las primeras calculadoras científicas programables de Hewlettt-Packard. La calculadora está en la oficina original de Hewlett, en Palo Alto (California)
HP-25, una de las primeras calculadoras científicas programables de Hewlettt-Packard. La calculadora está en la oficina original de Hewlett, en Palo Alto (California) (Francesc Bracero)
Alquilaron el garaje de la avenida Addison a una familia que había dividido su casa en dos para poder arrendar una parte y vivir en la otra mitad. En la vivienda alquilada se acomodaron Packard y su mujer, mientras que Hewlett se instaló en un cobertizo situado en la parte posterior de la casa, que tenía poco más que un camastro y un sencillo lavabo.
Allí nació el primer producto de HP, un oscilador de audio llamado 200A que tuvo bastante éxito. La mejor prueba de ello fue que Walt Disney les compró ocho unidades de aquel aparato que montaban en el garaje para adecuar el sonido en las salas de cine que iban a proyectar su ambiciosa película musical Fantasía.
En l940, el garaje ya se había quedado pequeño y los socios tuvieron que trasladar la compañía a un edificio con más espacio. El orden de los apellidos en el nombre, Hewlett-Packard, se tomó lanzando una moneda al aire.
HP fue la pionera en la zona y en las dos décadas siguientes, con la Segunda Guerra Mundial por medio, llegaron muchas más. A diferencia de la industria electrónica de la costa este de Estados Unidos, en Palo Alto y sus alrededores creció una industria del conocimiento capaz de otorgar ventajas militares a los aliados.
En poco tiempo, compañías como Polaroid, Westinghouse o Lockheed tuvieron algún departamento tecnológico en esta zona, aunque lo que caracterizó el enclave californiano fue la llegada de William Shockley, uno de los inventores del transistor en la compañía Bell Electric. Dos de sus ingenieros, Robert Noyce y Gordon Moore, que querían desarrollar transistores de silicio en contra del criterio de su empresa, se despidieron y crearon Fairchild Semiconductor. En 1968, tras una disputa interna por el liderazgo, ambos crearon otra compañía, Integrated Electronics Corporation (Intel), que empezó por fabricar chips de memoria y después se pasó a los microprocesadores. En pocos años, había medio centenar de compañías dedicadas a ello en la zona.
En 1971, el periodista Don Hoefler, que escribía artículos para un semanario tecnológico denominado Electronic News, escribió una serie de reportajes bajo el título de Silicon Valley USA. el nombre se hizo muy popular, hasta el punto de que este valle del silicio es hoy la meca de la tecnología y es el mayor polo de atracción de talento del mundo.
Este tipo de industria ha favorecido a lo largo del tiempo una sociedad más diversa y abierta –procedente de todas las partes del mundo– de la que puede ser habitual en la mayoría de las ciudades de Estados Unidos.
El consejero delegado de HP, Dion Wesler asegura que, más allá de cualquier campaña de marketing, “la diversidad , realmente importa”. Su compañía, como la mayoría de las de la zona hace una política abierta en pro de la diversidad y los derechos humanos. Por ese motivo, el líder de HP argumenta que “no puedes pensar en resolver los problemas en Estados Unidos y después ofrecer tus soluciones al mundo. No es así como funciona esto”.
El primer lugar en el que Steve Jobs, fundador de Apple, vio un ordenador de sobremesa fue en los laboratorios de HP. “Se llamaba 9100A y no era más que una calculadora con pretensiones, pero también el primer ordenador de sobremesa auténtico. Resultaba inmenso. Puede que pesara casi veinte kilos, pero era una belleza y me enamoró”, explicó el líder de Apple a su biógrafo oficial, Walter Issaacson.
HP no sólo se había convertido en una pionera, sino que también era un modelo, una inspiración. Uno de los ejemplos que lo ilustra es que un Jobs menor de edad buscó un día en el listín telefónico de Palo Alto el teléfono personal de Bill Hewlett, lo llamó a su casa y le pidió algunas piezas para sus trabajos electrónicos en su propio taller. El fundador de HP no sólo no lo despachó por su descaro, sino que conversó con aquel inquieto joven durante 20 minutos. Más tarde, Jobs trabajaría para esta compañía algún verano.
A diferencia del garaje de Hewlett-Packard, el que fue de Steve Jobs, en el 2006 de Christ Drive, en Los Altos, no tiene placa alguna. Sólo un cartel de sus propietarios prohíbe que se pise el patio delantero para sacar fotos. Los fans tecnófilos de Apple no son bienvenidos en ese garaje en el que la leyenda dice que Jobs diseñó el primer Mac junto a Steve Wozniak. Es probable que esa historia no sea cierta, porque este último dice ahora que no hicieron nada allí. “El garaje –comenta– éramos nosotros”.
Lo cierto es que el padre de Jobs reservó a su hijo un rincón del garaje para que pudiera desarrolla sus inquietudes en el campo de la electrónica y ese espacio anexo a la vivienda fue un lugar de reuniones y un punto de trabajo en los primeros pasos de Apple.
El recorrido entre localidades de Silicon Valley descubre lo mucho que ocultan las sedes de las grandes compañías. Los coches autónomos de Google pueden verse a lo largo de la saturada autopista 280, que conecta todo Silicon Valley. Los eléctricos de Tesla forman parte del paisaje habitual. En cualquier aparcamiento hay posibilidades de encontrarlos, aunque no son baratos como tantas otras cosas en este idílico valle tecnológico. En Palo Alto, Mountain View (Google), Menlo Park (Facebook) y Cupertino (Apple) abundan las tiendas de lujo en pequeñas islas esparcidas entre humildes (y no tan humildes) casas con garaje.
50 años de los HP Labs
El HP Sprout, un avanzado ordenador sin teclado
El HP Sprout, un avanzado ordenador sin teclado (Francesc Bracero)
Si entrar en el garaje, el cobertizo y la casa de HP en la avenida Addison de Palo Alto es un viaje al pasado, la entrada a los HP Labs, cerrados siempre a las miradas ajenas, es transportarse al futuro. Aquí Hewlett-Packard deja vislumbrar algunas de sus tecnologías, pero muchas de las puertas permanecen cerradas. Las cortinas tapan cosas que el espectador curioso querría desvelar. Las fotografías están prohibidas, como es lógico. La entrada recorre un interminable pasillo de cuyas paredes cuelgan decenas de cuadros de madera con placas que reproducen patentes de la compañía. La mayoría se idearon cuando el concepto I+D no existía. Hoy, el futuro se proyecta sobre la impresión en 3D, en la que HP, como en la impresión en plano, también es pionera. En uno de los laboratorios son capaces de imprimir ínfimas cantidades de fluidos para la investigación médica. En esto, también son precursores.

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