viernes, 12 de agosto de 2016

Las ventajas de un cerebro sin terminar

http://principia.io/2016/08/11/las-ventajas-de-un-cerebro-sin-terminar/ 

El cerebro es un órgano dinámico. Sus neuronas forman circuitos que cambian continuamente para sustentar los aprendizajes. Nuestra capacidad de aprender es máxima en la infancia, no se detiene y sigue en la edad adulta, aunque aprendemos de manera diferente a como lo hacen los niños. Eso es porque la plasticidad cerebral, la capacidad de modularse que tiene el cerebro, no es infinita ni es igual para todos los aprendizajes.
TEXTO POR MARÍA JOSÉ MAS SALGUERO 
ILUSTRADO POR MARINA MANDARINA
El cerebro es el órgano que rige la actividad corporal y, por tanto, de los demás órganos. Además, dirige nuestra relación con el entorno: es el órgano que nos permite adaptarnos al medio.
El humano es probablemente el cerebro más capacitado para esta adaptación. Prueba de ello es que los seres humanos poblamos toda la Tierra, de los polos al ecuador, variando nuestro estilo de vida según los recursos de los que disponemos y las circunstancias a las que nos enfrentamos. Fruto de esta adaptación al entorno creamos formas de vida que llamamos cultura.
Así, los humanos disponemos de una doble herencia. La biológica, grabada en nuestros genes, y la cultural, que vamos modificando según donde vivimos y gracias al cúmulo de experiencias de nuestros antepasados.
Todo esto es posible por la imperfección biológica que nuestro cerebro tiene al nacer. Un órgano inconcluso que sigue formándose durante la infancia y adolescencia y no deja de modificarse, de adaptar su estructura ante cada aprendizaje, hasta que fallecemos.
Esta asombrosa capacidad de adaptación humana sucede porque nuestro cerebro es un órgano dinámico. Los circuitos y vías nerviosas que sustentan nuestras habilidades y experiencias apenas existen al nacer, a diferencia de otras especies animales que ya nacen sabiendo muchas cosas. Ese dinamismo cerebral, esa capacidad para modelarse y modularse con la edad y la experiencia, esa plasticidad, nos permite sobrevivir y hacerlo de forma exquisita y diversa. La plasticidad cerebral nos hace más humanos mientras nos produce asombro y fascinación al mismo tiempo.
Pero esta capacidad plástica varía con la edad y difiere según la función cerebral que estemos observando. Las funciones innatas, las que adquirirá cualquier niño que no sufra interferencias en su neurodesarrollo, son las propias de nuestra especie y nos resultan imprescindibles para adaptarnos al medio, a cualquier medio. Entre estas funciones se encuentran las capacidades sensoriales específicas de los humanos —por ejemplo, el espectro de luz que vemos o el de sonido que oímos—, las motrices, el lenguaje y conductas sociales —como la atención compartida o la capacidad de imaginar lo que está pensando nuestro interlocutor mientras conversamos—.
Esta capacidad plástica varía con la edad y difiere según la función cerebral que estemos observando
En el cerebro infantil la plasticidad es máxima para estas funciones innatas. Durante nuestra infancia, el cerebro humano posee una enorme capacidad para crear circuitos que sustenten estas funciones y con la formación de estos circuitos aumenta su volumen global y el grosor de la corteza cerebral que los sustenta. Los aprendizajes básicos, los imprescindibles para nuestra supervivencia como especie, fluyen solos siguiendo una secuencia, un patrón universal que en ausencia de interferencias es muy parecido para todos nosotros. No es necesario que nadie nos enseñe a ver, a oír, a andar, a hablar ni tampoco a relacionarnos con los demás. Nos basta con tener un medio propicio para que aprendamos todo eso nosotros solos. Nuestro cerebro, a determinadas edades, está preparado al máximo para adquirir estos aprendizajes específicos de los humanos. Pasada esa edad el aprendizaje puede producirse, pero la plasticidad cerebral adecuada para ello habrá disminuido.
En el cerebro infantil la plasticidad es máxima para estas funciones innatas
La adolescencia es una etapa crítica para nuestro desarrollo individual. En esos maravillosos años desarrollamos nuestra identidad y modelamos nuestra personalidad, sobre todo aprendemos a tomar decisiones. Por eso, al alcanzar la edad puberal nuestra plasticidad cerebral vuelve a ser asombrosa. Pero ahora la estrategia es otra, los cambios en la biología de nuestro cerebro no consistirán en un aumento de tamaño y en un engrosamiento de la corteza, sino que se producirá un refinamiento de los circuitos cerebrales de manera que unos se harán cada vez más consistentes y otros desaparecerán. Estamos madurando.
Cuando alcanzamos la edad adulta nuestro cerebro sigue siendo nuestro órgano de adaptación, por eso nunca pierde su plasticidad, su capacidad de modelarse.
Hay muchas otras habilidades humanas cuya adquisición no es dependiente de la edad. No son habilidades innatas ni imprescindibles para sobrevivir, pero enriquecen nuestra individualidad y la de la especie humana. Podríamos decir que son nuestras habilidades culturales: el idioma concreto que hablamos, la lectura, la escritura, la música, montar en bicicleta... Todas estas habilidades requieren un esfuerzo por nuestra parte para aprenderlas, no fluyen solas. Además, necesitamos las habilidades básicas e innatas adquiridas previamente para poder aprender estas otras y usamos para ello la plasticidad adaptativa del cerebro, presente toda la vida aunque su eficacia tienda a disminuir con la edad.
Por lo tanto, nuestro cerebro es pues un órgano que nunca está terminado
Por lo tanto, nuestro cerebro es pues un órgano que nunca está terminado. En los primeros años de nuestra existencia, la plasticidad cerebral tiene una función principalmente madurativa y al alcanzar la edad adulta predomina la plasticidad adaptativa. La primera no es infinita y depende de la edad, la segunda requiere esfuerzo por nuestra parte y es la que nos permite adaptarnos al entorno para sobrevivir y desarrollarnos como individuos únicos e irrepetibles. Lo mejor para actualizar el cerebro, para que no se quede estancado, es ofrecerle nuevos retos que le obliguen a generar nuevos circuitos.

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