martes, 5 de julio de 2016

Quejarse también es perjudicial para el cerebro:

Cuando nos quejamos —escribe Jessica Hullinger para la revista Fast Company—, nuestro cerebro libera hormonas del estrés que dañan las conexiones neuronales en áreas utilizadas para la resolución de problemas y otras funciones cognitivas. Esto también sucede cuando escuchamos a otra persona lloriquear y gemir. 

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