jueves, 25 de agosto de 2016

Nuestro peor enemigo

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"Los miedos que no enfrentamos se convierten en nuestros límites" —Robin Sharma

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Gracias a Jens TheeB por la imagen (clic sobre ella para más info.)
La feria de atracciones mecánicas estaba a punto de cerrar y mi hija quería jugar, una vez más, en una de las máquinas.

Como no tenía monedas de un euro, que es lo que costaba poner la máquina en funcionamiento, le dí una de dos y le dije que pidiera cambio a la chica de la caja.

Mi hija se dirigió hacia la caja un tanto indecisa y cuando estaba a unos pocos metros, se detuvo. Permaneció así durante un par de minutos y luego se dio la vuelta, me entregó de nuevo la moneda y dijo que le daba vergüenza pedir el cambio. Justo en ese momento la cajera cerró la persiana y ya no fue posible cambiar la moneda.

La vergüenza, el miedo de ser rechazada, impidió a mi hija hacer algo que quería.

Ya se que (al igual que conmigo mismo) tengo trabajo que realizar con ella.

Lo que le ocurrió a mi princesita, por desgracia, es un mal harto común entre los seres humanos.

Eleanor Roosevelt, la activista, diplomática y Primera Dama de Estados Unidos que más tiempo ha ocupado el cargo, afirmaba que el miedo es nuestro principal enemigo. Yo pienso igual.

Cada vez que permitimos que este nos impida hacer algo que de verdad deseamos, o que es importante para avanzar hacia nuestros objetivos más significativos, terminamos viviendo una vida más pequeña de lo que debería ser.

No invitar a esa persona que nos gusta tanto a salir, evitar dar esa presentación en nuestra empresa, no pedir el aumento que nos merecemos, no iniciar el negocio con el que soñamos… son derrotas que nos causamos a nosotros mismos y que menoscaban nuestras posibilidades de vivir una vida más plena y satisfactoria.

Muchas —¡la gran mayoría!— de las cosas por las que vale la pena luchar se encuentran al otro lado del miedo, más allá de nuestra zona de confort.

(“Zona de confort” es un término que no me gusta, dicho así suena como a un rinconcito precioso y acogedor, como el sofá donde me siento a leer. La “zona de confort” es en realidad una cárcel, una zona de tiempo y oportunidades perdidas, de potenciales desperdiciados.)

Por eso, cada vez que damos un paso por fuera de la mal llamada “zona confortable”, crecemos, nos hacemos más fuertes y ampliamos nuestras posibilidades.
Ganas fuerza, coraje y confianza en cada experiencia en la que te detienes realmente a mirar el miedo a la cara. Eres capaz de decirte a tí mismo: 'Ya he pasado por este horror. También puedo afrontar la siguiente cosa que se presente’, afirmó la sabia Eleanor Roosevelt.
Ahora bien, el miedo jamás lo dejaremos de sentir. Es parte de nuestra naturaleza. La selección natural lo ha incorporado en nuestro repertorio de sentimientos para que nos ayude a mantenernos a salvo.

El problema es que nuestro cerebro es muy inmaduro valorando el riesgo. Todo aquello que percibe como extraño, desconocido o incoherente lo cataloga como inseguro y causa temor.

Es decir, para nuestro cerebro es lo mismo pedir un aumento que pararnos al borde de un precipicio.

Aunque no podemos eliminar el miedo, lo que sí podemos hacer es habituarnos a actuar a pesar de su presencia. Los líderes extraordinarios, las personas de grandes éxitos, lo fueron no porque no tuvieran miedo, sino porque actuaron aun sintiéndolo.

Actuar en presencia del miedo es algo a lo que nos podemos acostumbrar, e incluso, llegar a sentirnos cómodos con el.

Es igual a lo que ocurre cuando entrenamos con pesos. Al principio las pesas nos dejan los músculos doloridos por varios días, y esto es muy incómodo. Después de un tiempo (si se entrena duro) nos habituamos al dolor y este deja de molestar.

No obstante, el deportista veterano incluso ha aprendido a disfrutar de ese pequeño dolor muscular que queda después de una práctica intensa. El sabe que ahí es donde nace el crecimiento: se está haciendo más fuerte.

Enfrentarse al miedo también significa crecimiento.

Cuando lo miramos a la cara y actuamos; crecemos y nos hacemos más fuertes. Poco a poco, paso a paso, nos iremos acostumbrando a ello e iremos siendo capaces de afrontar retos cada vez más desafiantes. El truco consiste en avanzar de forma progresiva.

Así que ahora coge el teléfono; pregúntale (tú sabes a quien me refiero) qué va a hacer el próximo viernes. Luego me cuentas como te fue ;)

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