lunes, 1 de agosto de 2016

Control Mental

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El control mental es necesario para monitorear las acciones que llevan a los fines. Por lo tanto implica saber lo que se quiere,  poder realizar un plan para conseguirlo, lograr ejecutarlo con eficacia y ser flexible para cambiar si no se consiguen los resultados esperados.
Solemos desconocer los efectos de nuestros actos y atribuirlos al azar o culpar a terceras personas. Para tener éxito es necesario medir y controlar el rendimiento del cerebro y adquirir el hábito de monitorear en forma conjunta lo que se hace y lo que se obtiene. Al tomar un inventario de las respuestas que se usan, de quienes intervienen y de los resultados, puede surgir la idea que indique la causa. El autoexamen es la gimnasia mental que nos liga al cambio y nos permite salir de la encerrona a los que nos someten los patrones mentales.
De este modo se puede dejar de hacer lo que no funciona, antes de que se escape de las manos y advertir lo que es bueno para convertirlo en hábito. Hay que tomar el control mental de los proyectos.
Para ganar productividad personal hay que simplificar tareas cotidianas y ahorrar la energía que se emplea en tomar de decisiones insignificantes.
El pensamiento natural. La virtud de saber decidir evita la parálisis por exceso de análisis y las consecuencias negativas de las malas decisiones.
Esa virtud  se debilita con arrogancia, con el desconocimiento y con falta de incentivos. La percepción nos hace creer que es el sol el que se mueve y no la tierra. El pensamiento natural salta directamente a la acción. Eso puede estar bien para decisiones simples, como la de elegir la corbata para el traje, pero en asuntos serios hay que aprender a plantear el problema. Se aprecia más al ser intuitivo que al analítico. El intuitivo no tiene que justificarse, juzga a la gente por su cara. El mundo es resultadista pero se puede perder jugando bien. La clave es separar decisiones de resultados.
En piloto automático. Levantarse, apagar el despertador, lavarse los dientes, desayunar, leer el diario, ir a la oficina, ver los mails, son decisiones que automatizan los ganglios basales del cerebro y demandan menos energía que las decisiones complejas que pasan por la corteza prefrontal.
Los hábitos son atajos mentales que, de tanto repetirlos, se vuelven automáticos, se asocian libres de cualquier esfuerzo; pero son muy difíciles de modificar. El control mental educa la mente para reaccionar en forma apropiada a la situación de que se trate. Para eso es necesario saber cómo funciona el cerebro, porque lo que se desconoce no se puede manejar, o se maneja mal.
El registro de la energía eléctrica que produce el cerebro se conoce como ondas cerebrales, siendo el estado Alfa (de 8 a 14 ciclos por segundo) el que produce la “respuesta de relajación”, un estado que mejora la concentración, la atención y que se consigue practicando técnicas de meditación.
Esto se explica porque en ese estado se activa el sistema límbico, (el sistema emocional del cerebro). Los resultados se obtienen ya sea en forma directa o indirecta (mediante la imaginación) porque la mente tiene la capacidad autosugestiva de convertir en acto todo lo que decide aceptar.
Los círculos de la rutina. Hay que aprender salir del círculo vicioso de las malas costumbres y convertir en hábitos las decisiones existosas. Muchas decisiones se toman en piloto automático. Hay signos para identificar los síntomas de los hábitos que se quieren modificar. El primero es el “disparador”, que puede ser una sensación o una percepción; el segundo es el “comportamiento rutinario” en sí mismo, y el tercero es la recompensa esperada: Algo que satisface al cerebro y que por eso lo recuerda para poder repetirlo en el futuro. Mantener el disparador y la recompensa es importante porque producen la motivación, pero lo que se puede modificar es la conducta rutinaria buscando nuevas alternativas a través del pensamiento creativo.  Lo que hay que descubrir son respuestas inesperadas pero exitosas, para generalizarlas y poderlas aprovechar
Alcohólicos Anónimos, reemplazó la costumbre de ir al bar al salir de la oficina por encuentros grupales, que preservan el “premio” de la socialización. También el cambio de alguna sustancia que da un estímulo similar a la nicotina, se usa para dejar de fumar.
En la agenda de la innovación, una idea puede cerrar en el plano racional, pero si no se incorpora como hábito, el proyecto se cae. Hay soluciones tecnológicas que funcionan, como poner alarmas o información nueva y también atajos propios de productividad personal. Todo suma.
