martes, 21 de junio de 2016

INNOVACIÓN 6.0: LA INNOVACIÓN SE INCRUSTA EN LA CULTURA DE LAS NACIONES

http://xavierferras.blogspot.com.uy/p/innovacion-60.html 

Estrategia, innovación, tecnología y territorio.
(post inicial del blog)

La innovación es un concepto emergente de management. Un concepto que integra campos de conocimiento preexistentes: estrategia, tecnología, marketing y teoría organizativa, entre otros. Y, a la vez que los integra, los supera a todos ellos, generando una nueva visión holística de la empresa. Una visión postindustrial, adaptativa y fluida de empresa en la cual la innovación aflora como concepto transversal, estratégico y operativo del modelo de la organización del futuro.

El fenómeno de la innovación se ha expandido en los últimos años en seis grandes oleadas, surgiendo de un origen puramente tecnológico hasta convertirse en un fenómeno complejo de naturaleza social.

Desde el origen de la revolución industrial, cuando la legislación británica empezó a permitir al inventor apropiarse de los réditos de sus invenciones mediante los primeros mecanismos de patente, hasta el final de la guerra fría, la innovación se concibió como un fenómeno eminentemente tecnológico. Alguien inventaba, y alguien vendía la invención. Era la fuerza del technology-push, el empuje de la tecnología. La innovación era propiedad de los departamentos de I+D. Es la era de la Innovación 1.0.

Hacia los años 80, sin embargo, el mundo económico asiste a una acelerada sofisticación y fragmentación de los mercados. El mercado deja de ser una entidad homogénea e insaciable, y se convierte (a la vez que se intensifica la competencia internacional) en una realidad compleja, poliédrica y saturada, que debe tratarse con perspectiva estratégica. Emerge el marketing como concepto empresarial. Estar cerca de los clientes, entenderlos y anticipar sus necesidades puede significar un flujo de productos superiores y mejorados. Irrumpe la fuerza del market-pull, y la innovación se convierte en un ejercicio de tensión dinámica entre el empuje de la tecnología y la demanda del mercado. Es la época 2.0.

Sin embargo, la expansión del fenómeno no se detiene aquí. La innovación no es propiedad de los departamentos de I+D y marketing. Es el conjunto de la empresa, la totalidad de sus departamentos, la que debe convertirse en un sistema innovador. Se puede innovar en la propia organización, en producto, en proceso, en canal comercial e incluso en el modelo de negocio. Zara, Ikea, Dell o Tous muestran al mundo el poder de la innovación estratégica de base no tecnológica. La innovación invade la estrategia empresarial y el conjunto de departamentos de la organización. Es la época de la innovación 3.0.


Pero la dinámica de algunos sectores, especialmente el del automóvil (el más competitivo e intensivo en tecnología del mundo) muestra pronto que la aproximación 3.0 tampoco es suficiente. No basta con sincronizar los diferentes departamentos de la empresa en el proceso innovador. La creciente exigencia de time-to-market, las ingentes inversiones necesarias para alcanzar el liderazgo tecnológico y la disponibilidad de sistemas de información compartidos impulsan al fenómeno de la innovación a invadir un cuarto ámbito: la cadena de valor. No es posible ser el más rápido si la cadena logística es inflexible. No se puede ser el más sofisticado tecnológicamente si los proveedores no están en el estado del arte. Ni desarrollar productos complejos de forma totalmente integrada. Rápidamente, las grandes empresas líderes en sus respectivos sectores reducen drásticamente su base de proveedores buscando relaciones de estabilidad, estratégicas, a largo plazo, con algunos de ellos. La cadena de valor, depurada y reforzada, se convierte en el auténtico sistema innovador. Es la era 4.0.

Hacia 2003, un profesor de Berkeley, Henry Chesbrough, lanza un nuevo concepto, inspirador y disruptivo: open innovation. Para Chesbrough, el verdadero sistema innovador no es la cadena de valor. Las oportunidades y las fuentes de conocimiento útiles para mi empresa se pueden hallar, de forma cruzada, en otras cadenas de valor. En otros sectores, en otras industrias y en otros lugares geográficamente alejados, en un mundo que se vuelve plano por la fuerza de los sistemas de información. El campo de juego de la innovación se expande nuevamente, hacia la totalidad de cadenas de valor. Esto es, hacia el conjunto de la economía internacional. Es la innovación 5.0.

Pero, en mi opinión, el punto de destino final del fenómeno de la innovación no es la economía internacional (versión 5.0). Como no lo fueron la tecnología (1.0), el mercado (2.0), la empresa (3.0) ni la cadena de valor (4.0). El punto final del fenómeno, la verdadera fuente de la innovación, el campo de juego real es la CULTURA DE LAS NACIONES. La innovación se torna un fenómeno cultural, incrustado en el ADN de los individuos, y que eclosiona en algunos entornos concretos. No en vano, de forma paradójica, en un mundo hiperglobalizado, emergen auténticos ecosistemas locales, extremadamente ricos en dinámica innovadora (Silicon Valley, Corea del Sur, Israel, Finlandia, Massachussets). Y no es la genética ni la geografía lo que los diferencia. Los diferencia la cultura, el conjunto de creencias y comportamientos que guían las actitudes individuales. Es la cultura emprendedora, orientada a la generación de valor, sostenida en la racionalidad científica, la que genera ventajas competitivas diferenciales. Las naciones que no desarrollen una cultura innovadora quedarán definitivamente arrinconadas de la historia.

De todo ello, de la innovación como fenómeno tecnológico y económico, de la estrategia de la innovación, de la creación de ecosistemas y culturas innovadoras, y de la auténtica pasión por innovar que nos une, tratará este blog.

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