domingo, 2 de octubre de 2016

¿Placebo o dopaje?

http://www.lavanguardia.com/deportes/20161002/41721054641/placebo-dopaje.html 
  • Investigadores estadounidenses estudian fórmulas de estimulación cerebral para deportistas
  • de élite
  • ¿Placebo o dopaje?

Cuando el doctor Alexandre Gironell (50) retrocede hasta el siglo XIX, se me pone la piel de gallina:
–Hace dos siglos que se practica la estimulación con energía eléctrica –me dice.
Recuperamos imágenes fantásticas: bobinas lanzando descargas a la cabeza de un paciente. Tratamientos de electroshock para resetear un cerebro.
–Se le aplicaba a enfermos depresivos y a esquizofrénicos.
El doctor avanza en el tiempo y aparecemos en el siglo XX. Buceamos en el terreno de la psiquiatría. En los 80, un físico inglés, Anthony Barker, creaba la máquina de estimulación magnética transcraneal.
¡Qué nombre tan feo!
Hay que traducirlo: una corriente eléctrica creaba un campo magnético que atravesaba tejidos y huesos y despolarizaba neuronas.
–La diferencia con todo lo anterior es que aquel tratamiento no generaba dolor.
Un chisme lanzaba señales eléctricas a tu cerebro y ahora no notabas nada. En los noventa, el envío de señales se aceleró. En vez de una pistola, teníamos una ametralladora de señales. Las señales podían activar o inhibir parte del cerebro. La técnica se llamaba EMTR (estimulación magnética transcraneal repetitiva).
Estuvo a prueba quince años.
Se aplicaba para la depresión. No daba resultados fiables. Las ondas llegaban al córtex y calentaban la zona. Producían una reacción reversible de inmediato, tan pronto como cesaba la descarga. El paciente mejoraba mientras se le aplicaban las ondas. Si la máquina se apagaba, volvía al estado depresivo.
El doctor Gironell lleva años dándole varias vueltas a estos asuntos. Es jefe clínico de la unidad de trastornos del movimiento y responsable de estudios funcionales del sistema nervioso central del servicio de neurología del hospital de Sant Pau.
El cargo ocupa seis líneas.
Hace cinco años nació la estimulación transcraneal por corriente directa (TDCS, en sus siglas en inglés). Esponjas, un polo positivo y otro negativo y una pila de 9 voltios. El cacharro es portátil e indoloro.
–Sólo se nota un hormigueo.
En Estados Unidos se iluminaron. Creen que el TDCS puede mejorar el rendimiento de los deportistas: si se estimula el motor córtex, se pueden crear nuevos circuitos neuronales que mejoren y potencien determinados automatismos y disparen el rendimiento.
Para entendernos: ¿qué es un entrenamiento? El acto de repetir un ejercicio para que te salga cada vez mejor. La repetición estimula una zona del córtex y entonces el cerebro automatiza el movimiento.
Algunos expertos pensaron que el TDCS podría estimular esa zona del córtex. Y de esa manera, se multiplicarían los resultados.
Pronto comenzaron los ensayos. Velocistas y nadadores estadounidenses exploraron ese territorio en su camino hacia los Juegos de Río. También lo hicieron equipos de béisbol y fútbol americano. Y ba­loncestistas. El año pasado, un jugador de Golden State Warriors tuiteaba una selfie: llevaba unos auriculares como los del gráfico que ilustra la página. Era James Michael McAdoo. Los Warriors jugaron la final de la NBA.
Troy Taylor, director de alto rendimiento del equipo de esquí para los Juegos de invierno del 2018, hizo un cálculo: “En el esquí, los atletas apenas invierten el 5% o el 10% del entrenamiento deslizándose en los esquís. El resto del tiempo lo pasan en el telesilla, enfriándose. Una tecnología capaz de acelerar el proceso de aprendizaje del esquiador, maximizando el impacto de esos descensos, nos resultaría de enorme interés”, dijo.
Desde abril, Halo Neuroscience, una empresa emergente de Silicon Valley, en San Francisco, produce Halo Sports. La diadema se adapta a la cabeza, como unos auriculares, y distribuye corrientes que estimulan el córtex motor.
Dan Chao, fundador y consejero delegado de la compañía, asegura que la diadema eleva el rendimiento del deportista en un 10%. Cuesta alrededor de 700 euros.
El grupo de atletismo de Michael Johnson, en McKinney (Texas), lo está probando.
El doctor Gironell discrepa.
–Para mí, es ciencia ficción –dice–. Un placebo: si creo que funciona, rendiré mejor. Pero a efectos prácticos, no puede funcionar. La descarga es tan inocua, tan débil, que no llega al cerebro. Con poca potencia no hay estimulación. Y no puedes aplicarle gran intensidad: si activas las motoneuronas, puedes provocar un ataque epiléptico.
–¿Y si realmente funcionase? –le pregunto.
–Entonces entraríamos en el terreno del dopaje. Sería como una máquina que desarrolla dopamina. Es dopaje, sin duda.
La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) está encima del caso.
Olivier Rabin, director científico del organismo, declaró a la revista IEEE Spectrum (el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos, con 425.000 miembros) que su equipo “está monitorizando de forma muy activa” las tecnologías de estimulación cerebral.
Por ahora no hay conclusiones. Todo está muy verde.
Pero el veredicto será claro si se comprueba que Halo Sports supone un riesgo para la salud del deportista o si corrompe “el espíritu del deporte”.
Aunque lo último, el “espíritu del deporte”, es un concepto ambiguo.
¿No se lo parece?

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