lunes, 5 de septiembre de 2016

"Yo tengo un gran anhelo; morir de agotamiento en lugar de aburrimiento". —Thomas Carlyle

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Gracias a John Sting por la imagen (clic sobre ella para más info.)
El aburrimiento no es una cuestión menor en la vida de los seres humanos. Tan importante es que ha dado origen a una gigantesca industria cuyo único objetivo es ayudarnos a pasar el rato, a ocupar la hora.

Cine, televisión, casinos, redes sociales, discotecas, YouTube, espectáculos deportivos… Todos ellos pertenecen a esa inconmensurable industria que busca entretenernos y evitar que nos atormente el tedio.

Hoy,  gracias al todopoderoso capitalismo, nos aburrimos menos que las generaciones anteriores.

El deseo de evitar el aburrimiento es normal; Bertrand Russell en su libro “La conquista de la felicidad” comentó de esta manera:
El deseo de escapar del aburrimiento es algo natural; de hecho, cuando se presentó la oportunidad, todas las razas de la humanidad lo han expresado... Las guerras, las masacres y las persecuciones, todas han sido parte del intento de escapar del aburrimiento; incluso las peleas con los vecinos se han considerado mejor que nada. Por lo tanto, el aburrimiento es un problema vital para el moralista, pues por lo menos la mitad de los pecados de la humanidad son causadas por el temor a él.
Ahora bien, no todo lo concerniente al aburrimiento es negativo, la forma cómo lidiamos con él determina en gran parte la calidad de nuestra vida. Continuamos con B. Russell:
El aburrimiento, sin embargo, no debe ser considerado como totalmente malo. Hay dos tipos, uno de los cuales es fructífero, mientras que el otro es embrutecedor. El tipo fructífero surge de la ausencia de drogas y el tipo embrutecedor de la ausencia de actividades vitales.
Como todos sabemos, drogarse y emborracharse como fórmula para matar el tedio no es una buena idea, ya sabemos eso a que conduce. Sin embargo, Bertrand Russell clasificaba otro tipo de actividades, aquellas que buscan emocionar de manera pasiva (teatro, apuestas, etc.) como de naturaleza similar a las drogas.

Hoy en día disponemos de muchas más actividades de este tipo: cine, internet, videojuegos, series de tv, conciertos… esta clase de entretenimiento, que nos divierte sin requerir ningún esfuerzo de nuestra parte, constituyen un pobre remedio contra el tedio.

Por otro lado, el aburrimiento fructífero es el que da pie a ocupaciones que demandan cierto esfuerzo y que por ello favorecen nuestro crecimiento; estas actividades o nos dejan más fuertes, o más saludables, o más sabios, o con relaciones más sólidas.

La práctica de deportes, la educación, la pintura, la escritura, tocar instrumentos, entre otros, hacen parte de este tipo de tareas que nos alejan del aburrimiento y que, a su vez, fomentan nuestro desarrollo.

Arthur schopenhauer, casi un siglo antes que Russell, lo expresaba así en su estupendo libroAforismos sobre el arte de vivir:
De ahí que una condición indispensable para que un hombre sea feliz es que esté activo, se ocupe de algo y, de ser ello posible, produzca algo, o al menos que aprenda algo: sus fuerzas reclaman ser usadas, y a él le gustaría ver que rinden sus frutos. La mayor satisfacción a este respecto la proporciona, sin embargo, el producir o fabricar algo, ya sea una cesta o un libro; el hecho de presenciar cómo una obra crece a diario bajo nuestras manos, hasta alcanzar la perfección, nos transmite una dicha inmediata. Esto se consigue a través de una obra de arte, un escrito o un simple trabajo manual; aunque sin duda el grado de satisfacción será mayor cuanto más noble sea la clase de obra. Los más felices, en este sentido, son los mejor dotados, pues están conscientes de su capacidad para producir obras más significativas, grandes y perfectas.
En tiempos recientes, el gran psicólogo Mihály Csíkszentmihályi quiso comprobar si lo que decían aquellos sabios filósofos era cierto, para ello realizó una investigación con adolescentes que espantaban el aburrimiento de diferentes formas, unos lo hacían con entretenimiento pasivo y los otros utilizando sus capacidades. Esto fue lo que halló:
Csíkszentmihályi realizó un seguimiento de 250 adolescentes con elevada fluidez y 250 con baja fluidez. Estos últimos son jóvenes de «centros comerciales»; vagan por dichos lugares y ven la televisión durante muchas horas. Los adolescentes con alta fluidez tienen aficiones, practican deportes y dedican mucho tiempo a hacer sus trabajos escolares. En todas las categorías de bienestar psicológico ―incluyendo la autoestima y el compromiso- excepto en una, estos jóvenes obtuvieron mejores resultados. La excepción mencionada es importante, y se refiere a que estos chicos creen que sus iguales con fluidez baja se divierten más, y preferirían estar en un centro comercial haciendo esas cosas tan «divertidas» o viendo televisión. Sin embargo, aunque no consideran «divertido» su compromiso personal, éste los recompensará en el futuro. Los muchachos con elevada fluidez llegan a la universidad, tienen relaciones sociales más profundas y gozan de mayor éxito en la vida.
Utilizar nuestro tiempo libre con sabiduría significa establecer las bases de la felicidad duradera y del éxito personal. ​

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