Iniciación al control mental. El objetivo del control mental es “bajar los decibeles”, y esto se logra con la respiración profunda. Esta debe hacerse por la nariz porque así se oxigena al cerebro y llega también en mayor cantidad al cuerpo. La posición es la conocida como de cochero. Espalda erguida, pies en el suelo, brazos sobre los muslos y los dedos: pulgar, medio e índice tocándose suavemente. Cierre los ojos y dirija su mirada al centro de la frente (el tercer ojo). Mirando arriba a la derecha se imagina algo desconocido, mirando a la izquierda se visualiza algo conocido.
Exhale todo el aire de los pulmones por la nariz y entonces imagine un jardín hermoso. Inspire muy lentamente por la nariz el aire fresco e  imagine cómo se llena la vejiga, el abdomen, el tórax, el cerebro. Retenga el aire unos segundos y expire por la nariz expulsando el aire por el cerebro, tórax, abdomen, y de la vejiga al exterior, como si lo estuviera orinando. Puede elegir un mantra para recitarlo, el más conocido es ohm.
Alguien dijo una vez que cuando se reza se habla con Dios y cuando se medita Dios hablar con uno. Y su lenguaje es el silencio. La voz interior refleja al poder interno que en el mundo se conoce como empowerment. Mientras se respira es habitual que aparezcan pensamientos, hay que dejarlos marchar, no prestarles importancia. El control mental se alcanza sin hacer un esfuerzo consciente.
Había un ciempiés que bailaba con 100 patas y sin ningún esfuerzo. Una tortuga que estaba celosa porque no sabía bailar, le preguntó: si levantaba la pata 59 antes que la 75. El ciempiés se puso a pensar en lo que hacía mientras bailaba y nunca más pudo volver a bailar.
Control emocional: Hay técnicas que perfeccionan la administración de las emociones.
Una forma de cultivar las emociones positivas es analizar qué horarios y lugares las provocan y activarlos para motivarlas. Otra idea es crear un portafolio de aquello que las induce: fotografías, música o lecturas o cualquier elemento que permitan transformar el estado emocional.
Anclajes. En una fiesta patria,  el himno o la bandera suelen ser estímulos adecuados. La técnica es provocar el estado deseado y asociarlo a un estímulo, el que una vez memorizado permitirá reproducirlo a voluntad. Aprender a anclarse es saber obtener los recursos de una batería interna que se recarga con cada experiencia. Aprender a usar el cerebro es mejor que dejarlo en piloto automático porque le podemos dar una dirección.
Aprender a soltar. Para pasar de lo malo conocido a lo bueno por conocer hay que desinstalar la rutina, elaborar el desafío y construir lo nuevo.
Cuesta mucho soltar y dejar ir aquello que paraliza, creando relaciones que no fijen con el pasado y rompiendo las ataduras que impiden avanzar. Es preciso abrirse a situaciones nuevas y distintas. El problema es no cerrar, sostener lo que terminó, hacerlo seguir vigente o darle aire.
Actuar en sentido contrario. Es ir al revés del impulso primario. Contando hasta 10, la acción actúa sobre la emoción. Al reír se altera la tristeza  del estado anterior. Al apreciar de otro modo, la actitud importa más que el suceso mismo. Encontrar aspectos positivos en lo negativo. Oponer la tendencia contraria, un desenlace diferente al establecido. Vivir emociones positivas, sumergirse en un baño de “emocionabilidad productiva”.
Intercambiar estados. Enseña a pasar de un estado a otro. Al emitir ira, una emoción negativa que irrita y fatiga, disminuye la claridad para pensar. En ese momento, uno podría concentrarse en un detalle del rostro de la persona o de su vestimenta  y dejar que penetre en el interior de la mente pasivamente. Esto evitará emitir odio y permitirá percibir tranquilidad.
Círculos de atención. Concentrar la mente en una idea sin que nada interrumpa durante un minuto. Abrir la mente y aflojar la atención para que aparezcan ideas asociadas. Elegir la más interesante y concentrarse en ella, sin dejar que nada interfiera. Ahora aflojar la atención, relajar la mente  y dejar que aparezcan libremente ideas asociadas con la principal. Seguir así hasta que el tema se haya enriquecido lo suficientemente, mediante el  intercambio entre la concentración y la meditación. Confeccionar un diagrama cómo si fuera la organización de un posible discurso. Porque de eso trata administrar las emociones: de darle inteligencia a la pasión. Y administrar, en sentido amplio es alcanzar los objetivos … sin tanto control.
Dr. Horacio Krell. CEO de Ilvem. Dicta conferencias gratuitas sobre optimización de la inteligencia. horaciokrell@ilvem.com.

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