martes, 2 de agosto de 2016

“Si no te pones en situación, es difícil que te ocurran cosas extraordinarias

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20160803/403651673739/si-no-te-pones-en-situacion-es-dificil-que-te-ocurran-cosas-extraordinarias.html 
Toni Riera, fotógrafo
Nací en 1950 en Barcelona. Tras recorrerme el mundo, vivo en Sarrià a 100 metros de donde nací. Vivo en pareja y tengo tres hijos con tres mamás. Mi hijo y mi nieto se llevan tres meses. Cuando cojo un taxi en Madrid les digo: “Soy independentista y del Barça, ¿puedo subir?”. Y siempre ríen. No soy creyente
“Si no te pones en situación, es difícil que te ocurran cosas extraordinarias”

El fotógrafo entusiasta

Siempre libre, siempre freelance. Empezó colaborando con distintos medios y revistas: Vogue, Stern, Interviú..., y por supuesto Playboy . Con ese estilo limpio; sus chicas siempre aparecen relajadas y alegres; vitales las personas que retrata. Él es un hombre alegre. Capaz de hacer del trabajo una fiesta. Le gusta participar de la vida, y donde no la hay la crea. Llegó a Eivissa a los 20 años y se enamoró del paisaje y de sus personajes, que no ha dejado de retratar. Parece que en la vida ha hecho lo que le ha dado la gana, llegando al punto que se hace los encargos a sí mismo. Anda entusiasmado con la escultura, y acaba de colocar en Eivissa su homenaje a los hippies (Ricardo Urgell ha regalado la escultura a la isla).
Iba usted para hostelero...
Sí, eso estudiaba cuando un profesor me pidió que fotografiara cómo se descuartizaba una vaca.
No es muy glamuroso.
Publiqué mi primera foto en el diario Segre de Lleida, la tomé a los ocho años con una cámara de baquelita que me regaló mi padrino el día de la primera comunión...
Precoz.
Estábamos en Sant Guim, viendo una novillada en un ruedo improvisado, el toro pilló al joven novillero y yo hice la foto cuando lo sacaban llorando en brazos.
¿Eso le hizo fotógrafo?
Lo determinante fue cuando me pidieron que hiciera unas fotos del presidente Adolfo Suárez. Yo era un pardillo, me dieron cinco minutos. Él estaba trabajando en su mesa y le pedí permiso para subirme y hacerle una foto cenital. “Lo que quieras”, me dijo.
Se puso en sus manos...
Ahí me di cuenta del poder de la fotografía: ¡podía subirme a la mesa del presidente! Me convertí en reportero. Cada año iba a Jamaica a escuchar a un tipo llamado Bob Marley.
¿Desconocido entonces?
Aquí sí, pero cuando murió ya era famoso. En Jamaica me tenían tan visto que me invitaron a sentarme junto a la familia en el funeral.
¿Una suerte?
Si no te pones en situación, es difícil que te ocurran cosas extraordinarias.
También trabajó usted en publicidad.
Sí, me pasé noches enteras fotografiando botellas hasta que dije basta y me dediqué a las modelos, que como tope tienen jornadas de ocho horas, y a hacer retratos.
¿Y qué ha sacado en claro?
Que todo el mundo se acojona delante de una cámara y se pone en tus manos.
Eivissa ha sido su decorado recurrente.
La revista Siesta, del estilo editorial de Playboy pero a la española y tamizada por la censura y los jesuitas, me envió a Eivissa a hacer fotos a una modelo, era el año 1975, tenía 25 años.
¿Se ha divertido?
Siempre. Ahora yo soy mi cliente, me encargo trabajos y hago libros y exposiciones.
¿Qué ha andado buscando?
El contacto con la gente. Mi casa es una gran cocina y cada noche tengo entre seis y ocho amigos a cenar. A mí me hubiera gustado ser renacentista. Tuve un bar y un restaurante. Ahora hago escultura. Es una bonita historia.
Cuénteme.
En 1972 descubrí Ámsterdam, los porros y los hippies. Hice una foto de un padre hippie con su hija caminando por la calle. La foto se quedó en un cajón hasta que 20 años más tarde Ricardo Urgell, el patrón de Pacha, me pidió una foto para hacer el póster de la fiesta del flower power... ¡y allí estaban el padre y la hija!
Y ahora la ha convertido en escultura...
Me volvió a llamar Ricardo: “¡ Eivissa está degenerando, ya no es lo que era!”. Había decidido regalarle a la ciudad una escultura en homenaje a aquellos primeros hippies que se instalaron en la isla transformándola.
Usted prácticamente llegó con ellos...
Eivissa es un plató natural increíble donde encuentras personajes alucinantes para retratar. Llegué para pasar un par de días y me quedé varios meses. Era el friegaplatos de Pacha.
¿Todo eso se acabó?
Se ha vuelto una isla estúpida. Eivissa se va a hundir con tanto cemento y tanto coche. Ahora alquilan automóviles Rolls-Royce, Porsche y Ferrari, que no tienen ningún sentido en la isla.
Con la vanidad del que se pasea en un Porsche se ha debido usted topar más de una vez.
Los nuevos propietarios del hostal Montesol lo van a convertir en un hotel de lujo y me han encargado mi cuarta foto, una por década, de la fachada, con sus balcones llenos de gente representativa de la isla; pero estoy un poco agobiado porque la gente me llama para salir.
Es el precio de la fama.
En la década de los setenta en Eivissa no existían los apellidos, se mezclaba gente de todos los orígenes y países. La libertad mental era total, y todos éramos actores. No había espectadores. Justo lo contrario que ocurre hoy.
A menudo hace usted fotos rodeado de gente, ¿no le molesta?
En absoluto. Durante la sesión del Montesol se servirá un cóctel para los mirones. Siempre me ha gustado hacer fotos con público.
¿Nunca le ha causado problemas?
Un día en la playa de Eivissa vi a dos chicas vietnamitas desnuditas monísimas, yo estaba haciendo un libro de retratos y tenía, con mi equipo, un pequeño plató en Pacha, junto a una barra de bar por la que se pasaban los amigos. Las chicas vinieron encantadas a retratarse, pero una vez allí les dio vergüenza desnudarse.
¿Y qué hizo?
Pedirle a todo el mundo que se desnudara, fotógrafo incluido. Fue la manera de romper el hielo. La fotografía es pura psicología.
¿Y su relación con las modelos?
A menudo tienes que hacer de papá, pero yo nunca toco a la modelo, lo hace la estilista. Con las personas que no son profesionales consigo la foto por agotamiento, cuando preguntan: “¿Ya está?”, y se relajan, empiezo la sesión.
¿Qué es lo que más le ha nutrido?
La relación con las personas, siempre he cuidado mucho a los amigos.
¿Lo más extraordinario que le ha pasado?
Que me sigan queriendo.

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