lunes, 29 de agosto de 2016

“El cuerpo sabe”

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20160829/404247539284/el-cuerpo-sabe.html 
Enric Marés, maestro e investigador de gimnasia consciente
60 años. Vivo en pareja en Lloret de Mar. Licenciado en Educación Física. Doy clases de gimnasia consciente y
 formo a profesionales en las universidades de Girona, Barcelona y Madrid. El Estado, ante su propia ineptitud, 
aumenta la presión y el control hacia el ciudadano. Creo en una energía sin nombre
“El cuerpo sabe”
LV | Foto: Àlex Garcia


 

Lo qué está de más

La profesora de gimnasia alemana Elsa Gindler (1885-1961) enfermó de tuberculosis y fue desahuciada, pero ella creía que, si conseguía hacerse más sensible a los procesos fisiológicos, podría recuperar sus pulmones. Un año después estaba curada y se iniciaba una revolución de la que han bebido importantes psicoterapeutas del siglo XX. “El cuerpo ya sabe, decía Gindler, sólo tenemos que permitirle recuperarse al ir soltando todo lo que en nosotros está de más”. Marés ha dedicado treinta años a investigar y difundir la gimnasia consciente. Aprendió de las alumnas de Gindler, todas centenarias y en activo hasta el final. Tiene publicados un par de libros: Estiramientos y Gimnasia consciente (Hispano Europea).
Usted quería saber más...
Sí, a mí licenciatura en Educación Física le siguió un largo peregrinaje para aprender disciplinas de Oriente.
¿Taichi, judo, aikido...?
...Y katsugen y yuki, y también disciplinas como reiki, meditación, vipassana, advaita.
Pero usted tuvo un gimnasio clásico.
Sí, dos años, pero lo traspasé y con una mochila al hombro y muchas preguntas me lancé a buscar otra forma de relacionarse con el cuerpo.
¿Qué le incitó a ello?
Topé con un libro: El cuerpo tiene sus razones, que me apasionó, me abrió la mente, y me fui a París en busca de su autora: Thérèse Bertherat.
¿La encontró?
Tuve mucha suerte, encontré a su maestra, la doctora Ehrenfried, que en aquel momento tenía 86 años y cuya filosofía era escuchar el cuerpo, porque el cuerpo sabe, y más que imponerle disciplina física hay que sentirlo y permitirlo. Me formé con ella cuatro años.
¿Qué fue lo más sorprendente?
Recuperé dos o tres centímetros de altura y obtuve un equilibrio emocional a través del trabajo corporal que me sorprendió. La fuerza vital que desde niños va quedando reprimida se recupera al poner la conciencia en el cuerpo.
Explíquemelo más despacio.
Moldeamos a los niños física y mentalmente. Para poder deshacer la coraza muscular y las tensiones de defensa que hemos ido creando ante situaciones difíciles, es decir, toda esa insensibilización del cuerpo, utilizamos los movimientos conscientes que no son más que los mecanismos de autorregulación que el propio cuerpo ya posee.
¿Decidió seguir los pasos de Ehrenfried?
Fue sólo el comienzo. Ehrenfried había sido discípula de Elsa Gindler, una visionaria que se curó a sí misma. Para no perderme ni un ápice de sus enseñanzas me puse a buscar a todas las discípulas de la creadora de la gimnasia suave.
¿Todas octogenarias?
...Y nonagenarias. Me formé en París con Alice Aginski y luego me fui a Berlín a estudiar con Frieda Goralewski , que tenía 94 años.
¿Qué aprendió de ella?
El trabajo era el mismo, pero en cada alumna variaba la forma. Frieda me habló de otras discípulas que vivían en EE.UU.: Carola Speads, Carles Brooks y Charlotte Selver, y allí me fui.
Concienzudo.
Todas habían huido del nazismo. Cuando Charlotte Selver llegó a Nueva York, Eric Fromm, el famoso psicoanalista alemán, la acogió, fue su alumno durante ocho años e incluyó la gimnasia consciente en la formación psicoterapéutica. Y también se formó con ella el fundador de la Gestalt, Fritz Perls.
Sorprende la longevidad de estas mujeres.
Cuando Charlotte enviudó, se casó con un jovencito de setenta y pocos. Vivió más de cien años y dio clases hasta el final de su vida. Ellas mismas eran la clara demostración de la tesis de que el cuerpo, si se lo permites y no lo bloqueas, sigue regenerándose.
¿…?
El movimiento corporal y la forma de estar estan totalmente ligados a la mente, tal como demostró el doctor David Hawkins, investigador pionero en el campo de la conciencia, que también bebió de esta filosofía. Él mismo se curó de sus enfermedades poniendo la atención en el cuerpo y permitiéndole ser.
Que circule la energía.
Si el cuerpo puede soltar los puntos de tensión ligados a algún tipo de creencias o emociones reprimidas hay un cambio a nivel mental.
Usted también se ha dedicado a investigar.
Cuando volví de EE.UU., impartí clases en la Universitat de Girona y me dediqué a investigar los ejercicios de estiramiento, demostrando que muchos son erróneos. Para estirar un músculo, este debe estar en reposo, y muchas de las posturas que se utilizan para hacer estiramientos se hacen con el músculo en tensión.
Entonces debe de haber posturas de yoga que no son válidas.
Efectivamente, y muchas de pilates. El yoga nació en un lugar y con un clima determinado. Además, hay maestros y maestros. El cuerpo está sometido a la gravedad, y cuando desali­neas una estructura física hay puntos de tensión que hay que tener en cuenta. Siempre hay que buscar un punto de apoyo para estirar.
¿La medicina deportiva está de acuerdo?
He trabajado con doctores deportivos y fisioterapeutas para determinar la tensión muscular en las distintas posturas, viendo cuáles eran correctas y cuáles nocivas.
También ha investigado usted la fuerza y cómo recuperarla.
Llevaba veinte años impartiendo gimnasia consciente y me preguntaba si era posible, a la vez que desarrollamos esa conciencia de respeto y reconocimiento del cuerpo, recuperar y mantener la fuerza.
¿Y?
Es posible y sencillo. Realizando siete movimientos con un peso y a un ritmo determinado, una vez por semana, se puede recuperar y doblar la fuerza a cualquier edad en un año.
¿Cuántas horas hay que invertir?
No hacen falta más de 15 minutos semanales para que se abra la ventana anabólica produciendo todas las hormonas de construcción del tejido óseo y muscular, evitando la creación de radicales libres que se estimulan con los excesos habituales.

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