domingo, 10 de julio de 2016

Emotivo discurso de un CEO en una escuela parisina de negocios

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El director general de DanoneEmmanuel Faber, de 52 años, se formó en la escuela de negocios parisina HEC (Hautes Études Commerciales), una de las más prestigiosas del mundo. El pasado 10 de junio fue el encargado del discurso de graduación a los alumnos de la promoción 2016. Estas fueron sus palabras:
Buenos días.
Lo haré lo mejor que pueda, empezaré en francés y terminaré en inglés. Si esperáis un discurso intelectual quedareis decepcionados.
¿Qué es lo que más me marcó  durante los años que pasé aquí,  como vosotros en el Campus?
He decidido hablar de alguien que nació 20 años antes, en 1965, en Grenoble. Un joven que vivió una vida muy plena, una adolescencia más complicada, turbulenta… que dejó los estudios y consiguió un empleo como trabajador en las obras publicas de los Alpes.
Trabajaba en invierno en las carreteras. Un día decidió terminar sus estudios. Tuvo entonces un primer episodio y fue internado en un hospital psiquiátrico. Luego salió. Él amaba la tierra, amaba la agricultura, amaba a los campesinos…
Decidió ser ingeniero agrónomo. Lo consiguió. Empezó a trabajar. Tuvo entonces su segundo episodio, volvió a ser internado en un hospital psiquiátrico, y nunca pudo volver a trabajar como lo vais a hacer vosotros o como lo hago yo.
Emmanuel Faber, CEO de Danone
Se hizo jardinero, tuvo otros pequeños trabajos de inserción, pasó mucho tiempo en la calle tocando la guitarra y se hizo amigo de quienes se levantan de madrugada pues no podía dormir a consecuencia de su enfermedad…
Se hizo amigo de los basureros, que se levantan a las cuatro de la madrugada (les preparaba termos de café), y de las señoras mayores a quienes ayudaba a cruzar la calle con el carro para ir al mercado y de vez en cuando dormía con esa gente que ni yo ni vosotros, si hacemos el trabajo al que aspiramos, nos encontramos.
Un día decidió volver al campo. Regresó a su pueblo, en los Altos Alpes, con sus amigos agricultores y por la mañana hacía queso en la lechería y por la tarde la pasaba durmiendo, a causa de su enfermedad, e iba a hacerlo cerca del manantial.
Después de la siesta, con su viejo teléfono móvil, lo ponía cerca del manantial, y me llamaba y me dejaba un mensaje en el buzón de voz. Todos los días. Solamente con el sonido del manantial. Yo podía estar negociando con el Gobierno Chino, al otro lado del planeta, en mi oficina de Shanghái, o en Paris, o en Barcelona, o en México, o quizá con vosotros, y tenía todos los días esta vocecita, una vez al día, que me recordaba de dónde vengo.
Un día, hace cinco años, pocas horas después de despedirme de él porque se iba a la montaña, el murió a causa de su enfermedad. Era mi hermano.
Lo que más me marcó durante mis tres años aquí fue esa llamada que desearía no haber recibido nunca. A las nueve de la noche, aquí, en el Edificio C, en la 4ª Planta: “Faber es para ti”. Y supe que mi hermano había sido ingresado por primera vez en el psiquiátrico con el diagnostico de una esquizofrenia severa.
Mi vida cambió. Pocos de vosotros lo sabíais. Tuve que aprender a negociar con alguien que ha perdido la razón. Aprendí a pasar la noche buscándole por las calles, a conocer el mundo de los hospitales psiquiátricos. Aprendí el lenguaje de los locos para poder mantener el dialogo con ellos, y aprendí la belleza del lenguaje… Descubrí que la normalidad nos encierra mucho, descubrí la belleza de la alteridad.
Me abrió muchas cosas. Gracias a él descubrí la amistad de los sin techo, y de vez en cuando voy a dormir con ellos. Descubrí que se puede vivir con muy poco y ser feliz.
He hecho noche en los barrios pobres de Delhi, Bombay, Nairobi, Yakarta, en Aubervilliers (cerca de aquí en Paris), y en la jungla de Calais. Y todo eso me ha enseñado una cosa: que a partir de ahora, tras esos decenios de crecimiento, el desafío de la economía, el desafío de la globalización, es la justicia social. Sin justicia social, no habrá economía.
Nosotros, los ricos, los privilegiados, podemos levantar muros cada vez más altos, como Arabia Saudita con Yemen, con Estados Unidos, con México, como se está haciendo alrededor de Europa, pero nada detendrá a quienes tienen necesidad de compartir lo nuestro. No habrá justicia climática sin justicia social.
¿Y por qué os estoy diciendo todo esto? Porque hoy os graduáis. Os enfrentáis al futuro y me gustaría felicitaros a todos. Al mismo tiempo, tenéis ahora un instrumento muy poderoso en vuestras manos, y la cuestión es: ¿Qué vais a hacer con él? Porque os vais a dedicar a las finanzas, al marketing, a la abogacía, a la acción social, al liderazgo de los negocios y ¿Cómo vais a manejar vuestro liderazgo en esta áreas?
Porque de una cosa estoy seguro después de veinticinco años de experiencia: se os ha dicho que hay una “mano invisible”, y no la hay. O quizá hay una, pero os puedo decir que tiene más discapacidad que mi hermano: está rota.
Así que solo están vuestras manos, mis manos, todas nuestras manos para cambiar las cosas, para mejorarlas. Y vosotros tenéis mucho para mejorarlas. Tendréis que superar tras grandes enfermedades que llegaran con facilidad al estatus que vais a adquirir tras vuestra graduación, amigos míos: el poder, el dinero y la gloría.
De la gloria, olvidaos. Es sólo una carrera sin fin que no conduce a ninguna parte. Las listas de famosos están para que la gente busque su nombre, pero a nadie la interesan.
En cuanto al dinero… Cuando estaba en Banca de Inversión, ¡conocí tanta gente (y continuo haciéndolo) que son prisioneros del dinero que ganan! ¡Nunca seáis esclavos del dinero! ¡Sed libres! Sea lo que sea en lo que lo ganéis o lo que hagáis con él, ¡Sed libres!
En cuanto al poder… Mirad a vuestro alrededor. Veréis mucha gente que tiene poder y que no hace nada más que conservar ese poder, asegurarse de seguir un día más. El poder sólo tiene sentido si vuestro liderazgo es un liderazgo de servicio  y cómo encontráis la forma de que sirva a ese propósito. Ese objetivo que os hará ser quienes realmente sois. Lo mejor de vosotros no sois vosotros quien mejor lo conoce.
Así que tengo una pregunta que me gustaría dejaros a cada uno de vosotros: ¿Quién es tu hermano? ¿Quién es ese hermano menor, ese hermano menor que vive en cada uno de vosotros, que os conoce mejor que vosotros mismos, que os ama más de lo que os amáis vosotros a vosotros mismos? Es esa vocecita la que os dice que sois más grandes de lo que pensáis que sois. ¿Quiénes son? Ellos os traerán esa voz, esa música interior, esa melodía que es verdaderamente vuestra, vuestra melodía única que cambiara la sinfonía del mundo a vuestro alrededor. Mucho o poco, lo hará. El mundo lo necesita y vosotros lo merecéis.
Así que encontrad a vuestro hermano menor, encontrad a vuestra hermana menor, y cuando les encontréis, saludadles de mi parte: somos amigos. Que os vaya bien.

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