lunes, 18 de julio de 2016

Ser feliz es una decisión

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"Muy poco se necesita para tener una vida feliz; todo se halla dentro de usted, en su manera de pensar" —Marco Aurelio

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Imagen: Evelyn Mostrom (clic sobre la foto para más info.)
Hace un par de días, mientras paseaba el perro, me encontré con un vecino que estaba también paseando el suyo. Cuando le di los ‘buenos días’, me respondió con amabilidad el saludo, aunque luego precisó agobiado: “con el calor que hace no son buenos”.

De vuelta en casa pensé como las personas a veces dejamos que cosas insignificantes nos agobien de manera desproporcionada. Es cierto que un calor abrasador puede ser para algunos algo muy desagradable, pero de ninguna manera debería ser motivo suficiente para menospreciar un nuevo día.

Pero no sólo es el calor, si discutimos con nuestra pareja o nuestros hijos, aunque sea por algo menor, pasamos todo el día amargados con el ceño fruncido rumiando lo injustos que son con nosotros.

Nuestro jefe nos encarga una tarea que nos desagrada e igual, se arruinó nuestro buen ánimo y terminamos el día entero quejándonos de la mala suerte de tener que soportar a ese tirano incompetente.

No importa que los demás aspectos de nuestra vida marchen bien, que tengamos empleo, salud, un techo donde vivir, comida en nuestra mesa, una simple tontería nos hace gimotear y lamentarnos de lo injusta que es la vida.

Cualquiera que haya vivido lo suficiente sabe que la vida puede regalarnos momentos maravillosos, pero también puede ser muy cruel y traicionera. “Nada te golpeará —dijo Rocky Balboa— tan fuerte como lo hará la vida”.

En cualquier momento, a la vuelta de la esquina puede estar, agazapada, esperándonos, la tragedia. Dispuesta a golpearnos con tal violencia que nos obliga a poner las rodillas en tierra y estremecernos de dolor.

Hoy estamos quejándonos del calor que hace o de lo poco que nos ayudan con los deberes de la casa, y mañana puede ocurrirnos una desgracia que termina haciéndonos añorar los días calurosos.

Es ingenuo pensar que estamos libres de desgracias y esperar solo buena fortuna y felicidad.Lo que le ocurre a cualquiera también nos puede pasar a nosotros. Cualquier día pueden tocar a nuestra puerta la enfermedad, los reveses económicos, la muerte de un ser querido, y causarnos un gran dolor.

Todo esto no lo digo para que nos inunde el pesimismo y entremos en pánico y desesperación; todo lo contrario, lo que quiero es que no dejemos que cosas insignificantes nos impidan ver y disfrutar de lo bueno que hay en nuestras vidas.

Debemos aprender a apreciar y valorar más todo lo bueno, bello y bondadoso que nos acompaña, por pequeño que parezca.

Una “aburrida tarde” en casa, en la cual no encontramos ningún plan emocionante que realizar, no es una contrariedad, al revés, es un gran regalo. Aunque haga un calor infernal, si estamos sanos, con techo y comida, somos afortunados. Una pequeña discusión, cuando todo lo demás marcha bien, no se puede convertir en todo un día de ceño fruncido y refunfuño.

La calidad de nuestra vida depende en gran parte de las cosas a las cuales les prestamos más atención, al final, somos nosotros quienes decidimos entre quedarnos atrapados en las pequeñas tonterías o apreciar todo lo bueno y hermosos que nos rodea.

Ser feliz es una decisión.

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