sábado, 2 de julio de 2016

Somos lo que nos decimos

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"La gente se vuelve realmente extraordinaria cuando empiezan a pensar que pueden hacer las cosas. Cuando creen en sí mismos han descubierto el primer secreto del éxito"
 —Norman Vincent Peale

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Imagen: Ryan Wong (clic sobre la foto para más info.)
Walt Disney afirmó: “Todos nuestros sueños pueden convertirse en realidad si tenemos el coraje de perseguirlos”.

Y creo que sí, que el bueno de Disney tenía razón, aunque yo precisaría que la frase sería más exacta si dijera “(Casi) Todos nuestros sueños… “.

Hay ocasiones en que por más duro que trabajemos, por muy buenas que sean nuestras intenciones, por mucho que hayamos buscado la respuesta apropiada, simplemente no pudimos encontrar la tecla correcta y fallamos.

Y no hay nada de malo en ello, no cabe ningún reproche. Si hicimos un esfuerzo honesto por alcanzar una meta y no la pudimos lograr, podemos estar en paz con nosotros mismos.

Haberlo intentado y fallado es mil veces mejor que ni siquiera haber probado. Si, fallar duele, pero duele más, mucho más, perder por no presentarse.

Ese es uno de los más comunes remordimientos de las personas en el ocaso de sus vidas, cuando ven el final de su viaje irremediablemente cerca, se preguntan con tristeza: ‘¿y si lo hubiera intentado?’.

Todos, cuando somos jóvenes, tenemos sueños de grandeza; imaginamos un futuro lleno de éxitos y logros admirables. Sin embargo, cuando empezamos a crecer, nos volvemos más “realistas”, más “prácticos”; así que nos conformamos y ajustamos nuestras metas a la baja.

Yo estoy convencido de que la principal causante del abandono de nuestras ilusiones es esa vocecita saboteadora que todos llevamos dentro, que con su narrativa malintencionada intenta por todos los medios destruir nuestros sueños.

Todos llevamos a cabo en nuestra mente una permanente conversación con nosotros mismos, que en muchos casos resulta debilitante: ‘tu no eres tan inteligente’, ‘no tienes la formación necesaria’, ‘ya estas viejo’, ‘eres demasiado joven’, ‘no tienes talento’, 'eres perezoso', ‘esa idea es estúpida’... Son algunos ejemplos de lo que en muchas ocasiones nos dice nuestra voz interior y, como puedes ver, la condenada no se anda con rodeos, dispara a matar (ilusiones y sueños).

Controlar esa narrativa, cambiar los mensajes limitantes por unos más positivos es el primer paso para atrevernos a soñar y luchar por alcanzar nuestros objetivos. Si dejamos que la negatividad se imponga ni siquiera intentamos movernos.

Somos lo que pensamos, si pensamos que podemos o que no, en ambos casos estamos en lo cierto. Las transformaciones ocurren cuando nos convencemos a nosotros mismos de que el cambio es posible.

La próxima vez que te descubras dudando de ti, ¡para! Recuerda que siempre el primer paso es creer que es posible.

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